Revista nº 858
ISSN 1885-6039

500 piezas intervenidas en la Cueva Pintada.

Jueves, 14 de Agosto de 2008
Redacción BienMeSabe
Publicado en el número 222

Metales (27%), cerámica (23,6%) e ídolos (13%) son las piezas que lideran el ranking de intervenciones de la técnico restauradora. Hasta el momento, se ha restaurado menos del 1% del total de materiales encontrados durante las campañas de excavación.


El Laboratorio de Restauración del Museo y Parque Arqueológico Cueva Pintada ha restaurado, en su primer año y medio de funcionamiento, un total de 483 piezas de gran valor patrimonial que, según las palabras de la técnico responsable del área, Patricia Prieto, “no suponen más del uno por ciento de los materiales custodiados” por la institución museística gestionada por la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico y Cultural del Cabildo de Gran Canaria. “Esto da una idea del volumen de material encontrado durante las excavaciones realizadas en el yacimiento”, asegura. En cuanto a la naturaleza de los materiales restaurados, el 27% corresponde a restos metálicos, el 23,6 son cerámicos, el 13% a ídolos prehispánicos y el 10,3% a fragmentos y piezas de cerámica vidriada. También hay que destacar los trabajos realizados sobre pintaderas (8,6%) o burgados (3%). Esta impresionante colección de materiales se ha visto incrementada con la donación realizada por Santiago Rodríguez que, en gran parte, también ha pasado por el laboratorio de restauración para su recuperación y puesta en valor.

Un proyecto como el del Museo, que atesora uno de los legados arqueológicos más importantes de la isla y que se caracteriza por su fragilidad, debe tener entre sus prioridades esenciales la conservación. A principios de este año ya se publicó un libro que resumía todos los trabajos de conservación que se desarrollaron en torno a la Cueva Pintada, tras más de 20 años de estudios y análisis. Pero el patrimonio del Museo no lo conforma sólo la propia sala policromada. Más de 60 casas distribuidas en una superficie de apenas 5.000 m2, con muros pintados en la mayoría de los casos, y un almacén donde se apilan más de 2000 cajas con los restos que se han recuperado en el yacimiento, son, sin duda, un patrimonio que necesita igualmente de un cuidado de conservación preventivo y de restauración para garantizar su mantenimiento. El objetivo final es que el visitante pueda contemplar esos objetos en todo su esplendor.

Los trabajos de este año y medio se han centrado, no obstante, en la supervisión y mantenimiento de las estructuras (casas de piedra) del propio yacimiento. “Los muros de piedra que conforman las casas se encuentran en muchos casos pintados de almagre y decorados con mortero; ya fueron restaurados en el año 2005, y necesitan de una continua revisión para garantizar que los tratamientos que se aplicaron entonces cumplen correctamente con su función y, en caso contrario, ser reemplazados por otros”, destaca Prieto.

La restauradora señala que un yacimiento de esta magnitud presenta múltiples variantes que deben ser estudiadas de manera individual. Los materiales empleados son de distinta índole y presentan respuestas diversas ante el envejecimiento, los agentes atmosféricos, la humedad, contaminación o crecimiento biológicos, entre otros. Un ejemplo de esta diversidad son los propios elementos constructivos como la toba y el basalto. “La diferencia de porosidad entre uno y otro, así como el distinto grado de disgregación, nos obliga a plantearnos mecanismos diferentes de limpieza y consolidación. Vemos, entonces, que el recinto arqueológico no es un lugar estanco, sino que está sujeto a múltiples variantes y cambios que pueden darse en el día a día”, señala.

Uno de los mayores problemas con los que se ha enfrentado el laboratorio es la contaminación del tráfico rodado que pasa junto al recinto. El yacimiento se incrusta dentro del propio casco urbano de Gáldar por lo que la proximidad de vías de circulación afectan al mismo. Esta situación ha obligado a hacer un continuo seguimiento de la zona afectada. “Elementos de combustión como el azufre, monóxido y dióxido de carbono, forman ácidos en contacto con el oxígeno y la humedad del ambiente. En las rocas de origen volcánico se pueden dar procesos químicos en los cuales los minerales de la piedra se transforman en arcillas o en otros compuestos dando lugar a diferencias de color, textura, porosidad y resistencia. Para evitar estos problemas, se deben hacer análisis, estudios y planes de actuación”, destaca la técnico restauradora.

Según destaca José Ignacio Sáenz, director conservador del Museo y Parque Arqueológico Cueva Pintada, el trabajo del laboratorio de restauración es vital para la propia configuración de la institución como centro de investigación y divulgación. “Este proceso requiere de un exhaustivo trabajo, muy meticuloso, y donde hasta la paciencia juega un papel importante. Y los resultados son generalmente muy evidentes como pasa cuando se trata monedas. Es sorprendente cómo en un fragmento de cobre informe, tras un exhaustivo proceso de limpieza y analítica, comienzan a intuirse los dibujos de la superficie. De esta forma podemos identificar la época, el valor y en numerosos casos, hasta el lugar donde se acuñó la pieza”, aseguró.

“Una vez concluidos estos trabajos, ese nuevo material pasará a estar disponible para renovar o completar la exposición del Museo y Parque Arqueológico Cueva Pintada. En otros casos, podrá iniciarse un programa de investigación, intentando descubrir nuevos datos que nos ayuden a entender un poco más la vida y la mentalidad del antiguo pueblo canario”, finalizó el máximo responsable de la institución museística.


Un trabajo que trasciende al propio museo.

El trabajo que se desarrolla en el laboratorio ha comenzado a trascender más allá de los límites del propio museo. Esta fue sin duda una de las intenciones cuando se creó el centro, procurando que se convirtiera en una institución referente dentro del mundo de la conservación de bienes patrimoniales. Y para ello se considera prioritario que no sirva sólo para atender las necesidades del propio Museo, sino que se convirtiera en un instrumento de referencia para el tratamiento de los materiales que se descubran en otros yacimientos, y pudieran ser tratados de cara a su futura exposición. Para ello el departamento que dirige Luz Caballero ha iniciado la colaboración con otras administraciones, intentando, de esta forma, rentabilizar la importante inversión en equipos y técnicos desde la corporación se ha realizado en los últimos años.


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