Revista nº 819
ISSN 1885-6039

La Quema de Judas, una tradición de la Semana Santa isleña.

Jueves, 28 de Marzo de 2013
Manuel Hernández González
Publicado en el número 463

Estos datos demuestran la decadencia por múltiples razones de la Quema de Judas que, a principios del s. XIX, se convierte ya en algo marginal, conservándose en Tenerife sólo en Taganana, lo que supone por un lado la relativa victoria de las posiciones defendidas por los ilustrados y, por otro, la visible decadencia económica insular.

 

 

La Quema de Judas, el elemento simbólico que pone fin a la Semana Santa con la resurrección de Cristo, se celebraba en Canarias el Domingo de Resurrección. Constituía una tradición isleña que nuestros emigrantes trasladaron a Venezuela. En la actualidad se conserva en algunas localidades insulares como Taganana o Teror. La descripción del memorialista sobre la Quema de Judas que él mismo construyó y que acontecía la mañana de Pascua es de gran interés. La ceremonia de ese día muestra toda la espectacularidad de una Resurrección. Se echaban muchos voladores y cámaras, siendo los primeros 30 y las segundas 16. Por último pegaban fuego a Judas, aunque ya no lució, por la lluvia y fue de ver los saltos que el diablo daba sobre el Judas, porque estaba el diablo sentado sobre los hombros de Judas como ahorcándolo; tenía mucho fuego, cada piña tenía una docena de truenos, fuera de otros el Judas de San Agustín lo tenían entero, arrastrándolo los muchachos en la plaza de la Pila seca1.

 

Pero no sólo era La Laguna la localidad donde se realizaba la quema, ésta tenía lugar en otros muchos pueblos. En uno de los que más tenía tradición y fama era el Puerto de la Cruz. En un cuaderno de festejos e instrucción pública conservado en el Archivo Municipal de esta ciudad se especifica cómo durante la segunda mitad del s. XVIII los comerciantes irlandeses introdujeron la costumbre de posar en las ventanas de sus casas y balcones durante la Semana de Cuaresma un pelele, cuyos mamarrachos eran quemados las mañanas de Pascua. Pero como eran muchos los peleles a quemar se unificaron voluntariamente, acordándose hacer uno solamente y en plaza del Charco de los Camarones quemarle, dándole el nombre de Judas Iscariote. El primer Judas que se quemó fue en 1750, confesión de sus culpas, se leyó en sancos, según el original adjunto, hecho por don José de Viera y Clavijo, uno de los miembros de la llamada Hermandad o gremio de toneleros, sobre desu tribuna que se levantó junto a la figura que representa al despiadado condenado a la quema. En el citado cuaderno aparece la letrilla redactada de puño y letra de Viera y Clavijo, con la firma y el año antes referido2:

 

Soy Judas, aquel traidor,
Que sin conciencia ni fe
Por un vil precio entregué
Al más potente Señor.
Yo soy aquel que al furor
De un pueblo cruel e insolente
Expuse al hombre inocente
Y llevarlo en capilla metido,
Ya todos me habrán entendido,
Que quiero morir inocente.

 

Álvarez Rixo refiere que el pueblo gastaba cosa de 10 duros entre dinero y ropa, habiendo quienes creían que sería calamitoso el año si no se verificaba este devoto despropósito3. Su descripción del mismo es también bastante expresiva del carácter simbólico que poseía: Lo colgaban a un grande palo en que habían varios gajos de higuera para simbolizar la que sirvió a Judas para ahorcarse. Y como nadie quería desgajar un árbol frutal de tanta utilidad porque otros se divirtiesen salían los devotos a robarlas destrozando la mejor que le venía a cuento, en cuya defensa hubo una vez puñaladas. Después de entrada la procesión de la mañana de Pascua de Pentecostés, en la plaza parroquial daban fuego a dicho figurón en medio de la algazara popular, que se divertía de ir apaleando y maldiciendo su armatoste hasta precipitarle en el mar. También le llegaron a poner un gato dentro que decían el alma de Judas, y apalear al pobre animal cuando salía desesperado y chamuscado era la delicia de la función4.

 

En 1783 el vicario de Santa Cruz prohibió la Quema de Judas que se realizaba en los conventos de Santo Domingo y San Francisco estando prohibido al tiempo de la procesión con la realidad semejantes estrépitos por leyes y disposiciones canónicas5. Similares incidentes acaecieron en Icod cuando en 1796 llega incluso a quemarse en el claustro del convento agustino, con la aprobación de los frailes, desatendiendo las órdenes del gobernador militar6. Y en Garachico en 1803 se empleó el dinero recaudado para la quema en el vestido de 6 pobres7. Era la plasmación práctica de los postulados de la Ilustración, que arremetía contra esa concepción de la fiesta, siguiendo planteamientos como los defendidos por Álvarez Rixo, que estimaba que mientras esta ropa y este dinero se quemaban locamente en un lugar donde a pesar de su opulencia pululaban muchos indigentes harapientos que habitaban y fallecían en asquerosas cuevas, cuya vista causaba rubor y sin haber donde albergarlos8. Nada se hacía por crear un hospital para albergarlos.

 

Quema de Judas de Teror en 2010

 

Álvarez Rixo recordaba cómo en 1822 se hizo el Judas en el Puerto de la Cruz, tras muchos años sin realizarse9, y Alfred Diston en 1858 pormenoriza este festejo en el que las mujeres del campo cubrían las cabezas de sombreros de paja, rodeados de cintas de colores muy vivos o se tocaban con pañuelos rojos y amarillos, los labradores en mangas de camisa, llevando la chaqueta plegada sobre los hombros y el grueso barrote en la mano y las señoras con mantilla negra. El muñeco de trece varas poseía una cabeza exagerada en relación con el resto del cuerpo, con una peluca formada con la lana de más de 5 pieles enteras de ovejas negras y armada con maderas, latas, arcos, cañas y hierro, rellenándose con sacos, sobre los que se pegaban papeles. Una vez acaecida la quema, era insultado y golpeado, siendo llevado por las calles y botado al mar. Pero era ya una costumbre en desuso que de nuevo trataba de reestablecerse bajo los auspicios del municipio que financiaba una suscripción que importó más de 80 duros10. Estos datos demuestran la decadencia por múltiples razones de la Quema de Judas que a principios del s. XIX se convierte ya en algo marginal, conservándose en la isla sólo en Taganana, lo que supone por un lado la relativa victoria de las posiciones defendidas por los ilustrados y por otro la visible decadencia económica de la isla, cada vez más palpable a medida que avanza el s. XIX, que contribuye decisivamente a la imposibilidad de sufragar los gastos de tales derroches festivos.

 

En Las Palmas y en Telde, entre otras localidades grancanarias, se celebraba también. En la primera, señaló Domingo J. Navarro, la gente madrugaba alborozada para ver reventar a Judas en la torre de Santo Domingo, presenciar la persecución de su alma fugitiva en figura de gato negro11. En Telde la cofradía del Santísimo costeaba desde muy antiguo los fuegos del revienta Judas. Era una especie de pelele lleno de materia inflamable untado de resina, que contenía en su interior numerosos cohetes que producían detonaciones y que se quemaba el Domingo de Resurrección muy de madrugada después de la salida de la misa12.

 

El Judas, por su propio carácter pecaminoso y demoniaco, está asociado al vino y a la sexualidad, a la exaltación de los valores carnales. En su quema, más que dramatizar un hecho bíblico, lo que se trata es de un ritual eminentemente profano. Como sostiene Alberto Galván, constituye una sanción social de los valores del pueblo pues significa la tiranía, la envidia, la murmuración y crítica al borracho, trayendo consigo una castración simbólica del macho que expresa la estructura asimétrica de los sexos13. En definitiva, simboliza la destrucción de los pecados con la Resurrección de Cristo. La Quema de Judas preludia la Primavera, la fecundidad, la naturaleza que renace. Y con ella, la teatralidad, la diversión, la comedia, restaurándose de nuevo los valores prohibidos durante la Semana Santa.

 

 

Notas

1. Anchieta y Alarcón, J.A. Op. cit. sing. 83-2-20. f. 87 R.

2. A.M.P.C. Leg. CH. nº 7 Libro nº 4.

3. Álvarez Rixo, J.A. Anales del Puerto de la Cruz. Siglo XVIII. Estado de las costumbres. A.H.A.R.

4. Ibídem. Cuadro histórico..., p. 138.

5. A.P.C.S.C.T. Leg. 159.

6. Espinosa de los Monteros y Moas, E. De las antiguas tradiciones...

7. Martínez de Fuentes, F. Op. cit. Tomo II f. 159-160 R.

8. Álvarez Rixo, J.A. Anales del Puerto de la Cruz. Siglo XIX. Año 1822. A.H.A.R.

9. Lorenzo Cáceres, A. "Sobre el folklore canario. La Quema del Judas". La Prensa, 17 de febrero de 1935.

10. Ibídem.

11. NAVARRO, D. J. Op. cit., p. 16.

12. HERNÁNDEZ BENÍTEZ, P. Telde..., p. 212. 

13. Galván Tudela, A. Op. cit., p. 248.

 

 

Foto de portada: Quema del Judas de Taganana en 2011

 

 

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Comentarios
Domingo, 31 de Marzo de 2013 a las 00:57 am - Arquee se

#01 Recordar que en Montaña Cardones la tradición de pasear al Judas por las calles y luego quemarlo en la calle San Isidro es una tradición muy antigua y arraigada en el pueblo.

Durante la semana se pide ropas viejas a los vecinos y con ellas se elabora el muñeco a tamaño real de Juda. Se lleva de ropas y hojas de platanera con voladores. La cara se pinta en una tela y se le pone una lengua larga y roja fuera de su boca.

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