Revista nº 893
ISSN 1885-6039

De espaldas a la naturaleza… y así se nos quema.

Jueves, 16 de Agosto de 2007
Julio César Bolaños Ramos
Publicado en el número 170

El incendio acontecido en Gran Canaria durante los últimos días de julio de 2.007 ha sido el más grave de la isla en muchos años. La superficie quemada y los daños económicos y ambientales han sido enormes. Iniciado en el mayor bosque de la isla, formado por los pinares de Pajonales, Ojeda e Inagua, que cubren unas 3.500 Ha, alcanzó también el pinar de Tirajana o Pilancones, que abarca unas 2.500. Dicho de otra forma; de los tres pinares naturales de Gran Canaria (el tercero sería Tamadaba), se han quemado dos.



Reserva Natural de Inagua, antes del incendio.

El impacto en el bosque es brutal. Aunque el pino canario vuelve a brotar tras los incendios, esto sólo ocurre con los árboles adultos y sanos; los ejemplares jóvenes, los muy viejos y los enfermos no sobreviven. Así, se han perdido los pinos jóvenes que estaban regenerando el bosque, pero también
 
Pinzón azul de Gran Canaria.
muchos ejemplares centenarios. También han desaparecido retamas, escobones, jaras y demás especies arbustivas que forman el sotobosque y, entre las que se encuentran varios endemismos. La avifauna, encabezada por el pinzón azul de Gran Canaria, especie exclusiva de la isla cuyos últimos 200 ejemplares vivían en el pinar de Inagua, además de perder sus nidadas por las llamas y el humo, se ha quedado sin esa vegetación, cuyas flores, semillas, frutos e insectos, les servían de alimento. Se han quemado además pastos, monte bajo, almendros, palmeras y cardones, con numerosos ejemplares también centenarios de todos ellos. Toda esta vegetación y su fauna asociada tardarán mucho tiempo en recuperarse.

A todo ello hay que unir fincas agrícolas plantadas de hortalizas, papas y árboles frutales, junto con animales domésticos, viviendas, alpendres, corrales y demás construcciones, maquinaria y utensilios propios del medio rural, que han dejado a sus propietarios hundidos económica y moralmente. Para empeorar la situación, la mayoría de ellos son personas mayores que no tienen edad, ni quizá fuerza para volver a empezar.

El autor del incendio, Juan Antonio Navarro Armas, vigilante forestal con contrato temporal, es sin duda el primer gran culpable de esta tragedia y sobre él debe caer todo el peso de la ley.

Sin embargo, no debemos olvidar que la cuestión no es tan simple como que alguien provoque un fuego y este haya calcinado media isla, ayudado por unas condiciones meteorológicas muy favorables para el avance del mismo (excesivo calor, mínima humedad y especialmente viento, mucho viento), por una orografía complicada que dificulta las labores de extinción además de favorecer el avance de las llamas (piñas que caen ardiendo por las pendientes y generan nuevos focos) y quizá en parte también, por cierta descoordinación de las administraciones competentes para sofocarlo, que deberían contar algo más con la ayuda, siempre en segunda línea respecto del fuego, de los vecinos de la zona afectada, que saben dónde hay un camino o una toma de agua. La realidad es más compleja.

Este gran incendio, al igual que el ocurrido en Tenerife, comenzó a fraguarse con el cambio del modelo económico insular. Gran Canaria había basado su economía en la agricultura, provocando así la deforestación casi total de la isla. A partir de los años 60 del siglo pasado, se instauró un nuevo monocultivo: el turismo. De esta forma la gente del campo emigró hacia la costa para trabajar en la construcción o en el sector servicios, asociados ambos al turismo, buscando un empleo menos sacrificado y mejor remunerado. Y mientras tanto, la vegetación creció, es el proceso natural.

Progresivamente se fueron abandonando los campos, lo que implicó la pérdida de actividades asociadas al bosque. El avance tecnológico también influyó en este fenómeno; se sustituyó la brea extraída de los pinos por derivados del petróleo, se dejó de cocinar con leña y carbón vegetal, se cambiaron los arados de madera por tractores, la pinocha dejó de rellenar colchones y de calzar los plátanos en las cajas donde eran exportados al exterior, las cañas desaparecieron como soporte para cultivar los tomates,… en resumen, el plástico, el metal, la goma o el PVC sustituyeron a la madera. Además, la cabaña ganadera también descendió en número y con ello su acción forrajera sobre nuestros montes. Y mientras tanto, la vegetación creció, es el proceso natural.

 
Pinos jóvenes en la Cumbre de Gran Canaria en 1965-1970 (Archivo de Fotografía Histórica de la FEDAC.)

Sin embargo fue en los años 80 cuando se dio el golpe final al campo. Las normativas aprobadas por las administraciones públicas canarias en materia medioambiental y las declaraciones de numerosos Espacios Naturales Protegidos en la isla, han restringido aún más el uso de la vegetación. Es cierto que tenemos una flora única en el mundo muy rica en endemismos, que debe ser conservada, de la misma forma que ha de hacerse con los variados ecosistemas de la isla. Lógicamente, aquellas especies que están en verdadero peligro de extinción han de ser estrictamente protegidas y, existen bastantes en esta situación en Gran Canaria, particularmente asociadas a la laurisilva que ha sido casi aniquilada de la isla. Sin embargo, es cierto también que existen muchas especies abundantes (retamas, escobones, jaras, tabaibas…), tradicionalmente usadas de diferente forma por el hombre del campo y que actualmente, o no se pueden utilizar porque así lo indica el Instrumento de Ordenación del Espacio Natural Protegido respectivo o, en el caso de que se permita su uso, se ha de solicitar la correspondiente autorización administrativa ante el Cabildo. Esto ocurre también con restos vegetales muertos como la pinocha o la leña. ¿Cómo se puede pretender que un campesino de Artenara, Fataga o Mogán se dirija a la capital a pedir un permiso cada vez que necesita coger monte o pinocha y, luego tenga que esperar meses por la respuesta? ¿No deberían concederse estos permisos sobre la marcha en el propio municipio? Y si no es factible esta opción y la competencia administrativa debe seguir en manos del Cabildo, que se le dé una concesión para que durante un número determinado de años utilice el material vegetal que necesite del entorno de su propiedad, exceptuando siempre a la flora en verdadero peligro de extinción. Y mientras tanto, la vegetación siguió creciendo, es el proceso natural.

 
Secando piñas de millo en pinos.

A esto hay que sumar, que además de casi prohibir el uso de las plantas silvestres, tampoco se ha controlado el crecimiento de las mismas por parte de las administraciones. Apenas existen cuadrillas que se dediquen a limpiar carreteras, pistas, senderos, caminos rurales, cunetas, cauces de barrancos, márgenes y lindes de los bosques de pinocha, hojarasca, ramas, cañas y arbustos que se desarrollen en exceso. Apenas hay cortafuegos, y no se desbroza cerca de fincas agrícolas, viviendas aisladas e incluso de los pueblos, de forma que el fuego llega y penetra en las casas. Si ya casi no hay gente ni sus animales domésticos en el campo que realicen estas labores y encima éstas están casi prohibidas, ¿no deben realizarlas las administraciones? Evidentemente sería un contrasentido ecológico retirar toda la pinocha del interior del bosque, ya que cumple una función vital al ser su abono, pero sí limpiarla en carreteras, pistas y caminos, de forma que en un incendio, especialmente sin viento (no ha sido este el caso), éstos sirvan como cortafuegos. Actualmente sin embargo, lo que hay en los campos son agentes de medio ambiente que actúan como auténticos policías más pendientes de multar a un campesino que recoge monte o deja que sus cabras pasten dentro de tal o cual zona. Esto ha provocado el recelo con el que son vistos dichos protectores de la naturaleza por los campesinos. Y mientras tanto, la vegetación siguió creciendo, es el proceso natural.


Incendios en Tenerife y Gran Canaria vistos desde el satélite Aqua.

Es cierto que si las administraciones retirasen el exceso de vegetación y dado que ya no se usa como se hacía antes, hay que buscarle una nueva utilidad. Sirva como ejemplo que la poca pinocha que se retira actualmente se subasta y nadie puja por ella. Habrá por tanto que dar más facilidades a los agricultores para que reutilicen esos vegetales, quizá dándoles esas materias gratuitamente e incluso, si el volumen de material es muy grande, darles otros usos, como en plantas de biocombustible que si generan una mínima cantidad de energía a usar en la isla bienvenida sea, así será obtenida de un recurso renovable y no del petróleo. En cualquier caso solamente es una idea; las administraciones que han generado el problema deben buscar también las soluciones.

Resumiendo; el cambio económico y la gestión medioambiental realizada por las administraciones públicas en Gran Canaria han preparado durante cuarenta años el terreno para que se produzca este gran incendio. Nuestra isla pasó de siglos de deforestación brutal a un proteccionismo excesivo. Se ha saltado de un extremo al otro y es evidente que los dos son malos, pésimos. Ha sido este un ecologismo mal entendido, que no ha tenido en cuenta la natural interacción del hombre con la naturaleza ni los conocimientos de los campesinos que han vivido desde siempre aprovechando los recursos naturales, lo que ha allanado el camino al fuego. Sólo faltaba quien encendiese la mecha. Más pronto o más tarde esto iba a pasar. Y finalmente la vegetación ardió…, es el proceso natural, aunque el incendio fuese provocado.

Todo esto nos lleva a que hay que cambiar la gestión del campo y de los Espacios Naturales que implicaría una modificación total en las normativas, pero sobre todo, grandes inversiones en las áreas de medio ambiente. El despoblamiento del interior de la isla en gran medida se puede paliar preparando y contratando gente que de forma permanente y con sueldos razonables cuide, limpie y proteja el campo, y no actúe como agente multador. Sin embargo, soy realista, no creo que esto se vaya a realizar. Como mucho se gastará unos millones de euros en comprar algún helicóptero o avión más. Se repoblará, el monte se regenerará, la vegetación crecerá y volverá a arder.

Para finalizar planteo una última reflexión: de todas formas, ya no hay gente a la que le guste trabajar en el campo. Es duro y está mal pagado. Además, está lejos. Aunque a todos los grancanarios nos duele ver como se quema la isla, vivimos de espaldas a la naturaleza, en nuestra sociedad ultramoderna, del mando a distancia y el mp3. A los que hemos crecido en los núcleos urbanos lejos del campo, este nos parece muy bonito para ir un domingo de asadero, o los más osados, a realizar una caminata. Sin embargo, nadie pone en su currículo que quiere ir a limpiar pinocha. La naturaleza está bien pero allá lejos, en la cumbre o en los documentales de la 2. Por tanto se necesita un esfuerzo y un cambio social importante, encabezado por las administraciones pero seguido por todos los ciudadanos (sí esos, los que vivimos en la ciudad). Y este esfuerzo debe hacerse aprovechando los conocimientos de esos hombres y mujeres del campo, esos magos que muchas veces son tratados despectivamente por los urbanitas, que los miramos con cierto aire de superioridad, cuando son ellos los que saben cultivar la tierra y conseguir alimento de ella, no como nosotros. Y debe hacerse pronto porque la mayoría de estos magos tienen más de 60 años, y sus conocimientos se irán con ellos. Quizá todos hemos sido un poco Juan Antonio Navarro Armas…
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Comentarios
Martes, 21 de Agosto de 2007 a las 20:56 pm - ¡¡¡MÁS NUNCA!!!

#01 Una vez más, y otro año más, la tradicional noticia nos entristece el verano y las vacaciones estivales. Y especialmente a los que amamos nuestra tierra Canaria, y nos gusta y encantan salir a disfrutar de nuestros campos. Quiero felicitar y agradecer el excelente trabajo que han desarrollado tod@s l@s compañer@s de Seguridad y Emergencias, pertenecientes a diferentes administraciones públicas, porque han estado defendiendo nuestra tierra, a nuestra gente, a Canarias. .............

En 1256 Alfonso X en las Cortes de Valladolid dijo: \" Que no hagan fuego para quemar los montes, y más que otra cosa las encinas. Y el que lo hallen haciéndolo, que lo echen dentro.\", y habría que añadir no solo el que lo hallen, si no el que no realice unas buenas políticas de seguridad y emergencias; previsión, prevención, planificación, campañas de prevención, educación ambiental, sensibilización a nuestra gente, dotación de medios y recursos, selvicultura para repoblar zonas, limpieza de los montes, etc

He podido observar y valorar, los diferentes escenarios de los incendios ocurridos en las islas de Tenerife y Gran Canaria, me he ingerido y atiborrado de todos los informativos, comentarios, ruedas de prensa, artículos, Internet que he podido obtener sobre este desgraciado incendio. Y se ha visto claramente las intenciones de nuestros políticos de “arrimar las ascuas para su sardina” marcarse el “tanto”, colocarse las medallas, todo eso a menos de un año de las elecciones, hay que vender imagen y sacar muy bien la foto, porque esas apariencias dan votos. Incluso se atreven y salir un político nacional, exponiendo la solución al problema de las emergencias de que hay que crear un “Gabinete de Crisis”, no existe ya una ley de Protección Civil y una Norma Básica de Protección Civil, que haga mención de este tema, no hay creado una Dirección General de Protección Civil y Emergencias, no esta estructurado por ley las competencias de las diferentes administraciones en materia de Protección Civil y Emergencias. Porque no se destina tiempo, esfuerzos y presupuesto a potenciar estos sistemas de emergencias ya creados, en vez de estar creando unidades, sistemas, servicios, leyes, recursos, para sacarse la hermosa foto, se olvidan de seguir potenciando y actualizar los organismos ya existentes, y que alguno están cojeando por falta de seguimientos, modernizar, renovar, rehabilitar. No se debe duplicar o triplicar recursos que a la hora de la verdad, aparece la descoordinación, hay que sumar y no restar, y no estar parcheando las situaciones, luego los perjudicados nuestra gente, el pueblo, y los que pagamos los platos rotos los servicios de emergencias y seguridad. Ellos solucionan los temas comprando “inservibles e inoperativos” quitanieves en zonas donde no cae ni granizos, o destinan dinero en colocar una gran bandera, sabiendo y conociendo las necesidades de personal de emergencias y seguridad, huelgas en bomberos, huelgas en personal de ambulancias, reivindicaciones en los sectores del personal de centros de coordinación, helicópteros, policías. ......donde vamos a llegar.

Los recursos intervinientes en los incendios de Gran Canaria, con sus diferentes mandos políticos.

Administración Estatal

UME Unidad de Emergencias Militar

Brigadas Helitransportadas

Hidroaviones

Guardia Civil

Cuerpo Nacional de Policía

Administración Autonómica

GES Grupo de Emergencias y Seguridad

Helicópteros GES

CECOES 1-1-2

SUC Servicio de Urgencias Canario

Administración Insular

Consorcio de Emergencias de Gran Canaria

Brigadas Forestales

CECOPIN

Administración Local

Bomberos; Las Palmas de Gran Canaria, San Bartolomé de Tirajana.

Agrupaciones de Protección Civil

Policías Locales

Otros Recursos

Cruz Roja Española

Bomberos Voluntarios

AEA Ayuda de Emergencias de Anaga

Y la población

Aqui esta el problema muchos recursos pertenecientes a diferentes administraciones, y cada administración con su responsable político, y todos ellos quieren estar en primera línea de fuego coordinando sus recursos y medios, haciendo caso omiso de los planes establecidos que están bien organizados en su estructura jerárquico funcional, donde están protocolizadas las tipificaciones de emergencias, competencias, situaciones de nivel de gravedad.

En algunas ocasiones hubo enfrentamientos entre la sociedad y los miembros de seguridad y emergencias, porque no existía información concreta a todos por igual. No se tenia directrices directas de un mando único.

Y pregunto

· ¿Qué hacían los políticos dentro de la zona de comunicaciones del CECOPIN?, esa zona no para los diversos técnicos, que deben estar atentos a las llamadas, demandas, etc que se filtran a través del CECOPIN. Y encima acceden a la zona, los medios de comunicación; ruidos, comentarios, molestias, sonidos, murmullos, entorpeciendo la metodología de la labor de los compañer@s del CECOPIN. No existe una sala de crisis ajena a la sala operativa de llamadas, para que se reúnan los políticos y los Técnicos.

· Porque no se ha realizado una rueda de prensa con los Técnicos que llevaban la coordinación de la extinción, que son los expertos y especialistas en la materia.

· Porque no se tuvo en cuenta tener un catalogo de medios y recursos, porque fallo la Logística e Intendencia, desde la evacuación de los habitantes a zonas de albergues, hasta el avituallamiento del personal de intervención.

· Donde estaba el gabinete de información, que emitieran a los medios de comunicación consejos e información a nuestra sociedad, y las pautas a seguir en caso de......

· Con respeto a la gran felicitación que se realizo días atrás de un ministro a una recién creada unidad de emergencias, donde estaba el resto de los equipos humanos y que en este curso hay muchísimos compañeros que se dejaron la piel en el campo de batalla, creo que el merito fue de todos/as los que allí estuvieron realizando diversas y múltiples laboras, todas necesarias e importantes, desde el punta de lanza, hasta la del café con leche a los damnificados y evacuados.

Todos conocemos que el origen fue una acción humana, que de forma intencionada, prendió fuego a nuestra tierra. Pero estoy cansado de escuchar discusiones políticas, y no escuchar nada constructivo, exceptuando los parches que regularmente surgen inmediatamente después de estas u otras tragedias similares para calmar a nuestra gente, a nuestra sociedad, ya vengan desde un lado u otro del cúpula política.

Y siempre nos planteemos que es lo que de verdad queremos: evitar los incendios, ó lograr una rápida extinción de los mismos en el caso que no se pueda evitar que se produzcan. Hay que remover la conciencias de nuestros políticos que los Planes son una herramienta de trabajo, un recurso que se maneja día a día, pero hay que darle vida, que sea un instrumento activo, y no sean una decoración mas en los despachos de nuestros “mandamases” Y vuelvo a recalcar como en otras ocasiones en esta plataforma del curso, el político es eso; un político, y no debe mezclarse, ocultando la labor de los profesionales y técnicos, no mas figuras de POLITÉCNICOS (Políticos haciendo labores de Técnicos).

Otra tema candente es la cooperación ciudadana, sabemos de sobra que es un problema ubicar a nuestra sociedad en labores de extinción de incendios, y así lo reza el articulo 30.4 de la constitución que podrán imponérseles deberes para hacer frente a los casos de grave riesgo catástrofe o calamidad pública, verdaderos motivos de la Protección Civil. Cooperación, ayuda, de nuestra sociedad, si, porque no, pero siempre preparados, instruidos, formados, coordinados y organizados, pero es un trabajo de prevención que se debe hacer desde las administraciones y en tiempo de otoño, invierno. Y que sea el Director de Extinción quien lo decida, bajo su recto parecer como profesionalidad, y no el político de turno. Hay que intervenir en Invierno, hay que invertir mas en prevención que en intervención y rehabilitación sale mucho más económico. Pero también hay que crear simulacros (como muchos compañeros exigen) y los primeros en meter en el “fregao” es y son a nuestros políticos. Para que no ocurra de nuevo lo que hemos sufrido en estas hermosas islas, y haciendo mención aquella frase de ¡¡¡Nunca Máis!!!, aquí en nuestra tierra con nuestra idiosincrasia, nuestro léxico y nuestra forma de hablar

¡¡¡ MÁS NUNCA!!!

Saludos

Carmelo Álamo