Revista nº 842
ISSN 1885-6039

Los podomorfos de Betancuria.

Martes, 14 de Septiembre de 2010
Arqueofuer. Servicios Patrimoniales
Publicado en el número 331

Pero el punto de inflexión, si se le puede llamar así, se producirá en 1978 con el descubrimiento de los grabados podomorfos de la Montaña de Tindaya por Pedro Carreño. Este descubrimiento abre el camino para futuros descubrimientos y estudios de grabados rupestres.

 

El descubrimiento en Fuerteventura de grabados rupestres, desde el último tercio del siglo XIX pero sobre todo a partir de la década de los 80 del siglo XX, ha abierto una línea de investigación específica sobre el estudio de las diferentes etapas del pasado de Fuerteventura, como el momento o los momentos en que se produce el poblamiento de la isla, el periodo en que se desarrolla la cultura aborigen, los años de la Conquista y penetración europea o acontecimientos más recientes de nuestra historia.

 

Hasta la segunda mitad de los años 70 del siglo XX sólo se conocía para Fuerteventura referencias aisladas sobre la existencia de grabados rupestres. Los descubrimientos más importantes hasta esa fecha eran dos bloques de piedra hallados en siglo XIX y de apariencia alfabetiforme. Fueron dados a conocer por Sabino Berthelot, que hace un dibujo de los mismos. Desafortunadamente estos bloques desaparecieron y no se poseen más datos sobre su paradero y características. El primero de estos grabados fue descubierto por L. Benítez de Lugo (Marqués de la Florida) en la Península de Jandía (1874). El segundo fue localizado por R. F. Castañeyra en el Barranco de la Torre. A mediados del siglo XX el comisario de excavaciones arqueológicas de la Provincia de Las Palmas, Sebastián Jiménez Sánchez, hace algunas referencias, en sus estudios, a posibles manifestaciones rupestres en el Barranco del Valle de la Cueva.

 

Con estos datos escasos el mundo de los grabados rupestres representaba un apartado aislado, poco relevante del contexto arqueológico de la Islas y dentro del conocimiento de las características culturales de las poblaciones aborígenes, especialmente para Fuerteventura. No obstante, se realizaron varios trabajos y ensayos que aventuraron algunas hipótesis de interpretación de algunos motivos. Pero el punto de inflexión, si se le puede llamar así, se producirá en 1978 con el descubrimiento de los grabados podomorfos de la Montaña de Tindaya por Pedro Carreño. Este descubrimiento abre el camino para futuros descubrimientos y estudios de grabados rupestres. Desde 1984 el equipo de la Carta Arqueológica de la isla de Fuerteventura comienza a localizar y dar a conocer un amplio número de estaciones de grabados rupestres, además de ampliar el repertorio temático. Pero será desde 1987, y hasta 1994, cuando este mismo equipo aumente de manera considerable los hallazgos en todos los grupos temáticos (alfabéticos, podomorfos, barquiformes, geométricos y otros motivos).

 

 

Paralelamente, en la década de los 90 otros investigadores como Werner Pichler comienzan a investigar las inscripciones rupestres de Fuerteventura, centrando sus estudios en los Alfabetiformes (Líbico-Bereber y Latino-Canarios). En la misma línea continúan realizando sus investigaciones en la isla arqueólogos como José de  León Hernández, María A. Perera Betancor y otros durante toda la década de los 90; y lo que llevamos de siglo continúan realizando estudios sobre los grabados rupestres de la isla.

 

Con la revisión de la Carta Arqueológica de los Municipios de Betancuria, La Oliva y Puerto del Rosario en el año 2007 se dan a conocer varias estaciones de grabados hasta entonces inéditas, sobretodo en el municipio de Betancuria, donde se nos informa de varias estaciones de podomorfos además de documentarse algún motivo nuevo. En la actualidad, el Departamento de Patrimonio Histórico del Cabildo Insular impulsa el proyecto del Catálogo de Grabados Rupestres en la Isla de Fuerteventura, cuya primera fase incluye veinte estaciones de grabados rupestres. Cinco de estas veinte estaciones se encuentran en el término municipal de Betancuria, lo que viene a confirmar la importancia del territorio municipal en el contexto de las manifestaciones rupestres aborígenes de la isla.

 

Las estaciones rupestres localizadas en el municipio de Betancuria presentan en cuanto a su ubicación una elección del lugar y ciertas unidades geomorfológicos que se repiten reiteradamente. Suelen localizarse, en la mayoría de los casos, en las proximidades de yacimientos arqueológicos aborígenes con diferentes funcionalidades: hábitats, ganaderos, enterramientos, cultuales, etc.

 

 

A pesar de localizarse en las inmediaciones de multitud de yacimientos, no se puede afirmar con total seguridad que estos hayan tenido una ocupación coetánea a la realización de los mismos. En este punto conviene aclarar, para los que están poco familiarizados con el estudio de los grabados rupestres, que a la hora de poner una fecha a los grabados se presenta el problema de que no hay ninguna técnica que permita saber el momento exacto en el que se realizó ese grabado sobre la roca. Es en este punto donde la excavación arqueológica muestra su importancia. Las excavaciones arqueológicas sistemáticas en los yacimientos arqueológicos asociados a estas estaciones de grabados rupestres, y la obtención de dataciones cronológicas en esos yacimientos, podrían aportar datos del marco temporal en el que fueron realizados.

 

Desde el punto de vista geomorfológico, la mayor cantidad de grabados rupestres en el municipio de Betancuria se ubican en afloramientos rocosos situados en las cotas superiores del Macizo de Betancuria y otras montañas del municipio. También se han localizado inscripciones en los márgenes de los barrancos, como en el caso del Barranco de la Peña, en el que aparecen asociados a cuevas supuestamente de enterramiento. Otras ubicaciones, como socos de pastores o asientos naturales de pastores situados en pequeños afloramientos rocosos y solapones, pertenecen a fechas más recientes.

 

Los motivos hasta ahora documentados en las estaciones de grabados rupestres localizadas en el municipio son: Alfabéticos del tipo Líbico-Bereber, Geométricos (cuadrados, retículas, líneas simples, espigas), Juegos (dameros, chasconas) y Podomorfos.

 

En los últimos años se ha documentado una nueva estación de grabados podomorfos. Presenta unos siete paneles de grabados podomorfos, además de otros motivos inéditos como un círculo con líneas en su interior. En la actualidad hay documentadas cuatro zonas en el municipio de Betancuria en las que se localizan grabados podomorfos, lo que viene a representar un porcentaje muy importante del total de la isla. No obstante, Tindaya continúa siendo el máximo exponente de este tipo de grabados, por el número de paneles y por lo que seguramente representó en el plano mágico-religioso para los aborígenes.

 

Las técnicas de ejecución de los grabados documentados hasta ahora son varias: Incisión, Picado, Rayado y Abrasión.

 

 

El estado de conservación de las diferentes estaciones de grabados es variado. Su deterioro en la mayoría de los casos viene dado por una fuerte meteorización y  erosión de las zonas donde se ubican las estaciones, además de por la propia naturaleza de la roca. Muchos de estos afloramientos rocosos presentan fracturas y derrumbes, por lo que no se descarta que gran parte de este legado cultural se haya perdido sin saberlo. La presencia de los líquenes y musgos dificulta en mayor  medida la localización de muchos grabados rupestres. El tránsito del ganado suelto sobre estos paneles, las extracciones de piedras para la realización de muros y cadenas, la reutilización de estos paneles en algunos casos por el majorero como pizarra improvisada a lo largo de la historia y hasta nuestros días, constituyen las afecciones más importantes para este conjunto de grabados rupestres presentes en Betancuria.

 

En cuanto a la divulgación de este patrimonio arqueológico, y a pesar del potencial científico que representan yacimientos arqueológicos como el Llano del Sombrero,  Barranco de Las Peñitas, Macizo de Betancuria, Barranco de Janey y otros muchos, lo cierto es que muchos de estos yacimientos son desconocidos incluso para la comunidad científica. La falta de excavaciones arqueológicas sistemáticas es sin duda el gran problema del Patrimonio Arqueológico en Fuerteventura y naturalmente de Betancuria; si no hay investigación difícilmente puede haber divulgación. Y todo esto a pesar de contar con el primer Museo Arqueológico de Fuerteventura, creado a partir de una colección privada de Don Vicente Ruiz.

 

En este sentido, en los últimos años se está impulsando desde las instituciones regionales e insulares (Dirección General de Cooperación y Patrimonio Cultural del Gobierno de Canarias, Departamento de Patrimonio Histórico del Cabildo Insular de Fuerteventura) las revisiones de los catálogos arqueológicos municipales y excavaciones arqueológicas. A finales de este verano se darán a conocer los resultados de una serie de sondeos arqueológicos realizados en la isla de los que tres se localizan en Betancuria. También desde la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Betancuria, sobre todo en los últimos años, se está demandando más inversión de este tipo para el municipio, lo que ha dado sus frutos ya que la Dirección General de Cooperación y Patrimonio Cultural del Gobierno de Canarias financia los costes de una excavación arqueológica en el Llano del Sombrero.

 

Esperemos que la próxima construcción del nuevo Museo Arqueológico Insular en Betancuria traiga más inversión para el patrimonio arqueológico, insular y municipal. El aprovechamiento y los beneficios económicos que puede aportar a la sociedad será el tema para otro artículo.

 

 

 

Este texto fue publicado en el programa de Fiestas de Nuestra Señora de la Peña 2010 de Betancuria.

 

 

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