Revista nº 847
ISSN 1885-6039

Moralia 2005. Revista de estudios modernistas. Luces y sombras. (I)

Domingo, 11 de Junio de 2006
Delia A
Publicado en el número 108

Los lectores habrán podido ver en la prensa las referencias de sociedad de la presentación de esta revista cara, confeccionada lujosamente, en papel couché y con abundantísimas ilustraciones a todo color, publicada por la Casa-Museo Tomás Morales, de Moya, dependiente del Cabildo Insular de Gran Canaria. La impresión que daban los comentaristas era todo burbuja, brillantez, un logro difícil de alcanzar, una proeza eso de llegar incólume y tan reluciente al número 5, etc., etc.



Acabo de leer en BienMeSabe.org el artículo de A. Henríquez sobre el soneto publicado en la revista Moralia, de Moya. Envío, tal como las tengo, las notas que tenía escritas sobre la lectura de esa revista, invitando a los lectores que lean el artículo citado (pinche aquí).

En primer lugar, los lectores habrán podido ver en la prensa las referencias de sociedad de la presentación de esta revista cara, confeccionada lujosamente, en papel couché y con abundantísimas ilustraciones a todo color, publicada por la Casa-Museo Tomás Morales, de Moya, dependiente del Cabildo Insular de Gran Canaria. La impresión que daban los comentaristas era todo burbuja, brillantez, un logro difícil de alcanzar, una proeza eso de llegar incólume y tan reluciente al número 5, etc., etc.

Por cierto, en algún apartado se debería indicar el coste de la confección de toda la revista; y más, cuando otras Casas del Cabildo no pueden apenas hacer sus usuales actividades, pues se les resta al presupuesto los costes de la reedición de dos libros de Francisco González Díaz, que no son preparados por personal de dicha Casa, ni entraban en su presupuesto, sino que han sido impuestos desde las altas esferas, porque hay que promocionar a algún amigo.

La revista brillante y luciente parece hecha para que se abra una sola vez y se vean “las estampas”. A la segunda apertura, ya comienzan a desbaratarse los cuadernos. Y no les digo a la tercera, y a la cuarta. Burbuja de un minuto. Flor de un día.

Una parte de la revista intenta justificar las diversas actividades de la Casa-Museo de Tomás Morales de Moya; entre ellas, el apartado de compras es bastante amplio. En momentos se convierte en un catálogo de adquisiciones. Y no está mal. También se debería poner, como un dato más, y valiosísimo, el precio que se ha pagado por cada elemento. ¿O parece cosa fea? Y quiénes han sido los intermediarios y sus honorarios, si los ha habido. Chapeau por el rescate de bibliotecas de personalidades canarias del entorno de Tomás Morales, como es el caso de la del pintor Tomás Gómez Bosch. La pena es la dificultad de acceso a esa biblioteca, tan lejos de todas partes, y de tan difícil acceso para quien no tenga coche.

Sería interesante, también, conocer al comité asesor de las adquisiciones. Recuerdo en las revistas anteriores el bombo con que se presentaba la compra de revistas como La Esfera, cuando ésta se encuentra en otras bibliotecas de la Isla. ¿Por qué no se compran, aunque sea en facsímiles, revistas de la primera época de Tomás Morales, o los libros que posiblemente leyera el poeta y sus compañeros escritores? Algo de eso se hace, ¿pero a qué viene ese interés sumo con la obra, por ejemplo, de Vargas Vila, escritor denostado por los escritores cercanos a Tomás Morales, y se supone que por él mismo?

La revista comienza con una "Presentación", donde se ponen de relieve las excelencias de las adquisiciones y donaciones hechas por y a la Casa-Museo, y el “valor” de los “Estudios Modernistas” de la revista.

En el apartado “Adquisiciones”, aparece el primer artículo sensato –a mi juicio– de la revista: “Eduardo Gregorio: Retrato de Alonso Quesada”, firmado por el crítico de arte y poeta Lázaro Santana. Se continúa reseñando la adquisición de “Carpeta de Safo”, “Carpeta Campos de Soria” y “Carpeta Walt Whitman”. Se pasa luego a “Ediciones especializadas y bibliografía sobre Tomás Morales”. Este apartado es digno de alabar y, a mi entender, debería ser más amplio. Sólo algunas pequeñas observaciones. En la entrada Aderaldo Castello, se lee “Sau Paulo”; ¿no será São Paulo? En la página 23, se reseña un artículo de Antonio Henríquez, aparecido en el Boletín de Noticias de El Museo Canario, nº 15, donde se exhumaba un soneto de Tomás Morales del que parece nadie ha dado noticia hasta ahora. ¿Pero por qué no se reseña también la novedosa obra que ha publicado el mismo autor, titulada Tomás Morales. Prosas, aparecida unas semanas antes de que saliera al público el mencionado Boletín de El Museo Canario? Ese sí que debería ser un notición para los amantes de Tomás Morales: el hecho de que se puedan leer en conjunto las prosas que se han podido allegar en una trabajosa búsqueda por revistas y periódicos de muchos sitios. Las prosas publicadas antes por otros investigadores aparecen aquí limpias de malas lecturas; pero además aparecen otras de las que nadie ha hablado, circunstancia que amplía el conocimiento que teníamos del gran escritor canario, que aparece con una faceta que enriquece su personalidad.

Sigue el apartado con “La biblioteca de Tomás Gómez Bosch (1883-1980)”. Una pregunta: ¿El pescador: (cuento) (p. 31) no es obra de Pedro Lezcano, en lugar de Francisco Lezcano?

En el apartado “Donaciones”, se habla primero de “Una colección de novelas cortas de José María Vargas Vila”, de “La Novela Corta”. Un total de diez novelas, donadas por Eduardo Borrás y Jonathan Allen. En el elenco que se hace de los colaboradores de “La Novela Corta”, se podría haber puesto, por ejemplo, el apellido de “Pompeyo”, que es “Gener”; “Pérez Ayala”, suele presentarse como “Pérez de Ayala”.

La segunda donación es la obra de John Ruskin “Sésame and Lilies (Donación de Alejandro Reino)”; la tercera: “Fondo Miguel Santiago Rodríguez (Donación de Elena Santiago Páez)”, con obras presentadas por los poetas al Premio de Poesía Tomás Morales en 1955; la cuarta donación: “Revista radiofónica La Cometa (Donación de D. Manuel González Sosa)”, una de las personas que debería, por derecho propio, aparecer como asesor de la revista, con el fin de imponer algo de sensatez.

Pasamos a otro apartado, el de las “Restauraciones”, de las que se presentan dos: “Placa del pedestal del busto al poeta Tomás Morales”, de Luis Arencibia, colocado a la entrada de la Casa-Museo de Moya; y “Abanico pintado a mano con soneto autógrafo de Alonso Quesada”, con fotografía de ambos lados del abanico. La parte donde aparece el soneto manuscrito por Alonso Quesada apenas se puede leer con mucho esfuerzo con una gran lupa. La fotografía podría haberse ampliado más para que se pudiera leer con cierta comodidad el soneto. Posiblemente no se ha hecho para que no se vean las faltas de transcripción que se cometen, pues no se respeta todo lo que el poeta escribió. (Como decía al principio, reenvío a los lectores a las observaciones hechas por Antonio Henríquez en esta misma revista, BienMeSabe.org, en su texto "Sobre un soneto de Alonso Quesada", 25-05-2006, Rev. Nº 106). No me resisto a transcribir el soneto:


(Soneto para pedir el desencanto)

Por ver ojos azules, dueña mía,
dictó mi encanto la Divina Hada:
la seca humanidad que yo lucía
en manso corderillo fue tornada...
Así la pena fue, y en el lejano
jardín de los Ensueños heme ahora
sintiendo en mi vellón pasar la mano
de la princesa azul, que es mi Señora...
¡Oh, encanto de dolor suave y divino
como lo triste que del alma vino
para volar al alma del amada!
¡Y sé que acabará el hechizo mío,
de aquel manso mirar, si todo el brío
de tus ojos me das, en tu mirada!

Alonso Quesada
Junio 1911




¿Qué les parece? Muy Alonso Quesada, irónico, incluso algo verdillo. De acuerdo con Henríquez en que la interpretación que se le da en la revista es inadecuada, muy acorde con la sección de “Ecos de Sociedad” de cualquier revista de modas.

El siguiente apartado se titula “Estudios modernistas”. Comienza con “Rubén Darío: peregrino de vanguardia. Modernidad y multiculturalismo en Peregrinaciones”, firmado por el director de la revista, Jonathan Allen. El artículo tiene el mérito de llamar la atención de las crónicas europeas de Darío, que siguen siendo una terra incognita en el mundo de su obra*.

¿Qué objeciones le pongo a este artículo oportuno? El autor debió orientar al lector, indicando el año en que se publicó el libro de Darío (1901), y para qué lectores fueron escritos sus textos. Al colocar en el margen derecho (p. 49) el “Retrato de Rubén Darío”, ilustración de Ochoa, del tomo XII de las Obras Completas (Madrid, Editorial Mundo Latino, 1919 [En la revista se pone “1918”]), se desconcierta al lector.

Manifiesta éste no conocer al casi inabarcable Darío, al extrañarse de que ideas que aparecen en este libro no se muestren “en su escritura poética”. Creo que está fuera de contexto el emplear el sintagma “prejuicios derechosos” (p. 54), al hablar de finales del siglo XIX, cuando fueron escritas estas crónicas. Algunos despistes hay en la transcripción de nombres propios. El nombre del “reputado y prolífico crítico de arte, cronista y escritor menor”, Mauclair, es “Camille” y no “Émile”, como aparece en la nota 3 (p. 50). Este autor fue leído por Tomás Morales, y también fue amigo de algún otro escritor canario de la época. Es usual ver el nombre del personaje de Huysmans transcrito como “Des Esseintes”, con mayúscula en “Des” (p. 51), como lo pone Darío en el libro que se comenta. El nombre del pintor “Carolus-Duran” (p. 52) se transcribe de esta manera, y no “Carolas-Duran” (Darío lo españoliza y le pone tilde: Carolus-Durán). Creo que la expresión “en el sentido que todo viaje es...” (p. 50) debe escribirse: “en el sentido de que todo viaje es...” El empleo de ciertas comas hace oscura la comprensión de la frase. No se suele emplear la expresión: “Darío reacciona ante y exalta la belleza floral de esta exposición” (p. 51). Mejor hubiera sido: “Darío reacciona ante la belleza floral de esta exposición y la exalta”. Al no encontrarse la palabra “amateur” (p. 52) en el diccionario académico, se debería escribir en cursiva. La palabra "Montmartre” no suele aparecer como “MontMartre” (p. 54).

Hay otras apreciaciones del crítico que pueden rayar en lo grave. Error material es considerar al “vieux Paris” (p. 49) como “el reverso oscuro y perdido de la ciudad que no tiene cabida teórica en el urbanismo futurista de la Exposición Universal”. Este “vieux Paris” era, en realidad, una sección de la misma Exposición Universal, en la cual se había reconstruido el viejo París, del mismo modo como en otras secciones se reconstruyeron ciudades japonesas o marroquíes. Lo dice el mismo Darío en su crónica: “la curiosa reconstrucción de Robida”.

Afirmación problemática es la de la “predeterminación estética de la experiencia, como el conocimiento literario atesorado y aquilatado, o sea, la conciencia literaria, envuelve lo real en subyacentes redes de significado”. Allen interpreta una crónica sobre una exposición de flores para demostrar que “esto sucede sin que la realidad representada sufra el menor daño en su representación, sin que la esencia de lo conocido se distorsione o se estropee. El narrador forja un equilibrio entre reporterismo y arte”. Se ha demostrado que, con los años, este equilibrio se le hace cada vez más difícil a Darío, y que él mismo se daba cuenta de que sus procedimientos de crítica basada en lecturas literarias eran cada vez menos capaces de captar la “esencia” de la realidad. Además, la mayor parte de los críticos literarios se ha dado cuenta de que la tal “esencia” de la realidad no existe; que sólo existen diferentes maneras de percepción de la misma.

De igual modo se podrían cuestionar las partes del artículo que tratan de la crítica de arte de Darío. Es cómico ver a un crítico que cree en la “esencia” de la realidad, alabar a Darío por su supuesto “continuo posicionamiento provanguardista”. También desconcierta al lector el empleo del adjetivo “vanguardista” aplicado a libro de Darío. Se nota que el señor Allen es un hábil hablador que muchas veces da la sensación de no saber de qué está hablando.



* Recientemente se ha hecho una edición crítica de La caravana pasa, y acaba de aparecer un tomo de la edición crítica de Crónicas desconocidas de Darío, sacadas de La Nación de Buenos Aires, y no aparecidas en libro hasta ahora. Estos trabajos están firmados por el hispanista alemán Günther Schmigalle, y se publican en Berlín (Edición tranvía. Verlag Walter Frey). Uno de los colaboradores de estas ediciones es de Las Palmas de Gran Canaria.

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