Revista n.º 1049 / ISSN 1885-6039

Apuntes y reflexiones sobre las Fiestas de Gran Canaria.

Martes, 25 de septiembre de 2007
Francisco Suárez Moreno
Publicado en el n.º 176

Porque todo va para el espectáculo en las fiestas de los últimos decenios, empezando por esos romeros de tantas romerías inventadas que no saben ni siquiera el sentido más profundo de lo que eran antiguamente las mismas, y terminando por los chiringuiteros de vaso en mano que no saben ni de dónde son ni dónde están. Y es una pena porque Gran Canaria presenta a lo largo del año una rica diversidad de festividades, donde las de mayor tradición están marcadas por el ciclo anual generado, a lo largo de los siglos, por la sociedad tradicional y que las nuevas generaciones, sin dejar a un lado lo importante que es la evolución de la mentalidad colectiva, debemos transmitir a las futuras. Por eso me he atrevido a trazar para BienMeSabe estos apuntes de contenido y de reflexión sobre nuestras fiestas en general por si pudiera tener validez.

Procesión del Carmen en Playa de Mogán, en Gran Canaria.

Hace unos días, en el momento estelar de la Fiesta del Charco, entre la expectación del inicio, la música, el jolgorio… se terciaban situaciones perversas o aberrantes -si están bien empleadas esta palabras- de tanta gente que viene y va a cada fiesta y de los nativos que siguen esas corrientes o que también las crean. Por unos momentos, con mi cámara fotográfica, apenas me dieron ganas de accionar su obturador. Me refiero a las actitudes, expresiones, vestimentas… fuera del tono que lleva la naturaleza del evento. En el caso de los foráneos, que a cada fiesta van, lo hacen sin cerciorarse primero de cuál es la naturaleza y origen del evento que quieren disfrutar y generan situaciones negativas al pretender pasarlo bien (y no digo que esté mal, al contrario) pero saltándose las normas.
El Charco. 2006. Artevirgo.
Trasladan expresiones, matices y costumbres modernas que nada tienen que ver con lo que allí se celebra, por ejemplo en el caso del El Charco: hacer la ola, gritarse el “¡Hola, don Pepito!”, hacer ruidos con las piedras y más cosas que no caben en este introito. Y lo mismo ocurre en las fiestas principales de Gran Canaria con tantas actitudes y tantos hechos que descarrilan su esencia más pura y que, muchas veces, los nativos en vez de procurar cortarlas las avivan sumándose al espectáculo. Porque todo va para el espectáculo en las fiestas de los últimos decenios, empezando por esos romeros de tantas romerías inventadas que no saben ni siquiera el sentido más profundo de lo que eran antiguamente las mismas, y terminando por los chiringuiteros de vaso en mano que no saben ni de dónde son ni dónde están. Y es una pena porque Gran Canaria presenta a lo largo del año una rica diversidad de festividades, donde las de mayor tradición están marcadas por el ciclo anual generado, a lo largo de los siglos, por la sociedad tradicional y que las nuevas generaciones, sin dejar a un lado lo importante que es la evolución de la mentalidad colectiva, debemos transmitir a las futuras. Por eso me he atrevido a trazar para BienMeSabe estos apuntes de contenido y de reflexión sobre nuestras fiestas en general por si pudiera tener validez.


La tradición verdadera y la tradición inventada de fiestas.
 
Comenzamos intentando aclarar, si es que podemos, que por un lado se encuentran las históricas fiestas patronales de cada municipio en honor a santos y vírgenes, y que alrededor de cada una de ellas se desarrollan diferentes eventos de origen pagano, al igual que en las de barrios y pagos con raíces históricas profundas. Por otro, se hallan las fiestas de nueva aparición, sean patronales o no, en el marco del cambio social iniciado en los años sesenta del pasado siglo como consecuencia de la reestructuración social, económica y territorial. A muchas de ellas se las quiere lustrar con el barniz de la tradición que nunca ha existido y ya son muchas voces de opinión y programas municipales de las fiestas que abordan estas y otras cuestiones festivas para separar bien lo que es la tradición verdadera de la “tradición inventada”.

Romería del Pino. Teror.
Las fiestas siguen manifestando las estructuras sociales y el orden sociopolítico, siendo además vehículos para la expresión de tendencias y pensamientos alternativos a los preestablecidos. Se han institucionalizado cada vez más al someterse al control de los poderes que las organizan y subvencionan. Igualmente, acorde con la mentalidad capitalista, se han ido transformando en espectáculos comunes; es decir, se han ido uniformando, a excepción de determinadas solemnidades que marcan notables diferencias de unos pueblos a otros. Y bajo el paradigma de la identidad se han copiados rituales de unos lugares a otros como las bajadas de la ramas y las traídas del agua, gofio, barro… o las romerías-ofrendas. Casi todas son, vuelvo a repetir, “tradiciones inventadas” a las que, en cada lugar, se las quiere entroncar con raíces históricas, en muchos casos, muy superficiales.

En definitiva, la Isla, inmersa en el mundo de la globalización económica, presenta una rica diversidad de hechos festivos locales, un total de 443, según las investigaciones de Santana Jubells, publicadas por la FEDAC en 2001, con el título de Fiesta y modernidad… (allí distingue con precisión las fiestas con mayor o menor tradición o las de nuevos símbolos y significados), obra que aconsejamos para los lectores que quieran profundizar en este tema, aparte de poseer otras aportaciones de gran mérito que existen cuyas referencias bibliográficas las pueden hallar en dicho texto.


Festividades patronales y religiosas.
 
El santoral cristiano ofrece celebraciones comunes en los municipios grancanarios como es el caso de las fiestas de San Juan Bautista, el 24 de junio, en las ciudades de Las Palmas de Gran Canaria, Telde y Arucas; o Santiago en Gáldar y San Bartolomé de Tirajana, en las que destaca el fervor y peregrinaje de Norte a Sur, hacia estos centros jacobeos, cada 25 de julio. Según avanza el verano llegan más fiestas y sobre todo la celebración de la fiesta de la Virgen del Pino, en Teror, cada 8 de septiembre; la Patrona de la Isla, de gran fervor popular, con romería el día anterior donde acuden representaciones de todos los pueblos. Pero si supieran que esta romería es un formato inventado de la de San Benito y, a su vez, esta también lo fue y así con todas las demás, como hoy las conocemos... Y es que estos eventos se han ido extendiendo por todos los pueblos y ciudades con sus romerías inventadas, de cara al espectáculo. En nada, en nada se parecen a las manifestaciones de fe que ofrecían los romeros a sus vírgenes y santos cuando en vísperas de cada festividad acudían desde lugares diversos a cumplir promesas, a divertirse, a buscar pareja. Pero como estas romerías modernas se nos presentan como símbolo de canariedad por los elementos que se introducen (cantos folclóricos, vestimentas populares, productos de la tierra, etc.), las nuevas generaciones creen que participando de ellas cumplen con la tradición, a no ser, y lo deben saber, y lo repetimos, que sea la “tradición inventada”.

Procesión. Virgen de Las Nieves. Agaete.
También se hallan otras advocaciones marianas como son las festividades de la Virgen de Guía, la Virgen de Las Nieves (Agaete) -que no es la patrona del municipio pero lo es en el fervor popular-, y la curiosa celebración de la Virgen de la Cuevita en Artenara, entre otras, todas con sus peculiaridades, sus encantos, sonidos, olores y sabores.

Casi todas las fiestas patronales de los municipios grancanarios coinciden con el ciclo del verano. Este comienza con un evento común en todos los pueblos: las mencionadas hogueras de la noche de San Juan, costumbre introducida desde la Europa mediterránea en los primeros siglos de la colonización. En los pueblos del interior, la noche de San Juan está cargada de la magia, la ilusión y el fuego de las hogueras, alrededor de las cuales, antes y ahora en menor grado, se establecía una convivencia fraternal: asaderos de piñas, juegos de predestinación, etc. Mientras que, en el amanecer, el ritual sanjuanero de la sociedad tradicional, que se mantiene en personas de edad, se orientaba en el sentido de predestinación personal (amor, muerte…) y los aberruntos del tiempo atmosférico. Pero en los últimos años se ha venido desvirtuando esta noche, sus hogueras, juegos de predestinación, etc. con cosas que no son, que nunca fueron de estos lares. Se entremezclan tantas novedades de otros lugares que a veces hay que hacer un esfuerzo para distinguir la tradición de la invención generada por los medios de comunicación, tales como los baños nocturnos y demás boberías que se hacen a la orilla del mar.

Las festividades marineras, en otro tiempo, bajo al advocación de San Telmo, ahora se hacen en honor a la Virgen del Carmen, en especial en el Puerto de La Luz (Las Palmas de Gran Canaria) y en las localidades costeras del suroeste donde, a partir de mediados del siglo XX, y no más atrás, comenzó el ritual del embarque de la Virgen... Por ello, no nos hablen de siglos de tradición. La advocación a la Virgen del Carmen es algo tardía en Canarias, y vino a sustituir el culto a las ánimas tan extendido en los siglos del Antiguo Régimen.


Festividades paganas con tradición.

Rama del Valle. 2007.
Algunas manifestaciones festivas de origen no religioso se han vinculado a las fiestas patronales de algunos municipios. Una de ellas es la Bajada de La Rama de varias localidades, aunque la más conocida es la que se celebra la víspera de la fiesta de la Virgen de Las Nieves, el 4 de agosto, en Agaete. No obstante, con más encanto, no tradición, está la Rama del Valle, en el mismo municipio, en la festividad de San Pedro Apóstol, 28 de junio, cuando la noche antes los romeros suben al pinar de Tamadaba y regresan al día siguiente con la celebración ritual hasta San Pedro. De parecido ritual simbólico, pero con otra naturaleza, es la rama de la Fiesta de Las Marías en Guía, la más antigua de las fiestas de las ramas de la que sí tenemos referencias de principios del siglo XIX. La Rama de La Aldea, de la que los ancianos de mediados del siglo XX decían haberla visto desde “que tenían uso de razón”, no tiene antecedentes escritos del siglo XIX. En las Bajadas de La Rama, sobre todo la de Agaete, se ha pretendido, a partir de los años setenta del siglo pasado, vincularla a rituales aborígenes porque presenta un formato muy parecido a ciertos cultos aborígenes y en ello, empezando por nosotros mismos, erramos muchos en difundir tal idea. Pero en los últimos años, después de profundas reflexiones y de anatemizar incluso a quienes en un principio dudaron de su vinculación aborigen, parece claro que no teniendo ni una información escrita (más aún teniendo presente que cualquier manifestación religiosa canaria fue cortada de raíz por los conquistadores), su origen más que probable está en las bajadas de ramas de los pinares, en las vísperas de las fiestas principales de los pueblos costeros del noroeste y oeste, para las enramadas; combinándolas con hojas de palma en los arcos en caminos, iglesias y los propios santos y vírgenes. Lo que no se puede hacer es, sin ningún argumento ni análisis de rigor científico, querer seguir defendiendo lo indefendible.

Otra costumbre ancestral vinculada al santoral cristiano, es la Fiesta del Charco, que tiene lugar cada 11 de septiembre, en La Aldea de San Nicolás, en el contexto de las fiestas patronales cuyo marco es un charco costero donde, hasta finales del siglo pasado, se celebraba con la denominación de la Embarbasca o Charco, pesca acompañada de fiesta y jolgorio cuya primera referencia escrita de celebración ya consolidada aparece hacia 1766, con el célebre mandato del Obispo Delgado y Venegas que regula el tirarse al charco completamente vestidos. Esto no significa, como muchos suelen escribir, que este sea su punto de arranque. De todas formas no podemos establecer fechas precisas de su inicio que, como cualquier situación festiva histórica, va naciendo por evolución de costumbres ancestrales.

Bajada de la Rama de Guía, en las Fiestas de las Marías de septiembre, desde el Lomo Vergara.
Bajada de la Rama. Las Marías. Guía.


Otras fiestas tradicionales del ciclo anual.

Las fiestas de diferente naturaleza y advocación van jalonando el tiempo del ciclo anual generado a lo largo de siglos por la sociedad tradicional y asumido por la nueva sociedad. Tras San Miguel y sus cabañuelas de aberruntos del tiempo atmosférico de la nueva temporada, se presenta el Día de los Santos y los Finados, el 1 y 2 de noviembre, tiempo de las primeras lluvias y de las castañas, que tiene en la Isla la representación del culto a la muerte. En este contexto, tiempo atrás, organizados por las Cofradías de las Ánimas de cada parroquia, salían a cantar y a recaudar fondos para la misma los Ranchos de Ánimas, unas agrupaciones musicales con raíces en el mundo mediterráneo oriental que, con el tiempo, se transformaron en Ranchos de Pascua, de los que aún subsisten los de Arbejales (Teror), Valsequillo y La Aldea. Se nos erizan los pelos de coraje cuando oímos en Canarias la nueva moda de importación, las noches de muerte anglosajona (Halloween), antes de las citadas fiestas, sobre todo cuando se promociona desde nuestros centros educativos, que muy bien está pero en su lugar de origen o en la celebración de comunidades anglosajonas.

Rancho de Ánimas.
Santa Lucía cantaba Pascua en trece días, tiempo de preparar las sementeras de los belenes, aunque ya se está cantando desde noviembre por los anuncios comerciales. La celebración de La Navidad cuenta con gran tradición en la Isla; su mundo tradicional lo protagonizaban elementos tales como los nacimientos, la cocina y repostería tradicionales, las Misas de la Luz, la Nochebuena y la Misa del Gallo, las parrandas y los mencionados Ranchos. Además, son de mucha tradición los Autos de Reyes Magos en varios municipios. Pero estas tradiciones han sufrido una profunda mutación a pesar de los intentos de recuperarla en los últimos años. En las fiestas de La Pascua se mantiene una rica tradición culinaria y de repostería, con gran competencia con los nuevos productos de importación. La influencia de los medios de comunicación en favor del consumismo ha desarticulado casi por completo las tradicionales celebraciones de La Navidad, con introducciones tan fuera de lugar como el Papá Noel europeo, potenciado también desde los centros educativos. Se ha introducido el fausto de la Nochevieja y, potenciado en el contexto consumista, el Día de Reyes.

El Carnaval, introducido en los primeros años de la Conquista, probablemente por comerciantes italianos, ha gozado a lo largo de siglos de gran tradición. Interrumpido oficialmente en los años del franquismo, se recuperó al inicio de la Democracia aunque sin el sabor popular de antaño, el de las espontáneas y pedigüeñas mascaritas, tortillas de harina...; aunque se revitalizó con más colorido, de cara a la fiesta-espectáculo, con elementos foráneos como murgas, comparsas, macroescenarios, fechas fuera de lugar..., todo ello en el contexto de la sociedad consumista.
Mascaritas en el Carnaval de La Aldea.
Carnaval Tradicional. Mascaritas.
El Parque de Santa Catalina se convierte todos los años en el centro del gran espectáculo carnavalesco y en muy pocos puntos se intenta, por ahora, recuperar el Carnaval Tradicional, como es el caso del Proyecto Comunitario de La Aldea con el rescate de la máscara en el Martes de Carnaval. Pero debemos ser precavidos con la mascarita tradicional, que sólo fue el disfraz espontáneo y alegre del carnaval de antaño; o con cualquier otra manifestación tradicional, todo ello frente a las mezclas, a los formatos globales que se pretenden introducir en las manifestaciones recientes de eventos, en algunos casos, que no existieron... y en otros, que sólo fueron puntuales en el tiempo y en lugar determinados. Podríamos comentar mucho más del Carnaval de Canarias, que nace después de la Democracia, de una cronología tan larga y extraviada y que en nada se parece al tradicional, porque todo se hace hoy de cara al espectáculo, al consumo, a la atracción de las masas; aunque muy bien podrían convivir ambos siempre que haya una diferencia entre lo uno y lo otro frente a las tradiciones inventadas y las tradiciones traídas de otros lugares, como lo es el Carnaval nuevo de Canarias. Y sería necesaria una reflexión sobre ello.

Las fiestas populares y religiosas se van sucediendo a lo largo del ciclo anual con los cultos de Semana Santa, de gran arraigo en la zona capitalina de Vegueta. Luego, con la entrada de la primavera llega la fiesta y enramada de La Cruz, el 3 de mayo, de tradición y fervor popular. Y finaliza el ciclo de festividades tradicionales con las alfombras del Corpus para entrar, nuevamente, en las celebraciones del verano.


Las fiestas: mercados tradicionales, sonidos, colores y sabores.

Las fiestas tradicionales, sobre todo las patronales de cada municipio, eran el lugar propicio para desarrollar negocios diferentes, sobre todo con los cesteros, sombrereros, loceras, latoneros, heladeros, turroneros, pirotécnicos, dulceros y marchantes, entre la gran diversidad de feriantes. Sus días eran aprovechados en centros comarcales como San Mateo, Teror, Guía, Tirajana, etc. para el desarrollo de actividades económicas feriales. Y, a pesar del cambio social reciente, muchos de estos elementos se han mantenido, algunos han desaparecido y otros se han reconvertido, como es el caso de los nuevos oficios artesanos.

Las antiguas transacciones de ganado o la exposición de los animales para sacrificar los días festivos dieron origen, a finales del siglo XX, a las actuales Ferias de Ganado, sobre todo vacuno, en muchos municipios, que se celebran en las vísperas de la fiesta principal.

Puesto de turronero. Recreación en un belén de Juanito el del Pozo.
Pero el cliché de mercado festivo que más ha perdurado, sin apenas cambios, es el de la caja del turrón del país junto al del carrillo de los helados y el puesto de productos dulces de elaboración artesanal. En la Isla se ha desarrollado, desde el siglo XIX, una industria artesanal propia del turrón de fiesta que muy probablemente su receta venga de siglos atrás. Los sabores de la fiesta son muchos, empezando por la tradición doméstica de acoger a familiares y romeros conocidos siendo el puchero de carne, garbanzos, papas, verduras y demás ingredientes, el calderado que salvaba a la mujer de tan trabajoso menester, más el postre con el que se cerraba la comida del día del santo o de la virgen: el arroz con leche. Los ventorrillos de ron y enyesques de carne y huevos pasados y los de la cerveza en los años de la mitad del siglo XX, fueron estampa tradicional hoy en el formato de los chiringuitos, palabra nueva que los sustituye por propia lógica de la evolución de las costumbres. Mucho hay que reflexionar también desde las propias instituciones sobre esta necesaria actividad frente a los estridentes sonidos, higiene y tipo de servicio, horarios…

Los sonidos y colores de la fiesta marcan en todos los pueblos un mismo denominador: cochitos, banderas, voladores… La pólvora es otro elemento indispensable de cualquier fiesta canaria, sobre todo los fuegos de artificio que ya los tenemos desde al menos en el siglo XVIII, importados de la tradición mediterránea. En algunos pueblos de Gran Canaria ha alcanzado hoy día una gran predominancia, como es el caso de los Fuegos de San Lorenzo, en la localidad -antiguo municipio- del mismo nombre, la noche del 9 al 10 de agosto, o en los rituales de la Suelta del Perro Maldito, en las fiestas patronales de San Miguel Arcángel, en Valsequillo, la noche del 28 de septiembre; pero, al igual que hemos venido diciendo de otras fiestas religiosas y paganas, el nuevo formato de la noche de San Miguel, nada tiene que ver con lo de antaño. Otro caso más en el que se debe distinguir la esencia que fue y la que es actualmente.

Por último, en esto de los sonidos festivos, nos queda la novedad que se imprime en los programas en la segunda mitad del siglo pasado: los pregoneros. Empezaron eligiéndose entre personas de relieve social o cultural a nivel insular que lo hacían en los micrófonos de las radios, casi siempre resaltando aspectos históricos del municipio; y han acabado como un número de presencia directa y rodeado de una amplia información y celebración como antesala de la fiesta, pero con personajes de relevancia relacionados con el lugar.


Las fiestas de nueva creación.

Numerosas festividades nuevas han surgido, sobre todo en la segunda mitad del siglo XX, en pagos y barrios de cada municipio, bajo la advocación o no de un santo o una virgen. En la Isla brotan nuevos rituales festivos con la estructura de ciertos eventos tradicionales, que en pocos años alcanzan una gran popularidad. Nos referimos a las bajadas y traídas de variados elementos objeto de la fiesta como la Traída del Agua en Lomo Magullo (Telde), la Bajada del Macho en Ingenio, las del Almendro en Flor en Valsequillo y Tejeda, entre otras fiestas de naturaleza diferente tales como las del queso, la lana, las flores, etc.; son “tradiciones inventadas” que pretenden recrear el pasado de la cultura tradicional, e incluso muchas de ellas llevan programas, organización y pregonero.


Traída del Agua. Lomo Magullo (Telde).


Adónde vamos o adónde quisiéramos llegar con nuestras diferentes fiestas.

No quisiéramos dejar mal sabor, ni crear polémica, ni cargar tintas sobre nadie, siendo que todos formamos parte de esta generación de los grandes errores pero también de las valiosas recuperaciones. Simplemente hemos querido reflexionar, plantear… desde la opinión personal, con el deseo de que con tanto afán que hay por ahí de buscar tradiciones donde las hay o no las hay, se llegue a un estado de sosiego que nos permita simplemente distinguir esto es o no es parte del pasado. Para ello se necesita discurrir, rumiar ideas y hechos, recapacitar donde sea preciso, reasumir sin traumas errores y no cerrarse en banda porque se dan casos de grupos, instituciones, individualidades que se creen por encima de los demás, poseedores de la verdad, “dueños” en opinión del patrimonio cultural, intocables en sus tesis y argumentos, aún siendo algunos acientíficos en sus propuestas, para quienes objetar con sana intención es contradecir y el diferir considerado herir.

Son las instituciones más significativas como Cabildo y ayuntamientos los que tienen que asumir la tarea de dejar cada fiesta en su sitio, que en cada sitio están bien, porque lo festivo es alegría y bien estar de los seres humanos desde los tiempos más remotos. Las fiestas son para disfrutarlas. Necesitan que organizadores y organizados tengan en común ese disfrute y que nadie saque réditos políticos de ello porque rompería el espíritu de colaboración ciudadana.

El presente ciclo de las fiestas de verano se acaba, ojalá que el nuevo sea más alegre y mejorado. Hacia ese es el camino al que la mayoría quisiéramos ir, simplemente corrigiendo errores que todos tenemos y muchos, mejorando cada vez más los aspectos organizativos, respetando lo que haya que respetar y nunca dándonos gatos por liebres, como bien dice esa expresión popular.


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