Revista nº 855
ISSN 1885-6039

Textos inéditos de Tomás Morales.

Martes, 28 de Marzo de 2006
Bruno Pérez
Publicado en el número 98

Se presentó Prosas. Tomás Morales, un libro con introducción, compilación y notas de Antonio Henríquez Jiménez. Lo ha editado Anroart Ediciones.



El investigador Antonio Henríquez presentó el pasado viernes 24 de marzo su libro Prosas. Tomás Morales, editado por Anroart Ediciones, y con una ilustración de cubierta del artista Sergio Gil Socorro, en El Museo Canario. La novedad de esta publicación reside en que, por vez primera, se recoge toda la produción periódica de Tomás Morales, y se suman treinta y cinco prosas más a las nueve que ya conocíamos por los trabajos de Sebastián de la Nuez y Jenaro Artiles.

En el acto, como reconocidos poetas e investigadores de la tradición literaria canaria, intervinieron Eugenio Padorno y Oswaldo Guerra Sánchez, que también han abordado críticamente –y de una forma novedosa– la obra de Tomás Morales. Desde el punto de vista crítico, a Eugenio Padorno se le debe la relectura hermenéutica de la obra moralesiana a la luz de la obra virgiliana, por la que Morales, más que atenerse a la idea moderna de la obra unitaria como analogía del mundo, tendría como referente escritural el poema épico de la Eneida, algo que, obviamente, tendría otras implicaciones culturales para la obra del autor y para la tradición literaria insular. Desde el mismo punto de vista, Oswaldo Guerra nos ha desvelado un Morales distinto, alejado de los lugares comunes de la crítica (poeta del mar y retórico modernista), un Morales inserto en la tradición literaria canaria que adquiere unas significaciones más definidas. Actualmente, fuera de aquí, salvo algún asedio hermenéutico de Belén González, que también se dedica al estudio del autor, nada nuevo se ha dicho que sea verdaderamente clarificador sobre la obra del poeta.

Nada nuevo hasta el día de hoy, en el que Antonio Henríquez, investigador de referencia obligada para los estudiosos de la literatura canaria perteneciente a las tres primeras décadas del siglo XX, como remarcó Eugenio Padorno, exhuma de las fuentes periódicas de la época los textos en prosa de Tomás Morales, referidos, casi en su totalidad, a la reseña literaria y la crítica dramática en su naturaleza representacional.

Según los presentadores del libro, aunque sea de una manera circunstancial, los textos contienen aspectos del pensamiento estético y cultural del autor que, de no haber sido por la investigación llevada a cabo por Henríquez, no hubiéramos tenido. También indicaron cómo algunas de las cuestiones tratadas por Morales siguen –casi un siglo después– de rabiosa actualidad. Así leemos afirmaciones como ésta sobre los hermanos Millares, de los que dice: “Españoles hay que considerarlos sólo porque escriben, y escriben hermosamente, en castellano; pero su literatura es exótica, y así tenía que ser...”(p. 124). En otro texto, “La vida literaria en provincias. Francisco González Díaz”, Morales escribe lo siguiente: “La descentralización de la que tanto se habla en política estaría acaso más en razón si se tratara de aplicarla a las cuestiones artísticas. En ninguna parte como en España se le presta tan poca atención a las manifestaciones intelectuales que fuera de Madrid se realizan” (pp. 145-146).

En su intervención, Antonio Henríquez nos reveló diversos aspectos de su investigación y nos hizo la confidencia de que su trabajo y su publicación no habían estado amparados por ninguna institución pública. Si Domingo Rivero, refiriéndose a la pasión crística, en su conocido soneto “Yo, a mi cuerpo”, hizo suyo el dolor de los hombres y lo soportó sobre sus hombros, las palabras de Henríquez se hicieron eco del dolor de otros tantos investigadores de las Islas, que trabajan en la soledad y en la indigencia. Sin duda, Antonio Henríquez se refería a la necesidad de ofrecer a estos investigadores los medios necesarios para el desarrollo de sus trabajos, sobre todo cuando toda manifestación cultural e intelectual tiene una repercusión progresiva en la sociedad en que se produce. De ahí que destacara, precisamente, la labor difusora de la cultura de Anroart Ediciones, entidad que poco a poco se ha transformado en un hilo conductor entre esas manifestaciones y el público que las reclama.

Del trabajo de Antonio Henríquez mucho habría que decir. Es una muestra más de que sin filología, como ha dicho alguien, no puede haber crítica, y que la obra de Tomás Morales, lejos de hallarse en su agotamiento interpretativo y textual, todavía guarda insospechadas posibilidades de lectura. En su proceso, Henríquez fue consciente de que Morales no escribió el libro resultante de su investigación, por lo que, siempre fiel a la palabra de un creador, decidió darle un esquema organizador basado en el género prosístico. De esta manera, el poeta, a través del investigador, pudo reescribir los fragmentos publicados en el pasado, y que aguardaban, pacientemente, a la transformación física del libro a la que aspira toda obra literaria.

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