Revista nº 829
ISSN 1885-6039

La visión anglosajona (I).

Jueves, 31 de Agosto de 2006
Marcos Hormiga
Publicado en el número 120

Toda aproximación o intento de catalogar cualquier visión de una cultura sobre otra, o con respecto a otra, parte de unos supuestos que, consideramos, deben definirse con anterioridad, esto es, que no podemos abordar la visión anglosajona sobre las Islas en el pasado si antes no adelantamos, aunque sea mínimamente, unos fundamentos teóricos con respecto a la comunicación intercultural y a algunos conceptos elementales como pudieran ser “cultura”, “prejuicio”, “juicio de valor” y “percepción”.



Comencemos: Vermeer recurre a Göhring para definir el término cultura:

Cultura es todo aquello que se debe conocer, dominar activamente y ser capaz de sentir, para poder juzgar si los que pertenecen a ella se comportan, en sus diferentes papeles, de acuerdo o de un modo diferente a lo que se espera de ellos. (Göhring, 1978, 10; cit. en Reiss y Vermeer 1996, 20)


Como se podrá observar, el énfasis recae en la acción humana, en el comportamiento y en la concepción del término cultura como un sistema complejo que determina cualquier acción; asimismo, por supuesto, una cultura incluye su propia lengua; al respecto, nos viene a decir Vermeer que una cultura es el conjunto de normas a las que recurre un individuo para que su comportamiento le caracterice como miembro de una comunidad o como sujeto ajeno a la misma, así que todo fenómeno es susceptible de ser evaluado dentro de un complejo conjunto de valores regido por un sistema de coordenadas de espacio y tiempo (cf. Vermeer 1996, 20-21). Por supuesto que, cultura, por lógica definición: It becomes foreign for us when we are perceiving (interpreting/ evaluating) it from a cultural viewpoint.1 (Witte 1996, 76).

Consideramos que debemos establecer con claridad el concepto de cultura para poder describir la comunicación intercultural.

De la lectura del libro Intercultural Communication, de Larry A. Samovar, Richard E. Porter y Lisa A. Stefani (1997) se desprende que las diferencias, no sólo lingüísticas sino de actitudes, hábitos de trabajo, comportamientos sociales, etc., pueden hacer fracasar cualquier tipo de contacto intercultural. Por lo general, la mayoría de los malentendidos van más allá de las diferencias superficiales, de tal modo que la estructura profunda de una cultura es lo que determina la manera en que una persona responde a hechos y formas de actuar, cuando se enfrenta a manifestaciones culturales de otros pueblos. Según los autores arriba mencionados:

Although there are as many problems as there are people, we would nevertheless suggest that most of the obstacles fall into two categories: (1) failure to recognize the uniqueness of the individual and (2) the inability to be objective.2 (Samovar, Porter y Stefani 1997, 17)


Poco más se puede argumentar a favor de la visión anglosajona que, pese a la intención de sus narradores por buscar la verdad así como la intención de objetividad al emitir sus juicios, según lo expuesto, parten con el lastre de la manifiesta incapacidad para lograrlo, debido a las diferencias culturales, puesto que, al parecer, la comunicación intercultural es la comunicación entre pueblos cuya percepción y sistema de símbolos son lo suficientemente diferentes como para alterar cualquier intento de comunicación.

Un punto a favor de los escritores británicos de textos en inglés sobre las gentes de las islas pudiera ser el que, en su día, estuvieran dotados de la comprensión de valores ajenos a los suyos, lo que les permitiría apreciar el comportamiento de otros pueblos, pero que, en el caso que nos ocupa, no parece que se cumpla la existencia de capacidad para comprender pautas de comportamiento foráneas, pues, según nuestra opinión -influida por el tiempo transcurrido y la cultura recibida- en la gran mayoría de los casos, tanto los juicios de valores emitidos como la supuesta objetividad en la percepción de los más insignificantes sucesos vividos y descritos por estos narradores, están cargados de prejuicios.

En lo que al análisis de nuestros textos se refiere, tendremos que tener en cuenta que las circunstancias históricas han cambiado en ambas culturas -lógica consecuencia del paso del tiempo- por lo que, en definitiva, no estaremos hablando de nuestra cultura hoy, sino que haremos referencia a aquel conjunto de normas que caracterizaba a nuestros antepasados según la opinión que se desprende de un conjunto diferente de pautas de conducta que definía a otra cultura: la visión anglosajona de entonces.

En definitiva, debemos de considerar que las culturas cambian al igual que cambian sus valores y que, además, los cambios históricos ayudan a explicar el carácter de un pueblo, por lo que el mismo concepto de historia se debe entender como parte de la estructura profunda de una cultura. Para nosotros, lo que es digno de recordarse y de ser transferido a nuestras futuras generaciones es parte de la historia, por eso, consideramos que, pese a todo, los textos ingleses que versan sobre nuestros antepasados son documentos históricos de mucho valor.

Pero incluso antes de pasar directamente a tratar el enunciado de esta parte creemos necesario aclarar los siguientes puntos:

a) La opinión que dice que la historia se forma con las descripciones que parten de la base hacia la cúspide son las narraciones que, sin la función que hoy tienen, han escrito los viajeros, los diplomáticos, los comerciantes y los científicos británicos sobre nuestras islas. Estos textos, relacionados con los viajes y las experiencias de los relatores, forman un tipo de literatura propia de una época y de una cultura, por esa razón, creemos que son un género -un género de mucha transcendencia literaria- dentro del acervo cultural británico y, claro está, sin duda, forman un corpus muy importante para el estudio de la historia moderna de Canarias.

b) Según González Lemus (1989, 25 y 26) en su obra titulada Viajeros victorianos en Canarias, durante los siglos XVII y XVIII el aristócrata practicó el Grand Tour, un tipo de viaje que tenía por objeto recoger información sobre el sistema político y administrativo de las cortes extranjeras, un tipo de viaje basado en las enseñanzas de escritores como Edmon Tyllney (1579-1610) que escribió Method of Travelling o el filósofo Francis Bacon (1561-1626) que convierte su ensayo Of Travel en un trabajo de obligada referencia para viajeros incluso en el siglo XIX; pero en esos mismos libros se daba importancia capital a aquellas cosas que el viajero debía conocer antes de comenzar el viaje, cosas prácticas tales como hablar la lengua del país que se deseare visitar, hacerse acompañar de un tutor, llevar cartas de referencia, visitar monumentos así como tomar notas de experiencias. Algunos de esos consejos prácticos forman parte de la actividad turística del presente.

c) La mayoría de los viajeros trataban de documentarse con textos que versaran sobre la historia y la naturaleza del lugar; veremos que el mismo George Glas traduce la obra de Abreu Galindo y que la escritora Olivia M. Stone hace referencias a la obra de Viera y Clavijo y, por supuesto, al mismo George Glas.


Olivia M. Stone en el Charco de San Ginés. Archivo de la FEDAC.

d) Sabemos, porque resulta evidente en los escritos, que los viajeros, excepto algunos casos honrosos, basan sus opiniones en lo que podían observar visualmente; rara vez se comunicaban o se hacían entender por vía oral, y siempre -excepto en el caso de sus guías, los arrieros- se relacionaban con las clases sociales económicamente pudientes del país a las que accedían mediante cartas de presentación. Deducimos entonces que las opiniones sobre el conjunto de las gentes y el país, con las mejores intenciones, resultará indefectiblemente sesgada por incompleta. También creemos, pese a la opinión contraria de otros autores, que la visión de las Canarias -siempre que el autor visitara todas las islas- es particular, esto es, que los autores describían a los naturales y su forma de actuar en su medio; cierto que con frecuencia se opina que los canarios, en su conjunto, son de tal o cual naturaleza, puesto que los patrones culturales comunes a todo un pueblo son aquellos propios de la cultura dominante, pero, ya que daban imágenes de la realidad social de su momento, in situ, esa realidad se recogía atendiendo a la idiosincrasia de cada comunidad isleña: clase social, villa, pueblo, ciudad e isla.


Una vez que hemos establecido la base sobre la que cimentar este apartado creemos necesario comenzar, nuevamente, por una cita tomada de la obra de González Lemus (1998, 41-42):

Sus discursos son fundamentalmente morales, pues, su nación está llamada a llevar la civilización al resto del mundo y, para ellos, los isleños son sencillamente hombres atrasados, que necesitan su ayuda para el progreso, etc. Pero a pesar de esos prejuicios anglosajones, la objetividad suele acompañar a sus observaciones.


No vamos a entrar en una discusión puntual con respecto a lo que González Lemus considera qué es objetividad para no alargar innecesariamente este apartado; sólo deseamos argumentar lo que decíamos al principio de este capítulo: nuestros visitantes eran absolutamente, quizá hasta podríamos incluso decir necesariamente, incapaces de emitir juicios de valor -igual que nosotros con respecto a su cultura- que estuviesen libres de información sesgada debido a las diferencias culturales. La intención de llevar a cabo la comunicación intercultural partía siempre de juicios de valor previos: prejuicios.

La cuestión que sobreviene es, sin duda, la de delimitar, bajo un supuesto prisma cultural actual, la línea que separa, por un lado, el juicio de valor cargado de prejuicios y, por otro lado, la así llamada opinión objetiva. Consideramos que en las épocas en las que fueron redactados los escritos que vamos a estudiar: mediados del siglo XVIII, finales del XIX y principios del XX , aún se mantenía en la visión anglosajona la idea de España como un país atrasado económica e intelectualmente y, por extensión, Canarias como un país de actitudes contrarias a la ilustración, una lugar defensor del catolicismo recalcitrante, un pueblo ajeno a las revoluciones industriales...

González Lemus (1998, 45) opina que:

El origen del problema se encuentra en la propaganda anticatólica desplegada en Inglaterra contra España (la Leyenda Negra) desde la segunda mitad del siglo XVI. Tal campaña va a moldear en la mentalidad del británico un sentimiento antiespañol y una determinada imagen de los españoles. Por otro lado está la diferente historia religiosa y cultural de Inglaterra.


El mismo autor, González Lemus (1998, 48), con referencia a los viajeros victorianos, dice que:

Las imágenes que nos transmitieron de Canarias no fueron muy halagüeñas. Sus visitas coinciden con las graves crisis, la primera de la vid en los años treinta, y la segunda de la cochinilla a partir de los ochenta. Las imágenes negativas también son fruto del hecho en sí de carecer las islas de una infraestructura mínima (transportes y servicios asociados, alojamientos, etc.) propia de una región subdesarrollada, y por la forma dramática de cómo las contradicciones económicas, sociales y políticas se manifestaban. (...) Así pues, el estereotipo antiespañol, el sentimiento anticatólico y la arrogancia serán sentimientos que predominarán en la mayoría de los relatos de los viajeros ingleses. Con esta mentalidad, con unos valores religiosos, morales y culturales diferentes parte su "visión" de la sociedad canaria.


Camiones de la Casa Fyffes. Archivo de la FEDAC.

No queremos hacer crítica de las valoraciones sobre las que se fundamentan las opiniones vertidas en este sentido pero consideramos que debemos ser cautos a la hora de hablar de propaganda desplegada, sentimiento antiespañol, sentimiento anticatólico y arrogancia. Incluso, si argumentásemos con hechos históricos lo anteriormente dicho, y admitiésemos que así fuera, ¿acaso no responde a una forma de ver la realidad -subjetiva- bajo las pautas de descripción de una cultura y una época? ¿Se podría decir lo mismo de la visión anglosajona por parte de los observadores canarios de entonces? ¿No estaremos describiendo pautas de comportamiento subjetivo de entonces con pautas de comportamiento y apreciaciones no menos subjetivas de ahora?

Consideramos que la percepción mutua de las dos culturas objeto de análisis está, sin duda, circunscrita a las circunstancias históricas. Por dar un ejemplo muy cercano, en lo que a nuestro archipiélago y al Reino Unido se refiere, haremos referencia a la opinión que se desprende de la lectura del libro de Antonio Béthencourt Massieu (1991), Canarias e Inglaterra: el comercio de vinos (1650-1800), en el que se observa que ya desde 1573, que es cuando se favorece el cultivo de vides en las islas, hasta 1878, que es cuando se termina definitivamente el cultivo de los viñedos en Canarias, las relaciones entre los dos países están salpicadas de continuos tratados y posteriores disputas comerciales que giran en torno al volumen de exportación, precios, balanza de pagos, etc. Incluso se produjeron varios tumultos entre exportadores canarios; hubo también expulsión de mercaderes ingleses, arreglos y tentativas de fundar compañías anglo-canarias, con las consecuentes reacciones por parte de la diplomacia inglesa y española, todo ello jalonado de multitud de tratados y guerras entre dos potencias de esa época.

Lo tratado en el párrafo anterior puede ser corroborado en dos obras que, según nuestro criterio, resultan fundamentales para entender las relaciones entre nuestro pequeño archipiélago y Gran Bretaña: Comunidad británica y sociedad en Canarias (La cultura inglesa y su impacto sociocultural en la sociedad isleña) de Gonzáles Lemus (1997), y Canarias e Inglaterra a través de la Historia de Fernández-Armesto (1995). Consideramos que ambas obras merecen nuestra atención, pero ya que hemos desarrollado este tema partiendo de las propias opiniones vertidas por los observadores viajeros, pensamos que sería redundante, amén de demasiado extenso, comentar los contenidos de sendas obras.

De la lectura de una obra más general, que no extensa: Here in Spain, de David Michell (1988), que cita las opiniones sobre España, vertidas por autores americanos y europeos -principalmente británicos-, entresacamos, más bien, deducimos que la opinión de González Lemus es, a pesar de ser un tanto categórica, en parte, acertada, ya que la mayoría de los autores británicos -no todos- muestran una visión negativa por puramente anglosajona, propia de las circunstancias históricas de las relaciones políticas de dos potencias económicas. Opiniones patrióticas en contra de la sociedad española encontramos en Horatio Nelson, Richard Ford, Rev. Manning, Henry Inglis, el General Wellington, etc.

Un claro ejemplo es la siguiente cita del reverendo Manning, sacada de la obra Here in Spain (1988, 100), en la que España parece ser una tierra sin posibilidades de mejora:

The iniquitous Inquisition crushes all freedom of thought and action (...) For three centuries Spain has suffered the penalties of slavish submission to Rome. (...) The Gospel alone can rescue Spain from degrading slavery of the past yet preserve it from the licentious excesses of an infidel reaction (...) Thousands have thrown off the yoke of Rome and professed their adherence to Protestantism. In a sober, rational religious freedom there is yet hope for Spain.3


Mas, por parte de los escritores del resto de las nacionalidades -casi todos- no faltan entusiastas narraciones, exaltaciones y virtudes de las gentes, el clima, la naturaleza y demás de nuestro país, casi siempre descrito como exótico, sorprendente, luminoso, etc., por autores como Washington Irving, Gerald Brenan, Virginia Wolf, Alexandre Dumas, Hans Christian Andersen y Hemingway, entre otros, si bien son visitantes fortuitos sin vínculos comerciales y con una demostrada cultura artística, literaria y, en muchos casos, filosófica.

De la lectura de las obras que estamos tratando, excepto en pasajes muy reducidos y escasos, lo que se observa es el natural recelo. Asimismo, se desprende que había muy poco contacto entre ambas culturas, a pesar de que la población británica, ya en el siglo XVI, superaba los mil quinientos residentes. Consideramos que, por ambos lados, lo que más había era una picaresca de subsistencia, lo que hace volver a retomar el concepto de percepción o percepción mutua.


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Notas.

1. Se convierte en extranjera para nosotros cuando la percibimos (interpretamos/ evaluamos) desde nuestro punto de vista cultural.

2. Aunque hay tantos problemas como tipos de personas, incluso así, pensamos, que la mayoría de los obstáculos se reducen a dos: (1) la incapacidad para reconocer la individualidad de cada uno y (2) la incapacidad para ser objetivo.

3. La injusta Inquisición aplasta toda libertad de pensamiento y acción (...) Durante tres siglos España ha sufrido penalidades de sumisión de esclavitud a Roma. (...) Sólo el Evangelio puede sacar a España de la degradante esclavitud del pasado y mantenerla apartada de los excesos licenciosos de una reacción infiel (...) Miles se han deshecho del yugo de Roma y profesan sus simpatías por el protestantismo. De una manera sobria, racional y de libertad religiosa, todavía hay esperanza para España.

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