Revista nº 798
ISSN 1885-6039

Ranchos isleños.

Sábado, 23 de Diciembre de 2006
Luis García de Vegueta
Publicado en el número 136

Es conveniente hacer un esfuerzo para no perder las raíces de nuestras costumbres. Por esto, en este artículo se hace una revisión del nacimiento de uno de los villancicos más populares en Canarias: Lo Divino.


Estos días ha vuelto a surgir la tradición a cuenta de Los Gofiones y otras rondallas que han cantado esas coplas “a lo divino”, o villancicos isleños, que rememoran el nacimiento del niño Jesús en el portal de Belén. No siempre, sin embargo, se conserva la fidelidad de las letras originales, sustituidas a trozos por exclamaciones o el tra-la-la-ra de los cantantes desmemoriados. No se trata de un reproche, sino del deseo de contribuir al conocimiento del auténtico sabor de nuestras costumbres populares.

¿Recuerdan los lectores aquellos pitos en forma de gallos, llenos de agua, que junto a las bandurrias, los timplillos, la tambora y otros instrumentos acompañaban los cantos navideños hace varias décadas? Precisamente para tales rondallas compusieron -a principios de la primera guerra mundial- varias coplas un grupo de amigos que se reunían en la casa santacrucera de Néstor de la Torre, nuestro gran cantante que se había retirado de la escena después de triunfar en todo el mundo. Veamos las coplas estrenadas con motivo de un festival a beneficio del Hospital de Niños de la capital vecina.

La primera correspondía al abogado, poeta y político Ramón Gil Roldán.

«Anuncia nuestro cantar que ha nacido el Redentor;
la tierra, el cielo y el mar palpitan llenos de amor.»



La siguiente la compuso Diego Crosa, Crosita, bohemio y hombre de mundo, y sobre todo poeta:

«Baña el sol con tintes de oro el azul del firmamento,
perlas derrama la aurora, nace la flor en su centro.»



La última era original del anfitrión, Néstor de la Torre, y revelaba su vocación musical a todo trance:

«Las trompas y los clarines, la tambora y el timbal
anuncian el nacimiento de nuestro Dios celestial.»



Estas coplas, aunque levemente retocadas, cuando no reducidas por el aludido tra-la-la-ra, son las mismas que los ranchos isleños han llevado a través de la televisión a todos los confines del archipiélago. Unos villancicos, en fin, que pese a ser de autores conocidos se han incorporado con todo honor al folklore insular, a las tradiciones más queridas del pueblo canario.

«Las trompas y los clarines, la tambora y el timbal...» y también aquellos pitos en forma de gallos, llenos de agua, cuyo eco musical evoca los ya lejanos tiempos de la niñez y juventud.

Este artículo ha sido previamente publicado en el diario La Provincia el 27 de diciembre de 1979.

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Comentarios
Sábado, 09 de Agosto de 2008 a las 16:58 pm - Joaquín

#02 Quisiera que si es posible se publicasen en la revista los villancicos canarios y que tuvieran tablatura para poder aprenderlos a guitarra, creo que llegan las fechas y a unos cuantos nos gustaría aprender algunos villancicos que hayan salido de nuestra tierra, si es posible,

Martes, 15 de Mayo de 2007 a las 17:29 pm - nestor

#01 a ver si escribex

algo de nestor de la torre

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