Revista nº 838
ISSN 1885-6039

Cultura de tradicion oral y folclore III.

Lunes, 29 de Mayo de 2006
Isabel Aretz-Thiele
Publicado en el número 107

La tercera entrega de esta amena reflexión nos lleva a establecer relaciones entre el folclore y la antropología, así como con la sociología, dando un paso más en la definición contextual del folclore.



Folklore y Antropología.


Desde que se deja de estudiar el folklore por temas aislados (música, danza, instrumentos, artesanías, poesía, mitos, cuentos y leyendas), comienza a requerirse el folklorólogo con una formación integral y con nuevos métodos. La antropología cultural brinda una buena base al estudioso, que luego tendrá que aprender los instrumentos metodológicos propios del folklore. Y esto no impedirá, desde luego, que se especialice en una rama de la ciencia (literatura, etnohistoria, etnomúsica, coreología, artesaníá o folklore material en general, folklore social, "religión folk", etc.), ya que el ideal lo constituye el trabajo interdisciplinario.

Pero en todo caso, las diferentes corrientes antropológicas, han influido durante el correr del siglo, inclusive a los investigadores "cosalistas", y así encontramos los evolucionistas taylorianos que llegan a interpretar las diferentes escalas musicales por adición de notas (tritonía, tetratonía, pentatonía, hexatonía, etc.). Las escuelas subsiguientes suelen formar, en cambio, buenos teóricos, a partir de los métodos de Graebner, poniendo énfasis en la difusión histórico-cultural, y luego en la aplicación del funcionalismo que hoy sólo son vistos, desde luego, como corrientes conceptuales, ya que han surgido nuevos enfoques teóricos. Así, Augusto Raúl Cortazar, después de traducir la obra de Bronislav Malinovsky, Una teoría científica de la cultura (1948). Cortazar, lo mismo que hicimos otros investigadores en esa época, considera que la investigación debe hacerse en forma integral y que el investigador debe de convivir los hechos, y que no puede trabajar solamente con materiales folklóricos y con cuestionarios, por bien concebidos y llenados que estén. Ni trabajar con bibliografía exclusivamente, digo yo, porque el material objeto de nuestros estudios está sobre todo en el campo: en la mente, y en el quehacer de las gentes, en su vida social y en sus manifestaciones espirituales.

Los métodos puestos en práctica por Cortazar, se ajustan perfectamente a la disciplina del folklore, como lo demuestra en su bello libro Folklore Calchaquí (1949).

Como crítica a la escuela funcionalista, podemos mencionar su antihistoricismo, por cuanto no se preocupa por el factor tiempo, lo cual está totalmente reñido con la ciencia del folklore, que trabaja justamente con la cadena del tiempo, y que considera que el presente mañana será historia, aunque con variados elementos que confluirán en su dinámica propia.

En la actualidad, los antropólogos se ocupan principalmente de los trabajos arqueológicos y del estudio de la prehistoria, por una parte, y de la investigación de las culturas aborígenes in situ, por otra, sin descuidar las ciencias auxiliares de su disciplina.


Folklore y Sociología.

Hemos visto hasta aquí, cómo el folklorólogo trabaja con productos humanos, razón por la cual no puede aislar el producto del hombre que lo produce. Es por ello que requiere el auxilio del sociólogo y de su ciencia, con el objeto de conceptualizar a los portadores del lore. Pero en la actualidad, los sociólogos incursionan cada vez más en el campo del folklore, y amenazan con desplazar a los folklorólogos y a los etnomusicólogos, en tanto ellos no toman en consideración los materiales folklóricos que constituyen la materia prima de nuestros estudios, y sólo se interesan por los grandes procesos sociales. Pienso que esto se debe a su formación, que no incluye el dominio de nuestra especialidad. Por otra parte, también hay folklorólogos y etnomusicólogos que incursionan en al sociología, con menor o mayor éxito.

Manuel Dannemann, en Chile, da un enfoque sociológico a sus estudios del folklore, y ejemplifica con un esquema su concepto del fenómeno folklórico, el cual es considerado a través del comportamiento del elemento humano que lo practica, "constituido en comunidad folklórica", así como por la cosa o hecho en sí, por la ocasionalidad y por el elemento humano participante. (Por nuestra parte consideramos que el estudio del comportamiento requiere el auxilio del psicólogo).

Dannemann piensa que el folklore cohesiona en un momento dado a una serie de personas de la más diversa procedencia y cultura, alrededor de un hecho, que puede ser una payada o una fiesta, y que una vez que ésta finaliza, se dispersan, y cada uno vuelve a su propio sistema de vida. Esto es exacto, pero no se puede aplicar a todos los aspectos del folklore. Por mi parte creo que hay un folklore que se produce para su gente, como hecho social, como es el caso del relato de un cuento, y hay un folklore de la gente, que puede pertenecer a un individuo solo, como son ciertos conocimientos empíricos tradicionales, o el folklore de una persona para otra, como son los productos artesanales y de arte folk. Los hechos- esencialmente sociales, se corresponden mejor con el antiguo concepto restringido del folklore literario. musical, danzario y poco más. Pero es difícil pensar en la socialización de un tinte para un poncho, aunque luego el poncho sirva a todos para arroparse. La receta del tinte puede ser folklórica. Y al mismo tiempo un secreto de familia, no del dominio de la colectividad, aunque el poncho lo usen todo. ¿Es que el tinte preparado en la casa, con raíces y un proceso especial, en el que pueden incluirse bata ores para fijar el color, no debe considerarse tan folklórico como el tejido que practican diferentes tejedores de la misma colectividad? Creo que los estudiosos debemos revisar el rasgo de socializado o ce colectivo, frente a hechos aislados como el de nuestro ejemplo. Salvo que nos conformemos con que la colectividad tenga noticia de que una familia tiene un tinte particular, para considerar colectivo al tinte.

Cada vez que tropiezo con ejemplos como éste. estoy convencida de que la cultura folklórica se distingue porque nos llega por tradición oral, en tanto el mismo pueblo posee un bagaje cultural que no es tradicional ni se trasmite oralmente, sino a través de la escuela o de los medios masivos de comunicación.

La penetración del pensamiento sociológico en el folklore es tan evidente, que hasta nuestra joven discípula e investigadora del INIDEF, Rita Segato, que está haciendo un doctorado en la Queen's University en Belfast, escribe que es "acertado y fructífero entender folklore como un tipo de funciones sociales más que como un conjunto determinado de formas o productos culturales (. . .), no porque estas formas no existan, sino porque van a varias inmediatamente en dependencia de la variación de las funciones sociales a las cuales obedecen. . . " (p. 74). Para mí es evidente que sin el estudio de los materiales, no hay funciones que estudiar, y que hay materiales culturales que persisten a pesar de los siglos, inclusive sin cambio de función, como son los arrullos que las madres cantan a sus niños.

En todo caso, es evidente que en nuestros días se está poniendo mayor énfasis en el estudio del folklore como hecho social, que en el hecho folklórico en sí, a la cosa, como dice algún autor despectivamente, sin la cual, sin embargo, no habría nada que estudiar. Por mi parte, entiendo que si me he de referir a la literatura o a la música folklórica, tendrá que dividir los estudios en dos partes igualmente importantes: 1) Estudiar sus caracteres intrínsecos; 2) Estudiar el contorno y proceso social; pero es evidente que sin la existencia de una literatura o de una música folklórica en sí, lo segundo no tendría razón de ser. En cambio, una colección literaria o musical, cobra cada vez más valor, a medida que transcurre el tiempo, y puede ser analizada exclusivamente por sus valores intrínsecos, por su contenido estético.

Aquí cabe agregar que, como es lógico, el literato o el músico optan por hacer un tipo de estudio acorde con su especialidad, y el sociólogo se interesa por lo suyo propio: El estudio completo, sólo es posible cuando el especialista en letras o el etnomusicólogo son al mismo tiempo sociólogos; en cambio, el sociólogo no especializado en letras o en etnomusicología, nunca está en condiciones de estudiar aquellos aspectos. En cambio, pienso que sería muy normal que el sociólogo desarrollara una sociología del folklore como lo hicieran Alfredo Poviña o Lucio Mendieta y Núñez, a su hora, pero sin pretender cambiar el enfoque de la disciplina del folklore; de la misma manera como los folklorólogos no pretendemos cambiar el rumbo de la Sociología.

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Puede leer la primera y segunda parte de este artículo y aquí su continuación.

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Comentarios
Miércoles, 26 de Mayo de 2010 a las 00:31 am - medaly

#03 bueno estae comentario esta buenazo

Sábado, 25 de Julio de 2009 a las 19:03 pm - Dalia Reyes

#02 Deberian de explicar mejor y poner cosas importantes que tenemos que saber, no cosas que ya sabemos.

También deberían de poner más fotografís antiguas y recientes

Tomar en cuenta este comentario espero ver resultados pronto. Adios Adiosito bye....

Miércoles, 20 de Febrero de 2008 a las 22:24 pm - azulita.com

#01 deberian ser mas especificos en cuanto estos temas