Revista nº 877
ISSN 1885-6039

Leyendo por ahí. Vae homini unius libri!

Sábado, 25 de Febrero de 2006
Romero
Publicado en el número 93

La curiosidad me ha llevado a hojear y a ojear la tan anunciada La Enciclopedia de canarios ilustres, publicada por el Centro de la Cultura Popular Canaria. Señores, nos están tomando el pelo. Todo el mundo tiene que comprar por Navidades el libro caro, sobre nuesta tierra, hecho, al parecer, a la carrera, y con poco rigor, o para salir del paso (al menos esa es la sensación que saco de los dos ejemplos que he tomado).



La curiosidad me ha llevado a hojear y a ojear el tan anunciado libro La Enciclopedia de canarios ilustres, publicado por el Centro de la Cultura Popular Canaria. ¿Qué dirá, por ejemplo, de Tomás Morales y de otros escritores nuestros?

De entrada, me chocó encontrarme con los tópicos de siempre sobre Tomás Morales: “alcanzó la visión y la expresión poética del mar y de los elementos relacionados con él”. Esta afirmación abre y cierra el artículo que comento. Tomás Morales, “momento cumbre”, porque “supo elevar a tan insigne altura el mar”. Cuando a un escritor le ponen un sambenito, ¿quién se lo quita? Yo me pregunto por qué no se intenta leer a Tomás Morales, o a cualquier otro escritor, sin prejuicios y sin estereotipos.

¡Ay del hombre de un solo libro! Pues sí, señor; eso es lo que fui descubriendo a medida que leía el artículo sobre Tomás Morales. El crítico que lo elaboró solamente cita a una autoridad. ¿Qué autoridad? Pues el crítico que peor ha considerado a Tomás Morales, negándole el pan y la sal, incluso su presencia en el lugar que otros escritores le habían concedido, por ejemplo en la entrada de un libro de poemas. ¿Es que no existen los trabajos de Sebastián de la Nuez, Andrés Sánchez Robayna, Manuel González Sosa, Oswaldo Guerra, Jorge Rodríguez Padrón, etc.? Si no está de acuerdo con ellos, diga el crítico por lo menos lo que han hecho para darnos a conocer a Tomás Morales, ellos y otros. Y no esa visión simplista y de primero de ESO que nos presenta. O ¿por qué no se olvidó de todos y nos dijo lo que le sugería la lectura de la obra del poeta?

Otra muestra de que el crítico no se esforzó mucho en buscar y en contrastar opiniones, la tenemos en el poco respeto que manifiesta transcribiendo incorrectamente los nombres de Carmen de Burgos (no Carmen Burgos), o de Enrique Díez-Canedo (no Díaz Canedo; menos mal que se enmienda un poco al citarlo en el penúltimo apartado). Por cierto, ¿a cuál de los tres hermanos González-Blanco se refiere?

¿Por qué, habiendo transcrito bien en la introducción el título del primer libro de Tomás Morales, en el enunciado del segundo apartado aparece de otra manera (Poemas de la Gloria del Amor y del Mar)?

¿Dónde y cuándo ofreció recitales Tomás Morales? ¿Se referirá a las participaciones en eventos conmemorativos o convivenciales recitando algún poema? ¿Francisco Villaespesa, representante del modernismo epigonal español? ¿Qué significa epigonal? ¿De quién sigue los pasos Villaespesa?

¿Quién es Guillermo de la Torre? ¿No será Guillermo de Torre? El texto parece a veces una crónica de sociedad de cualquier periódico. Si no, ¿a qué adjetivar de “estelar” la presencia de Unamuno en los Juegos Florales de 1910?

¿Tomás Morales viajó a Madrid en 1921 “para acelerar las gestiones de su segunda publicación Las Rosas de Hércules”? El viaje fue entre principios de noviembre de 1919 y mediados de febrero de 1920.

El apartado de Las Rosas de Hércules donde se encuentra la “Oda al Atlántico” lleva por título “Los himnos fervorosos”, y no “Himnos fervorosos”.

La lectura del penúltimo verso del poema XXIV de “Oda al Atlántico” es: “un luchador grita ¡padre! desde una roca” (no “Desde”).

¿Las Rosas de Hércules “proporciona valiosos elementos de información histórica con los que reconstruir las formas de vida de Gran Canaria a principios del siglo XIX”? Pues, verdaderamente, no me había enterado de esa labor arqueológica. ¿Qué edición de la obra de Morales maneja el autor del artículo?

¿La primera manera de hacer poesía de Tomás Morales, antes de 1908, “se caracteriza por el simbolismo, consistente en diversas evocaciones al pasado medieval y en el sentimentalismo literario”? ¿Qué es entonces la poesía, la literatura simbolista? ¿Dónde queda, entonces, parte de la literatura de Remy de Gourmont, o de Baudelaire, o de Moréas o de Verlaine, o de Mallarmé, etc.? Si el autor del artículo comenta esa afirmación, y la lleva hasta hablar de los elementos que el poeta toma “de su infancia”, “recuerdos de su pueblo natal, de la escuela”, y el canto del mar, “el marino, el puerto, los barcos”, ¿por qué no sigue comentando la segunda época de Morales, a partir de 1909, con elementos de contenido, contrastando con lo dicho anteriormente, en vez de centrarse en el “ritmo más amplio en métrica y se surten de las formas clásicas latinas y de su mitología”, y citar solamente que “incluye elementos culturales de los tiempos modernos”, junto a los del mundo clásico?

Podría haberse informado mejor el crítico echándole un vistazo al libro recopilado por Manuel González Sosa, titulado Tomás Morales. Suma crítica. De camino, podría también haberse enterado de si en esa utilísima Suma hay algún trabajo del autor que presenta como su única lectura, al parecer, de Tomás Morales.

Al terminar con Tomás Morales, me pasé a la entrada de Alonso Quesada. Y ¿qué se dice de Alonso Quesada? Pues lo mismo que su autor viene publicando desde 1975, el refrito de un “Informe”.

Si de los dos botones de muestra elegidos, la conclusión es tan desilusionante, espero que el tratamiento de los demás “canarios ilustres” haya tenido más suerte. De hecho me prevengo a su lectura, por temor a encontrar lo que no fui a buscar en los artículos sobre Tomás Morales (poca seriedad, poco respeto con los datos, con la forma de presentarlos y con los investigadores que lo han estudiado) y sobre Alonso Quesada (lo mismo de lo mismo: un texto que se lleva repitiendo desde la fecha indicada, sin revisión alguna).

Me atrevería a preguntarles a los responsables de la mentada Enciclopedia qué entienden por cultura, por rigor mínimo, por transmitir conocimientos, por educación popular... ¿O se trata solamente de ganar dinero vendiendo libros caros, aprovechando el regalo de Reyes? ¡Si Diderot y D’Alambert levantaran sus cabezas...! ¿Qué cuesta mostrar un poquito de rigor en lo que se nos presenta? ¿Cómo voy a recomendar a los amigos que lean la Enciclopedia? ¿Por qué tratamos las cosas que nos conciernen con tanta ligereza?

Quisiera conocer la opinión de algún lector de otras entradas del libro que comento, para ver si ocurre lo mismo que con Tomás Morales, o Alonso Quesada.

Señores, nos están tomando el pelo. Todo el mundo tiene que comprar por Navidades el libro caro, sobre nuesta tierra, hecho, al parecer, a la carrera, y con poco rigor, o para salir del paso (al menos esa es la sensación que saco de los dos ejemplos que he tomado). Y además, intituciones oficiales nos incitan a leerlo.

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