Revista nº 953
ISSN 1885-6039

Bucio de Maja (1936-2008).

Jueves, 14 de Febrero de 2008
Agapito de Cruz Franco
Publicado en el número 196

Estoy seguro que el Patronato del Parque Nacional del Teide, como Rector de este espacio natural, no tendría inconveniente alguno en dar los oportunos permisos para un trabajo de investigación en las oquedades interiores del Bucio y más cuando se hallan taponadas con materiales extraños. Lo que nos llevaría a un trabajo, no sólo de recuperación de la memoria histórica, sino de la geología del lugar.


El 'Bucio de Maja' es una tumba abierta a las estrellas. Lo documentan historiadores y estudiosos de los desaparecidos de la Guerra Civil como José Francisco López, José Manuel Hernández, Ricardo García Luis, Ramiro Rivas, Manuel Hernández, Alfredo Mederos, Teresa González, Agustín Millares, Ignacio Reyes, Raquel Pérez, Cirilo Leal, David Baute, Alexis Rodríguez, Eladio Méndez… Y tantos otros. Algunos de ellos con una amplia bibliografía al respecto. Una exquisita generación de especialistas en cuyas manos está la urgente tarea de seguir escribiendo la historia política silenciada y manipulada de estas islas desde 1936 a 1977.

Cierto que existen otros lugares en la memoria colectiva de la tristeza y la vergüenza. El Barranco de Santos. El Barranco de El Hierro. El cementerio de San Juan de La Laguna… Sin contar el profundo azul del Océano. Pero en el Bucio de Maja, en Las Cañadas del Teide, a 2.500 m. de altitud, en el término municipal de La Orotava, a caballo entre Izaña y El Portillo, duerme un capítulo muy importante de nuestro reciente pasado que necesita ser desvelado. Su despertar puede convertir este lugar en símbolo de un Genocidio. La democracia parlamentaria lleva 30 años y un día mirando para otro lado. Inaudito en un lugar donde el Observatorio Astrofísico del Teide, perteneciente al Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), es capaz de escrutar galaxias lejanas a millones de años luz, pero que se vuelve incapaz de ver lo que hay a pocos metros de sus instalaciones.

José Carlos Schwartz Hernández, Alcalde del Excmo. Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife en 1936, Luis Rodríguez Figueroa, Diputado, Antonio Camejo Francisco, alcalde de Buenavista del Norte también en ese fatídico año en que el terrorismo acabó con la democracia. Anarquistas de la CNT, concejales y miembros del Ayuntamiento de Santa Cruz... Todos, asesinados por el odio de una época de totalitarismos inútiles. Los entendidos no saben con certeza si todo este corolario de desaparecidos se halla en esta oquedad de Las Cañadas o sólo parte de ellos. O mucha más gente cuya partida de defunción nunca fue entregada a sus familiares.
En épocas recientes, la zona del Bucio de Maja ha sido refugio de cabreros y campo de tiro del Ejército. Hoy, se eleva en una planicie con el viento y la soledad como testigos de 71 años de olvido. ¿Dónde está el Obispo de la Diócesis Nivariense cuya religión ordena dar cristiana sepultura a los muertos? ¿Dónde los sucesivos alcaldes de Santa Cruz de Tenerife que, por lo que les toca, siguen sin reivindicar una investigación? El Ayuntamiento de La Orotava con CC, PSOE, IpO, IUC y Los Verdes -a excepción del PP- y desde el área que coordina el Teniente Alcalde Francisco Linares, ha acordado la creación de una Comisión sobre esa época que incluya los acontecimientos del Bucio de Maja con la posibilidad de llevar a cabo trabajos forenses y de excavación. Una iniciativa que no debe demorarse más.

El pasado 26 de enero, Iniciativa por La Orotava (IpO), propuso la idea de hacer un homenaje a estas personas desaparecidas organizando un recorrido hasta el lugar. La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de la Isla de Tenerife se unió a la iniciativa. Una treintena de personas se acercó al Bucio. Bajó hasta la base de este accidente geológico. Observó cómo los diferentes tubos volcánicos han sido taponados con diversos materiales. Depositó unas rosas rojas. Y se fue en silencio con la promesa de recuperar este lugar perdido de la memoria.

Estoy seguro que el Patronato del Parque Nacional del Teide, como Rector de este espacio natural, no tendría inconveniente alguno en dar los oportunos permisos para un trabajo de investigación en las oquedades interiores del Bucio y más cuando se hallan taponadas con materiales extraños. Lo que nos llevaría a un trabajo, no sólo de recuperación de la memoria histórica, sino de la geología del lugar.

Suele decirse que un pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla. “Ni olvido ni perdón” rezaba una pancarta en el Parlamento de Canarias el pasado 23 de enero ante la presentación de un libro sobre el tema. El Bucio de Maja es una herida abierta a las estrellas.


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