Revista n.º 1054 / ISSN 1885-6039

¡¡Siguen los azotes en la Casa de Caifas!!

Lunes, 22 de enero de 2007
Diego García Soto
Publicado en el n.º 141

La capacidad de aguante de uno, en ocasiones, se ve desbordada por la magnitud de la injusticia. Y este es mi caso en el día de hoy. ¡Señoras y señores, estoy francamente enfadado! Verán y entenderán mis motivos porque el caso que traigo a estas páginas de BienMeSabe tiene tela. Una vez más, los olvidos intencionados han hecho nuevamente su aparición. Esta vez, de la mano del Centro de la Cultura Popular Canaria y su publicación “El Álbum de Oro de la Música Canaria”.

Foto Noticia ¡¡Siguen los azotes en la Casa de Caifas!!

Así, tan expresivamente bíblico, definía un querido amigo, compañero en las tareas radiofónicas, ya desaparecido, las injusticias de cualquier índole que llegaban a sus oídos. Uno, que entonces tenía una buena dosis de paciencia, escuchaba atentamente sus acertadas conclusiones que siempre rubricaba con la susodicha frase y con gesto de viejo y cansado profesor mirando por encima de unas gruesas gafas que hacían un difícil ejercicio de equilibrio sobre la punta de su nariz. Y yo entendía sus “cabreos” aunque, a veces, para restar importancia al asunto, le daba una palmadita en la espalda al tiempo que le decía: ¡Pero hombre, no cojas lucha!.

Hoy, entiendo perfectamente aquellos enfados porque la capacidad de aguante de uno, en ocasiones, se ve desbordada por la magnitud de la injusticia. Y este es mi caso en el día de hoy. ¡Señoras y señores, estoy francamente enfadado! Verán y entenderán mis motivos porque el caso que traigo a estas páginas de BienMeSabe tiene tela. Una vez más, los olvidos intencionados han hecho nuevamente su aparición. Esta vez, de la mano del Centro de la Cultura Popular Canaria y su publicación El Álbum de Oro de la Música Canaria que, según reza la nota remitida a los medios informativos, vio la luz a finales del pasado mes de diciembre. He de manifestar a los lectores que en el Centro tengo buenos amigos con los que he colaborado en algún que otro proyecto. Sin embargo, ello no es óbice para que, cuando se haga necesario, pueda propinarles un justificado buen tirón de orejas, sin reprimirme ni un milímetro. Ni siquiera para coger resuello, fíjense. Y sobre todo, cuando los hechos están relacionados con nuestra historia musical y nuestro patrimonio sonoro, que denotan olvidos malintencionados en su exposición.

El caso es que en este trabajo, compuesto de libro más 4 Cd´s, eso sí, primorosamente editado, está ausente el grupo pionero y más representativo, por muchos años, de nuestro acervo musical como son LOS HUARACHEROS que, a día de hoy, aún continúan en la brecha, pese a quien pese. Y tengo por seguro que le pesará a unos cuantos. Y vuelvo a insistir en lo que ya planteaba en un artículo anterior cuando me refería a los olvidos, sospechosamente frecuentes, de algunos de nuestros valores en publicaciones dedicadas a resaltar tanto a autores como a intérpretes de nuestros aires vernáculos y, como derivación, a la canción popular canaria.

Pero… ¿por qué ese empeño en borrar de la historia de nuestro folclore al grupo que más prestigio dio a nuestras Islas tanto en la Península como fuera de sus fronteras desde que se fundara allá por el año de 1942? Voy a refrescarles la memoria a nuestros amigos. Las primeras actuaciones del emblemático conjunto canario son anteriores a la fundación del legendario trío LOS PANCHOS y que desde ese momento, 1942, comienzan sus giras peninsulares que culminan con las primeras grabaciones en Madrid. ¿Seguimos hablando de viajes? LOS HUARACHEROS cruzaron el Charco rumbo a América en los albores de 1957. En una tournée que duró casi un año, visitaron Cuba, Venezuela, Miami, Puerto Rico, Méjico y Colombia, lo que les valió el sobrenombre de Embajadores de la Canción Canaria. La labor humanitaria de LOS HUARACHEROS fue intensa en Cuba y Venezuela, actuando de manera desinteresada en centros hospitalarios, asilos y, en definitiva, en cualquier pueblo donde hubiese una colonia canaria, dejando con sus canciones un entrañable recuerdo del terruño. Pero, señores, hay más. Si nos atenemos al repertorio del conjunto hay que señalar la existencia de más de trescientas canciones originales de Diego García Cabrera y Antonio González Santamaría, algunas inéditas, y que sus trabajos discográficos están repartidos en ediciones aparecidas en España, Estados Unidos, Japón, Venezuela, Cuba, Puerto Rico, Italia o Francia y bajo sellos tan importantes como Columbia, Montilla, La Voz de su Amo, Canario, Milano, Barclay, Turpial, Movieplay, Zafiro, Pathé, Manzana, Latidos Music y Multitrack. Ese es el legado de mis queridos HUARACHEROS, los fundadores, los continuadores y los actuales componentes. Tengo todos sus discos, por si lo dudan. Ellos sí que dan vida a una verdadera historia de la canción popular canaria, sin olvidos malintencionados.



Posiblemente, el artículo del periodista Francisco Ayala publicado en el matutino EL DÍA, de fecha lunes 8 de enero, en su sección La Media Columna, nos haga reflexionar sobre la injusta e indisimulada fobia contra el grupo, además de la sospecha de que en este tinglado hay una mano negra. Y no es casualidad porque en la susodicha nota de prensa enviada a los medios informativos se nos dice: El Álbum de Oro de la Música Canaria permite comprobar la extraordinaria calidad y riqueza de la música del Archipiélago. Estas virtudes indiscutibles contrastan con la evidencia de no estar suficientemente valoradas, ni dentro ni fuera de Canarias, debido al escaso apoyo y difusión que se le ha dado. ¡Señoras y señores del CCPC! Una auténtica contradicción como la copa de un pino. Hay que hacer patria desde el propio Centro. Estoy plenamente de acuerdo con el Sr. Ayala y su artículo cuando constata que el trabajo ha sido cuidadoso, costoso y bellamente presentado, así como malévolamente redactado, por la ausencia aludida. Luego esa declaración de principio no se cumple. Y menos la finalidad o el destino de la obrita cuando se nos dice en la nota informativa: Por último queremos mostrar nuestro deseo de que El Álbum de Oro de la Música Canaria juegue también un papel determinante cara a enseñantes y comunicadores que deseen cumplir con esa responsabilidad, inherente a su profesión, de divulgar las señas de identidad de nuestra tierra.

Pues bien, amigos, el panorama que se vislumbra es de excepción. Si comenzamos a enseñar haciendo caso omiso al rigor que debe presidir todo trabajo histórico y pudiendo hacerlo no se hace, fobias y antipatías aparte, creo que la irresponsabilidad tiene un claro destinatario. Y no sólo es el productor de la obra el responsable de tal desaguisado sino que salpica, además, a las entidades oficiales que aportan los dineros, en este caso, la mayoría de los Cabildos y Ayuntamientos de las islas. Dineros públicos para una historia contada a medias.

Seguro que el coordinador del CCPC no tuvo en cuenta esas “virtudes indiscutibles” de LOS HUARACHEROS. De modo que, visto lo visto, aguardo con impaciencia contenida, si Dios quiere, el próximo Álbum de Platino de la Música Canaria. Quizá se subsane el error. Y es que, mis estimados amigos, la historia de nuestro folclore no es tan moldeable como muchos creen. 



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