Revista n.º 1053 / ISSN 1885-6039

Fernando Guanarteme El Predilecto.

Lunes, 4 de febrero de 2008
Leonilo Molina Ramírez y Jesús Quesada Medina
Publicado en el n.º 195

Romper el reglamento por el que hasta ahora se han nombrado hijos predilectos es hacer un flaco favor a los que ya lo son. Hasta la triste desaparición del Cronista Oficial de Gáldar y Gran Canaria, Martín Moreno, tales reconocimientos afectaron a las personas en vida. Ahora, de consumar tal hecho, se abrirá una brecha importante, en la que todo cabe: Capitán Quesada, Canónigo Verde de Aguilar, Antonio Padrón y otros muchos que de forma anónima han contribuido, de verdad, al engrandecimiento de este municipio, de forma desinteresada, sin el horizonte de las medias verdades y los favores y las especulaciones que de ella se derivan.

Ermita de La Laguna (Tenerife) donde supuestamente están los restos de Fernando Guanarteme.

 
Vivimos, en estas fechas, un nuevo hito para la Historia que, aunque con mayúsculas, ya se encargan algunas personas de desacreditarla con sus actuaciones, al ir eliminando cuanto vestigio de rigor pudiese tener, para dar paso al cúmulo de anécdotas y fabulaciones, fruto más de las mentes de unas personas que se dediquen a la Literatura que de otras que lo hagan a la Historia.


Si comenzamos, por iniciarlo de algún lado, por la nota de prensa del Ayuntamiento de Gáldar, ya nos topamos –sí, ya saben, la primera en la frente– con el primer dislate. Veamos por qué. Si nos cuestionamos sobre lo que allí se asevera, ¿dónde se siente ese clamor popular?, ¿quién lo encauza?, ¿cuándo se oyó tal? Podremos comprobar, sin miedo a equivocarnos, que carecen de respuesta a tales cuestiones. No, no queda ahí la nota pues, si a las anteriores preguntas no hay quien nos responda, tampoco encontraremos quien nos pueda documentar lo relativo a la inteligencia, dignidad y amor a la tierra. Entre otros motivos porque, y a los hechos habrá que remitirse, parece que todo sucedió de modo contrario.


Resulta que, en el momento en que termina la conquista, la población estimada de la isla se cifraba en unos 20.000 habitantes. Es cierto, dicha cifra no es del todo fiable, pues era evidente la falta de interés de los conquistadores por dar la cantidad exacta: la misma iba a tener repercusión posterior para la venta de esclavos; pero, aún siendo así, al cabo de unos años, la cifra se reduce a unos cuantos cientos de pobladores prehispánicos. Por tanto, la inteligencia de Fernando el Guanarteme queda en entredicho, pues su acuerdo de paz le serviría a él en exclusiva, no al resto de sus súbditos. Por tanto, ¿premiaríamos a Juan Rejón, Pedro de Vera, Fernández de Lugo, y otros personajes que destacaron por el exterminio a que sometieron a los aborígenes isleños?


Pero vayamos a la realidad de los hechos. Me refiero a la concesión, mediante una generosa lectura del Reglamento que regula tales cuestiones, del nombramiento de Hijo Predilecto de Gáldar –por cierto, ¿está documentado su lugar de nacimiento?– respondiendo a la petición de un supuesto Instituto de Estudios Rey Fernando Guanarteme que, con tal denominación, ya comienza informando del escaso rigor que profesan; pues, ¿dónde basan la afirmación de que fue Rey? No es por nada, que da igual la titulación que quieran otorgarle, sino por qué, en aras a ese mismo rigor, habrá que dejar patente en qué momento de la Historia, o Prehistoria, se encontraba Canarias cuando se produjo la conquista por parte de la Corona –ahora sí– de Castilla. En qué momento se puede tipificar atendiendo, ahora sí, a los vestigios descubiertos a lo largo de las distintas excavaciones –algunas de tristes resultados– que se han venido llevando a cabo. La respuesta existe, aunque muchas personas intenten mirar hacia otro lado, pues les desmonta las fabulaciones sobre las que han sustentado su prosperidad y, en algunos casos, buen vivir a costa del erario público.


Acerca del Instituto de Estudios Rey Fernando Guanarteme, ¿se conoce algún trabajo de campo, con el debido rigor histórico? Si exceptuamos las lecturas de los capítulos extraordinarios –una gota de agua en el proceloso mar de las ambigüedades–, poco se conoce de tal institución que, una vez al año, coincidiendo con las fiestas patronales, se pasean hasta donde se encuentra la estatua del Guanarteme para dejar, no sé si con tarjeta, la consabida ofrenda floral, aparte de las intervenciones en las que destaca, sobre todo, que aunque los hechos no tengan que ser así, sí que hubiese sido muy bonito. Fábulas.



 Placa de la Ermita donde supuestamente descansan los restos de Fernando Guanarteme en La Laguna. Fachada de la ermita, debajo.
 
 
Lo que se va a quedar claro es que, con el nombramiento de Hijo Predilecto de Tenesor Semidán, Gáldar vivirá un capítulo más de lo que ya se ha vuelto una tradición: sustentar la Historia en falacias, por lo tanto, carentes de documentación que las sustente. Dense, si no, un paseo por la Agáldar prehispánica –también denominado, en una de las tantas placas, solar patrio– para que lean, en placas de mejor o peor conservación, múltiples aseveraciones desprovistas de fundamento las unas, y conformando un brindis al sol las otras.


En ese itinerario, en esta ocasión sin ofrenda floral, podremos comprobar cómo se trata de reflejar –en las susodichas placas– la anécdota y las medias verdades. Así, podremos leer cómo –hipotéticamente– se robó el juzgado, cómo se donó el niño de los Reyes, quién era titular de la Casa Verde de Aguilar, dónde se documenta el título de Real a la ciudad, cuál fue la ubicación del palacio de los Guanartemes, y un largo etcétera. Ah, no lo olvidemos, el Santiago de los Caballeros, cuando se carece de documento que lo acredite. Así pues, bienvenida sea la anécdota, denostemos la Historia como ciencia objetiva, esa que nos acerca a la comprensión de nuestro pasado, mediante su estudio y difusión, eso sí, con el debido rigor.


En cualquier caso, volvamos al motivo de nuestra reflexión, el nombramiento de Hijo Predilecto. Así, romper el reglamento por el que hasta ahora se han nombrado hijos predilectos es hacer un flaco favor a los que ya lo son. Hasta la triste desaparición del Cronista Oficial de Gáldar y Gran Canaria, Martín Moreno, tales reconocimientos afectaron a las personas en vida. Ahora, de consumar tal hecho, se abrirá una brecha importante, en la que todo cabe: Capitán Quesada, Canónigo Verde de Aguilar, Antonio Padrón y otros muchos que de forma anónima han contribuido, de verdad, al engrandecimiento de este municipio, de forma desinteresada, sin el horizonte de las medias verdades y los favores y las especulaciones que de ella se derivan.


Los hechos referidos tendrían que hacernos reflexionar. Sobre todo para que, finalmente, llegue el momento a partir del cual se afronte nuestro pasado con rigor, objetividad; conociendo e investigando con carácter científico, profundizando en una cultura que aunque prehistórica, la mayoría de los canarios debemos sentirnos orgullosos de ella y, a partir de ahí, sentir vergüenza de cómo se encuentran los vestigios que nos quedan de la misma. Basta con dar un paseo por lugares como La Guancha, Mugaretes del Clavo, Botija, cuevas de Facaracas, yacimiento del barrio Hospital y San Sebastián, etc. Lo demás, ganas de hacerse fotos y de continuar dilapidando los fondos públicos en la mera construcción de un anecdotario que, aunque podría ser muy bonito, no deja de ser sino meros productos de la fabulación de algunas personas.

 
 
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