Revista nº 842
ISSN 1885-6039

La quema de Judas en Taganana. Una tradición de Semana Santa.

Domingo, 16 de Abril de 2006
María del Carmen Marichal Fariña y Aniaga Afonso Marichal
Publicado en el número 100

Este ritual, con fuerte carga simbólica, se practicaba en casi todas las localidades de las Islas; en la actualidad esta tradición ha ido desapareciendo de la mayoría de lugares, conservándose en muy pocas poblaciones. Nosotros hemos visitado el pueblo de Taganana, en la isla de Tenerife aunque, hoy en día, nos consta su celebración en otras zonas del Archipiélago.



Esta localidad tinerfeña protegida por el Macizo de Anaga conserva esta tradición desde el año 1630, fecha en que está registrada por primera vez. El ritual comienza con la confección de un muñeco, representación de Judas, uno de los doce apóstoles del cristianismo que traicionó a Jesucristo. Por este motivo siempre ha sido un personaje muy controvertido, despreciado y rechazado, convertido en símbolo del mal. En algunas ocasiones se elabora más de un Judas -este año tres- aunque no es lo más tradicional. El cura del lugar ha permanecido ajeno a la celebración, con marcado carácter profano, a diferencia de lo que sucede en islas como Gran Canaria donde, al parecer, este rito está más vinculado a la iglesia.

Una característica señalada del Judas tagananero es la colocación de un falo prominente que se pone por fuera de los pantalones; en él y sobre él se pueden hacer diversas burlas. La construcción del muñeco ha tenido, en algunas ocasiones, una complicación extra, ya que en el interior se le ha colocado una especie de ingenio, elaborado con mangueritas u otros útiles, que permitan a San Judas orinar cual si fuese humano; esto sirve a sus creadores para animar la fiesta, rociando a propios y extraños con las micciones del muñeco. La ropa vieja se rellena de paja seca y aneas de plataneras para dar consistencia al cuerpo; lo normal es colocarle una máscara, de las propias de carnaval, a modo de cara. En algunos lugares de las islas, el Judas toma los rasgos de algún personaje conflictivo: alcalde, presidente, director..., alguien que haya sido perjudicial para la colectividad por su actitud o decisiones erróneas. Lo mismo sucede también con otras representaciones antropomorfas del Archipiélago, caso de «El entierro de la sardina» en la isla de El Hierro, en el que la sardina, con forma humana, suele ser la representación de algún personaje, no bien considerado por la comunidad, asemejándose el rostro al de aquél.

La preparación del Judas la hace un grupo de amigos del pueblo, generalmente hombres, aunque en los últimos tiempos las mujeres quieren participar, a pesar de la negativa masculina. La noche de Resurrección se deja terminado el muñeco; esa misma noche se sacará en procesión por las calles del pueblo acompañado de sus creadores, que le irán tocando canciones populares al son de los instrumentos de cuerda disponibles. Este peculiar séquito recorrerá la población, donde serán invitados a comer y a beber en las diferentes casas que vayan visitando. También el muñeco es invitado a beber como si fuera humano, derramando el licor que recorre su cuerpo de paja, haciéndolo parecer cada vez más patético. De esta forma el muñeco se humaniza, convirtiéndose en «borrachín», cosa que será utilizada para denigrarlo aún más.

El Domingo de Resurrección el muñeco será colocado en las afueras del pueblo, en una zona despejada, pero destacada para que todo el mundo pueda contemplarlo; anteriormente el lugar de celebración era la plaza del pueblo, donde era colgado de un árbol. Allí se le hará un juicio figurado en el que se le coloca finalmente un cartel con su sentencia: ¡por traidor! La burla a la que es sometido aumenta momentos antes de su ejecución, ya que se le insulta, se le derrama vino, se ridiculizan sus genitales... El personaje es arrimado a un lado para, entre risas y guasas, rociarlo con gasolina y prenderle fuego. Algunos cohetes y petardos, estratégicamente colocados en su interior, ayudan a la quema y expectación del momento. En ocasiones se le tiran monedas para representar la venta de Jesucristo por treinta monedas de plata. Durante la quema, la parranda de tocadores anima el acto y se convida a los asistentes con dulces y rosquetes tradicionales.

Para el cristianismo, la quema de Judas es una forma de renegar del mal, un escarmiento público. De esta forma se rechaza su comportamiento, y con la condena, víctima de las burlas y el desprecio y su posterior ahorcamiento y cremación, se señala el camino que no se ha de seguir. Prevalece el bien sobre el mal, con lo que se ha hecho justicia y el orden queda restablecido. Todo está preparado para seguir su curso natural.


Agradecemos la información para la elaboración de este artículo a Don Luján González Izquierda.


Bibliografía.

Galván Tudela, Alberto, Las fiestas populares canarias, Santa Cruz de Tenerife, Interinsular, 1987.

Este artículo ha sido previamente publicado en el número 27 de la revista El Baleo, editada por la Sociedad Cooperativa del Campo La Candelaria, en abril de 2005.

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