Revista n.º 1050 / ISSN 1885-6039

El teatro del Puerto de Granadilla y sus actores (IV).

Lunes, 2 de mayo de 2011
Agapito de Cruz Franco
Publicado en el n.º 364

En este caso, la crítica literaria está dirigida al subgénero denominado Teatro de Títeres, o Guiñol, como lo llaman en Cataluña.

Logo del rechazo al Puerto de Granadilla (Tenerife).

 

-Teatro de Títeres-

 

Durante esta etapa ha aparecido el interés por aprovechar electoralmente estos movimientos. Es fácil detectar en las últimas décadas y sobre la piel de la polis, dos tendencias actitudinales con sus actuaciones procedimentales en este terreno: la libertaria y la dirigista. La primera la representó, entre otros, el TEA, desde sus inicios en los años 80 hasta su desaparición en 2004. La segunda, la dirigista, procede del gran fracaso de parte de la izquierda, sobre todo la izquierda no institucional (porque otra parte de la misma ha sabido evolucionar sin manipular para sí el trabajo de otros), que no ha dudado en aprovecharse de las iniciativas de los diversos movimientos sociales de última generación: feminismo, nacionalismo moderno, nuevo sindicalismo, ecologismo, derechos humanos, solidaridad con otros pueblos, patrimonio histórico, etc.

 

Esta tendencia -anacrónica en estos tiempos por oportunista, hipócrita, demagógica e indignante, y que denota cierto complejo de inferioridad e incompetencia en las propias ideas y una vergonzosa desvalorización de los movimientos sociales-, fue la que acabó con el feminismo, desarticuló el sindicalismo, destrozó los nacionalismos de izquierda y burocratizó parte del ecologismo, en un afán de control enfermizo, aunque en realidad de puro interés electoral. En el campo ecologista, pretendió controlar para sus fines el fenómeno Vilaflor, lo que no consiguió porque sus agentes no fueron significativos -más bien estuvieron ausentes o fueron meros espectadores- en las tres fases de la lucha contra los Tendidos de Alta Tensión del Sur, donde los sectores ecologistas que lo impulsaban y llevaron el peso de las iniciativas y las estrategias (como el caso del TEA, AZARUG, TABONA, ATAN etc., entre otros más) estaban en las antípodas de este trasnochado oportunismo.

 

En 2001 ya lo habían intentado con motivo del proyecto de prolongación de la autopista del Norte de Tenerife, donde el movimiento vecinal los cortó en seco. La misma actitud pudo observarse respecto a la coordinación de los grupos en defensa del patrimonio de Tenerife (la fórmula suele ser siempre la creación de Coordinadoras, con el control posterior de la misma y la anulación de los colectivos que la componen en cuanto a su capacidad de decisión) con reuniones en Chío, El Médano y La Orotava, hasta abandonarlos a su suerte en su penúltima reunión de la Rambla de Castro en Los Realejos -más otra final en Güímar-, al ya no necesitarlos, por acelerarse el frente empresarial en el Palacio de Exposiciones y Congresos de Santa Cruz y formarse como respuesta al mismo Asamblea por Tenerife (ApT) en 2004 junto a la posterior inyección vecinal en este movimiento de la Coordinadora de Pueblos y Barrios del Área Metropolitana.

 

Tras aterrizar en lo que sin duda fue todo un éxito a aplaudir de la izquierda social, con una participación extraordinaria de múltiples sectores sociales, universitarios, políticos y vecinales que hicieron del salón de actos del Colegio Mayor San Fernando en La Laguna un centro de acción e irradiación en defensa del medio ambiente ecuménico, introdujeron en ella una lucha interna con el fin de convertir en partido ApT. Sin embargo, y en contra de sus objetivos, terminaría triunfando la vía política asamblearia no electoral, la cual nunca aceptaron, pues estos proyectos tradicionales -por más que se autonombren movimiento político-social alternativo- sólo entienden la política como algo privativo de los partidos y no de los nuevos movimientos sociales (NMS). Ante su nuevo y ostentoso fracaso, acabarían organizándose en la sombra, aprovechando en la trastienda de la lucha contra el Puerto de Granadilla el trabajo y el lenguaje ciudadano y alternativo de la colectividad bajo nuevas carátulas electorales.

 

Independientemente, eso sí, de la buena voluntad de muchos de sus integrantes, que de todo hay, se han escenificado de nuevo las trasnochadas estrategias manipuladoras de las organizaciones electorales tradicionales cara a los movimientos ciudadanos, en contraste con la vena luchadora de activistas de partidos de izquierda, nacionalistas o verdes que, en lugar de emplear estos movimientos y los conflictos medioambientales para su beneficio (y llenar las carreteras de la isla con el Puerto de Granadilla y el logo de su partido al lado), se han vaciado en ellos para aportar a estas causas lo mejor de su experiencia.

 

Así no se puede. Ni por Tenerife ni por Canarias. Ni son ni representan la conciencia social habida en las Islas los últimos años, la cual pertenece a toda la colectividad. Por más que su voluntad de engaño se vuelva escandalosamente pueril, y sus siglas o su marketing electoral se asemejen a pasadas luchas sociales y ecologistas. De hecho, uno de los pasos característicos de ese imposible posibilismo, vendría con la vampirización de plataformas ciudadanas que, con el tiempo, desaparecieron como tales (como la extinta Plataforma Ciudadana contra el Puerto Industrial de Granadilla), apropiándose a la vez estos nuevos viejos partidos del hálito mediático y publicitario de Asamblea por Tenerife (AxT), antes de culminar ésta su ciclo vital.

 

 

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