Revista nº 910
ISSN 1885-6039

Casiano el de la Cuevita.

Viernes, 01 de Junio de 2007
Sixto Sánchez Perera
Publicado en el número 159


Breve semblanza biográfica.

Casiano nace en Los Gómez, La Orotava, el 17 de diciembre de 1911, en el seno de una familia
Si no cantas con voluntad no vas a ningún lado nunca. Eso... ¡hay que arrancarlo!, hay que arrancarlo del pecho! Nada más. Y como lo sientes cantas (Casiano).
campesina compuesta por nueve hermanos, cuatro hembras y cinco varones, de los que era el menor. Sus padres, Casiano y Saturnina, sacan adelante a esta familia muy unida amante del folklore, conocida popularmente como los Casianos, en honor a su padre, persona muy animosa, alegre, amante de la música e iniciador de esa parranda familiar en la que todos sabían tocar y cantar. Siempre dispuestos a amenizar cualquier festejo en aquellos bailes de antes: y así hasta que aclarara el día si hacía falta hoy en tu casa, la próxima en la mía.

 
 Casiano Hernández Luis, "Tío Casiano"
Foto cedida por la familia.
Desde joven su ocupación fue el campo, primero ayudando a sus padres en las labores de la medianería y, con posterioridad, como jornalero en las grandes compañías plataneras que por aquél entonces existían en el Valle. En 1931 ingresa en el Servicio Militar para jurar bandera bajo el gobierno de la recién estrenada II República. En 1935 contrae matrimonio con Doña Petra Trujillo Hernández, con quien llegará a formar una familia de cuatro hijos.

En 1936 se ve obligado a participar en la Guerra Civil como integrante del Primer Batallón Expedicionario de Infantería. Deja tras de sí su trabajo, su mujer y una hija de dieciséis meses; para encontrarse ante el absurdo de combatir en contra de la bandera a la que años antes había jurado amar y defender.

Al año siguiente, aún no finalizada la contienda, retorna a Tenerife en muy mal estado de salud debido a la congelación de parte de su cuerpo. Desahuciado por los médicos, pasa una larga temporada en el hoy desaparecido Sanatorio de Las Cañadas del Teide, donde consigue recuperarse aunque queda incapacitado para volver a ejercer su anterior ocupación en las labores del campo, al que siempre apreció y respetó.

 
 Doña Petra Trujillo Hernández.
Foto cedida por la familia.
Años más tarde se plantea, como entretenimiento y fuente de ingreso económico, la apertura de La Cuevita, pequeño negocio al frente del cual estuvo unos veinte años, y que cerró sus puertas en noviembre de 1983. Cuatro meses más tarde, en plenas fiestas de Carnaval, Casiano deja de estar físicamente entre nosotros, contando por aquel entonces con la edad de setenta y tres años.


La Cuevita.

Con el nombre de La Cuevita era conocida una pequeña bodega situada en la zona de Los Gómez, al margen izquierdo del barranco de La Arena, en la carretera general a Santa Úrsula, una vez sobrepasada la charca Ascanio. Su aspecto rústico era su principal característica: tres mesas de tronco de pino y las tradicionales banquetas de madera, cuatro barricas de vino, garrafas y algún que otro caldero que colgaba de sus paredes de piedra y bloques sin vestir. Entre todo este mobiliario y casi sin llamar la atención nunca faltaron el requinto, la guitarra y el timple; siempre custodiados por los ojos de las muchachas de los clásicos almanaques que, año tras año, iban incrementando la decoración de aquel recinto.

El interior de La Cueva también guardaba un cierto sabor a clandestino, fruto de una época anterior en la que, para poder expresar libremente las ideas, se tenía que recurrir a las más diversas artimañas. Muchas historias vividas por sus propios narradores se contaron allí acerca de la "Guerra de España" y las calamidades ocurridas durante y después de aquella pesadilla que enfrentó a hermanos contra hermanos.

El calor humano lo ponían personas mayores, gente de campo y otros que, si no tan de campo, ni tan mayores, sí amantes de lo sencillo: de tertulias amistosas sobre lo cotidiano, de cuentos y anécdotas de tiempos pasados... de un rato bueno que permitiera echar unas perras de vino, templar los instrumentos y escuchar las viejas canciones de Casiano.

Esa era la esencia de La Cueva. Sin mostrador que separara al bodeguero del cliente, Casiano siempre era el puntal, con su buen trato, su sencillez, su calma, su nobleza. Persona cuya única escuela fue la vida, tenía conocimientos para tratar cualquier tema lo que, unido a su buena memoria, le convertían en un mundo de descubrimientos y fuente inagotable de coplas y canciones muy viejitas, muy antigüitas que supo tanto heredar de sus mayores como incrementar y transmitir esta tradición.


La Cuevita. Dibujo de Dácil Martín Trujillo.

La razón de este homenaje es, por tanto, reconocer la labor y obra de Casiano y su cueva como guardián, maestro e impulsor de añejas tradiciones, en una época en la que todo ese tipo de sentimiento popular que ha definido la forma de ser de nuestras gentes y pueblos, iba quedando arrinconada en lugares como el referido, especie de reservas de donde saldrían las semillas que, poco a poco, germinarían no sólo en la formación de grupos folklóricos sino en la aceptación social de actos y demostraciones de nuestra cultura, como la celebración del Día de las Tradiciones Canarias o la edición de este nuevo número de El Pajar.


Martes de Carnaval-La última folía. Foto: Sergio Edodey.


El legado folklórico recogido lo integra un variado repertorio de cantares y coplas que abarcan desde las tradicionales folías o malagueñas, pasando por isas y jotillas, hasta géneros menos conocidos como tajarastes y cantos de trabajo. Sirva de muestra la siguiente selección:


Tajaraste.

Mi padre San Diego - por su desventura pasó de Canaria - p'a Fuerteventura.

Mi padre San Diego - por barranco abajo se le escapó un pie - y fue p'al carajo.

Mi padre nos dice - ánimo muchachos cuando tengan ganas - ordeñen los machos.

Mi padre nos da - barras y marrones cuando tengan ganas - gofio a los zurrones.

Lo que vimos madre - fue anoche en La Peña luces que alumbraban - hasta las estrellas.

Y vimos las cabras - y los garañones y nuestros bordones - de miedo temblar.

Virgen de La Peña - reina y soberana danos de tu auxilio - no se pierda mi alma.


Jotilla.

Una casita chiquita
que tengo allá abajo en el trigal,
para una mujer bonita
que me quiera acompañar.

En la puerta hay una parra
donde canta la cigarra
y más allá hay un pencón,
donde cuelgo la mochila
cuando vengo de la Villa,
allá coloco el zurrón.

En la puerta hay una tranca
para el que entre sin permiso,
darle un palo en la cabeza
y romperle hasta el totizo.

Buen tiempo aquél, Mariquilla,
buen tiempo aquél no el de ahora,
malhaya quien inventó
la máquina trilladora.

Buenas vacas pa’ trillar
la Romera y la Centella,
no hubo yunta en el rodeo
para trillar como aquéllas.

Te recuerdo cuando le dabas vueltas y vueltas al trillo,
tú eras una zagalota y yo era un zagalotillo.
Te acuerdas cuando almorcemos gofio con higos porretas
y por debajo la paja te jacía morosquetas.

Buen tiempo aquél, Mariquilla,
buen tiempo aquél no el de ahora,
malhaya quien inventó
la máquina trilladora.

Cállese cristiana, no me diga nada,
escuche aquí atrás que vengo engrifada,
que anoche leyendo ca' seña Lorenza
unas relaciones que trujo la prensa.
De fantasma esa bruja o lo que seya
hablan por el tubo de la chimeneya.

Anoche en el sueño oí un grito sordo
que me están jalando por el dedo gordo.


Jotilla.

Anoche estaba pensando cómo te podía ver,
me acordé de la guitarra y aquí te vengo a traer
canciones que a ti te gustan y a mí me gustan también,
asómate a la ventana para yo poderte ver.

Ya la guitarra se alegra
mi corazón siente amores
viéndote en la oscuridad
ante de un jardín de flores.

Que no veo donde piso
y a mí no se me da nada
sólo lo que quiero ver
son los ojos de mi amada.


Canción.

Lloraba la triste viuda
debajo de un manto negro,
la muerte de su marido
no haberse muerto más luego.

iAy, sí, sí!
¡Ay, no, no!
ingrata me has olvidado
malhaya tu corazón.

Le tengo dicho a mi negra
que no se deje querer,
porque el amor de Pepito
también se puede perder.

¡Ay, sí, sí!
¡Ay, no, no!
ingrata me has olvidado
malhaya tu corazón.


Isa.

Estribillo:

Los carnavales son tres
y yo digo que son cuatro
que el miércoles de ceniza
también me divierto un rato.

Diviértanse muchachos
que se va el carnaval
diviértanse muchachos
que se va, que se va.


Folías.

Fueron los guanches primero
en esta tierra canaria,
los que cargaron a hombros
la Virgen de Candelaria.

Cuando una madre canaria
le besa al hijo en la frente,
el canto de la folía
queda grabado en su mente.

España ya no defiende
sino a curas y toreros,
y no defiende la causa
del hijo del pobre obrero.

Gofio y leche que amasar
y una cama pa’ dormir,
el beso de una canaria
¡qué más se puede pedir!

Estando en el cementerio
oí cantar las folías,
me pareció que las tumbas
se movieron de alegría.

Preso en la cárcel estoy
no llores mi bien por eso,
que no soy el primer preso,
ni dejo de ser quien soy.


Comentarios
Martes, 09 de Junio de 2009 a las 20:38 pm - Andrés

#03 Yo tambien sorprendido, soy uno de los nietos de Casiano agradezco este detalle. me han puesto la piel de gallina al recordar y de cosas que ni sabía. muchas gracias

Miércoles, 05 de Septiembre de 2007 a las 11:07 am - FITO TRAVIESO

#02 hola me sorprendi cuando sin querer me meti en esta pagina,tu que me conoses,sabras que me quede alucinado de contento bueno te mando besos,para los 3.

fito

Viernes, 01 de Junio de 2007 a las 20:42 pm - Güicho

#01 Felicidades Sixto por el articulo dedicado a Don Casiano el de la Cuevita.Me gusta el que se de a conocer a tantos personajes de nuestra cultura canaria.

No pierdas las mañas y sigue adelante relatandonos mas historias de nuestra tierra.

Salud y hasta mas ver.