Revista nº 792
ISSN 1885-6039

21 lecturas de Literatura en el Día de las Letras Canarias.

Martes, 21 de Febrero de 2012
Josemi Martín
Publicado en el número 406

Hoy, 21 de febrero, se conmemora el Día de las Letras Canarias, este año dedicado a Pedro García Cabrera, del que te ofrecemos un jugoso audio. Pero también es momento de recordar nuestra Literatura toda y por ello te acercamos 21 sugerentes lecturas canarias que no puedes dejar de hacer, si no las has hecho ya.

 

 

Queremos desde El Cloquido sumarnos hoy a la celebración del Día de las Letras Canarias, que este año tienen a Pedro García Cabrera como protagonista. Para ello, y como no podía ser de otra manera, compartimos con todos ustedes un podcast especial que la Asociación Cultural El Cloquido ha producido en colaboración con el programa radiofónico La Vellonera, de Radio Almenara (106.7–Norte de Madrid). Un repaso por la vida y obra de García Cabrera acompañado por algunas de las mejores versiones musicales que se han realizado en Canarias inspiradas en la obra del literato gomero.

 

Escuchar el audio Día de las Letras Canarias 2012: Pedro García Cabrera

 

Pedro García Cabrera en El Cloquido

 

 

 

21 días de la Literatura Canaria

por Josemi Martín

(www.tamaimos.com)

 

Guad, de Alfonso García-Ramos

Esta obra del tinerfeño Alfonso García-Ramos merece ser considerada una de las más geniales novelas de la Literatura Canaria, y allende los mares, del siglo XX. Podríamos caer en la tentación de encuadrar Guad en el realismo social de corte rural en el que se habrían de enmarcar los asuntos que trata y la perspectiva con la que García-Ramos los aborda. Sin embargo, Guad es mucho más que eso. Es mucho más que la historia de un grupo de hombres que intentan sacar agua de la montaña o el relato acerca de la vida terrible en el Valle de Tenesora. Es, sobre todo, un fiel retrato de la condición humana, con sus miserias y grandezas, usando para ello una galería de personajes imborrables y la técnica narrativa depuradísima del malogrado autor canario. Definitivamente, adentrarse en Guad es disfrutar de lo mejor de nuestra literatura.

 

Mararía, de Rafael Arozarena

Rafael Arozarena renegó de Mararía, molesto con el éxito de su obra. Ya cercana su muerte, comprendió que si los lectores acogieron y acogen su novela con verdadero entusiasmo es porque es, en definitiva, una excelente novela. También es un retrato de Lanzarote como pocos la han descrito. La historia de esta mujer enigmática, de belleza turbadora, que va sembrando la desgracia por donde pasa muy a pesar suyo, es contada por los hombres que la amaron o simplemente la desearon, construyendo así Arozarena un relato poliédrico de fuerza arrebatadora, volcánica donde la intensidad de su drama o la amargura de algunos de sus diálogos no restan un ápice a la belleza de las descripciones. Quien lea Mararía, lee vida canaria, hecha literatura.

 

El Barranco, de Nivaria Tejera

Este relato autobiográfico de los albores del golpe de estado franquista en La Laguna debería ser obra de obligada lectura y estudio, no porque uno esté a favor de las imposiciones, sino porque se le antoja poco menos que incomprensible aquel periodo tan oscuro sin volver una y otra vez a este magistral texto. La prosa de Nivaria Tejera es poética, evocadora y trágica como ninguna. Es pues su más útil herramienta a la hora de pergeñar este relato familiar que se nos presenta como un crisol de terribles vivencias en la Nivaria de ocho años de edad. La escritora canario-cubana, supongo que sin saberlo, pasará a la posteridad por esta cruenta descripción de aquellos funestos años, a la que la muerte de la infancia no hace sino añadir un dramatismo aún mayor. Imprescindible.

 

La Umbría, de Alonso Quesada

Dentro del habitual desconocimiento que rodea a la Literatura Canaria, no deja de sorprender que este drama en tres actos de Alonso Quesada haya pasado tan desapercibido incluso para el lector de nuestra literatura. Es La Umbría la historia de la decadencia de una familia, residente en el Valle de Agaete, cuyas macilentas hijas suenan con el mundo real y sus promesas, mientras sobreviven atenazadas por la cruel madre. ¿Les recuerda a La casa de Bernarda Alba? ¿A El largo viaje del día hacia la noche? Están en lo cierto. De todo eso tiene La Umbría y más, sólo que el genio grancanario la escribió unos veinte años antes. Merece ser conocida y disfrutada por el gran público, que se adentre en esa atmósfera de terror y cuando salga de ella, si lo consigue, que valore nuevamente la figura de Alonso Quesada, como gran dramaturgo que también fue.

 

Cuchillo criollo, de Ángel Sánchez

Decir que uno se divierte leyendo Cuchillo Criollo es quedarse muy corto. Esta novela del genial escritor grancanario Ángel Sánchez bebe tanto del Realismo Mágico como de la tradición cuentística canaria, que también existe. Uno no puede dejar de leer las aventuras de esta saga, la de los Socas, que desde la isla de Tamarán hasta Venezuela, Cuba, Estados Unidos, la Unión Soviética… va marcada por su sino, aquel pecado terrible cometido allá en las Medianías de su isla originaria. Se suceden las generaciones, los años, las idas y venidas a la patria original y aquel pecado no deja de dictar el destino de estos hombres y mujeres. ¿Que cuál era el terrible pecado de los Socas? Pues van a tener que leerse la novela porque yo no pienso decírselo.

 

Las espiritistas de Telde, de Luis León Barreto

Imaginen la historia de Gran Canaria contada a través de la llegada de la familia Van der Walle allá por el siglo XVII desde Flandes. Imaginen un caso real de asesinato durante una sesión de espiritismo en la Gran Canaria de comienzos del siglo XX. Ahora imaginen un periodista español que en la convulsa década de los setenta viaja hasta Canarias a tratar de investigar nuevas claves del suceso. Si logran imaginar todo esto, habrán comenzado a acercarse a este prodigio narrativo que es Las Espiritistas de Telde, del novelista palmero Luis León Barreto. Aun así, les quedará todavía coger esta novela entre sus manos y adentrarse en el maravilloso mundo de Barreto, que bebe tanto de la novela histórica como de la mejor novela negra. No se la pueden perder.

 

Fetasa, de Isaac de Vega

¿Cómo recomienda uno Fetasa, una novela en que se suceden oficinistas, ogros, faunos, vírgenes, brujas, islas terribles, repúblicas frondosas, sueños, muerte, dolor, ninfas…? ¿Cómo describe uno Fetasa si Fetasa es una fantasía onírica, sin pies ni cabeza, escrita en la mejor prosa posible? ¡Qué carajo! ¡Yo no sé describir Fetasa! Sólo sé que, sin duda, una novela que dio su nombre a los fetasianos tiene que ser sublime.

 

Nos dejaron el muerto, de Víctor Ramírez

Víctor Ramírez sería nuestro primer Premio Nobel si las cosas en Canarias fueran diferentes, si no fueran tan parecidas a Sietesitios. Y Nos dejaron el muerto tendría mucha culpa de ello, pues este relato río, armado en torno a una situación ridícula como es que a uno le dejen un muerto en el salón de su casa y que ese muerto sea el del cacique, es ante todo un retrato de una Canarias que aún existe, en nuestros barrios, riscos, pueblos… y que merece tener también su voz literaria. Esa voz es antes que la de ningún otro la del genial grancanario Víctor Ramírez, tan comprometido con su patria como con su literatura porque acaso sean la misma cosa.

 

Tristeza sobre un caballo blanco, de Alfonso García-Ramos

Para entendernos, Tristeza sobre un caballo blanco es nuestra Rayuela. No digo esto por simplificar, o sí. Estamos ante un relato de relatos que puede ser leído como mínimo de dos maneras diferentes, a decir de su autor. Yo añadiría la posibilidad de leerlo de manera oracular. Les dejo a ustedes la opción de leerlo de cualquier otra manera que se les ocurra. Digamos que estas cinco historias entretejidas forman una obra en la que la prosa de García-Ramos alcanza su cima lírica. Digamos también que esta novela esconde recursos técnicos sólo al alcance de los mejores escritores. Por último, digamos que no haber leído Tristeza sobre un caballo blanco supone un pecado imperdonable.

 

Los puercos de Circe, de Luis Alemany

Un grupo de diletantes egresados de la Universidad de La Laguna apuran sus vacuas existencias entre putas, alcohol, farras y sus aparentemente felices matrimonios burgueses. En la vetusta Santa Cruz se consumen tratando de pasar desapercibidos en sus trabajos alimenticios, a los que no consiguen llegar puntuales y sin resaca y descubriendo la terrible mediocridad de algún “insigne poeta” recién llegado de España. De fondo, la vida y la juventud que ellos ya no tienen y que otros estrenan para sorprendernos en un inesperado final. Luis Alemany retrató un momento, una ciudad y una clase social mucho mejor que cualquier periodista pudiera haberlo hecho, esto es, a la manera de los grandes novelistas.

 

Comedia del Recebimiento, de Cairasco de Figueroa

Todo tiene un comienzo. Acaso también un final. Pero si hablamos de comienzo, tenemos que hablar de Cairasco, el gigante Cairasco, padre de las Letras Canarias. Y hablar de Cairasco es sobre todo hablar de su grandiosa Comedia del Recebimiento, un texto teatral de origen circunstancial pero que dice tanto de Canarias que uno no acaba de creerse que este texto no sea de obligada lectura en todos los institutos de nuestro país. Es una alegoría y junto con personajes como Invención y Curiosidad, encontramos un protagonista fundamental: Doramas, nuestro héroe, que habla en amazig, una lengua con la que Cairasco, por vía familiar, estaba emparentado. Aquí lo dejo. Quien quiera adentrarse en la Literatura Canaria debe empezar por aquí o corre el grave riesgo de no entender nada de lo que vino después.

 

Las Rosas de Hércules, de Tomás Morales

El paisaje canario es inconcebible sin el mar y el mar canario es inconcebible sin su mayor poeta, el grancanario Tomás Morales. Se le suele clasificar dentro del Modernismo, no sin razón, pero el lector agudo convendrá conmigo en que es un Modernismo Canario, alejado del del nicaragüense Rubén Darío o del español Salvador Rueda. Esto no es ninguna perogrullada sino esencia misma de la poética moralesiana que encuentra en el Atlántico su razón de ser. Desapareció demasiado joven, al igual que su gran amigo y poeta Alonso Quesada. Jamás sabremos hasta dónde pudo haber volado el genio literario del moyense, quien con sólo dos libros publicados marcó indefectiblemente el rumbo de la poesía canaria del siglo pasado y acaso del presente.

 

Smoking Room o Las inquietudes del hall, de Alonso Quesada

Hubo un tiempo en que nuestro país fue más una colonia inglesa que una colonia española. Ese tiempo tuvo un cronista privilegiado: el grancanario Rafael Romero, más conocido como Alonso Quesada. Este isleño que desempeñó diversos trabajos en casas inglesas, conocedor y admirador de la cultura de la Pérfida Albión, aunque también amargo crítico de los desdenes ingleses, escribió esta colección de cuentos donde los retrató cuando se enseñoreaban por el Hotel Metropole y toda Ciudad Jardín. Los atrapó en su pluma irónica y los desnudó ante nosotros que no los vimos pero que ahora sentimos su huella. Por último, los inmortalizó con genial estilo literario dejando entrever la honda tristeza de quien los amó y sufrió sus desprecios. Tan paradójica como justamente, Quesada vive hoy en la memoria isleña más que aquellos ávidos ingleses.

 

Él, de Mercedes Pinto

Mercedes Pinto merece ocupar un lugar de honor en las letras isleñas. Representó el ideal de mujer independiente, con inquietudes intelectuales, ideas progresistas, que alumbraron las primeras décadas del siglo XX. Sin embargo, tuvo que pagar un alto precio por todo esto: un matrimonio con un ser monstruoso que la atormentó hasta límites inimaginables de no ser porque constituyeron el germen del excelente relato autobiográfico Él. Esta lagunera, que padeció exilio, para convertirse en una de las voces intelectuales señeras de Hispanoamérica, escribió esta obra conmovedora con pluma ágil y precisa. Nos dejó un testimonio de excelente factura literaria y no creo equivocarme si digo también de un alto valor pedagógico. Releamos Él porque en sus renglones se encuentra la vida, sórdida y descarnada como también a veces es.

 

La poesía de Manuel Padorno

Probablemente, uno de los mejores poetas en español del siglo XX. Digo bien, en español, y no sólo de las Islas Canarias, puesto que Padorno conoció en vida las mieles del éxito, si es que se puede ser algo así como exitoso cuando uno se dedica a la poesía. Padorno fue un poeta canario, atlántico y eso le encuadra en la tradición de la Literatura Canaria desde Cairasco hasta Morales, pasando por Viana. Además, fue un poeta avanzado, incluido en la generación española de los 50 en cuanto a motivaciones estéticas. También fue pintor, animador cultural, intelectual cercano… Desde Oí crecer a las palomas hasta Bestiario atlántico, fue un poeta preciso, enamorado de la palabra justa y de la luz que destila el escenario atlántico de Las Canteras. Defensor a ultranza de la Cultura Canaria, buscó definirla, dirimir sus contornos… Acaso lo consiguiera, dejándonos como nos dejó una obra sublime de poesía canaria, atlántica y universal.

 

La poesía de Arturo Maccanti

Maccanti no es un poeta de nuestro país, es nuestro país hecho poema. Su obra, siempre sorprendente, no escapa al embrujo de un paisaje propio, de unas circunstancias entendidas como esenciales, no como límites asfixiantes. Al contrario, Maccanti es, quiere ser,  ese paisaje hasta las últimas consecuencias. Y en medio de ese paisaje, el ser humano, con sus aflicciones y sus esperanzas. Ahí en medio, entre islas, playas y roques, plantado.

 

La tierra sola

Mi pequeño país de inmenso cielo,

De inmenso mar,

He caminado por tu piel de tierra,

Tu arboleda de alisios, tus litorales solos,

Aspirando el olor, la savia de tus lavas,

En el aire que cumple mi edad y mi memoria.

 

Por la luz de tus cumbres descubrí el universo

La mañana primera, con otra luz ahora

Que empiezo a desnudarme de sustancia,

Que amo más tu hermosura a medida que avanzo

Por las selvas del tiempo.

 

Me he desangrado sobre ti.

 

Tú siempre me has devuelto duplicada la sangre

Y más claro mi sueño.

 

Si he sido un hijo de tus soledades,

Si sufrí como míos tus yugos y abandonos,

Si amparaste a mis muertos, si das luz a mis vivos,

Si nada te pedía a cambio del amor, mira, al menos,

Cuando sea ceniza

Que no me esparza el viento más allá de tu orilla

 

Los cuentos famosos de Pepe Monagas, de Pancho Guerra

Yo no creo que sea posible reírse más con una obra literaria que con los Cuentos de Pepe Monagas. Honestamente, me parece imposible. Les reto a demostrar lo contrario. Díganme si ustedes se ríen más con Aristófanes, Wilde, Twain, Chesterton… Díganmelo si se atreven. Entren ustedes en el mundo de Pepito y Soleá y díganme si no se explotan de la risa, si no reconocen a gente que anda con ustedes, si no se reconocen ustedes mismos, en su más honda raíz popular y risquera. Si alguien se atreve a decir que no tengo la razón, es que no ha pasado y repasado como yo los Cuentos, deseando montarse en una tartana que lo lleve a Tafira y hasta compartir un velorio con ese personaje, que creó el genial Pancho Guerra para retratarnos a todos. Sí, a ustedes también. Y así lo digo y lo mantengo, porque no me queda otra, per recula reculorum. Suculúm.

 

Faycán, de Víctor Doreste

He aquí una fábula de perros risqueros. Entre ellos, uno sobresale, Faycán, que tendrá que acudir al sabio Cicerón, a que le muestre el camino de la verdadera identidad, que no es sino un sinónimo de libertad. Víctor Doreste escribió esta magnífica novela corta que tradicionalmente se ha leído como lectura infantil o juvenil pero que contiene bellas enseñanzas también para los mayores. No deja indiferente a nadie, créanme. Se sentirán uno más en la jauría, viviendo aventuras por los riscos o el antiguo Guiniguada; llegarán a enamorarse del perro Chicharro y la próxima vez que pasen por la Plaza de Santa Ana sabrán el verdadero significado de aquellos perros. Leerán Faycán e inmediatamente querrán regalárselo a algún niño.

 

Crimen, de Agustín Espinosa

Uno de los textos surrealistas imprescindibles. El tinerfeño Agustín Espinosa escribió Crimen en 1934 y su perturbadora prosa no ha perdido un ápice de sus inquietantes efectos a comienzos de este siglo. Digamos brevemente que estamos ante el relato de un crimen pasional y nos quedaremos muy, muy lejos de una descripción satisfactoria de Crimen. Digamos que el Surrealismo se expresa con total libertad y virulencia en la prosa espinosiana y también nos quedaremos cortos. En definitiva, cualquier cosa que yo escriba aquí no alcanzaría ni siquiera a esbozar un pizco de la inmensa calidad literaria de esta obra. Créanme si les digo que Crimen es una auténtica joya de la Literatura Canaria y universal, que desde ya les invito a su lectura y que espero que generaciones venideras sitúen esta obra en lo más alto del reconocimiento literario universal. Por justicia literaria.

 

Antología de cuentos de la tierra canaria, de los Hermanos Millares Cubas

Los Hermanos Millares Cubas, escribiendo siempre al alimón, dedicaron sus esfuerzos literarios a apuntalar la tradición literaria canaria con una serie de cuentos y relatos enraizados profundamente en las Islas. Así, los podemos considerar antecedentes inmediatos de Ángel Guerra y su famosa La lapa, la considerada primera “novela regional”. A ello contribuyeron con sus tipos, asuntos y, decididamente, el lenguaje. No están exentos sus cuentos de cierto tono moralizante con el que tratan de denunciar las injusticias sociales que generaba el protocapitalismo en Canarias. Quizás hoy ese mismo tono nos resulte anticuado pero, en su conjunto, la lectura de estos cuentos es amenísima y merecedora de un mayor (re)conocimiento entre los lectores aficionados -o aficionándose- a la Literatura Canaria.

 

La poesía de Pedro García Cabrera

Este poeta gomero pretendió unir Canarias a través de la poesía. Y lo consiguió. Quienes lo hemos leído, lo sabemos. Quienes lo lean a partir de ahora, lo llegarán a saber. Siempre basculante entre un surrealismo propio y la poesía social que los tiempos le trajeron, Cabrera nunca cedió al panfleto ni a la mala literatura. Así de buen poeta era. Vivió como supo, pudo y le dejaron, a pesar de su militancia izquierdista. Sin embargo, nada de ello fue obstáculo para ir construyendo una obra generosa, profundamente enraizada, popular y de alto vuelo. Sintió las islas, todas, como su materia poética y, a la vez, la Isla como su territorio natural. Quiso que dejara de ser silencio amordazado y lo consiguió. Quienes lo hemos leído, lo sabemos. Quienes lo lean a partir de ahora, lo llegarán a saber.

 

 

Foto de portada: detalle del busto de García Cabrera en la entrada de Vallehermoso (La Gomera)

 

 

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Comentarios
Jueves, 29 de Marzo de 2012 a las 17:41 pm - `pedro garcia cabrera

#02 me ecanta oedro garcia cabrera que creo que es un gran poeta el la j¡histotia

Miércoles, 22 de Febrero de 2012 a las 21:55 pm - molinero

#01 Extraordinaria colección. ¿Y cuando empiezan a traducir al menos algunas de estas obras al alemán p.e.? A muchos alemanes se les conoce como aficionados poco menos que patológicos a la lectura, y alemanes parece que vienen bastantes cada año a las islas. ¿O ya no vienen? Y buenas traducciones, por favor, cuestan algo, pero vale la pena. Es dinero invertido en publicidad turística-cultural. Pero es de temer que esta idea es demasiado compleja para las mentalidades pedestres habituales. En fin, manía que tienen uno escribiendo comentarios que no lee nadie ni caso que se le va a hacer pero que no digan que nadie jamás haya presentado la idea.