Revista nº 801
ISSN 1885-6039

El vino en las coplas populares.

Miércoles, 29 de Noviembre de 2006
Elfidio Alonso
Publicado en el número 133

La tradición establece que la apertura de las Bodegas de vino se produce en Tenerife la víspera de San Andrés. Coincidiendo con esta efeméride, les acercamos un documento en el que se recojen coplas de nuestro folclore en las que se mencionan alguno de los elementos del mundo vitivinícola.



Los vinos canarios han sido retratados en las coplas populares de muy diversas maneras, aunque se canten numerosas cuartetas procedentes de tierras peninsulares (España y Portugal) y de países americanos, que hemos hecho nuestras y que cantamos en fiestas y parrandas como si se tratasen de coplas nacidas por estos lares. Así ocurre con la conocida cuarteta atribuida a Víctor Doreste (Ven acá, vino tintillo,/ hijo de la parra tuerta), cuando es fácil encontrarla en repertorios segovianos y de otras regiones. Veamos cómo figura en el disco que el Nuevo Mester de Juglaría dedicó al vino: Ven aquí, vino vinito,/ hijo de la cepa tuerta:/ tú que te quieres meter,/ y yo que te abro la puerta.





 

Lo mismo sucede con otras coplas que se siguen cantando en parrandas canarias, como nos dice Luis Ortega en una de sus novelas. Esta cuarteta, que trata de plantear un tema relacionado con las diferencias sociales, se canta tanto en La Palma como en Castilla, con versos que parecen calcados: Cuando un pobre empina el codo/ lo llaman el borrachón;/ cuando un rico se emborracha/ ¡qué gracioso está el señor!. (Callejeando, Ronda Segoviana, Jota de los títeres).

 

(…) Sin embargo tenemos en Canarias un buen puñado de coplas y letrillas que aluden a nuestros vinos de forma inequívoca, como sucede con estas cuartetas de Diego Crosa Crosita y de Manuel Verdugo, respectivamente. La primera dice: Una casita en el monte,/ una mujer que me quiera,/ un barril de vino tinto.../ ¡y luego que vengan penas!”. Y la segunda incide en el viejo tema de que ningún camello se ve su corcova: No critiques, no censures,/ que si empiezas a beber,/ de tanto beber te mueres/ y muerto bebes también (…).

 

En la Isa del vino, de Los Sabandeños, hay una copla que se refiere al malvasía, localizado esta vez en el barrio lagunero de Los Baldíos, donde tuvo su maravillosa finca don Víctor Núñez Fuentes, afamado vinicultor. Dice así: Vino blanco, vino tinto,/ malvasía del Baldío,/ los mostos de Taganana/ quitan magua, quitan frío.



Lagar tradicional de la isla de La Palma.
 


Lo mismo ocurre con estribillos tan expresivos como el que sigue, transmitido por el inolvidable Agustín Oliva, gran parrandero tinerfeño: Un lebrillo 'e gofio me comí,/ fue tanta la sede que me dio,/ que una pipa de agua me bebí/ y de vino tinto un garrafón. Observemos que se trata de uno de los rarísimos estribillos de arte mayor que existen en el repertorio folclórico canario. También lo entonaron Los Sabandeños en su Isa de la manta.

 

Basten estas pocas coplas para hacernos una idea de las posibilidades de realizar un ensayo más completo y ambicioso sobre un tema que, de momento, aún está por desarrollar en sus aspectos folclórico y etnográfico. Porque también en la literatura popular, como espejo fidedigno, aún es posible mirar los muchos reflejos que nos ha ido dejando el vino santificante de nuestra tierra, a lo largo de sucesivas etapas históricas en las que, entre auge y declive, se han ido forjando nuestra condición, carácter y señas de identidad de un pueblo que ha amado la cultura del vino, tan vieja como el mundo.

 



Elfidio Alonso es Director de Los Sabandeños. Avance de un artículo suyo incluido en el libro de próxima aparición Tertulia, arte y salud con vinos canarios, publicado en el último número de Ruta Archipiélago.

 

 

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