Revista nº 898
ISSN 1885-6039

Doña María de la Concepción Reyes García: la mirada al pasado de una mujer campesina.

Martes, 15 de Mayo de 2007
María Dolores García Martín
Publicado en el número 157

Conociendo la historia de Concha, como la llaman todas las personas que la han tratado, se puede valorar mucho más la vida. Su coraje para enfrentarse a la aventura de vivir; superando enfermedades y contrariedades, la ha convertido en un referente de mujer luchadora, como pocas. Quisiéramos que estas páginas sirvan de reconocimiento a su trabajo, silencioso pero continuo, denominador común para otras muchas mujeres campesinas canarias.


Sus narraciones están referidas a los mejores recuerdos de infancia y juventud; en ellos ha quedado reflejada la forma de vida de un pasado no muy lejano, ya que Concha nació en 1950, en el Monte de las Vueltas, en un lugar conocido con el topónimo El Infierno, perteneciente al municipio de Tegueste, donde se desarrolló su devenir durante el periodo al que nos referimos.

Era la más pequeña de una familia con ocho hijos, de los cuales cinco eran chicas y tres varones. Sus padres, agricultores y ganaderos, la iniciaron, al igual que al resto de su prole, en las labores del campo, segregadas por razón de sexo: quienes ordeñaban eran los varones, mi padre y hermanos, yo no lo hice de soltera...

Su trabajo en el campo estaba más vinculado al cultivo: papas, verduras... y la colaboración en tareas comunes como descamisar el millo, la trilla, etc. Su familia cultivaba el terreno en el que hoy está instalado el Matadero Insular: esa tierra era de las monjas de La Laguna, las hermanitas de Caridad, las del asilo de ancianos.


Los padres de Concha, doña Elena García Arvelo y don Eugenio Reyes Hernández.

El ganado se criaba suelto en los manchones (...) teníamos vacas, unas pocas de cabras y un burro pa llevar los nísperos al mercado. Además criaban gallinas y cochinos: los cochinos eran negros, yo nunca vi en casa cochinos blancos.

La tarea de recolectar y llevar al mercado fruta y la verdura, lo mismo que el cuidado de los animales en el manchón, correspondía a las féminas de la casa: Íbamos a lavar la ropa en el Barranco del Infierno, el agua venía de la Fuente Los Álamos y a la vez cuidábamos las vacas en el manchón. La ropa la tendíamos al sereno pa curarla (blanquearla); le quitábamos las manchas de vino de los manteles con gallinaza (...) las vacas pastando y nosotras lavando o cogiendo higos picos que barríamos con unas ramas de altabaquera; se seleccionaban de mayor a menor, porque cada uno tenía su precio...

Los productos de la tierra que se vendían estaban destinados a los mercados de La Laguna y Santa Cruz. El burro, fiel compañero, solía acompañar a la madre de Concha al mercado: cogíamos canastas de nísperos, o bien verduras, higos picos... y las llevábamos al mercado. Salíamos desde El Infierno y subíamos por El Mulato, a las dos de la mañana, con un farol en la mano porque el mercado abría a las tres, íbamos hasta La Laguna con la fruta y la verdura...

Otro de los cometidos era llevar la leche de las vacas a La Laguna, a feligreses ya establecidos: al mercado, al puesto de José Torres; al asilo le dejaba una cántara, y en otros domicilios.

 
 Sábanas de saco rellenas con paja.
Cargaba la leche en cuatro cántaras colocadas en una cesta que cargaba a la cabeza: una en cada esquina pa que hicieran nivel, cada una de ocho litros y una o dos en la mano. La dureza del camino la sobrellevaban con ingenio: subíamos la cumbre por la Fuente los Álamos y cogíamos la guagua en el aeropuerto (...) las lonas las llevábamos en la cesta y pasábamos los barriales descalzas, aprovechábamos los huecos que dejaban las patas de las vacas en el barro (para no resbalar) y cuando llegábamos a la cantera, que había agua de lluvia (depositada en algunos huecos de extracción de piedra), nos lavábamos los pies (para ponerse las lonas) y a veces hasta el culo, cuando me caía.


Recuerda con cariño el ambiente familiar, armonía y respeto, dos grandes valores que la han ayudado a superar el duro andar cotidiano. Como era costumbre en muchos hogares canarios, criaban cochinos destinados a la alimentación de la familia: se mataba por San Marcos; si teníamos más, también se mataba por Navidad o por los Remedios, en septiembre (...) los lechones se los comprábamos a Juan el Cochinero, venía con un mulo y traía los lechones en raposas (...) a veces se quedaba a dormir en casa...

Las posibilidades laborales para las mujeres fuera del ámbito meramente familiar eran muy escasas; Concha y sus hermanas tuvieron la oportunidad de trabajar en la fábrica de tabacos «Álvaro» de La Laguna: salíamos a las cinco de la mañana pa llegar a tiempo a la fábrica, hacíamos puros, a mí lo más que me gustaba era quitarle el palito central a la hoja grande y quedaban dos capas...

El trabajo en la fábrica no las excluyó de otras tareas, debían colaborar en la trilla, cuidado del ganado, etc.: mi madre hacía sábanas de saco, cosía cuatro sacos abiertos con hilo de pita, los usábamos para la paja, los chochos en El Rodeo, la fajina del millo, hojas del monte... y con las sábanas cargábamos en la carreta (...) a las hojas del monte le decíamos chamizos, era pa debajo de las vacas; antes en el monte no había ni hojas, teníamos que barrer pa ajustarlas, porque había mucha gente con animales.

Hacia los veinte años se casó y de su matrimonio nacieron tres hijos y una hija, pero ésa ya es otra historia. La experiencia y los conocimientos de una mujer como Concha, dan lugar a reconstruir nuestro pasado para que pueda ser conocido y entendido por generaciones venideras. Nuestro HOMENAJE a una persona que tanto faenó y ha hecho del respeto su más preclara seña de identidad. Por ello es reconocida y se le quiere.


Este artículo ha sido previamente publicado en el número 41 de la Revista El Baleo, editada por la Sociedad Cooperativa del Campo 'La Candelaria', en diciembre de 2006.


Comentarios
Lunes, 29 de Octubre de 2007 a las 20:40 pm - maria

#03 No tenían nada, y fíjense en la cara de contentos. Y hoy tenemos de todo y nos quejamos de nada.Dios las bendiga a todas ellas allá donde estén.

Lunes, 29 de Octubre de 2007 a las 20:39 pm - mar

#02 TANTO QUE TRABAJABAN, Y FIJENSE EN LA CARA DE CONTENTOS QUE TENÍAN. Y HOY TENEMOS DE TODO Y NOS QUEJAMOS POR NADA.

DIOS BENDIGA A TODAS ELLAS.

Martes, 15 de Mayo de 2007 a las 09:06 am - guantacara

#01 ESTA MUJER ES DE LAS NUESTRAS, TODAS LAS MUJERES DEL CAMPO HASTA LOS AÑOS 60 LUCHARON SOLO PARA SOBREVIVIR, VIVAN NUESTRAS MADRES NUESTRAS ABUELAS, A TODAS AQUI ESTÁ MI OMENAJE. Y VIVA DOÑA CONCHA