Revista nº 788
ISSN 1885-6039

Tercera edición de Mis tardes con Néstor Álamo.

Miércoles, 27 de Junio de 2007
Redacción BienMeSabe
Publicado en el número 163

El Cabildo grancanario acaba de poner en circulación la tercera edición del libro de Luis Armando Doreste Mis tardes con Néstor Álamo, que recoge un sinfín de anécdotas sobre el insigne cronista de la isla y la sociedad canaria, desde la cotidianidad y la cercanía. El copioso material inédito registrado por Doreste a lo largo de más de treinta y cinco años de estrecha amistad con Néstor Álamo, ha sido reordenado y catalogado con la ayuda de Antonio de Béthencourt Massieu y Alfonso O’Shanahan Roca, para editarse nuevamente en este volumen de casi trescientas páginas que incluye gran cantidad de fotografías, así como algunas modificaciones y correcciones con respecto a las dos ediciones precedentes. Para Bethencourt Massieu “esta obra es imprescindible para acometer el estudio psicológico sobre Néstor, su comportamiento y reacciones en los momentos felices, así como ante las contrariedades que, precisamente, no le faltaron”.


El libro de Luis Armando Doreste, que ha sido publicado por el Departamento de Ediciones de la Consejería de Cultura del Cabildo grancanario, encierra, según apunta Antonio de Bethencourt en el prólogo del mismo, “todo un mundo de personajes, personalidades, personas y hasta personajillos. Los amigos, los conocidos y hasta enemigos. Lugares que han perdido su ambiente o han sido vilmente asesinados. Hechos cotidianos de sumo interés, formas de vida. Conjunto hoy inapreciable para los historiadores de las mentalidades, que van deslizándose durante los paseos y cháchara entre maestro y discípulo”. Según señala el historiador y Premio Canarias, “todo este conjunto de materiales es indispensable para ubicar a Néstor en y dentro de su generación”.

Massieu consideró, para establecer una identidad entre ambos personajes, algunos factores: “Ambos son autodidactas, volcados en el cultivo intelectual obligados por razones vitales a labores más prosaicas. Se encuentran volcados hacia los demás, quieren servir a la sociedad, lo que les convierte en hombres de acción que viven atentos a la realidad que les circunda. Hemos visto ejemplos: La Casa de Colón, y la Tertulia Víctor Doreste, y verán muchos más paralelos en las sucesivas páginas”, avanza el historiador en la introducción que realiza en el libro Mis tardes con Néstor Álamo.

Para Massieu, la diferencia de edad y la ingente vocación docente de Néstor junto a la avidez por aprender de Luis Armando, “provocan una relación maestro discípulo. Digo más, Néstor es, como Aristóteles, un maestro peripatético, enseña paseando, o incluso, ante una copa en un bochinche. Es más, apoya argumentos con el manejo de su inseparable bastón, señalando inéditos senderos y descubriendo secretos ocultos tras elementos materiales”.

Por último, destaca la similitud del carácter de ambos autores: “fuertes y poco dados a dar su brazo a torcer. Néstor podía amanecer aristócrata o plebeyo. Doreste, paciente o impaciente. Néstor Álamo ejerce un atractivo especial. Su saber estar entre la intelectualidad más supina y lo popular en el descubrimiento de nuestro signos de identidad, abren un vía, una fuerza de investigación que habrá que atacar con urgencia. De ahí, y en ello concuerdo una vez más con O’Shanahan, Mis tardes con Néstor Álamo alza el telón para una inédita representación. Y el mérito, todo el mérito, radica en esta imprescindible obra, por lo que quedaremos no sólo en deudas, sino eternamente agradecidos a Luis Armando Doreste, discípulo, escudero y hasta lazarillo del inolvidable Néstor”.

Luis Armando Doreste (Las Palmas de Gran Canaria, 1949) se adentra en el mundo de la literatura después de haber estudiado el antiguo bachiller superior y cursado diferentes materias de la administración pública y privada, comercial e industrial. Ha formado parte del sector de la banca, de empresas portuarias y del automóvil, y de diferentes organismos oficiales de Gran Canarias.

La notable influencia de la familia Doreste (literatura, plástica, teatro política y deporte) constituyó para Luis Armando Doreste una riquísima fuente de formación y de ideas creativas, quizá heredadas de la estirpe materna, que con rigurosa disciplina compartía trabajos y estudios en unos años de miseria y posguerra que han servido a Luis Armando Doreste para reunir en su memoria un amplísimo material con el propósito de forjar aún más su formación autodidacta, una nueva asignatura que no se adquiere en las aulas de los institutos y mucho menos en las universidades. Es una escuela vivida y sufrida dentro y fuera del hogar. Gracias a Néstor Álamo, Doreste recibe clases de la historia de Gran Canaria como bien expone en el libro que el lector tiene en sus manos.

Otra de las personas que han influido en gran medida a Doreste ha sido el insigne profesor de literatura, siempre en el recuerdo, Alfonso de Armas Ayala, que desde los años setenta y hasta 1988 se convirtió en protector y padrino de Luis Armando tanto en los momentos fáciles como en los difíciles. Como material ya editado por Luis Armando Doreste se encuentra un libro de polifacético contenido intitulado Huellas de Doramas, en el que mezcla la poesía con la prosa, las loas con los pensamientos. Fue publicado en Tenerife en febrero de 2001.

Con motivo del día Mundial del teatro, el 27 de marzo de 1991, el Ayuntamiento de Gáldar le invita a estrenar un ensayo teatral ante la Cueva Pintada de la Ciudad de los Caballeros titulado El Arlequín. Desde 1988 y hasta 1991 se le invita a realizar una tesis sobre los acontecimientos político en Canarias, estudio que abarca desde la Junta de Canarias hasta el Estado de las Autonomías.

En 1992 comienza a escribir un nueva Guía turística de Gran Canaria con la finalidad de convertirla en un instrumento para docentes, compuesto de veintiuna mini-guías dirigidas a niños y adultos. En 1998 compone el bolero Arde mi corazón, que fue estrenado en 1999 por María Mérida. Desde junio de 1978 es cofundador y presidente de la asociación cultural Tertulia Artístico-Cultura Víctor Doreste.


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