Pero de lo que muchos no se percatan es de que esa frontera es más que puramente física, y se remonta a los mismísimos orígenes de la ciudad de Las Palmas, fundada en el entorno de la actual plaza de San Antonio Abad el 24 de junio de 1478 a partir del llamado Real de Las Palmas, un campamento militar desde el que se lanzó la conquista definitiva de la isla para su incorporación a la Corona de Castilla.
Vegueta debe su nombre a las vegas cultivables que se extendían en torno al Real de Las Palmas. Una vez finalizada la Conquista, su papel como núcleo militar evolucionó rápidamente hacia núcleo del poder civil y religioso. En Vegueta se asentaron las principales instituciones de gobierno del nuevo territorio castellano: Cabildo, Real Audiencia y Sede Episcopal. Asimismo, las principales familias llegadas desde el continente europeo, una suerte de nueva nobleza, también se organizaron en torno a estas instituciones, configurando Vegueta como un barrio de residencia señorial y de actividad administrativa a partes iguales.
Pero desde el comienzo, Triana fue “otra cosa”. Con casi total seguridad, la denominación de esta parte de la ciudad se deba a los colonizadores que, procedentes de Sevilla, vieron en el Guiniguada un remedo del río Guadalquivir, que separaba a la señorial Sevilla de la populosa Triana.
Foto: Triana en torno a 1915-1920 (Fondo: Fedac)
