Revista nº 801
ISSN 1885-6039

El incendio de la iglesia de Tejeda en 1920 destruye el San Miguel, obra de Luján Pérez.

Sábado, 24 de Septiembre de 2011
Serafina Suárez García (Cronista Oficial de Tejeda)
Publicado en el número 384

Acabadas hace poco las Fiestas de Nuestra Señora del Socorro de Tejeda, y a punto de celebrarse el día de San Miguel en este final de septiembre, la cronista del municipio cumbrero nos trae un suceso histórico significativo acaecido en el lugar.

 

A menos de una década para cumplir el primer centenario del incendio de la Iglesia Ntra. Sra. del Socorro, acaecido el 13 de agosto de 1920, proponemos acercarnos a lo que supuso para Tejeda (Gran Canaria) aquel fatídico acontecimiento. En cuestión de horas, las llamas borraron toda huella de la arquitectura religiosa, artística e incluso sentimental que se aunó a lo largo  de más  tres siglos y medio en torno a la Patrona de Tejeda. El incendio provocó una pérdida inenarrable e incuantificable entre los vecinos de este pueblo.

 

Fueron pasto de las llamas más de 15 imágenes, 6 cuadros, 14 Vía Crucis, vestimentas, joyas, retablos, mobiliario, un órgano recién comprado que, según costa en la documentación consultada, era de los mejores de Gran Canaria. Dicho instrumento fue donado por los emigrantes tejedenses, indianos afincados en  la isla de Cuba, y que fue comprado con dinero procedente de una suscripción pública. Un inventario datado en 1902 da cuenta del patrimonio eclesiástico existente en aquel momento, y que actualmente está desaparecido.

 

Varias fuentes, tanto escritas como orales, afirman que muchas de las imágenes desaparecidas fueron obras del insigne artista e imaginero canario José Luján Pérez (1756-1815).  No es el caso de la efigie calcinada de Ntra. Sra. del Socorro, pues esta fue obra del artista palmero Arsenio de las Casas.

 

Martín (1843-1925). Esta imagen de candelero era una de las obras de mayor celebridad de este artista, pues con este encargo, y según informan algunos historiadores del arte, el autor demostró su dotes de artista.

 

Del patrimonio artístico devastado destacamos el San Miguel con cadena, o Arcángel San Miguel, como se recoge en el inventario, realizado por Luján Pérez. Esta pieza tallada en madera y policromada fue un encargo del presbítero y rector del Hospital San Martín, José Guerra, al artista guiense. En el testamento otorgado en 1814 por Luján Pérez se puede leer lo que sigue: Ítem, declaro que se halla igualmente en mi taller una estatua de San Miguel que está casi concluida, a cuenta de cuyo trabajo he tomado del presbítero don José Guerra algún dinero y dos barricas de harina, que también dará cuenta individual y se estará y pasará por ella, y de lo que debe resultar a mi favor se entregaran seis pesos a Manuel Hernández mi discípulo, para  que le dé los últimos golpes.

 

No consta que el presbítero José Guerra Suárez ejerciera como párroco en Tejeda, si bien sabemos de su labor como mayordomo de la Cofradía de Animas en 1835. Falleciendo en Tejeda en 1842, curiosamente no llega a recibir los Santos Sacramentos por su rápido accidente: así consta en su partida de defunción. Esta familia apellidada Guerra procede del municipio de Teror y por lazos familiares  arraigan en  Tejeda.

 

La fecha de encargo coincide con el nombramiento de su hermano Alonso Guerra como alcalde de Tejeda, quien más tarde ejercerá de mayordomo de fábrica de la Iglesia Ntra. Sra. del Socorro entre los años 1820-1835. Desconocemos si es casual, pero su nombramiento como mayordomo en 1820 coincide con la solicitud de 300 pesos, por parte de su hermano el sacerdote, al Cabildo Catedralicio para ayudar a la reedificación del templo, poniendo él los 200 pesos restantes que eran necesarios para el arreglo de la iglesia de Tejeda. La situación del edificio eclesiástico a lo largo de todo el siglo XIX es tan penosa que llega a mojarse tanto que deciden tirar sus paredes y parte de su bóveda de cañón.

 

En cuanto al encargo del San Miguel, no sabemos si los feligreses aportarían algo de dinero o especies para su compra, o si llegó a establecerse un contrato. Era común establecer una relación contractual entre el artista y el o los comitentes. En este caso, y según se desprende del testamento de Luján Pérez, se había acordado una cantidad de dinero, pesos de la época y barricas de harina. Hay que especificar que con la harina se refiere a algún tipo de grano o cereal. Era un producto de gran importancia sobre el que  había un importante comercio naval con América que estaba regularizado oficialmente y se exportaba en barril. Dolores Guerra Marrero (1934) aún recuerda como su padre guardaba una estampa del San Miguel en su buró. Rememora que siempre oyó decir que le habían pagado a Luján Pérez en dinero y en pipas (debe referirse a la pipa de almendra). Por otra parte, se solía hacer un diseño previo, pero en este caso creemos que no fue necesario. Probablemente el presbítero ya había visto el San Miguel Arcángel de Valsequillo, obra del mismo autor, que por encargo de otro sacerdote, Antonio Macías, realizó en 1804. Actualmente se puede ver la imagen de San Miguel en la parroquia de nombrada.

 

Imagen de la Iglesia Ntra. Sra. del Socorro destruida por el incendio en 1920. Tejeda. Circa 1919

 

Iconográficamente se representa vestido de soldado, sostiene una lanza o espada alzada que simboliza la lucha con un dragón, que encarna al diablo. En el caso de las imágenes de Valsequillo y Tejeda, parece tratarse de la misma efigie si no fuera por varios detalles. La imagen del San Miguel de Tejeda presenta una cara más inocente, con menor escorzo de cintura, las botas están sujetas por un cordón, el diseño de la espada es salomónico y más grande, el casco presenta diferencias notorias, el diseño de la coraza o peto -así como el resto de su vestimenta- están más depurados. Ambas piezas son muy bellas, se alzan aladas y victoriosas sobre un extraño perro fiero que ya ha sido derrotado, de ahí la espada alzada. Ambas piezas presentan un aspecto más de ángel que de guerrero. El Arcángel San Miguel es el patrón de los caballeros y de todos los oficios relacionados con las armas y las balanzas, como es el caso de los comerciantes.

 

Siguiendo las noticias que nos aporta el testamento de Lujan Pérez, esta obra podría haber sido su último trabajo antes de morir. Hoy desafortunadamente en Tejeda no queda huella alguna del insigne artista, pero nos consuela saber que el templo destruido albergó durante tiempo algunas obras suyas.

 

Por último, es de suponer que tras la adquisición de la imagen se iniciaría su festividad, que continúa teniendo lugar el último domingo de septiembre. Según la tradición oral, no nos consta documentalmente. Esta celebración la inicia la familia Guerra en acción de gracias por salvarlos de algunas de las epidemias que hubo en las primeras décadas del siglo XIX. Las mismas fuentes narran que la imagen llegó por primera vez al barrio de Juan Gómez, fue instalada en Las Casas, lugar donde la familia Guerra tenía su vivienda. Probablemente permaneció allí  hasta el día de su festividad, fecha en que es trasladada en comitiva barranco abajo, con destino a la Iglesia Ntra. Sra. del Socorro. En su camino en el barrio de Casa La Huerta,  improvisan  un altar donde celebran  una multitudinaria misa.

 

El presbítero José Guerra, un hombre próspero y con muchas propiedades en toda la isla, dejó en herencia a su hermana Gertrudis Guerra unas tierras en Tejeda. Gertrudis decide legar a su  sobrino, José Domingo Guerra Guerra, dichas tierras, puesto que ella no llegó a casarse ni tubo descendencia. José Domingo destinó para el sostenimiento de esta festividad la producción o renta de un cercado proveniente de esa herencia, bocado de San Miguel, ubicado en el barrio de La Degollada. Más tarde lo transfirió a sus cinco hijos: Francisco, Jesús, Miguel, Gertrudis y José Guerra Marrero. Actualmente, este cercado sigue siendo propiedad de la familia Guerra, pero sólo pertenece a uno de sus descendientes.

 

Lo que sí es cierto, y así lo recoge el Diario de Las Palmas en su edición del 28 de septiembre de 1933, es que desde el incendio en 1920 hasta el año 1933 la festividad en honor a San Miguel deja de celebrarse. Asimismo, el rotativo da noticia de la iglesia restaurada, que ya cuenta con una nueva imagen del Arcángel adquirida por la familia de los Guerra, a la que venía tradicionalmente encomendada la festividad. Igualmente, hace referencia al esplendor que alcanzó en tiempo antaño, y que con los diferentes actos preparados, como la quema de fuegos artificiales, la verbena en la sociedad Cultura y  Recreo, actual club de la tercera edad, Texeda, la banda de música y los actos religiosos, prometen volver a su vieja grandiosidad

 

 

Foto de portada: imagen del San Miguel desaparecido en el incendio, obra de Lujan Pérez (1814)

 

 

Noticias Relacionadas
Comentarios