Revista nº 863
ISSN 1885-6039

De Hupalupo a la Wamampy. Una reflexión sobre la situación del Patrimonio de Valle Gran Rey.

Viernes, 12 de Noviembre de 2010
Miguel Ángel Hernández Méndez (basado en el trabajo de la Revista Ahehiles, nº 11. Abril 2008 / Mayo 2008)
Publicado en el número 339

Si ningún edificio sólido puede sostenerse con malos cimientos y sin columnas, tampoco lo puede hacer ninguna sociedad, y la sociedad de Valle Gran Rey (y por desgracia la sociedad de toda la isla) no está siendo capaz de construir su presente y su porvenir respetando, dignificando y aprovechando inteligentemente su patrimonio histórico.

 

Valle Gran Rey es un pueblo con una gran riqueza patrimonial, entendiendo el patrimonio en su acepción más amplia que abarca tanto el cultural como el natural. En la conservación y puesta en valor de esta riqueza patrimonial reside una de las principales apuestas para un desarrollo realmente sostenible del municipio. Vaya este trabajo, pues, como una reflexión y debate abierto sobre lo que consideramos patrimonio y cómo creemos que está siendo tratado.

 

Antes de desarrollar el tema, buceemos en el significado de este término. La palabra patrimonio proviene del vocablo latino patrimonium, que significaba bienes heredados de los padres. Ya en su procedencia podemos adivinar todos los aspectos que encierra: el patrimonio es riqueza (bienes) y herencia (padres). Si miramos el significado que aparece en cualquier diccionario, nos encontramos con que patrimonio es hacienda que alguien ha heredado de sus ascendientes, conjunto de los bienes propios adquiridos por cualquier título y conjunto de bienes pertenecientes a una persona natural o jurídica, o afectos a un fin, susceptibles de estimación económica. Como se puede ver, se siguen repitiendo las mismas ideas: bienes y herencia.

 

Cuando a la palabra patrimonio le añadimos un adjetivo como etnográfico, para formar patrimonio etnográfico, se siguen repitiendo esas ideas. El Patrimonio Etnográfico constituye el conjunto de bienes muebles e inmuebles y elementos inmateriales que representan la huella de nuestra sociedad tradicional, y forma parte, junto con otros patrimonios, del Patrimonio Cultural, que es definido por la UNESCO de la siguiente manera: El Patrimonio Cultural de un pueblo comprende las obras de sus artistas, arquitectos, músicos, escritores y sabios, así como las creaciones anónimas, surgidas del alma popular, y el conjunto de valores que dan sentido a la vida, es decir, las obras materiales y no materiales que expresan la creatividad de ese pueblo; la lengua, los ritos, las creencias, los lugares y monumentos históricos, la literatura, las obras de arte y los archivos y bibliotecas.

 

Después de aclarar qué es patrimonio, pasemos a plantearnos y a evaluar cómo está y cómo estamos tratando ese patrimonio, pasemos a preguntarnos qué estamos haciendo para proteger la herencia que nuestros antepasados nos dejaron y cómo se la vamos a dejar a las generaciones venideras. Quizá no nos guste enfrentarnos a este análisis. Tal vez ese disgusto sea debido en gran medida a que sabemos que no lo estamos haciendo bien en lo que a este asunto respecta. Quizá esa pesadumbre sea debida a que no nos gusta enfrentarnos a la triste realidad de comprobar que estamos dejando que se pierda y que estamos maltratando una riqueza que nos han dejado, y que si perdemos no podremos recuperar.

 

Hemos perdido y destruido gran parte de ese patrimonio, pero aún nos quedan cosas que debemos “salvar” de manera urgente. Si no lo hacemos no sólo seremos ejemplo de sociedad irrespetuosa con nuestros antepasados y de sociedad insolidaria con las generaciones futuras, sino que seremos la muestra de sociedad irresponsable con nosotros mismos, porque cabría preguntarse qué somos si no sabemos ni respetamos lo que fuimos.

 

La grúa tirada y abandonada al óxido y al olvido en el callejón de Las Malezas. Los andenes de Guadá cayéndose y dejando escapar el suelo que tanta hambre mató en otros tiempos. Algunos molinos de agua llenos de cañas y a punto de caer. Los hornos de cal de La Mérica derruidos. La escuela de Juan Rejón en ruinas al lado de una torreta que, aparte de servir para sostener antenas, ha servido para provocar polémica. La Casa de La Seda, el edificio que dio nombre a este barrio, caída. Los núcleos de Las Casitas y El Saraso en Arure en el más absoluto estado de ruinas, cuando no con reformas poco afortunadas. Los caminos reales, abandonados. Los pocos talleres de plátanos que aún quedan serán demolidos para hacer edificios de apartamentos…

 

Antigua grúa del muelle de Vueltas                    Abandonada al óxido y el olvido

                      Escuela de Juan Rejón. Década de 1920                                   Estado actual: abandono

Antigua Casa de La Seda                                                      Paredones caídos

Restos de un horno de cal en La Mérica                             Restos del antiguo Molino de Las Sábilas

Núcleo del Saraso                                                       Núcleo de Las Casitas

 

El panorama que hemos expuesto no es una opinión exagerada que se haya dejado llevar por el pesimismo: es real, es el estado en el que la mayor parte de nuestro patrimonio se encuentra. Nuestro patrimonio es nuestra herencia, y se encuentra así: tirado, abandonado, caído, derrumbado, derruido, erosionado, arruinado, estropeado… olvidado.

 

¿Qué estamos haciendo que dejamos caer lo que nuestros antepasados fueron creando?, ¿qué queremos ser si perdemos el patrimonio que explica lo que fuimos? Si ningún edificio sólido puede sostenerse con malos cimientos y sin columnas, tampoco lo puede hacer ninguna sociedad, y la sociedad de Valle Gran Rey (y por desgracia, y salvo contadas excepciones, la sociedad de toda la isla) no está siendo capaz de construir su presente y su porvenir respetando, dignificando y aprovechando inteligentemente su patrimonio histórico.

 

En este punto cabe preguntarse de quién es la culpa de que esté sucediendo, y la respuesta es muy sencilla: de todos. Sin embargo creemos interesante el repartir esta responsabilidad, intentando aclarar la influencia de los actores que tienen algo qué decir sobre el patrimonio.

 

El patrimonio histórico está protegido por la Ley 4/1999 de 15 de marzo de Patrimonio Histórico de Canarias, y reparte las competencias sobre este patrimonio entre el Gobierno de Canarias, los Cabildos Insulares y los Ayuntamientos. Cabe señalar que esta Ley estableció para el patrimonio distintos instrumentos de protección, cuya máxima figura son los Bienes de Interés Cultural (BIC). Pues bien, aunque en realidad esta figura de protección en la práctica no está teniendo gran funcionalidad, su número sí suele indicar la preocupación de las distintas autoridades, y es precisamente La Gomera la isla con menor número (5), encontrándose todos en el municipio de San Sebastián (Iglesia de La Asunción, Casa de La Aguada, Torre del Conde y Zona Arqueológica de Puntallana), excepto la Zona Arqueológica de La Fortaleza de Chipude. Y esto es así a pesar de que en la legislatura pasada un político de la isla, D. Moisés Plasencia, ejerció de Director General de Cooperación y Patrimonio Cultural, Dirección General que debe desarrollar las competencias que el Gobierno de Canarias tiene sobre esta materia.

 

Por su parte, el Cabildo Insular también tiene competencias y responsabilidad sobre el Patrimonio Histórico Insular. A pesar del esfuerzo que está realizando (Museo Arqueológico, Museo Etnográfico…), no parece que éste sea suficiente ni sea el más adecuado. Que sepamos, el Cabildo ha adquirido varios inmuebles de interés cultural en la isla (por ejemplo, la casa de José Aguiar en Agulo, además de varias casonas en San Sebastián y otros pueblos), pero no tenemos nada claro para qué. Como ejemplo, ahí está un edificio emblemático del patrimonio del barrio de Chipude y de la isla (Casa de Los Ayala) que fue adquirido hace años por el Cabildo y sigue estando en un estado ruinoso, que amenaza con su existencia. Además, ha de ser la Unidad de Patrimonio del Cabildo quien controle las obras a realizar sobre bienes inmuebles de interés histórico, e ignoramos cuál ha sido el papel de esta institución en la demolición de algunos bienes inmuebles de claro interés cultural como han sido el molino de viento en La Puntilla o el más reciente del Convento en Arure.

 

En cuanto al Ayuntamiento de Valle Gran Rey, la ya mencionada Ley 4/1999 le otorga, entre otras, las competencias de vigilar el patrimonio histórico existente en el municipio, o formular y tramitar los Planes Especiales de Protección de las Zonas Arqueológicas o de los Sitios Históricos, o realizar y dar a conocer el valor cultural de los bienes integrantes del patrimonio histórico canario que radiquen en el término municipal. Sin embargo, salvo alguna excepción vinculada al patrimonio religioso o algunos elementos del folclore (y más por el trabajo de los colectivos que por otra causa), la mayor parte del patrimonio histórico y etnográfico de Valle Gran Rey se encuentra en el estado que hemos señalado al comienzo, y tampoco parece, por lo expuesto en la Aprobación Inicial del Plan General de Ordenación Urbanística (tanto en su primera aprobación como la segunda, que acabada de tener lugar en pleno del Ayuntamiento de Valle Gran Rey el 27 de septiembre de 2010), que haya intenciones de poner en valor este patrimonio. Todo a pesar de que, gracias a las alegaciones presentadas a dicha primera aprobación inicial, en esta segunda se propone salvar alguno de los talleres de plátanos todavía existentes o la no destrucción de la era de Las Casitas, en Arure.

 

En el papel que sobre el patrimonio están haciendo las tres instituciones señaladas (Gobierno de Canarias, Cabildo Insular y Ayuntamiento de Valle Gran Rey), no sólo tienen responsabilidad los gobernantes, también la tiene la oposición política, que no puede mirar hacia otro lado e inhibirse de defender nuestro patrimonio. Cualquier oposición política, en su papel de representación política, debe también asumir la defensa activa y decidida del patrimonio histórico y cultural de los lugares donde ejerce tal función.

 

Por último, estamos los ciudadanos. Al fin y al cabo, las instituciones y los representantes públicos emanan del pueblo y nos representan. Somos nosotros quienes debemos asumir, a partir de distintas iniciativas como denuncias u otras, la defensa activa de nuestro patrimonio. Por ejemplo, podemos denunciar cualquier atentado que afecte a nuestro patrimonio realizando una llamada anónima al Servicio de Protección de la Naturaleza (SEPRONA) al número de teléfono 922 870 326 ó a la dirección de correo electrónico seprona@guardiacivil.org, o a la Unidad de Patrimonio del Cabildo Insular (922 140 116).

 

Campaña "Actuamos", organizada por la AA.VV. La Mérica

 

Por nuestra parte, y con el propósito de seguir ahondando en el conocimiento del patrimonio de nuestro municipio, y de poder catalogar los elementos que lo componen y de evaluar el estado en el que se encuentran, desde la Comisión de Educación, Cultura y Deportes de la Asociación de Vecinos La Mérica de Valle Gran Rey se ha considerado interesante crear una sección dentro de la página www.avlamerica.com en la que se vayan incluyendo los elementos patrimoniales hasta crear un inventario. El objetivo de esta iniciativa es crear entre todos un inventario de nuestro patrimonio en vista de que, a veces, desde los gestores del patrimonio se ignoran y no se catalogan elementos importantes que explican nuestra historia. Por eso invitamos a todos los que quieran participar a que nos hagan llegar todos los datos que estimen oportunos sobre el patrimonio que encierran los barrios de nuestro municipio, y así ir construyendo este inventario.

 

Nuestro patrimonio bien merece un pequeño esfuerzo por parte de todos. Es nuestra herencia y no tenemos otra. Si la dejamos caer, estaremos dejando caer también nuestro porvenir.

 

 

Fuente: Revista Ahehiles. Boletín nº 11. Abril 2008 / Mayo 2008. Revista de la Asociación de Vecinos La Mérica de Valle Gran Rey. Revisado y actualizado en noviembre de 2010, para su publicación en esta sección de BienMeSabe.org.

 

 

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