Revista nº 847
ISSN 1885-6039

La coreógrafa y bailarina Sol Picó presenta en el Teatro Cuyás su danza heterodoxa y experimental.

Martes, 24 de Enero de 2006
Redacción BienMeSabe
Publicado en el número 89

El montaje “La dona manca o Barbi superestar”, premiado en 2004 con dos Max, ocupa la cartelera de la citada sala este miércoles, día 25.



La bailarina y coreógrafa alicantina Sol Picó presenta en el Teatro Cuyás este miércoles, día 25, una única función que tendrá lugar a las 20.30 horas, el montaje La dona manca o Barbi superestar, que recibió en 2004 dos premios Max de las Artes Escénicas como Mejor Coreografía y Mejor Espectáculo de Danza de ese año. La propuesta de Picó se caracteriza por la acusada heterodoxia que imprime a sus innovadoras y enérgicas coreografías, que la señalan como una de las personalidades más respetadas por la crítica en el panorama de la danza moderna en España. Asesora del Teatro Nacional de Cataluña y ganadora de seix premios Max, la coreógrafa, de 39 años de edad, reaparece sobre un escenario precisamente en el Teatro Cuyás, tras su reciente maternidad, bailando un pasaje final de su producción La dona manca o Barbi superestar, un montaje de 2003 que Picó afronta con la ayuda de seis bailarinas.

En colaboración con la dramaturga Txiki Berraondo, Sol Picó aborda en La mujer manca o Barbi superestar una propuesta que explora el universo de la mujer. Producido por el Teatro Nacional de Cataluña, el montaje, de una hora de duración, plantea la construcción y reconstrucción del imaginario femenino. Sol Picó nos pasea por su particular mundo de rituales, en donde las intérpretes nos transportan al mundo del subconsciente de esta alicantina de donde salen, como derramados de una coctelera, lugares imaginarios y relaciones imposibles. Las cualidades atribuidas históricamente a la condición femenina -la belleza y la vulnerabilidad- chocan con la faceta más dura, enérgica y combativa que asume la mujer en la vida real.

Bailarinas, poetisas, pintoras, amas de casa... atrapadas en la trampa del espejo, se convierten en relieves de azúcar, en estatuas de sal, en heroínas de historias y leyendas. En esta vertiginosa transición al absurdo se pulveriza en este espectáculo toda barrera de género: la mujer es masculina, la danza se convierte en teatro y la música clásica en samba, canción francesa y tecno-sardana, sin olvidar los tradicionales pasos de Semana Santa o la tradicional procesión a la discoteca del febril sábado noche. Ana Criado, Iva Horvat, Lola López Luna, Maribel Martínez, Anna Robles y Maria Stamenkovic Herranz son las bailarinas que intervienen en el montaje de Picó. Mireia Tejero se ocupa de la dirección musical y Dácil López pone voz a los pasajes sonoros. Los músicos mezclan en directo instrumentos tradicionales como el acordeón, la voz y el saxofón con ritmos eléctricos, sirviéndose de este instrumento aglutinado para terminar de dar un sentido a la sinrazón.

Sol Picó habla de mujeres porque es mujer, aunque lo que cuente no tenga sexo. Primero trabaja sobre lo que desea contar, su esencia y sus connotaciones. “Proporciono las ideas a los bailarines partiendo de las imágenes que me sugieren posibilidades, y a partir de ahí surgen acciones y movimientos”, explica la coreógrafa. “Les sugiero, por ejemplo, trabajar un dúo, o la idea de la manipulación, o ver qué podemos hacer sobre una cinta mecánica, o una escalerilla de avión que se mueve por el escenario”, dice. Para Picó, el trabajo de la escenógrafa Txiki Berraondo es muy importante: “la dramaturga reordena las escenas, pule detalles y añade matices, añadiendo efectos sugerentes que reinterpretan y dan otra vuelta de tuerca a las ideas iniciales en muchas ocasiones. Txiki proviene del mundo del teatro y habla otro lenguaje, pero asume de lleno nuestra borrachera creativa, concediéndonos una libertad total y añadiendo equilibrio y limpieza”.

A finales del pasado año Sol Picó presentó su último trabajo, Luna peluda. Cree que su danza comienza en las vísceras, en el corazón, para luego ir tomando cuerpo en mi cabeza. Nunca me planteo hacer cosas convencionales. No pretendo hacer cosas bonitas, sino comunicar al público”. Su danza ha ido capturando poco a poco el gusto del público, aunque no fue fácil en los principios de Picó. Los espectadores abandonaban las salas y los puristas la acusaban de violar los códigos de la danza. La bailarina y coreógrafa se nutre de la permeabilidad de la cultura, de sus expresiones y formas vitales de manifestarse en una época en la que el arte hace muchos años que decidió maridarse con el espectáculo.

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