Revista nº 848
ISSN 1885-6039

La Saga de los Corujo XII: el arte de recuperar las raíces musicales.

Martes, 17 de Octubre de 2006
Cirilo Leal Mújica
Publicado en el número 127

El legado de la tradición oral le permitió a Domingo Corujo rescatar canciones de la música canaria de cuerda. Nos cuenta, asimismo, las historias de pescadores lanzaroteños en tierras africanas, con el Enriscao de protagonista.


Cuenta Domingo Corujo que en los pueblos de Lanzarote existían muchos ranchos –comparsas musicales– de Pascua, de Ánimas y que con el paso del tiempo fueron desapareciendo hasta quedar una presencia testimonial en San Bartolomé y en Teguise. Su abuelo Juan Corujo Brito se preocupó en conservar aquella parranda y mantener viva la tradición en trance de desaparecer. Así como el rescate de las danzas que se bailaban al son del pandero. Ese espíritu inquieto e indagador del patriarca lo heredaron Domingo Corujo y sus hermanos. Ese mismo espíritu crítico le permite a Domingo Corujo cuestionar a muchos de los que hoy se dicen valedores del folclore tradicional cuando en realidad son mantenedores de una decadencia disfrazada de modernidad.

Música y danza le han acompañado a lo largo de su trayectoria artística e investigadora. En su libro La Música Canaria de Cuerdas, cuya divulgación en el ámbito escolar hubiera supuesto una importante contribución a la formación de los jóvenes músicos y al enriquecimiento de la pérdida y buscada identidad canaria, Domingo Corujo señala que:
Si consideramos el saber popular como todo aquello que vive en la memoria de un pueblo y rebasa una generación, se podría legitimar en Canarias como parte del folclore hasta los Puntos Cubanos, los Boleros centroamericanos, las Rancheras mejicanas y los Tangos argentinos. Esto está en la memoria colectiva del pueblo canario y aunque ello no lo defina como un hecho diferencial propio o exclusivo, es cierto que en las ciudades más importantes del archipiélago se decía hacia los años treinta que “nadie sabía tocar, si no tocaba la Cumparsita” –tango que hacía furor en aquella época–, del mismo modo que nadie sabía tocar la guitarra clásica, si no tocaba el Capricho Árabe o Recuerdos de la Alhambra. En ese momento, años treinta y cuarenta, había ya una dicotomía entre el músico de las ciudades, cada vez más abierto a la culturación y las influencias foráneas y la gente de los pueblos que trataban en grupos de conservar sus tradiciones como mejor podían. De esta manera, rindo homenaje a la gente mayor que temieron que esto se perdiera y también le dedico este libro a los maestros de las escuelas canarias para que a través de este medio puedan transmitir a los alumnos de hoy y de mañana el conocimiento heredado de los últimos magos”.

Repertorio de música tradicional
El trabajo de recopilación acometido por Domingo Corujo y dedicado a los maestros de música de las escuelas canarias, cuenta con el agradecimiento del autor –el cual acarreó con la costosíma edición, tanto del libro como de los compactos que le acompañan– de sus alumnos de la Escuela de Música, a su hermano Florián Corujo, sobrinos y de su alumna Begoña Luis. En este libro el autor describe los instrumentos tradicionales –guitarra, laúd, bandurria, mandolina y timple–; descripción de toques y tocadores; danzas como el Pasacatre, Siote, Polka, Mazurka de El Hierro, Caringa, Sorondongo de Lanzarote y de Fuerteventura, Berlinas de El Escobonal, El Hierro y La Palma, Aires de Lima, marcha del carnaval; en el capítulo de villancicos destaca La Cunita, Desechas, Pasadoble del cura, Pastores de Belén, Alegría, Lo Divino, Marcha de los pastores, etc.; en los Bailes de Salón aborda la Marzurka, el Pericón y la Marcha árabe. Tampoco falta el folclore marinero, tajaraste, malagueña, folías, seguidillas, arrorró, isas, etc. Un trabajo de recopilación que llevó a Domingo Corujo a sumergirse en el mundo de la oralidad canaria para profundizar en las raíces musicales del pueblo, su procedencia y posibles incidencias y coincidencias en el campo de la música sudamericana. Un trabajo, como hemos señalado, aún pendiente de acceder al mundo escolar, cuyas puertas le siguen cerradas por ignoradas razones para el autor o por conocidos motivos de los propiciadores de su silencio y marginación.

Personajes populares
El caso es que este hombre nace en Papagayo y llevaba por apodo el Erriscado. Cuando lo conocí a mi me daba apuro llamarlo así, pero el caso es que él lo llevaba con orgullo. Por el Risco de Papagayo hay un acantilado y la madre cogiendo lapas estando en estado del chico de siete meses, se derriscó y nació Félix y lo llamaron el Erriscado. A Félix le conocí cuando era un viejo y estaba hospitalizado porque había tenido un accidente en un barco. De la clínica llamaban a mi hermano Antonio que tenía una barbería para afeitar a los enfermos. Yo era un chiquillo, tendría doce años y me mandaron a afeitar a un señor y resulta que era Félix. Su vida era algo extraordinaria. Era un hombre de mucha chispa. Contaba que desde chico, cuando lo llevaron por primera vez a la costa de África, porque en Papagayo no podía ser más que marineros y su padre tenía un barquillo del que vivía la familia y no había tiempo para ir a la escuela. Recordaba que cuando se embarcó se mareó todo y que los viejos le dieron de comer pan con petróleo y botó hasta la hiel y nunca más se mareó. Aquello no era una brutalidad, era una manera terapia contra el mareo. Según parece el petróleo no hace daño. La necesidad era lo que mataba y por encima de todas las cosas, había que ser marinero.

Félix conocía todos los fondos de la costa de África y los nombraba con sus nombres tradicionales. Conocía todos los puntos, el rumbo en que estaban y las brazas de fondo que había para llegar. Esos hombres eran capaces de estar en un velero por las noches, cruzando los mares entre diferentes puntos de África y Canarias y a la hora que fuera, a medianoche, echaban el escandallo –las sondas, las brazas, el peso– para medir a cuanto estaba la profundidad y dado el rumbo que llevaban, ya sabían exactamente por el sitio que iban. De día o de noche. Les daba exactamente igual. Y eran analfabetos e incluso los patrones. Sin saber leer sabían el nombre que estaba en las cartas marinas. Me decía que por esa zona había que hacer una desviación para no chocar con Roque Cabrón. Yo no sabía de que me estaba hablando y al preguntarle se extrañó. Entre marineros esas son cosas muy conocidas, pero entre la gente de tierra se ignoraba completamente, aunque en esa zona se había perdido una cantidad impresionante de barcos.
––Si es de día, hay gaviotas por encima, porque Roque Cabrón es una baja que a marea llena no se ve, pero si vacía la marea se ve. De noche tropiezas con ella de repente.

No sé exactamente cual es su ubicación, pero parece que está más cerca de África que de Lanzarote
.”
Comentarios
Lunes, 11 de Junio de 2007 a las 00:05 am - ALFREDO GAUNA

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