Revista nº 798
ISSN 1885-6039

José Antonio Pérez Carrión.

Viernes, 29 de Junio de 2012
Manuel Hernández González
Publicado en el número 424

Los canarios en América, la gran obra de Pérez Carrión, fue el primer intento sistemático de estudiar la contribución de los canarios al desarrollo de América a través del tiempo en todos los órdenes.

 

La obra de José Antonio Pérez Carrión Los canarios en América. Influencia de los mismos en el descubrimiento del Nuevo Mundo, fomento de su población, desarrollo de su Agricultura, Industria y Comercio, dada a la luz en tres tomos en La Habana en 1897 en la imprenta de Manuel Armas y Sánchez, es sin duda, con sus defectos y virtudes, el primer intento sistemático de estudiar el papel desarrollado por los canarios en las tierras americanas1. En ese mismo año curiosamente desde Venezuela otro periodista comprometido con su tierra y la colonia canaria como fue Manuel Martín Marrero daría a la luz otra obra con las mismas intenciones, aunque muchísimo más modesta en su alcance y dimensiones, Canarios en América, recopilación histórica, que ha merecido diversas reediciones, la última de las cuales fue la de la Viceconsejería de Relaciones Institucionales del Gobierno de Canarias en su colección La diáspora. Sin embargo la de Pérez Carrión ha permanecido hasta nuestros días sin ninguna reedición, a pesar de los escasísimos ejemplares que de ella se conservan, que la convierten en una auténtica rareza bibliográfica.

 

No es causal la coyuntura en la que aparecen estas dos obras señeras, el año 1897. La Guerra de Independencia de Cuba fue un momento de confrontación en que se sintieron más palpitantes que nunca las contradicciones de la identidad canaria en ambos lados del Atlántico. Aunque el final de la trama bélica fue muy distinto del inicial con la incorporación a la escena de los Estados Unidos, lo que modificaría radicalmente la visión que hasta entonces sobre ella se tenía, en un principio esa confrontación entre hermanos motivó entre la colectividad canaria sentimientos enfrentados que le llevaron a replantearse su origen y su situación en el mundo. Precisamente en ese mismo año nace en Venezuela El Guanche2, el órgano nacionalista canario cuyo discurso insiste precisamente en esa identidad diferenciada que les une afectivamente con los americanos y les hace distintos a los peninsulares. Es precisamente esa visión del papel de los isleños, en la que se trata de resalta su contribución singular a la forja del Nuevo Mundo, la que deriva de obras como las de Marrero o Pérez Carrión. Una forja en la que ven su sello peculiar y diferenciado, su unidad de intereses con los criollos, su mayor identificación con ellos y no con los peninsulares. Ser isleño en América no es ser godo ni gachupín, ni tan siquiera español, era un conglomerado étnico diferenciado, ultramarino, era ser de un pueblo criollo de Las Islas, vocablo diferencial con el que sentenciaba ese Mundo y ese horizonte del que venían paradójicamente en un universo marcado precisamente por la profusión de islas.

 

Biografía. Nació en Santa Cruz de Tenerife sobre los años 30 del siglo XIX. Emigró desde muy joven a la Perla de las Antillas, en la que permanecerá hasta su muerte poco después de dar a luz esta obra. Republicano, abolicionista y autonomista, su obra expresa un activo compromiso a lo largo de su vida que le llevó desde su juventud a notorias controversias en su profesión periodística por defender sus ideas, a pesar de la dureza de la censura gubernativa de aquellos años. Un ejemplo de esto es la misma publicación de esta obra, en una época tan delicada en la que se vierten ideas cuanto menos sospechosas o peligrosas y se exaltan algunas personas que se hallaban involucradas en la guerra en el bando rebelde demuestra su valentía.

 

Antes de marchar a la Perla de las Antillas tuvo un activo protagonismo en la prensa santacrucera y en numerosas iniciativas culturales. Militante republicano, dirigió el periódico santacrucero La Fe. En él, desde su primer número de 4 de enero de 1857 dio cumplida cuenta de su decidido abolicionismo con la publicación de la célebre obra La cabaña del tío Tom de la novelista norteamericana Enriqueta Beecher Stowe, sin duda la mayor propulsora del movimiento antiesclavista, en la que se denunciaba contundentemente la bajeza moral de la esclavitud. En su prólogo Pérez Carrión afirma que es el golpe más profundo que se ha dado a esta institución impía, la esclavitud, y este golpe lo ha desarrollado la mano de una mujer (...). Ha descargado el golpe de muerte sobre la cabeza de los tiranos, sobre ese tráfico impío3. Desde sus páginas se denunciaron las pésimas condiciones de vida de las clases trabajadoras, el acaparamiento y las especulaciones de granos por parte de la burguesía comercial santacrucera, se incitó a la creación de organizaciones obreras, como la sociedad de artesanos constituida por esas fechas en La Laguna, se incita la participación de éstos en los beneficios empresariales y se habla de devolver a la mujer el protagonismo social que le debía de corresponder. Dedica varias páginas a la que será su afición esotérica posterior, las sociedades iniciáticas. Introduce textos de algunas de ellas envueltas en la leyenda como los templarios. Fue recogido por orden de 8 de abril de 1857 y censurado parcialmente el 8 y el 5 de mayo por un artículo de fondo en el que denunciaba la miseria de los trabajadores. El 3 de junio de ese año fue suprimido definitivamente por orden gubernativa4. En ese número, que era el 62, en su portada se recoge que se le había prohibido la impresión del artículo de fondo por orden gubernativa, por lo que aparecía con esa página totalmente en blanco. Participó también en la gestación de la segunda edición de la Historia de Canarias de Viera y Clavijo, dada a la luz en la Imprenta Isleña de Santa Cruz. Sus conflictos con el impresor Juan N. Romero le llevaron a denunciarlo y a vindicar su labor en un folleto que dio a la luz en 1859. En él relata su actuación al obtener junto con Francisco Díaz Miranda del Marqués de Villanueva del Prado el ejemplar de la obra con notas y aclaraciones de su propio autor5. Juan N. Romero le replicó en un folleto, Al público, dado a la luz el 14 de marzo de ese año. En él afirma que trabajaba como tipógrafo en la Imprenta Isleña de su propiedad. En él señala que en efecto todo lo dicho era cierto, aunque los costes de la impresión sólo corrieron de parte de su dueño. En una viva muestra de sus ideas avanzadas, lo denunció como autor de forma clandestina en su tipografía, aprovechando la pulmonía de su propietario, de un folleto con pie de imprenta falsamente en Sevilla, un impío demócrata que comienza Las Clases Trabajadoras de Sevilla al ciudadano Sixto Cámara, Imprenta del Porvenir, calle de las Sierpes. Sáenz de Cámara fue un republicanos de ideas avanzadas en la misma línea que Pérez Carrión, bien cercano al ámbito ideológico del socialismo utópico. El Gobernador lo encarceló al evidenciarse su autoría por contener los mismo errores tipográficos de folletos anteriores de la misma imprenta originados por su desgaste6.

 

Cuatro años antes, el 9 de enero de 1854, había leído ante la tumba del poeta Manuel Marrero Torres una página necrológica. Sobre el sempiterno pleito insular publica en ese año en Cádiz, junto con Claudio Grandy, el folleto Dos palabras sobre capitalidad y división de la provincia de Canarias. En él aboga por su mantenimiento en Santa Cruz7. Para ellos es apreciada como tal, incluso por los buques extranjeros, por ser la única plaza de armas y por suministrarles toda clase de comestibles. La avala también su colocación geográfica y topográfica y su superioridad mercantil frente a Las Palmas de Gran Canaria, pero nunca el odio y la antipatía hacia esa última ciudad8.

 

En la década de los 60 emigró a Cuba, que será ya su residencia definitiva hasta su muerte. En su trayectoria vital durante esos años destacará por el fuerte impulso desarrollado en la labor asociativa canaria, que culminará en la obra nombrada al principio y de la que da buena cuenta el tercer tomo de ella. Fruto de esa preocupación será la publicación bajo su dirección de El Mencey, el primer órgano de prensa de la colonia canaria, que saldrá a la luz entre 1864 y 1866 y del que desgraciadamente no se conservan ejemplares. Para su edición unos cuantos isleños adquirieron una imprenta en Nueva York. Pero su fin al parecer fue triste, según relata un comentario del habanero Eco de Canarias de 24 de septiembre de 1887: ¿Qué fin tuvo el periódico y la imprenta? No lo recodaré ahora por no herir honras y susceptibilidades?9. Por esas fechas animó a un grupo de residentes canarios a reunir dinero para una biblioteca pública en la ciudad que le vio nacer. Entró en contacto con la sociedad El Recreo y arribó una primera remesa de 329 tomos de los 1.500 previstos. Aunque la idea desgraciadamente no cuajó, como tal institución fue un aldabonazo a las conciencias de los santacruceros sobre el escaso apoyo dado a la cultura10.

 

Nicolás Estévanez, quien había oído hablar de él antes de emigrar a Cuba y que lo conoció en ella, nos dejó en sus memorias un excelente retrato suyo y de su incesante auxilio de sus paisanos: Mi familia pasaba los veranos en San Diego del Monte, una de las posesiones de mi abuela, que ya no pertenece a mi familia ni acaso exista como finca de recreo. En el centro de la posesión, entre pinos y laureles, había una ermita ruinosa, cuyas paredes estaban llenas de nombres, fechas, letreros de todas clases. Uno de ellos, escrito con carbón y descubierto por mí, allá por el año 46, decía:

 

El Republicano JOSÉ ANTONIO PÉREZ CARRIÓN.
Todos los años, al llegar a San Diego. Mi primera visita era al letrero, que yo tocaba cuidadosamente para que no se borrara. Supe que el tal Carrión, joven en aquella fecha, se había marchado a Cuba. Cuando después fui yo a La Habana, pregunté por Carrión a todos los isleños. Todos le conocían, todos me informaron hablándole de él en forma que aumentó mis simpatías:
- Buena persona, pero no tiene dinero.
- Excelente sujeto, pero está arrancado.
- Lleva aquí muchos años, pero como no hace más que estudiar y perorar y escribir no tiene un céntimo.
- Aquí le llaman el “cónsul de los isleños”, porque los protege a todos, está chiflado.
- Es periodista, pero está loco; figúrese usted que se ha declarado abolicionista de la esclavitud.... ¡Qué bárbaro!

Con tales antecedentes será inútil añadir que me apresuré a buscarle, que fuimos grandes amigos y que todavía lo somos11.

 

Pérez Carrión fue un significado periodista en la escena habanera. En ella irrumpió con vehemencia por su actitud abolicionista, un tema tabú en aquellos años, su militancia abolicionista y su participación en periódicos de ese corte. Pero también fue uno de los impulsores del espiritismo, hasta el punto de dirigir su primer órgano de prensa en la isla, La Ilustración. Desde ella denunció en 1878 las condiciones onerosas de explotación a que sometía a los jornaleros la llamada Compañía Importadora de Trabajadores Libres del Conde de Ibáñez, a la que se referirá en el tercer tomo de Los Canarios en América. Defensor de la causa obrera, fue fundador del semanario La Razón. Dio a la luz también El Mensajero y El Teide (1880) y colaboró en la Revista de las Canarias (1890-91) y Las Canarias (1896-1898), en la que fue publicada por entregas Los Canarios en América. Sobre esa preocupación por el estudio de la que habla Estévanez da buena prueba su obra editada en La Habana en 1877 Tratado de aritmética elemental teórico-práctico. Casado con Carmen Déniz, le dedicaría el 12 de abril de 1896 un poema con motivo de su fallecimiento desde las páginas habaneras de Las Afortunadas12.

 

Acometió empresas estrechamente relacionadas con los postulados de una burguesía liberal y avanzada, comprometida con el tránsito de la esclavitud al trabajo libre. Buena prueba de ello es la formación en 1873 de una sociedad denominada Gran Sociedad Pecuaria y de Colonización junto con su amigo el empresario matancero Juan Carbonell y Martí. Sobre ella editarían un folleto divulgativo, su Memoria, en la imprenta habanera El Iris ese mismo año. En ella se juzga como causa de la decadencia agrícola de Cuba la escasez de brazos baratos tanto para los hacendados como para los que viven del pequeño cultivo. A través de veloces vapores serían trasladados de todas partes trabajadores, lo que supondría un aumento considerable de la población, que no bajaría del 25% anual. Con ello aumentaría la riqueza agrícola, con una producción que no bajaría de los mil millones de pesos, con lo que desaparecería la deuda pública. Mejoraría también el trabajo de los colonos libres con una jornada de 10 horas de trabajo y una remuneración de 8 pesos mensuales más la ropa, la comida, la asistencia médica y la escuela gratuita, con la obligación de educar a sus hijos hasta la edad de 14 años. Además de esos 8 pesos entrarían 4 en las arcas del tesoro, que se les entregarían a los trabajadores a medida que fueran cumpliendo la contrata de 8 años de duración. Se muestra también partidario de la emancipación instantánea de los esclavos, los cuales colocados en la misma situación que los colonos libres dejarán como ahorro los 4 pesos mensuales antes citados, resultando de aquí que convertirán al esclavo en colono, indemnizando su emancipación por sus propios esfuerzos hasta haber comprado su libertad por medio de un contrato más o menos ajustado a derecho, evitando con esto a la Nación nuevos recargos y estaría exento de pagar directa o indirectamente las injusticias de generaciones pasadas. Proponen también la creación de un banco agrícola para hacer frente a las necesidades de los trabajadores. Sin embargo el 12 de agosto de 1873 el Ministerio de Ultramar le deniega la autorización para formalizar la misma13.

 

Idénticos fracasos revistieron otras dos propuestas suyas formalizadas en unión con Juan Carbonell y Martí, la primera en 1877 para la construcción de un muelle, almacenes y pescadería en el litoral de la Punta del puerto habanero, y la segunda en 1879 de un tinglado de hierro galvanizado a lo largo de las rejas del muelle de la caballería de ese puerto. En las dos la negativa de las autoridades fue total por entender que esos espacios eran de interés público y de seguridad y no podían ser cedidos a la iniciativa privada14.

 

Tras la publicación de los tres tomos de su magna obra Los Canarios en América, entre 1897, fecha de los dos primeros volúmenes, y 1900, en que vio la luz el tercero, poco sabemos de él. Debió de alcanzar una edad muy longeva, superior a los 90 años, pues en febrero de 1935 todavía vivía. Solicita al Rector de la Universidad de La Habana el 8 de ese mes, desde su casa del nº 439 de la Avenida 10 de octubre de esa ciudad, una certificación de los servicios que había prestado como jardinero en los campus de ingenieros agrónomos y peritos químicos azucareros para acompañarla en su expediente de jubilación y pensión. Había actuado como tal en la Quinta de los Molinos desde 1906 con el sueldo de 480 pesos anuales. Desde el 30 de julio de 1916 desempeñó el de la Escuela de ingenieros agrónomos y azucareros con un haber de 600 pesos anuales. Presentó la renuncia del cargo el 26 de febrero de 171715.

 

Los canarios en América. La obra de Pérez Carrión fue el primer intento sistemático de estudiar la contribución de los canarios al desarrollo de América a través del tiempo en todos los órdenes. Se divide en tres partes claramente delimitadas que se corresponden con sus tres volúmenes. El primero es una visión de conjunto de la migración, el segundo es un diccionario biográfico y el tercero está dedicado a los avatares de la inmigración canaria. El prólogo se debe a su amigo José de Jesús Márquez, un ingeniero habanero de origen canario a quien incorpora a esa galería de isleños, con el que ayudó a la fundación del semanario obrero La Razón. En él se lamenta de las dificultades documentales con las que tuvo que acometer el periodista tinerfeño su trabajo, pero aplaude sinceramente el pensamiento de los que, como tú se interesan por sacar de la obscuridad la verdadera historia de los laboriosos hijos de las Afortunadas en América porque así se conocerán sus progresos y sus afanes por la civilización. Su segundo prólogo es del empresario santacrucero arraigado en La Habana Carlos Guigou del Castillo, hijo del célebre compositor Carlos Guigou, alma mater de la música decimonónica de Santa Cruz de Tenerife que, como él, emigró a La Habana, donde fue entre 1838-40 director de orquesta de la ópera en el teatro de esa ciudad. En él reconoce que no dejará de tener inconvenientes y tropiezos con sólo acumular antecedentes y demás datos precisos para poder hacer la historia de cada personaje, pero su reconocida perseverancia, unida a su talento e ilustración, no dudo sabrá salvar estas contrariedades”.

 

La primera parte de la obra es sin duda en la que se puede apreciar el sensible desconocimiento que sobre la colonización isleña en América se tenía en la época.  La segunda es un diccionario de biografías de canarias con fotos y la tercera sobre inmigración canaria.

 

 

Notas

1. Este trabajo sido realizado con cargo al proyecto PI2003/099 de la Dirección General de Universidades del Gobierno de Canarias.

2. Véase HERNÁNDEZ GONZÁLEZ, M. Secundino Delgado en Venezuela. El Guanche inédito. Tenerife, 2002.

3. La Fe nº 1. Santa Cruz de Tenerife, 4 de enero de 1857.

4. CIORANESCU, A. Historia de Santa Cruz de Tenerife. Santa Cruz de Tenerife, 1979. Tomo IV, p. 353.

5. PÉREZ CARRIÓN, J.A. Vindicación. Santa Cruz de Tenerife, 2 de marzo de 1859.

6. ROMERO, J.M. Al público. Santa Cruz de Tenerife, 1859. 

7. GUIMERÁ PERAZA, M. El pleito insular (1808-1936). Santa Cruz de Tenerife, 1976, p. 82.

8. PÉREZ CARRIÓN, J.A. GRANDY, C. Dos palabras sobre capitalidad y división de la provincia de Canarias. Cádiz, 1854.

9. Cit. en CABRERA DÉNIZ, G.J. Canarios en Cuba: un capítulo en la historia del archipiélago (1875-1931). Las Palmas de Gran Canaria, 1996.

10. El Guanche. Santa Cruz de Tenerife, 11 de mayo y 6 y 11 de julio de 1861.

11. ESTÉVANEZ, N. Mis memorias. Madrid, 1975, p. 21.

12. JIMÉNEZ DEL CAMPO. P. Escritores canarios en Cuba. Literatura de la emigración. Las Palmas de Gran Canaria, 2003, p. 92.

13. Archivo Histórico Nacional. (A.H.N.) Ultramar, Leg. 94 exped. 13.

14. A.H.N. Ultramar, Leg. 205 exped. 8 y 9.

15. Archivo Universitario de La Habana. Expediente del jardinero de la Escuela de Ingenieros agrícolas y azucareros José Antonio Pérez Carrión. Mi agradecimiento al Dr. Manuel de Paz por este dato.

 

 

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