Revista nº 887
ISSN 1885-6039

La ecología humana y el Proyecto Cultural Pinolere.

Lunes, 07 de Septiembre de 2009
Agapito de Cruz Franco
Publicado en el número 278

Esta Feria tiene lugar todos los años en septiembre

 

 

La magnitud de las grandes obras está en la timidez de los primeros pasos. Eso decía un escritor francés y es aplicable al Proyecto Cultural Pinolere (www.pinolere.org), uno de cuyos actos, La Feria, tiene lugar cada año en septiembre.


Los primeros balbuceos podrían situarse a comienzos de los 80, con experiencias artesanales alternativas que se ubicaban en la Casa de la Cultura de San Agustín en La Orotava. Quique y Yolanda daban vida al barro, al igual que Bárbara en Charco del Pino, al otro lado de la isla o El Alfar en Aguere. Antonio y Esperanza moldeaban, y moldean aún, metales. Mila y su telar, convertirían la trapera en seña de identidad. La conciencia colectiva asumía como un valor ecológico la conservación -frente al irrefrenable proceso industrial y postindustrial- de arcanas costumbres que tomaban cuerpo en cesteros, como Norberto Luis Perdigón, de La Florida -Premio de Patrimonio y Artesanía este año de 2009-, Armenia Hernández caladora de La Perdoma, o constructores de timples como Don Gumersindo el de la Abejera, dulceros, panaderos… Anónimos de la cultura viva donde no nos podemos olvidar en estos inicios, de los maestros y maestras del Colegio Público Manuel de Falla, de Barroso y su enseñanza pegada al pueblo y a sus pajares. El rescate del folklore y la etnografía en general alumbraría colectivos como La Guanchería, La Escalera o el grupo Higa, junto al Tambor de Cabra del malogrado “Benahuya”.


El paso siguiente vendría en 1984 con la Feria de Artesanía que con motivo de las fiestas del entrañable barrio de Pinolere se llevaba a cabo en la plaza de su Iglesia. Sería en el año 1987 cuando dentro de esta Feria, se crearía la Comisión Organizadora del Día de las Tradiciones Canarias que derivaría en la Asociación Cultural Pinolere Proyecto Cultural. Como tal proyecto comenzaría pues a desarrollarse en los altos de la Villa hace 25 años. En él tuvo mucho que ver el interés de pequeños grupos de artesanos y artesanas por mantener las señas de identidad de las medianías del Valle de Taoro, junto a personas deseosas de investigar y valorar este bagaje cultural segregado hasta entonces a la economía sumergida, cuando no al olvido en que caían muchos oficios. Terminó así por contar, con el decidido apoyo del Ayuntamiento de La Orotava, con su propio espacio, el Parque Etnográfico que lleva su nombre. En él y en sus 10.000 metros cuadrados se dan cita hoy el Museo Etnográfico, viviendas tradicionales o pajales, eras, hornos, etc.

 

Norberto Luis Perdigón, cestero de La Florida

 


La Feria, como popularmente se la conoce, ha traspasado fronteras y se ha convertido en un proyecto cultural y educativo para el mundo. No sólo se trata de exponer artesanías o vender productos, sino en el afán por potenciar todo un contexto sociocultural donde caben certámenes de investigación, publicaciones, jornadas de debate, congresos internacionales, campos de trabajo, conferencias, proyectos educativos, etc.


Resaltar en estos últimos la doble dimensión cara al Profesorado, o respecto a los recursos didácticos para el aula. Sembrando futuro es un programa donde diferentes centros educativos aprenden tareas del campo y rotación de cultivos. En la Escuela Rural de cada verano el mundo infantil entra en contacto con la ganadería, la agricultura y la artesanía. Actividad esta que se complementa con los Campos Nacionales de Trabajo en los que jóvenes de diferentes comunidades autónomas son iniciados en la recuperación del patrimonio de los pajares, pajales o casas pajizas de las que hay censadas 329. Por no hablar de los encuentros tradicionales de oficios con maestros artesanos en formato interactivo.


Todo bajo la óptica de la cultura artesanal y popular junto al patrimonio autóctono asociado a ella. La divulgación de los valores de la cultura tradicional canaria dentro de esa relación entre el ser humano y el medio ambiente físico, como ejemplifica el entorno donde se ubica, la impresionante reserva natural integral Pinolere; el medio ambiente social de los pueblos de las medianías del Valle y el medio ambiente histórico mediatizado éste por la cultura. En suma, todo un tratado de ecología humana, en esa interacción dentro del ecosistema entre los seres vivos y su propia casa, el oikós de la cultura clásica.


La cestería ocupa un lugar privilegiado, desarrollándose en la edición número 24 de este septiembre de 2009, una bienal donde se da cita la artesanía canaria, española e internacional, mientras en octubre y a caballo de La Orotava, El Hierro y La Palma tendrá lugar otro nuevo congreso internacional de construcción de cubierta vegetal, con el fin de potenciar culturalmente también junto a los pajales, poblados como El Pozo de Las Calcosas, Guinea o la tradición de los tablones de tea de Franceses o Garafía.


La divulgación, como explica Rafael Gómez de León, Director de Publicaciones se ve reflejada en la Revista El Pajar-Cuaderno de Etnografía Canaria, así como en Ediciones Pinolere. El cuaderno nacería en realidad en 1994 como simple boletín informativo donde los vecinos expresaban reivindicaciones, vivencias, exponían sus oficios, denuncias o las dificultades del cada día, en una tierra donde el paso del tiempo amenazaba con devorar la cultura de nuestros campos y nuestros mayores. En 1995 se transformaría en toda una revista especializada, de gran calado social, y que llega ya a su número 27.


Recuerdo -aparte de los citados al comienzo- personajes entrañables que por la Feria han pasado, como los herreños Eloy Quintero o Alcira Padrón. Su Gerente, Jesús García, me apunta muchos más como: Agapita, Nieves y Carmen del grupo de artesanía de la seda de La Palma, o, Julianita, la alfarera de las Cuevas de Gáldar en Gran Canaria. Sin olvidarnos de los últimos herreros o cesteros como Juan Ramírez, Modesto y Donato, entre tantos otros.

 

 


Producto de la labor desarrollada, sus vitrinas se han ido llenando de premios y reconocimientos que me muestra su Presidente Leoncio Luis, de Pinolere: Premio Canarias de Cultura Popular 2006, Premio Símbolos Institucionales del Gobierno de Canarias 2007, Premio Valores Humanos del Cabildo de Tenerife, Medalla de Oro de la Villa de La Orotava, Premio Importantes del Turismo del CIT de La Orotava o Premio Tenerife Rural 2008. Dentro de este marco, en la Feria de cada septiembre se entrega el galardón Cho Feriantes de Honor reconociendo la actividad de personas, empresas o instituciones como el caso del Cabildo de Fuerteventura con quien hay una labor de intercambio permanente en exposiciones y actos diversos. Y además y concedido por el Ayuntamiento, el Premio Patrimonio y Artesanía de la Villa de La Orotava, que aparte de haber recaído en alguno de los ya citados, ha tenido también como protagonistas al fallecido escultor orotavense Ezequiel de León, a los Molineros o a la Hermandad de Labradores.


Pero La Feria es también mucho más. Ha conseguido que uno de los lugares más humildes y sencillos de las medianías del Valle de La Orotava, Pinolere, se haya convertido en centro y reflejo de la cultura tradicional. Mientras, sus habitantes se entregan como una piña a la tarea, en la época en que el otoño cae sobre nuestra civilización, como de forma cíclica también, caen los sistemas financieros mundiales, desaparecen las especies o el Ártico amenaza con el deshielo y sus fatales consecuencias. La diferencia sin embargo es que aquí hay un pueblo que, en medio de los grandes cambios globales de la humanidad, vela para que a las tradiciones canarias no se les niegue nunca el futuro.
 

 

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