Revista nº 789
ISSN 1885-6039

La parroquia de Santo Domingo de Guzmán, el Cristo de la Buena Muerte del Cementerio y el Obispo Domingo Pérez Cáceres.

Martes, 06 de Diciembre de 2011
Octavio Rodríguez Delgado (Cronista Oficial de Güímar)
Publicado en el número 395

A punto de acabar este 2011, traemos a nuestras páginas, de la mano de su cronista oficial, eventos religiosos importantes del núcleo tinerfeño de Güímar que se han ido conmemorando a lo largo de estos meses

 

El año 2011 está inmerso en la celebración de una serie de aniversarios, varios de ellos vinculados a las parroquias de Güímar: 250 del nacimiento del güimarero Florentín Núñez y Torres (1761-1821), beneficiado propio de Güímar y canónigo fundador de la Catedral de La Laguna; 150 de la muerte del güimarero Juan Díaz Núñez (1807-1861), abogado y secretario de Cámara y Gobierno del Obispado; y 50 de la creación, en 1961, de la Parroquia de Santo Domingo de Guzmán de Güímar, de la bendición de la nueva capilla de San Pedro de Abajo y del fallecimiento del sacerdote güimarero Domingo Pérez Cáceres (1892-1961), VIII obispo de la Diócesis Nivariense. En este trabajo vamos a recordar algunos de ellos.

 

La Parroquia de Santo Domingo de Guzmán. El 8 de julio de 1649, el obispo Sánchez de Villanueva concedió licencia para construir un convento dominico en Güímar, que sirviese de pronto y decente asilo a la Virgen de Candelaria en caso de ataque de moros a su Santuario. Edificado por el vecindario, llevó el nombre de Santo Domingo en Soriano y fue inicialmente una Vicaría del de Candelaria. En 1729 se concedió licencia para instituir por patrona de su capilla mayor a la Hermandad del Rosario, que existía desde la fundación del Convento. El 1 de septiembre de 1731 fue confirmado definitivamente como Priorato, adquiriendo su total independencia. Y en 1739 se construyó la plaza colindante.

 

El Convento fue destruido por un incendio en 1775, aunque en 1777 ya estaba reedificada la iglesia y parte del claustro. Luego, fue suprimido en 1821, restablecido 1826 y suprimido definitivamente en 1835. Al año siguiente, el obispo Folgueras dio licencia para que su capilla continuase abierta al culto público como Ermita de Ntra. Sra. del Rosario, bajo la dirección del beneficiado, con la condición de que la Hermandad del Rosario costease en ella la festividad anual de la Virgen. En 1844 fue utilizada también como tanatorio o capilla mortuoria; en 1880 tuvo que ser restaurada, a causa de un temporal; en 1904 y en 1916 sirvió como cuartel, tras lo cual en 1917 volvió a ser restaurada y abierta al culto, aunque luego volvería a permanecer cerrada.

 

Después de un largo período de ostracismo religioso, esta iglesia fue recuperada definitivamente para el culto por decreto del recordado obispo güimarero don Domingo Pérez Cáceres, dado en San Cristóbal de La Laguna a 15 de marzo de 1952, al proceder a la erección en ella de una Coadjutoría Filial de la Parroquia de San Pedro Apóstol, teniendo en cuenta de una parte el aumento de población que en estos últimos años ha tenido la parroquia de San Pedro Apóstol de la Villa de Güímar, y de otra la conveniencia de atender al culto de la Iglesia del exconvento de Santo Domingo de Guzmán de la misma Villa, donde con manifiesto provecho de los fieles sería muy conveniente la celebración de la santa Misa en los Domingos y fiestas de precepto. Y en el mismo decreto añadía: El que fuere nombrado para dicha Coadjutoría Filial ejercerá el cargo de Vicario cooperador de la parroquia de San Pedro, pero con la obligación de celebrar la Santa Misa, a lo menos en los Domingos y fiestas de precepto, en la repetida Iglesia del exconvento de Santo Domingo de Guzmán. Organizará y celebrará en ella los cultos tradicionales. Y cuidará de la conservación y ornato del templo y de los enseres del culto pertenecientes al mismo. No obstante, a partir de entonces, en esta iglesia sólo se celebrarían cultos por las festividades del Rosario y Santo Domingo, así como el Miércoles de Cuaresma y la Semana Santa.

 

Pocos años más tarde, por otro decreto del mismo obispo, fechado a 22 de febrero de 1961, se creó la nueva parroquia de Santo Domingo de Guzmán de la entonces Villa de Güímar, con la categoría de ascenso, que quedaba desmembrada en su totalidad de la parroquia matriz de San Pedro Apóstol y se extendía desde el límite con la de San José de El Escobonal hasta la línea imaginaria que pasaba por el Barranco de Chiñico, calle de La Amistad, calle José Antonio (actual calle Canarias) y carretera de El Puertito (actual Avenida Tomás Cruz García); por lo tanto, comprendía los núcleos de La Medida, Pájara y El Puertito, así como los barrios de Guaza, San Juan, La Hoya y parte del casco, que sumaban por entonces un total de 4.261 habitantes. Comenzó a regir el 1 de abril inmediato y, a pesar de que debía ser atendida por un párroco y un coadjutor, quedó encargado de la misma don Prudencio Redondo Camarero, por entonces párroco-arcipreste de la localidad. No obstante, en los primeros años careció de vida propia y las partidas sacramentales no comenzaron a asentarse en los correspondientes libros hasta el 1 de enero de 1963. De esta parroquia se segregaron en 1966 las de San Antonio de Padua de La Medida y Santiago Apóstol de El Puertito.

 

La iglesia parroquial de Santo Domingo de Guzmán

 

Entre 1964 y 1969, tras la toma de posesión del párroco don Salvador Miralles Pérez, se llevó a cabo una profunda restauración y dotación de la iglesia parroquial, a iniciativa de dicho párroco y con la generosa ayuda de los vecinos, por lo que estuvo cerrada al público durante varios meses de 1965. Se acondicionaron la sacristía, el camarín y el despacho parroquial; se colocó nuevo pavimento de granito de mármol pulimentado y gradas de mármol; y se restauró el Altar Mayor y los altares laterales, así como techos, coro y paredes; se adquirieron nuevas imágenes, ornamentos, etc. Posteriormente, entre 1969 y 1970 se construyó cerca del templo el edificio parroquial, con casa, salones y garaje. Volvió a sufrir una profunda restauración en 2002, por lo que estuvo cerrada durante más de cinco meses. En ese mismo año se incoó el expediente para declarar esta iglesia como Bien de Interés Cultural (BIC), con la categoría de Monumento, lo que se hizo realidad en 2008.

 

Entre las imágenes que se veneran en el templo destaca la de la Virgen del Rosario (siglo XVII), una de las más antiguas del municipio, que fue restaurada profundamente por José Rodríguez de la Oliva tras el incendio de 1775. De su culto se encargaba la antigua Hermandad del Rosario, desde 1649 hasta 1850, y luego la Confraternidad o Hermandad de Ntra. Sra. del Rosario y del Carmen, desde 1859 hasta 1965. Afortunadamente, por iniciativa del párroco y del mayordomo de esta imagen, don Javier Eloy Campos Torres, el pasado año 2010 se ha vuelto a refundar la Cofradía del Rosario.

 

También es importante el papel de esta Parroquia en la Semana Santa güimarera, dado el número de pasos que existen tanto en la iglesia como en las capillas y ermitas de su jurisdicción, algunos de ellos bastante antiguos. En el templo parroquial se venera a Jesús Nazareno o Señor con la Cruz a cuestas (finales del siglo XVII o comienzos del XVIII), que procesiona el Miércoles Santo, para participar en la ceremonia del Encuentro; también lo hace en la procesión magna del Viernes Santo, acompañada inicialmente por la Archicofradía del Carmen (1963) y luego por la Cofradía de Capuchinos Penitentes de Hermanos Nazarenos (1965); el Cristo de la Oración en el Huerto, conocido como Señor del Huerto (segunda mitad del siglo XIX), que procesiona el Domingo de Ramos y el Viernes Santo, inicialmente acompañada por las Asociaciones de Hijas de María y Medalla Milagrosa (1963) y luego por la Asociación Apostolado de la Oración (1966-1970); la Entrada triunfal de Jesús en Jerusalén (1951), que procesiona el Domingo de Ramos y el Viernes Santo, acompañada por la Cofradía de Niños Hebreos (1952); el Cristo de Medinaceli (1965), que procesiona el Martes y el Viernes Santo, acompañado en sus inicios por la Archicofradía del Carmen y La Milagrosa (1965-1967) y luego por su Cofradía con traje negro y escapulario (1968); y la Virgen de la Amargura (1965), tallada por el imaginero Ezequiel de León, que procesiona el Martes y el Viernes Santo, acompañada inicialmente por la Asociación Hijas de María (1965-1966), luego por su Cofradía de Señoras con mantilla blanca (1967-1984) y en la actualidad por su Cofradía de Penitentes (1995-). Además de estas imágenes, a la Semana Santa se han incorporado dos crucificados del siglo XIX: el Cristo Negro o de la Expiración, de bronce, que baja cada año desde el barrio de San Juan hasta la iglesia de Santo Domingo, donde permanece hasta el Domingo de Resurrección; y el Cristo de la Buena Muerte, de madera, que se venera en la Capilla del Cementerio y que preside la iglesia de Santo Domingo desde el primer sábado de Cuaresma hasta el Viernes Santo; a ellas se une el paso de la Santa Cena (concluido en 2001), elaborado por el escultor güimarero Javier Eloy Campos, que se custodia en la ermita del Pilar de Guaza, de donde procesiona el Domingo de Ramos hasta la iglesia de Santo Domingo, para participar en la procesión del Viernes Santo, acompañado por su Cofradía.

 

Imagen titular de la parroquia

 

En la misma iglesia destacan otras imágenes: Santo Domingo de Guzmán (siglo XVIII), atribuida a Luján Pérez, cuya festividad se reduce a los actos religiosos, aunque de notable solemnidad; San Antonio Abad (siglo XVIII), atribuida de José Rodríguez de la Oliva, en cuyo honor se celebra una popular romería el último fin de semana de enero o el primero de febrero, con exposición de ganado; San José (siglo XVII), atribuida a Lázaro González de Ocampo; Niño Jesús (siglo XIX), cuya fiesta se celebra el 1 de enero; Santo Tomás de Aquino (1940); Santa Lucía (1958); y una pequeña imagen de la Virgen del Carmen. También posee 10 cuadros al óleo, entre los que destacan por su valor y antigüedad los de Santo Tomás de Aquino y San Pedro de Verona.

 

Actualmente, en la jurisdicción parroquial de Santo Domingo se encuentran abiertos al culto otros templos: la antigua ermita de San Juan Bautista (1534) y la capilla del Calvario (con el Cristo Negro o de La Expiración), en el barrio de San Juan; una capilla (1905) y una ermita (1972) dedicadas a Ntra. Sra. de la Peña, en el barrio de La Hoya; y una ermita de Ntra. Sra. del Pilar (1985), en el barrio de Guaza. En las fiestas de estos barrios, destacan las festividades de San Juan Bautista (el 24 de junio) y San Sebastián (en el mes de enero), ambas en San Juan; de la Virgen del Pilar en Guaza (el 12 de octubre); y de Ntra. Sra. de la Peña en La Hoya (el último domingo de octubre), todas ellas en sus respectivas ermitas.

 

Aunque la parroquia fue creada y comenzó a regir en 1961, las partidas sacramentales no comenzaron a asentarse en los correspondientes libros hasta el 1 de enero de 1963. Desde entonces y hasta ahora, según figuran en los correspondientes libros, se han celebrado en el templo parroquial más de 2.100 bautismos, casi 1.300 entierros, unos 800 matrimonios y más de 950 confirmaciones. Asimismo, los obispos de la Diócesis han efectuado, hasta el momento, 14 visitas pastorales a esta parroquia con el fin de impartir la Confirmación: cinco don Luis Franco Cascón (1965, 1968, 1972, 1977 y 1983); una don Damián Iguacen Borau (1991); siete don Felipe Fernández García (1993, 1994, 1995, 1998, 2000, 2003 y 2004) y una el actual prelado don Bernardo Álvarez Afonso (2006).

 

En estos 50 años de existencia de la parroquia de Santo Domingo de Guzmán, han estado al frente de ella sólo seis párrocos titulares, cuatro de los cuales lo han sido a su vez de San Pedro Apóstol: D. Prudencio Redondo Camarero (1963-1964); D. Salvador Miralles Pérez (1964-1992); D. Domingo Guerra Pérez (1992-2004), con la colaboración de los párrocos in solidum D. Manuel González Marrero (1992-1993) y D. Antonio Jesús León Cáceres (1993-1996); D. Rubén José Fagundo García (2004-2010); y D. Pedro José Pérez Rodríguez (desde 2010 hasta el presente). El récord de permanencia al frente de esta parroquia lo ostenta D. Salvador Miralles (28 años y medio), el único nombrado en exclusividad para ella. Ninguno de ellos nació en el municipio de Güímar.

 

La capilla del Cementerio de Güímar y el Cristo de la Buena Muerte. Hasta bien entrado el siglo XIX, los güimareros recibían sepultura en la iglesia de San Pedro Apóstol y en el convento de Santo Domingo en Soriano. Pero a consecuencia del elevado número de fallecidos con motivo de una epidemia de viruela, la parroquia tuvo que habilitar un cementerio, el primero de Güímar, que el 18 de marzo de 1828 entró en funcionamiento; pero por la urgencia no se esperó a construirle los correspondientes muros ni a proporcionarle el aseo debido, lo que se vino a culminar en 1830. A partir de entonces serían enterrados en él todos los fallecidos en la jurisdicción parroquial, siendo el único cementerio del municipio hasta 1919, en que se inauguró el de El Escobonal.

 

En 1875 se aprobó el proyecto de reparación y ensanche del cementerio civil de Güímar. Dos años más tarde, en 1877, el Ayuntamiento nombró una comisión que habría de ocuparse de la dirección de dichas obras, de la que formó parte el cura párroco; se inició la expropiación forzosa de los terrenos situados delante del antiguo cementerio, propiedad de don Jerónimo Quintero; y se procedió a la subasta de los terrenos que se habían comprado y desmontado para un fallido cementerio que se pensaba construir en la calle Tafetana, con el fin de invertir su importe en las obras a realizar. Éstas comenzaron a mediados de 1879 y el 19 de octubre de 1880 se le concedió licencia al párroco don Fidel Farré Pujol para bendecir el cementerio, el cual se había ampliado en una tercera parte, construido sus muros casi en su totalidad y fabricado su primera capilla. En ésta se colocó la imagen del Cristo de la Buena Muerte, una talla del siglo XIX que bien pudo ser elaborada por el imaginero palmero Arsenio de las Casas Martín, discípulo de la escuela de Luján Pérez, que en 1882 talló la actual imagen de Jesús Crucificado del altar mayor de la iglesia parroquial Fasnia.

 

En 1892 se efectuaron obras de mejora en el cementerio municipal. Y en 1911 éste volvió a ser ampliado, por lo que el 13 de marzo de 1912 se concedió la oportuna licencia para bendecir la parte nueva o ensanche del mismo, así como la nueva capilla que se proyectaba construir en él, una vez que estuviese terminada, así como para el derribo de la antigua. Entre 1948 y 1949 se efectuó un nuevo ensanche del cementerio, con proyecto de don Tomás Machado y Méndez Fernández de Lugo, que también incluyó la ampliación de la capilla hacia atrás. En 1952, con proyecto del mismo arquitecto, se construyó el nuevo cementerio civil, anejo y en la parte posterior del municipal existente, así como un nuevo frontón, una sala de autopsias y un depósito de cadáveres.

 

La Mayordomía de la Capilla del Cementerio la asumió inicialmente la familia Campos de Los Majuelos (doña Prudencia Campos, don Pedro Armas Campos y don Laureano Campos). En 1912 entró como camarera doña Imelda García Campos, viuda de Pérez, que estuvo encargada de dicha capilla durante casi 40 años, en los que se adquirieron: 4 candelabros pequeños, niquelados; una palmatoria de metal; una lámpara de aceite, plateada; una piedra de ara; una alfombra de 2 x 1,50 metros y otra estrecha; dos bancos, no aparentes para la capilla; un frontal negro, de terciopelo; y dos manteles para el altar.

 

Cristo de la Buena Muerte en la procesión del Viernes Santo

(Foto de José Carlos Mesa)

 

En 1951 asumió el cargo de camarero de la Capilla don Elpidio Pedro Armas Castro, que permaneció en él durante 42 años. Durante esta mayordomía se produjo el Retocamiento del Cristo Crucificado, que fue llevado a cabo por el escultor orotavense Ezequiel de León Domínguez; hacia 1955 se hizo un altar nuevo, que fue costeado por el Ayuntamiento; y en 1962 se adquirieron tres remates para la Cruz del Cristo de la Buena Muerte, obra de Agustín Guerra Molina. Además, se adquirieron diversos objetos: un banco para la sacristía (donado por la familia Gómez Ramos), mesa, sillas, pilastras, vitrina para la sacristía, cornisas y cortinas, atril, campanilla, vinajeras, jarras de distintos tamaños, lámpara eléctrica, candeleros, vestuario de misa, manteles, colgaduras, un crucifijo de sacristía, paños para las seis pilastras, escalones de altar, fanales, tulipas, una baza de tres varales, etc. El 21 de enero de 1992, los técnicos municipales confeccionaron un presupuesto de reparación de esta capilla, que se elevaba a 1.174.656 ptas, el cual incluía la demolición del tejado existente en mal estado y la colocación de nueva cubierta de teja, la demolición del piso y colocación de nuevo pavimento de mármol, el picado y nuevo revestido de las paredes, colocación de electricidad y pintura.

 

En 1993, los párrocos de Güímar se hicieron responsables directos de la capilla del cementerio. Y en 2006 fueron nombrados mayordomos de ella y del Cristo de la Buena Muerte don Domingo Pérez Pérez y doña María del Carmen Pérez Hernández.

 

En los años cincuenta, el Cristo de la Buena Muerte subió a la parroquia de San Pedro, donde permaneció del Domingo de Pasión al Viernes de Dolores. Años más tarde, en 1967, 1968 y 1969, participó en las procesiones de Semana Santa; subía el Jueves Santo, con la Piedad de San Pedro Abajo, y bajaba el Viernes, después de la procesión magna; en ésta era acompañado por las Señoras de Acción Católica de Santo Domingo. Y desde el año 2007 sube el primer sábado de Cuaresma a la iglesia parroquial de Santo Domingo de Guzmán, que preside hasta el Viernes Santo, en que regresa a su capilla después de participar en la procesión magna. Como curiosidad, hacia 1965, con motivo de la restauración de la iglesia de Santo Domingo, la Virgen de la Amargura se llevó a la Capilla del cementerio, donde permaneció hasta finalizar las obras del templo parroquial.

 

Don Domingo Pérez Cáceres (1892-1961), VIII Obispo de Tenerife. El 1 de agosto de 2011 se conmemoraba el 50 aniversario del fallecimiento del recordado sacerdote don Domingo Pérez Cáceres, considerado el güimarero más ilustre de todos los tiempos, que fue XI deán, X vicario general y VIII obispo de la Diócesis Nivariense, promotor del actual Santuario-Basílica de la Virgen de Candelaria y hombre de un corazón extraordinario.

 

Nació en Güímar el 10 de noviembre de 1892, hijo de Domingo Pérez Fariña y Juana Cáceres Romero. En 1906 ingresó en el Seminario Conciliar de La Laguna, donde cursó los estudios eclesiásticos. Obtuvo el grado de Bachiller en Sagrada Teología y en 1916 fue ordenado de Presbítero por el obispo Nicolás Rey Redondo. Su primer destino fue el de coadjutor de la parroquia de San Pedro de su villa natal, cargo que ejerció durante tres años (1916-1919), para pasar luego a cura ecónomo de la misma (1919-1920). En esa época, con motivo de la grave epidemia de gripe que asoló la isla, repartió su cuantioso patrimonio familiar entre los pobres y enfermos de su parroquia.

 

Tras ejercer como cura regente de la parroquia de San Salvador de La Matanza (1920-1925) y como coadjutor de la parroquia matriz de la Concepción de Santa Cruz de Tenerife (1925-1926), don Domingo regresó a Güímar en 1926 como cura ecónomo de San Pedro Apóstol, parroquia que ganó al año siguiente por oposición. A comienzos de 1928 tomó posesión como cura propio y arcipreste del partido, cargos en los que continuó durante siete años, en los que recibió los nombramientos de párroco consultor, vocal de la Junta Provincial de Beneficencia y examinador prosinodal. En 1935, mientras ejercía en la parroquia de Güímar, fue nombrado deán de la Santa Iglesia Catedral de Tenerife, a propuesta del prelado Fray Albino González, y al año siguiente se le designó vicario general de la Diócesis. A pesar de sus responsabilidades, hasta finales de 1939 continuó como cura encargado de San Pedro de Güímar, a cuyo frente había permanecido durante más de 13 años, simultaneándola los nueve últimos con la parroquia de San José de El Escobonal. En ese período construyó la casa parroquial de Güímar, realizó obras de mejora en la iglesia de El Escobonal y bendijo la nueva ermita de Lomo de Mena; también fue mayordomo de la imagen de San Pedro, cargo que ostentó hasta su muerte. Además, en la vida civil fue presidente y uno de los fundadores de la Sociedad Hidroeléctrica de la localidad, así como primer delegado inspector de la sucursal comarcal de la Caja de Ahorros. En 1939, el Ayuntamiento de su villa natal premió su obra nombrándole Hijo Predilecto de Güímar y dos años más tarde dio su nombre a la avenida más importante de la localidad.

 

El obispo don Domingo Pérez Cáceres. A la izquierda con San Pedro, del que era mayordomo

 

En 1946, al quedar vacante la sede episcopal nivariense por traslado a Córdoba de Fray Albino, el Cabildo Catedral lo eligió vicario capitular. Antes de cumplir un año en dicho cargo, en 1947, Pío XII lo elevó a obispo de Tenerife, ocupando el puesto octavo en la lista de prelados, pero siendo el primero nacido en la Diócesis. Los actos de su solemne consagración revistieron carácter apoteósico y pusieron de manifiesto el cariño universal de los tinerfeños por su nuevo prelado. En ese mismo año, todos los ayuntamientos de la Diócesis lo nombraron Hijo Adoptivo y dieron su nombre a las calles más céntricas; simultáneamente, la Mancomunidad Interinsular de Cabildos acordó su nombramiento como Hijo Predilecto de la provincia. Su ardiente caridad, recogida como lema de su pontificado (Parte tu pan con el pobre), fue premiada en 1953 por el Gobierno de la Nación con la Gran Cruz de Beneficencia con distintivo Morado, y motivó que se le llamase el Obispo de los Pobres.

 

Durante su pontificado, el obispo Pérez Cáceres se preocupó del Seminario Diocesano, tanto de la virtud e instrucción de los seminaristas como del profesorado, que reorganizó; también perfiló y puso en marcha la construcción de un nuevo edificio para el mismo, que no llegó a ver culminado; y ordenó a 83 sacerdotes diocesanos, entre ellos a tres hermanos güimareros, sus parientes don Hipólito, don Vicente y don Juan Jorge Dorta. Asimismo, durante su episcopado se hizo un arreglo de las parroquias, en el que se crearon varias nuevas, como la de Santo Domingo de Guzmán (1961) en su Güímar natal; se reorganizó el Cabildo Catedral lagunero, aumentando el número de prebendados; se bendijeron nuevas iglesias parroquiales y se construyeron numerosas capillas o ermitas, además de efectuarse reparaciones y obras de mejora en otros muchos templos, incluida la Catedral; realizó tres visitas pastorales completas, hasta los últimos rincones de su Diócesis; publicó numerosas cartas pastorales y otras exhortaciones, etc. Pero uno de los principales frutos de su Pontificado, por el que todo el mundo recuerda a este obispo, fue el impulso definitivo que dio a la construcción del Santuario-Basílica de Nuestra Señora de Candelaria, terminada y consagrada gracias a su entusiasmo y desvelo.

 

El obispo don Domingo Pérez Cáceres falleció en el palacio episcopal de La Laguna el 1 de agosto de 1961 y recibió sepultura en la Basílica de Candelaria, su obra cumbre, que se había terminado dos años antes. En su recuerdo se colocaron varios bustos en La Laguna y la Villa de La Orotava, así como toda una plaza, presidida por una estatua de cuerpo completo, en la ciudad de Güímar (1972). Su nombre es aún sinónimo de bondad y motivo justificado de máximo orgullo para sus paisanos.

 

 

Este texto fue publicado en el Programa de la Semana Santa de Güímar. Marzo-abril de 2011. Págs. 20-26.

 

 

Foto de portada: cementerio de Güímar

 

 

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