Revista nº 838
ISSN 1885-6039

De promesa a San Antonio.

Miércoles, 12 de Enero de 2011
Manuel J. Lorenzo Perera
Publicado en el número 348

San Antonio Abad, santo relacionado con los animales, se celebra a finales de enero en algunos puntos del Archipiélago canario, pero tiene especial importancia en la isla de Tenerife. Hace poco se rescataba una antigua peregrinación a La Matanza emparentada con esta celebración...

 

La celebración de la feria de San Antonio Abad en La Matanza de Acentejo se remonta a los años posteriores a la Conquista de Tenerife, finalizada el año 1496. La iglesia de San Antonio se convertía en el punto de confluencia de ganaderos y allegados de toda la isla, principalmente de los pueblos del Norte y muy especialmente del municipio de La Laguna. El desplazamiento se hacía andando, a través del Camino Real que, durante muchos años, tuvo su firme de tierra.

 

Se iba a San Antonio por devoción, para pagar alguna promesa o por la simple razón de pasar un rato agradable encontrándose con parientes, amigos y conocidos.

 

Quienes venían desde Las Montañas de Anaga, acostumbraran a pasar la noche en Las Mercedes. Al día siguiente -también lo efectuaban los guayeros de La Laguna-emprendían, sobre las ocho de la mañana, el camino hacia La Matanza. Solían marchar constituyendo pequeños grupos, llevando cada uno sus reses enyugadas o rateadas, es decir, amarradas por la cabeza. Retornaban después de la misa y la bendición del ganado, almorzando en la misma Matanza o camino de La Laguna, a donde llegaban casi anocheciendo.

 

La tradición quedó en desuso a mediados del siglo XX. El año pasado volvió a retomarse, desarrollándose de forma colectiva, escenificando la costumbre pareciendo formar parte de un fenómeno en el que están presentes otras manifestaciones a las que se ha dado un tratamiento y enfoque similar, observadas en diferentes enclaves del Archipiélago: siembra de papas, recogida de las papas, siega, trilla... Son modos y formas de recordar y potenciar la tradición, enriqueciendo, de otro lado, la propia identidad.

 

En la celebración de este año, que tuvo lugar el domingo 24 de enero, se partió desde El Rodeo a las ocho de la mañana. Una señora de 79 años de edad -doña Hermógenes Amador Arvelo- le entregó a uno de los participantes en la marcha un cochinito de cera y cinco euros para que se los llevara a San Antonio con el fin de pagar una promesa hecha hace treinta años. El día estaba nublado y apenas se vio El Teide. La comitiva, discurriendo por la parte derecha del Camino Real de La Orotava, la conformaban -aparte de cuantiosos acompañantes, hombres y mujeres- ganaderos y ganaderas de diferentes edades, en total 41, quienes llevaron 92 animales: 2 burros, 1 pony y 89 reses bovinas, vacas y toros. Iban enyugadas o rateadas, oscilando el número de reses aportadas por cada uno de ellos entre 1 y 6. Hubo incluso, entre los numerosos acompañantes, quien llevó una cabra y hasta perros, 12 en total, de compañía y podencos, algunos de magnífica estampa. El avance fue ceremonial, espléndido, ennoblecido por el celo puesto por los ganaderos en el cuidado y limpieza de sus animales, al son de las esquilas de las relucientes colleras.

 

 

El camino, fácil de cubrir y salpicado por los viñedos y demás cultivos de las Medianías, es sencillamente acogedor. Hacia las 10:30 horas, en Ravelo, se ofreció a los intervinientes un suculento desayuno amenizado por música folklórica. Más allá, repetidamente, se brindaba, a quienes nos trasladábamos a San Antonio, con queso, pan, gofio... y magníficos caldos tintos y blancos, todo ello dispuesto sobre mesas ornadas con manteles de hospitalidad y apoyo a la tradición.

 

Sobre la una del mediodía llegamos a San Antonio. El gentío era impresionante. Lo mismo que la cantidad de animales que se repartían por el recinto, llamándonos la atención la belleza y considerable cantidad de cabras pertenecientes a la raza Tenerife Norte. Cuando acabó la misa, San Antonio recorrió todo el espacio ferial y, tras ello, contempló el desfile de los animalitos por delante de su figura, deseosos, como siempre, de contar con su apoyo y bendición.

 

Una hermosa tradición. Un día feliz. Hasta el próximo año. ¡Viva San Antonio!

 


Manuel J. Lorenzo Perera es Director del Aula Cultural de Etnografía de la Universidad de La Laguna. Este artículo y estas fotos fueron publicados previamente en el número 56 de la revista El Baleo (enero-febrero de 2010).

 

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