Revista n.º 1046 / ISSN 1885-6039

Apuntes del Patrimonio Etnográfico de Tenerife, de Francisco M. Hernández Martín.

Viernes, 18 de febrero de 2011
Francisco Suárez Moreno (Cronista Oficial de La Aldea de San Nicolás)
Publicado en el n.º 353

Anoche se presentaba en el Ateneo de La Laguna este libro fundamental, a partir de hoy, sobre el Patrimonio de Tenerife. Editado por la AC Pinolere y el Gobierno de Canarias, en la mesa de presentación estaba, junto al autor y los responsables de la edición, nuestro colaborador Francisco Suárez, que leía estas palabras que les traemos para dar la bienvenida a este fundamental documento de Hernández Martín.

Presentación del libro de Patrimonio de Tenerife en el Ateneo de La Laguna.

 

Para mí es un honor estar aquí con ustedes presentando este libro sobre el patrimonio etnográfico de esta entrañable isla, la que todas las mañanas, cuando me levanto de la cama, tengo enfrente, más allá del Atlántico, con su contrastada silueta azul que al cabo de las horas del día, al atardecer, se torna, sobre todo en tiempo de los equinoccios, en los mil colores cálidos del ocaso solar.

 

Siempre he contado a mis amigos de aquí, entre bromas y veras, por esto de tener deferencia (en este caso, ahora, hacia mí por parte del autor y de los editores para prologar y presentar esta obra), lo que para los aldeanos y las aldeanas ha sido esta tierra que siempre ha estado, al unísono, tan lejos y tan cerca.

 

Lejos en la geográfica distancia, cerca en las sensaciones visuales que antes les dije, más las de nuestros corazones, de nuestros recuerdos en mil cuentos de nuestros bisabuelos que iban y venían a Santa Cruz de Tenerife en barquitos de vela, en el campo de las transacciones económicas y relaciones socio-históricas de antaño, cuando los propietarios del gran latifundio de La Aldea eran precisamente de esta ciudad, La Laguna, la casa de Nava-Grimón; relación que continuó luego, entre finales del siglo XIX y principios del XX, en el marco económico del Puerto Franco y desarrollo de la navegación, simplemente por cercanía y efectos favorables a la comunicación marina entre el Poniente de Gran Canaria y el Naciente de Tenerife.

 

Cercanía incluso de nuestros recuerdos de niño cuando en los años cincuenta del siglo pasado se generalizó la radiofonía, cuando allá no sintonizábamos más que Radio Club Tenerife y Radio Juventud de Canarias. En este contexto aún recordamos el gran debate que oíamos, en aquellos voluminosos aparatos de radio, en el momento de quitarse del Puerto de Santa Cruz aquel bien patrimonial histórico y etnográfico: la «vieja Farola del Mar». Y así, rememorando, entramos de lleno en la presentación de este libro.

 

De aquella discusión sobre si sí o si no de la Vieja Farola del mar, entramos el debate tan actual entre la conservación de los valores patrimoniales frente al mal entendido «progreso de los pueblos». Parece que un sector de nuestra sociedad continúa sin conciencia proteccionista cuando hace dos mil años los clásicos griegos ya afirmaban que conservar es progresar, en referencia a valores tangibles y no tangibles; y no se entienda esto desde la praxis política…

 

Por tanto, estas pinceladas de la memoria personal parecen encajar perfectamente en el discurso del proemio de este libro.

 

* * *

 

Creemos que, con esta obra, Tenerife va a tener un punto de partida importante vinculado a estos aspectos patrimoniales, al menos como ejemplo de una iniciativa particular, para iniciar el urgente inventariado por municipios o comarcas del Patrimonio Etnográfico, en el campo de los bienes inmuebles; un patrimonio cultural que está en acelerado proceso de desaparición y que desde las instituciones debe acometerse.

 

Sirvan de ejemplo las iniciativas, entre otras, de los Cabildos de Fuerteventura y de Gran Canaria. En esta última isla, a través del organismo autónomo lde a FEDAC, se han redactado, desde hace tiempo, los catálogos o cartas etnográficas de los 21 municipios. Ello nos facilitó la labor de redacción, a lo largo de dos años, de la Guía del Patrimonio Etnográfico de Gran Canaria, publicada luego con fondos europeos. Ahora se están redactando todas las cartas municipales del Patrimonio Industrial.

 

Tenerife, si bien ha dado ejemplos dentro de sus planes de red de museos arqueológicos, históricos y etnográficos, tiene, en cuanto a la sistematización de catálogos del Patrimonio Etnográfico y del Industrial, una asignatura pendiente de varios cursos atrás.

 

Y vean ustedes cómo una persona como don Francisco M. Hernández Martín llevaba muchos años, en silencio, recopilando información de los bienes que componen todo el Patrimonio Etnográfico tinerfeño y había acumulado un valioso material fotográfico de estos bienes materiales, algunos ya desaparecidos por el continuado proceso de antropización masiva del territorio insular. Así, había ido conformando un estudio de bienes inmuebles que contextualizó en un documento escrito con el apoyo de cientos de ilustraciones.

 

 

Pero con este trabajo no pretendía realizar un inventario ni un estudio exhaustivo, sino reflejar su inquietud por el estado del Patrimonio Etnográfico de Tenerife, además de evidenciar la necesidad de su protección y la posibilidad de ser estudiado.

 

Su iniciativa quedó reflejada, hace dos años, en un documento final que la Asociación Cultural Pinolere, en colaboración con la Dirección General del Libro de la Consejería de Educación y Cultura del Gobierno de Canarias, consideró que debía ser divulgado para el conocimiento de la ciudadanía, previo a un trabajo de recomposición de contenidos y de selección de ilustraciones.

 

Con el razonable desespero del autor, la obra se ha dilatado en su proceso de edición. Los tiempos actuales de crisis no coadyuvan a ello, más si pensamos que con las restricciones presupuestarias siempre pagan el plato roto los proyectos de nuestro desarrollo cultural. Habría que reflexionar (y no me refiero sólo ahora al contexto geográfico y político de esta isla, sino de todo el territorio de la Comunidad Autónoma o incluso del territorio del Estado) sobre la priorización de los fondos porque, por citar un solo ejemplo y global, los recortes en materia de publicación de libros son muy acusado. Por ejemplo, el Boletín Millares Carlo de la UNED en Las Palmas, de periodicidad anual, lleva dos números de retraso; pero en esa misma ciudad y en las demás, para no estar señalando con el dedo nada en concreto, ¡cuánto dinero se gasta en fuegos artificiales que son eso: artificio de pocos minutos!

 

Por este motivo hay que felicitar a quienes se han comprometido, en tiempos de crisis, a editar esta sencilla obra de Apuntes del Patrimonio Etnográfico de Tenerife.

 

* * *

 

El lector va a tener en sus manos, repito, un documento sencillo y muy ilustrado de una parte importante de los bienes que conforman el Patrimonio Etnográfico de esta isla que demuestra, volvemos a insistir, la importancia del mismo y la urgente necesidad de su protección a través de un inventario o catálogo oficial.

 

El autor ha estructurado el material investigado en nueve capítulos que hacen referencia a los distintos campos de la actividad económica tradicional hasta poco después de la mediana del siglo pasado, en el momento de lo que hoy suele denominarse como Cambio Social.

 

1º.- Comienza por la actividad y los materiales de construcción (cantería, caleras, tejas…).

2º.- Continúa con el tema de las salinas, muchas de las cuales, las del Sur, las urbanizaciones del turismo de sol y playa han borrado.

3º.- Aborda luego las actividades tradicionales forestales (aserraderos, peguerías…), en las que una isla con tanto pinar marca diferencias en este sector económico.

4º.- El amplio espacio del patrimonio hidráulico lo expone en un extenso capítulo sobre ingenierías y arquitecturas (fuentes, conducciones, aforímetros, obras de captación y de almacenamiento), e incluso se adentra en el campo de los bienes intangibles (hidrotoponimia).

5º.- Al patrimonio agropecuario dedica también buena parte de su obra con atención a bienes muebles y elementos intangibles (eras, trillas, aperos, bancales, molleros, latas, tagoras…).

6º.- También recoge interesantes aspectos tangibles del Patrimonio Industrial como los de la cultura del vino (lagares y bodegas), los molinos harineros, los trapiches azucareros, los neveros y la actividad hidroeléctrica antigua.

7º.- No olvida el capítulo de las artes y los oficios del ayer: el autor se centra en motivos materiales e inmateriales de la alfarería, la cestería, el vidrio…

8º y 9º.- La obra toma amplia visión del patrimonio cultural con los dos últimos capítulos. Están dedicados a los transportes y las comunicaciones tradicionales: uno, a los puertos históricos y señales (faros, farolas…); y el noveno a la red tradicional de caminos de herradura que desde la sociedad indígena hasta principios del siglo pasado canalizaba el tránsito peatonal y comercial terrestre.

 

Portada del libro Apuntes sobre el Patrimonio Etnográfico de Tenerife, de Francisco M. Hernández Martín.

 

* * *

 

La metodología expositiva, de cara a la mejor comprensión del lector, conlleva que los contenidos de cada capítulo se presenten en un texto informativo base de cada actividad, así como sus elementos históricos y patrimoniales. Luego se complementa con unas fichas de los más significativos bienes inmuebles correspondientes a su categoría (hidráulicos, agropecuarios, agroindustriales…).

 

Pese a que no es un catálogo exhaustivo ni una guía detallada, estamos ante un documento de un enorme valor que tiene como virtud la sencillez, como más arriba indicamos, y que ilustra de muy buenas maneras el conocimiento básico y necesario que los ciudadanos requieren para que en ellos sea despertado el interés por la conservación del Patrimonio Etnográfico insular. En este sentido, el título de Apuntes del Patrimonio Etnográfico de Tenerife lo dice todo.

 

Ahí queda para los especialistas y para futuros proyectos el acometer sistemáticamente un catálogo y una guía. Para el primero deben diseñarse presupuestos destinados a proyectos con metodologías adecuadas, tanto para el trabajo de campo como el de gabinete; y luego deberán programarse otros capítulos presupuestarios para editar los resultados, siempre al alcance del lector medio, nunca solamente para las bibliotecas de nuestras universidades.

 

* * *

 

Por último, solo cabe felicitar al autor por su iniciativa personal en mil caminatas por nuestros campos; y a los editores, por su sensibilidad al ofrecernos este activo cultural y divulgativo, el de unos valores patrimoniales en los que podemos reencontrarnos con los mil sabores y olores del tiempo histórico de Tenerife.

 

Muchas gracias.

 

 

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