Revista nº 858
ISSN 1885-6039

Las truchas de la fábrica Covadonga.

Domingo, 23 de Diciembre de 2012
María Dolores García Martín
Publicado en el número 449

Eran días de trabajo duro, apenas les quedaba tiempo para comer y muy poco para descansar. Tenían muchos encargos, tanto de comercios como de particulares, principalmente de quienes ya conocían las truchas, de sabor exquisito y masa crujiente.

 

Son muchas y variadas las tradiciones navideñas arraigadas en nuestra sociedad. Uno de los apartados más tradicionales en estas fiestas son los dulces, principalmente los artesanos, elaborados por manos expertas, que a "ojo de buen cubero" no fallan en las proporciones de los ingredientes y dan unos resultados con un sabor que se graba en la memoria.

 

Uno de los dulces más populares en la Navidad canaria son las truchas, presentes en cada una de las Islas, con las más variadas recetas, tanto en el relleno como en la masa que las envuelve. Una de las más populares que se hacían en La Laguna fueron las realizadas en la fábrica de caramelos de don Pedro Marrero Torres, quien cuenta en la actualidad con 82 años, ayudado por su hermano Domingo. Elaboraron truchas y rosquetitos a lo largo de unos treinta años: las truchas en Navidad y los rosquetitos de manteca todo el año, la manteca venía en cajas de 20 kilos.

 

Domingo Marrero está muy vinculado a la Cooperativa del Campo La Candelaria por su colaboración en varias de las actividades que se realizan, tanto en el seno de la entidad como en la Asociación de Ganaderos, así como en los arrastres de ganado... Es conocido familiarmente como Minguín. En esta ocasión colabora con la revista El Baleo que, por las fechas en la que nos encontramos, lleva muchos contenidos navideños; relatando su experiencia en la dulcería de su hermano, don Pedro Marrero, donde estuvo empleado durante 32 años: La fábrica de mi hermano estaba en el Barrio Nuevo, se llamaba Fábrica Covadonga. Allí se hacían caramelos duros, de goma... y lo más famoso fueron las sombrillas y los pirulines.

 

Esta fábrica de caramelos alteraba su dinámica, desde los primeros días de diciembre hasta después de Reyes, elaborando las truchas artesanales para la fiesta de Navidad: la receta de las truchas nos la dio Chele, era un dulcero profesional, era de aquí, de La Laguna, de la barriada Santorín (...) porque era amigo de mi hermano, estaba con él en la comparsa de los Joroperos -mi hermano Pedro fue uno de los fundadores de esa comparsa-. Hacíamos entre veinte mil a treinta mil truchas, todo hecho a mano. Se hacía y se vendían en toda la isla. Muchas iban pa’ La Orotava a casa Anita, que tenía un puesto en una placita pequeña enfrente del Taoro; al Puerto de la Cruz; al Sur; y muchas se vendían aquí, en La Laguna...

 

Domingo Marrero

 

Detalles de la elaboración. Eran días de trabajo duro, apenas les quedaba tiempo para comer y muy poco para descansar. Tenían muchos encargos, tanto de comercios como de particulares, principalmente de quienes ya conocían las truchas, de sabor exquisito y masa crujiente: Nosotros hacíamos todo, el relleno de batata y de cabello de ángel. Guisábamos las batatas, luego se trituraban con la almendra molida, azúcar, ralladura de limón, canela y chinchón seco (...). Las de cabello, comprábamos la hebra guisada y le poníamos el limón rallado y un poco de canela en polvo (...).

 

La masa la hacíamos con harina fuerte y floja, la mitad de cada una. Se la comprábamos a la harinera Tenerife, de 20 a 30 sacos de 50 kilos. Y la levadura en polvo, en bolsas de 5 kilos. A la masa también le poníamos leche en polvo desleída en agua tibia; para 3 kilos, un cuarto litro de leche, sal y unos 50 gramos de levadura y un poco de canela molida. Todo iba amasado a mano, tardábamos una media hora en amasar (referido a cada 3 kilos de masa) y se dejaba fermentar, al menos, una hora para poderla estirar finita, del grueso de un papel, parecían galletas.

 

Una vez cortada la masa en círculos, ayudados por un aro de latón grande (de los que no se oxidaran), se ponía el relleno, se doblaban y, con un tenedor, se pegaba la masa; por último, se freían en aceite especial para freír, el mismo que usan los churreros, venían en bidones de 30 litros (...). Guisábamos las batatas, luego se trituraban con la almendra molida, azúcar, ralladura de limón, canela y chinchón seco (...).

 

Cuando ya las truchas estaban terminadas, unas se espolvoreaban con azúcar molida y otras no, porque había clientes que las querían sin azúcar por encima; se ponían en cajas de cartón, como las cajas de dulces, unas pequeñas y otras grandes. Cuando se empezaron a hacerse vendían a unas 8 o 10 pesetas, de último (en el año 2008) se vendieron a 70 y 75 pesetas (0,45 €).

 

La vieja fábrica sigue existiendo, en el mismo lugar, aunque con otro cometido diferente: la tienen los nietos, sólo para repartir golosinas, las reciben de los importadores y ellos la reparten, por los kioscos...

 

 

Publicado previamente en el número 66 de El Baleo.

 

 

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Comentarios
Miércoles, 15 de Octubre de 2014 a las 11:42 am - Carlos Luis

#01 Comentar que la receta de la masa de las truchas le falta la manteca.

Saludos