Revista nº 838
ISSN 1885-6039

La Molina de Almácigo se levanta ya a ocho metros de altura.

Viernes, 21 de Diciembre de 2012
Redacción BienMeSabe
Publicado en el número 449

La torre de la Molina de Almácigo se levanta ya hasta sus ocho metros de altura originales, tras finalizar el Cabildo de Fuerteventura el proceso de restauración llevado para recuperar este antiguo inmueble de uso industrial, declarado Bien de Interés Cultural y que destaca por ser la molina más alta de la isla.

 

La Consejería de Obras Públicas de la institución insular majorera se ha encargado de coordinar un proceso que comenzaba meses atrás en los talleres del carpintero tradicional Domingo Molina, en La Matilla, donde se llevó a cabo la restauración de la estructura. Por otro lado, la acción del personal y la maqunaria propios del Departamento de Obras Públicas ha permitido llevar a cabo la restauración del edificio y el ensamblaje de la torre, las aspas y toda la maquinaria de molturación. Edilia Pérez, consejera titular del área, explicó que "después de un mes de trabajos la estructura de la molina se encuentra totalmente instalada, a falta únicamente para finalizar el proyecto de culminar durante las dos próximas semanas los trabajos de carpintería y otros remates en el exterior". La actuación contempla también la recuperación del almacén de la molina, donde se conserva la piedra de moler y todos los utensilios.

 

Cabe destacar que este inmueble, al igual que otros muchos molinos y molinas -o molinos hembra- que pueblan la geografía insular, es de titularidad privada. Sin embargo, al contar estos inmuebles con la declaración de Bien de Interés Cultural, es el Cabildo la administración que se encarga de su restauración. Entre las que son propiedad del Cabildo, son varios los molinos y las molinas que se encuentran en funcionamiento y habilitados para su visita, como ocurre con el Molino de Antigua, el Molino de Tiscamanita o la Molina de Tefía. Otros como la Molina de La Asomada, el Molino del Durazno o la propia Molina de Almácigo, que han sido objeto de restauraciones recientes por parte del Cabildo, tienen titularidad privada y son los propietarios quienes se comprometen a facilitar su visita al público y a ocuparse de su conservación. En total, son 23 los molinos y las molinas reconocidos como BIC en toda la isla y que han sido rehabilitados gradualmente en las últimas décadas.

 

Las molinas más grande y más pequeña de Fuerteventura. Paralelamente a la restauración de la Molina de Almácigo, el Departamento de Obras Públicas del Cabildo ha iniciado la restauración de otra molina situada en las cercanías, entre el cruce de Tefía y los Llanos de la Concepción, y que tiene la particularidad de ser la molina de menor tamaño de Fuerteventura, pues debe su origen a una ingeniosa adaptación a partir de un antiguo molino de mano. En el extremo contrario, la de Almácigo es con más de ocho metros altura en su torre y contando con las aspas de mayor longitud de las que equipan este tipo de estructuras, la molina de mayor altura de la isla, que es también especial por haber estado instalada en tres emplazamientos distintos. A lo largo de su historia, distintos molineros se han valido de esta maquinaria mientras estuvo instalada en La Ampuyenta, luego en El Cotillo, y finalmente en su ubicación actual. Se encontraba en desuso desde hace dos décadas. Su recuperación ha necesitado de un minucioso trabajo de restauración de sus elementos de hierro y madera, así como la restitución de aquellos más deteriorados, tarea que se llevó a cabo por encargo del Cabildo en el taller del carpintero majorero Domingo Molina. En cuanto a la rehabilitación del edificio de la molina, los trabajos fueron realizados directamente desde la Consejería de Infraestructuras y Ordenación del Territorio del Cabildo. El personal de la Corporación se ha ocupado también del ensamblaje de la maquinaria (torre, aspas y maquinaria de molturación) y de la rehabilitación del entorno.

 

Los molinos hembra: una innovación. Las molinas o molinos hembra, aunque menos comunes que los molinos, son un elemento arquitectónico cuyo uso se extendió durante décadas en el entorno rural de Fuerteventura, debido a que su utilización o alquiler suponía un proceso fundamental en el economía de la isla, eminentemente cerealista. La invención de la molina o se atribuye a Isidoro Ortega, natural de Santa Cruz de La Palma, en el siglo XIX. Su principal innovación es que reúne en una única planta las actividades de molienda y manipulación del grano, lo que supone una ventaja con respecto al molino (que ya existía en Canarias a finales del s. XVIII), en el que el molinero ve dificultada su tarea al tener que desplazarse constantemente entre las dos o tres plantas del edificio.

 

Otra cualidad sorprendente de la molina es su portabilidad. Al ser su principal característica la marcada diferencia entre la maquinaria y el edificio, la molina permitía a sus propietarios, en caso de necesidad, transportar en un momento dado la torre y la maquinaria de molienda a una nueva edificación, lo que resultaba relativamente sencillo ya que ésta consta únicamente de una sola habitación cuadrangular. Asimismo, la configuración de la molina facilitaba su desmontaje cada cierto tiempo, operación que era necesario realizar para picar las piedras de moler una vez que alcanzaban cierto nivel de desgaste, como consecuencia de la fricción.

 

Proceso de molturación. El proceso comienza colocando las velas, que están en las aspas, de cara al viento. La torre de la molina, que es capaz de girar sobre sí misma, se orienta manualmente desde afuera utilizando el rabo o timón, que se fija al suelo. El giro horizontal de las aspas se transforma en vertical al pasar la rotación de la rueda dentada al husillo. Este giro se fija en la piedra molinera superior a través de una pieza llamada cangrejo. La molienda del grano se produce gracias a la fricción entre la piedra molinera superior e inferior, que es fija. El grano tostado cae inicialmente desde la tolva a la canaleja y, a medida que se va triturando, se desplaza hacia fuera hasta las paredes de la balsa o harinal, desde donde, finalmente, cae pasando por el cajón hasta el saco o costal.

 

Los molinos y las molinas se controlan utilizando la palanca de freno, que cuenta con una pletina metálica que presiona la rueda dentada para disminuir su fuerza. Asimismo, el molinero debe controlar al mismo tiempo la separación entre las dos piedras para regular el grado de molturación del grano. Esto se hace mediante otra palanca situada en la parte inferior de la balsa.

 

 

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