Revista nº 837
ISSN 1885-6039

La antiquísima devoción a Nuestra Señora del Carmen.

Sábado, 10 de Julio de 2010
Álvaro Hernández Díaz
Publicado en el número 321

Por las calendas del Carmen/ corre el vino, canta el aire,/ y todos se van de calle/ para mirar los marinos. Dice así el cantar alusivo a la Virgen que celebra su día, en muchos puntos de Canarias, el 16 de julio. Les acercamos esta fiesta bastante particular en el caso que nos toca, y por diferentes motivos, del municipio tinerfeño de Los Realejos. La cita es en el Santuario del Carmen del barrio de San Agustín.

 

Uno se admira continuamente cuando asiste a la misa de los miércoles a las nueve de la mañana en el templo parroquial de la Virgen del Carmen, al igual que durante los actos religiosos que tienen lugar en sus fiestas del mes de julio. Se trata de un entusiasmo colectivo que se transmite desde generaciones con la misma intensidad. Contemplar la imagen de la Madre de Cristo a las puertas del santuario desata torrentes de recuerdos, emociones y plegarias que quieren acompañarla por las calles de San Agustín, Las Toscas, La Cascabela o La Carrera. Y más lejos aún, cuando la ocasión o las efemérides así lo han dispuesto, como en la peregrinación de 2004 a San Juan de la Rambla, aquella noche de cantos y de rezos, de pies cansados y de sentimiento enfervorizado, compartido; una manifestación de fe comunitaria que resulta difícil de traducir en palabras certeras y precisas, pero que se palpa en el ambiente e interroga.

 

Siente entonces el espíritu curioso ansias de navegar por los mares de la historia a través de los libros plagados de documentos que confirman idénticas apreciaciones en el pasado. Y se remonta a los tiempos de las Cruzadas de los europeos para recuperar los Santos Lugares donde Cristo vivió y realizó su obra. Unos monjes ermitaños edificaron en el monte Kermel o Carmelo una capilla a la Virgen María a principios del siglo XIII que fue, sin duda, el origen de la profunda devoción que desde entonces profesarían los carmelitas a Nuestra Señora, y con ellos, miles de devotos en todo el mundo a partir de que en el año 1726, durante el pontificado de Benedicto XIII, se señala la fecha del 16 de julio para conmemorar dicha festividad, extendida a toda la Iglesia latina. (Son datos que nos brinda el investigador José Javier Hernández García en su libro Los Realejos y la imagen de Nuestra Señora del Carmen, Aula de Cultura del Cabildo de Tenerife, 1990).

 

 

Y don Guillermo Camacho (1898-1995), en su estudio sobre la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Concepción del Realejo Bajo, nos transmite que en el desaparecido Altar del Señor de la Cañita había cinco pinturas rodeando el nicho, entre las que se podía ver una de la Virgen del Carmen resguardando con su manto a dos grupos de carmelitas; y en lo alto, un escudo del Carmen, también de pincel. (El pincel de Cristóbal Hernández de Quintana, según el profesor Juan José Martín González, citado por don Guillermo). Estimamos que merece especial atención el texto que le sigue, reproducido ahora para la consideración general: La presencia aquí de esta advocación de Nuestra Señora se relaciona con la certeza de que hubo en el templo un altar que le estuvo dedicado, aunque luego pasara la devoción carmelitana al vecino convento de agustinos. Porque resulta que el capitán de Caballos don Damián Jacinto Guerrero, corregidor y capitán de Guerra que fue de Tenerife, instituyó capellanía en la Concepción del Realejo de Abajo el 3 de abril de 1731 ante Lucas de Bethencourt Cabrera, escribano público de Las Palmas, con el designio de poner su entierro y losa donde fue enterrada su madre, que es en la iglesia dicha, junto al altar de Nuestra Señora del Carmen. (Esta escritura se encuentra en el Archivo Histórico Provincial de Las Palmas, legajo 1484, afirma el siempre recordado don Guillermo, realejero de adopción, a quien tanto debemos sobre el conocimiento del pasado histórico de nuestro municipio y de Canarias en general).

 

El documento transcrito nos va confirmando la antigüedad de un culto que pervive. Y al mismo tiempo, por otra parte, nos introduce en algunas incógnitas aún por desvelar. Como, por ejemplo, la exacta procedencia de la actual imagen que ha sobrevivido a incendios y al paso inexorable del deterioro de los años.

 

Se indica que llegó iniciado el segundo cuarto del siglo XVIII procedente de Génova, aunque no se puede precisar con exactitud el momento de la llegada a Tenerife de la preciosa escultura de Nuestra Señora del Carmen. Puede que algún día se halle un documento en forma de factura que desvele estos interrogantes. Y también el hecho de que la advocación y el culto se enraizaran hasta el presente, sin la presencia de monjes carmelitas en Los Realejos de entonces, aunque sí de franciscanos y de agustinos. Y todo ello en el llamado Siglo de las Luces, donde brilló con luz propia nuestro paisano Viera y Clavijo, entre otras eminencias en los campos de la Literatura y de las Ciencias. Un siglo que supuso intensa actividad volcánica, epidemias, piratería y sequía. Contrastan estas circunstancias con la fe del pueblo que, lejos de rebelarse y renegar, acoge la protección amorosa de María, la poseedora de la omnipotencia por súplica: no en vano muestra a su Hijo como niño y parece repetir continuamente la recomendación evangélica: Hagan lo que Él les dice.

 

 

 

Los mares de la vida

 

En muchos templos de nuestro entorno pueden contemplarse representaciones de la Virgen del Carmen con su Hijo en brazos y con el escapulario, teniendo a sus pies a un grupo de personas entre llamas, las ánimas del purgatorio que se purifican para entrar libres de mancha a la presencia del Altísimo. Y esto lo mencionamos porque la Virgen del Carmen fue declarada Patrona de la Marina de Guerra y de todos los navegantes el 19 de abril de 1901, aunque ya era venerada por las gentes de la mar y del interior de la Isla desde la centuria anterior, desde el nombrado siglo dieciocho en que adquiere todo el protagonismo, asegura el profesor José Manuel Ledesma Alonso, gran conocedor de mares y puertos. Nos recuerda que los patronos de los mareantes tinerfeños, durante los siglos XVI y XVII, fueron San Telmo y la Virgen del Buen Viaje. (En definitiva, María de los mil nombres con que la honra la piedad cristiana).

     Virgen del Carmen, Patrona de los marineros, adquiere una especial manifestación de fe agradecida en la procesión de los marinos que se acercan desde el Puerto de la Cruz hasta el núcleo de San Agustín para llevar a hombros y rezarle a su modo a la que también se conoce como Virgen de Secano por su relativa lejanía de la costa realejera. Ante esta aparente extrañeza parece apropiado recordar la copla de Jorge Manrique a la muerte de su padre: Nuestras vidas son los ríos / que van a dar a la mar / que es el morir. Lo cual explica esas esculturas o pinturas antes citadas en donde la imagen de la Virgen del Carmen no se relaciona con el mar, sino con la súplica de las almas de los difuntos, confiando en su poderosa intercesión.

     Por último, expresamos otra incógnita, otro pequeño misterio relacionado con la venerada Virgen del Mar realejera. En la novela de Aurelio Pérez Zamora sobre la trágica vida del pirata Cabeza de Perro, se narra que a su regreso de Cuba tras su arrepentimiento, al pasar por la costa realejera elevó sus ojos como queriendo ver "una casita, blanca como una paloma, donde el pirata había visto la luz primera" y quizás, queremos pensar, el santuario de la Virgen del Carmen, a la que posteriormente, ya en prisión en Santa Cruz de Tenerife, le construyó y ofreció el famoso barco que aún puede contemplarse en una vitrina del santuario, en la galería superior. Se ha querido ver en este hecho su vinculación con nuestro municipio, aunque frecuentemente se le relaciona con Igueste de San Andrés en la capital tinerfeña. Dejamos la duda en el aire, al tiempo que deseamos a propios y a forasteros, así como a todos los ausentes, que sepamos acoger la bendición de Nuestra Señora del Carmen, Estrella del mar, luz de la vida. Y que disfrutemos del magnífico programa de festejos de la presente edición.

 

 

 

 

Textos publicados en el programa de las Fiestas del Carmen 2007 de Los Realejos (Tenerife).

 

 

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