Revista nº 854
ISSN 1885-6039

El niño distinto y otros cuentos, de Francisco Lezcano.

Martes, 11 de Enero de 2011
Rosario Valcárcel
Publicado en el número 348

Seguramente todo ello fue eco de la carga de prohibiciones que el niño Paco tuvo que soportar en su infancia, coincidente con la larguísima postguerra y el clima de represión social. Pero creía firmemente en los sueños que se entrometían en su conciencia, en los secretos que le contaban, en los cuentos que leía.

 

No hace mucho tiempo leí un poemario llamado Palabras e inmediatamente escribí unos folios sobre su autor. Comenzaba diciendo que en el mundo de la playa existen ciertas criaturas que flotan, que no están sujetas a su concha, que van de un lugar a otro, absorbiendo la creación que los rodea. Seres que están en estado de libertad, de viaje y de vértigo: es el ejemplo de un hombre comprometido con su entorno, un hombre que ha recorrido muchas ciudades europeas con su arte. Hablaba de Paco Lezcano.

 

Y hace unos días, en la presentación de un libro de Teresa Iturriaga y Sira Ascanio, Revueltos isleños, me encontré con Paco y su compañera Isabel De la Llave y me emocionó mucho el encuentro porque Paco me hizo un regalo, un nuevo libro suyo, El niño distinto y otros cuentos. Dos días más tarde le escribí un correo y le dije: Mi querido amigo: Ya me leí tu nueva obra. Mis felicitaciones, me ha encantado. Creo que es un libro autobiográfico ambientado en tus universos, en esos universos reales e imaginarios que tú transitas. Un libro muy representativo de tu vida llena de amor, de amistad y de valores.

 

El niño distinto y otros cuentos, de la editorial Idea, nos refleja una vida colmada de humanidad, de duendes y fantasías, de ternuras insospechadas, de ese soplo de la infancia siempre cargado de voces felices. De prohibiciones y contrasentidos de los que tanto el niño Francisco como el adulto Francisco intentan escapar.

 

Un Francisco Lezcano que sigue dándole la misma importancia a sus dos mitades: la de niño y la de adulto. Mitades iguales como las alas de las mariposas, mitades que se alzan, como Quijotes y Sanchos, contra la tierra gobernada por una autoridad injusta, llena de prejuicios y tabúes. Un niño en un eterno conflicto con sus mayores que no le comprenden, y que encima intentan reprender y censurar una desbordante imaginación, la suya. Un niño que no entiende cómo los adultos no son capaces de ver y sentir las cosas como él las ve, como son en realidad.

 

Pero el adulto protagonista de estos cuentos se hace más fuerte, más libre para así sobrellevar la ternura. Y lo más hermoso de todo esto es que sin abandonar al niño que sigue siendo, sabe cultivar su amistad, amplia y humana, y siempre le surge la necesidad de hablar y de coquetear con sus historias, con su vida. Porque él disfruta con el devaneo de sus pensamientos, que después volvemos a escuchar en boca de sus protagonistas.

 

Seguramente todo ello fue eco de la carga de prohibiciones que el niño Paco tuvo que soportar en su infancia, coincidente con la larguísima postguerra y el clima de represión social. Pero creía firmemente en los sueños que se entrometían en su conciencia, en los secretos que le contaban, en los cuentos que leía. Entendía perfectamente cuál era el sentido de sus historias: reales o inventadas, y jugaba con cometas, desenterraba tesoros, coleccionaba posesiones, cazaba lagartos y los liberaba. Ah, sin olvidarse de pedirles perdón por las molestias que les había ocasionado.

 

Sus sueños no se desvanecían a la luz del día, y las imágenes que pasaban por su cabecita estaban más vivas que él mismo, por eso su ilusión era seguirle los pasos a Livingstone, a Robinson Crusoe o a Julio Verne.

 

Pero el niño creció y maduró, dispuesto a ahogar los turbulentos ritmos de las ciudades, de los horarios y de los planes. Dispuesto a rebelarse, a luchar por sus ideas, a fabricarse mundos a su medida, mundos sobre un paisaje unas veces oscuro, otros llenos de color donde alguna vez se refugia cuando se sumerge en su mundo marino. Desde muy joven empezó a sentir lo que le apetecía ser o hacer y decidió construirse su universo particular en donde podría escribir e idealizar sus fantasías o contar historias conmovedoras, incidentes que maravillan, como aquellas que nos narra y nos dibuja en El niño distinto y otros cuentos, ya que las ilustraciones y la portada del texto son también del autor. Y nos relata aquel emotivo día en que recogió a un perro que se refugiaba de la lluvia en un bar atestado de Oporto y otro día poético que recibió en su casa a Natacha, quien lo confundió con un mago, o cuando…

 

Como señala Carla López Valle en su prólogo, Lezcano nos entrega historias con apariencia de levedad que muestran su capacidad de fantasía, su mirada sorprendida sobre la realidad, y lo hace con un estilo fresco, aparentemente ligero, cargado de ternura, de poesía.

 

 

… Una barrera de tuneras, pitas, zarzas y cañas, me impedía ver el fondo, allá lejos, muy abajo. El terreno a partir del muro caía casi en vertical. Al borde del acantilado, a unos cuatro metros de mí crecía un árbol delgaducho y sarmentoso, milagrosamente enraizado en las piedras. Y… no van a creérmelo, pero al pie de aquel arbolillo, un hombrecillo de veinticinco centímetros estaba sentado, como descansando. Portaba a la espalda un saco…

Fragmento de "En boca cerrada…"

 

 

Pero la lectura que propone nuestro autor va más allá del juego, se convierte en una verdadera forma de conocimiento del mundo, de un mundo que puede ser ilusorio pero sin apartarse del todo de la realidad, que va desde el frondoso jardín de su Monte Lentiscal al pueblecito pesquero de Sardina. De París o Toulouse a Oporto. De los paraísos llenos de tonalidades de nuestra Gran Canaria al descubrimiento de Francia.

 

La vida de nuestro autor ha sido tan aventurera y tan repleta de dificultades, que le ha hecho poseer una innata habilidad para escurrirse hacia otro sitio, para librarse de la monotonía y no convertirse en un súbdito más de la tierra. Nacido en 1934 en Barcelona, residió desde muy niño en la capital grancanaria, hasta que en 1971 se exilió a Francia y pidió asilo político en Bélgica. Tras la muerte de Franco se hace un activista de la no violencia y presenta sus proyectos, sus exposiciones los mueve por diversos países europeos. Pintor, escritor, poeta, escultor, hombre del teatro, fotógrafo submarino, experto en artes marciales. Su obra va ligada a la forma de entender la vida que ha sido algunas veces una sucesión de acontecimientos con soluciones casi “mágicas”.

 

Su narrativa de ciencia ficción y su visión humanista y lírica de la vida forman parte de ediciones de la cultura underground en diversos países, sobre todo en Francia, Italia, Bélgica y Holanda.

 

Francisco Lezcano es un hombre que sabe intercambiar proyectos, ideas y sentimientos. Alegrarnos. Su aportación a la cultura canaria contemporánea es evidente. Compañero de la pintora Isabel De la Llave, forma con ella una pareja con gran capacidad creativa, una pareja acogedora que juntos intentan afrontar esos problemas eternos como la soledad, el sentido de la vida, la fraternidad entre los humanos, la incomunicación.

 

Por todo eso y por este sorprendente libro El niño distinto y otros cuentos, que se los recomiendo... siento un cariño muy especial por Paco Lezcano.

 

 

Rosario Valcárcel es poeta y novelista.

 

 

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