Revista n.º 1053 / ISSN 1885-6039

Genealogía y emigración

Lunes, 11 de diciembre de 2006
Dominick Vila
Publicado en el n.º 135

Para cualquiera de nosotros, la genealogía supone el reencuentro con nuestros ascendientes en una búsqueda sin límites. Para el emigrante supone, además, un reencuentro con el lugar del que partió o del que partieron sus orígenes, siendo por tanto una búsqueda de las propias raíces, en el más amplio sentido. En este artículo recogemos la experiencia como genealogista y el testimonio como emigrante de Dominick Vila, descendiente de canarios y residente en Estados Unidos.

Foto Noticia Genealogía y emigración

La Genealogía
Uno de los aspectos más interesantes de la genealogía es su confluencia con la historia, geografía, y la cultura de las regiones donde llevamos a cabo nuestras investigaciones. Invariablemente, lo que en general se manifiesta en un simple interés en construir un árbol genealógico con tres o cuatro generaciones, se convierte rápidamente en una obsesión y deseo de saber no sólo los orígenes de nuestra familia sino también las condiciones en que vivían.

Los requisitos más importantes para realizar una investigación genealógica incluyen un conocimiento extenso de la etimología de apellidos y las tradiciones de las distintas regiones donde llevamos a cabo nuestras investigaciones. En el caso de Canarias, donde existía una influencia portuguesa muy pronunciada durante la conquista y los primeros años de su colonización, es frecuente encontrar familias que usaban un sistema matriarcal para asignar apellidos a sus hijos.

Los que tenemos la gran suerte de remontarnos a finales de la Edad Media nos encontramos con un sistema arbitrario en el cual hermanos usaban indistintamente los apellidos de sus padres, y a veces adoptaban los de sus abuelos e incluso los de un protector de la familia. Y si nos remontamos aun más, encontramos hijos que usaban un derivado del nombre propio del padre, o que sólo usaban el nombre de pila y su profesión o lugar de residencia como método de identificación.

Un conocimiento básico de los recursos que existen en cada país y región es esencial para obtener buenos resultados. En el caso de España podemos usar los excelentes servicios gratuitos del Registro Civil para obtener documentación sobre personas nacidas entre el año 1872, cuando fue creada esa institución, y el presente. Información sobre personas nacidas antes de esa fecha se puede obtener a través de los Archivos Históricos Diocesanos de la Diócesis correspondiente, o en la iglesia parroquial donde nuestros antepasados fueron bautizados o donde se casaron.

El nivel de información que se incluye en certificados de bautismo, matrimonio, y defunción varía en cada país, y en algunas naciones está influenciado por las normas establecidas por el Concilio de Trento. En el caso de España los certificados de bautismo incluyen los nombres de los padres y abuelos, así como también sus lugares de residencia u origen.

El objetivo original de crear un árbol genealógico evoluciona frecuentemente en un deseo de incluir información detallada sobre nuestro pasado, y resulta en la elaboración de biografías de carácter familiar en las cuales incluimos no sólo los nombres y lugares de nacimiento de nuestros seres queridos, sino también sus profesiones, éxitos, anécdotas y trivialidades familiares, y las dificultades que experimentaron en el transcurso de sus vidas.

Uno de los requisitos más importantes es ser honestos y objetivos e incluir todo lo que encontramos sin prejuicio de qué se trata. Invariablemente, encontramos antepasados que fueron personas influyentes y otros que eran humildes; encontramos personas cuya honestidad es intachable y otros que cometieron actos ilegales; y encontramos una inmensa mayoría cuya vida consistió simplemente en trabajar y ganar lo suficiente para subsistir en un ambiente donde pasaron casi desapercibidos sin dejar huella de su existencia.

Lamentablemente, los resultados de nuestras investigaciones genealógicas muchas veces terminan en desilusiones, pues una de las cosas que aprendemos enseguida es que las entidades eclesiásticas que tienen los archivos antiguos carecen de recursos económicos y técnicos necesarios para realizar investigaciones genealógicas.

La ansiedad que muchos investigadores experimentamos no se limita a nuestra inhabilidad de obtener los datos que buscamos, sino que también incluye la constatación de que archivos históricos que suponen parte de nuestro patrimonio e historia están desapareciendo debido circunstancias climatológicas inadecuadas, insectos, y el abuso a que son objeto por parte de profesionales cuyo único interés es cobrar una comisión. Casi lo más triste del caso es que muchas Diócesis todavía no tienen ninguna intención de digitalizar sus archivos; y niegan acceso a entidades eclesiásticas, como los mormones, que se dedican a la preservación de documentos de carácter genealógico por todo el mundo.

Uno de los requisitos más importantes para completar un árbol genealógico es no “saltar” generaciones. Es imprescindible llevar a cabo nuestras investigaciones de generación en generación para evitar errores, como por ejemplo incluir al hermano de un bisabuelo en vez de nuestro antepasado directo en nuestro linaje. Otra cosa que debemos tener en cuenta es no asumir parentesco con personas o familias simplemente porque tienen nuestro apellido, sobre todo cuando tenemos un apellido relativamente común y estamos realizando nuestra investigación en una ciudad grande.

El número de personas que incluimos en nuestro árbol está basado estrictamente en nuestro interés personal y en los recursos que tenemos a nuestra disposición. Algunas personas se limitan a investigar su linaje paterno, otras incluyen ambas ramas de su familia, y otras incluyen las familias de primos y tíos lejanos y terminan con árboles genealógicos que incluyen a miles de personas.

Investigaciones extensas requieren el uso de un ordenador y programas especializados con el tema. En mi caso, uso uno llamado Family Tree Maker, pero hay muchos otros, igualmente buenos e incluso más apropiados para el estudio de la genealogía española que permiten la inclusión de ambos apellidos, en vez del sistema anglo-sajón tradicional que sólo usa el apellido del padre.

El Foro GenealogiaCanaria
Al igual que miles de personas de origen hispano nacidas en el continente americano, mis antepasados nacieron en varias regiones de España. Mi padre, Domingo Vila Suárez, nació en Las Palmas de Gran Canaria. Mis abuelos y bisabuelos nacieron en Teror, Santa Brígida, y Las Palmas; y una bisabuela, sobre quien no he podido encontrar casi nada, nació en La Antigua, Fuerteventura.

Después de años de esfuerzos infructuosos tratando de encontrar información genealógica me tropecé, casi accidentalmente, con la dirección electrónica del foro de genealogía canaria cuando buscaba información sobre mis raíces a través del Internet. Los mensajes en la base de datos del grupo, y la colaboración de todos los miembros, han ayudado a docenas de personas esparcidas por todas partes del mundo a encontrar sus raíces isleñas y, al mismo tiempo, a aprender más sobre la historia, geografía, y la cultura canaria.



El nivel de participación en el foro de genealogía canaria, como en otros grupos similares, varía según el tiempo y recursos que los miembros pueden dedicar a este entretenimiento, y a la familiaridad que tienen con el tema y la región. Algunos miembros del foro residen en las Islas Canarias; otros, como yo, tuvimos la buena suerte de vivir en las islas, mientras que otros apenas tienen una noción limitada sobre la geografía, historia, cultura, e instituciones canarias.

Además de facilitar las investigaciones de nuevos miembros, nuestra participación en el grupo de genealogía canaria nos permite establecer lazos de amistad y solidaridad entre los descendientes de isleños esparcidos por todo el mundo, y con los familiares y amigos que tienen la buena fortuna de vivir en un lugar que muchos de nosotros consideramos un paraíso en miniatura.

Mi vida de emigrante
En el caso de descendientes de españoles, la emigración constituye una parte integral de nuestras investigaciones. Aunque el impacto de la diáspora canaria generalmente se estudia en relación con crisis económicas y sociales, la desesperación y las condiciones en que nuestros padres y abuelos dejaron su terruño, sus familias, y amigos en busca de una fortuna que su patria chica les negaba, fueron causa de depresión y de un anhelo entrañable por preservar las memorias que dejaron atrás.

Vapor Marqués de Comillas, construído en 1926, de 142 m de eslora y con capacidad para 930 pasajeros.
Una experiencia personal que dejó una huella indeleble en mi vida fue la decisión que tomó mi padre siendo yo niño cuando, lleno de nostalgia, decidió regresar a las Islas Canarias sin haber realizado su sueño de hacerlo después de acumular fortuna. Después de un año de desempleo sin esperanza de salir adelante sacamos pasajes en segunda clase y embarcamos en un buque de la Compañía Trasatlántica de Navegación llamado Marqués de Comillas rumbo a América.

Todavía recuerdo como si fuera ayer el grupo de hombres y mujeres agrupados en la popa del barco mirando en silencio la silueta de Gran Canaria que desaparecía lentamente en el horizonte. El silencio absoluto del grupo era sólo interrumpido por el pasodoble Islas Canarias que tocaban en el bar del barco, el ruido de las olas, el viento húmedo que azotaba nuestras caras, el crujir del viejo barco, y el olor nauseabundo de la grasa que ponían en las maquinarias del buque. La confusión que yo sentía sobre la escena que me rodeaba se convirtió en pánico cuando noté que mi padre y otras personas a su alrededor tenían lagrimas en sus caras. Por suerte, yo era todavía muy joven para comprender el dolor tan grande que estas personas estaban experimentando al dejar todo lo que conocían y era de valor para ellos, en busca de una vida mejor en lugares desconocidos.

No obstante, conviene tener en cuenta la forma cómo reaccionaban los emigrantes sobre las penalidades que habían experimentado en su país natal, o las causas que motivaron su decisión de emigrar, una vez que se establecían en sus países adoptivos. En mi caso, recuerdo que el principal objetivo de mi padre era acumular fortuna para poder regresar a su ciudad natal, Las Palmas de Gran Canaria. Lo contrario ocurrió con uno de mis tíos, cuya lealtad estaba enfocada exclusivamente a su país adoptivo, Venezuela.

A pesar de las diferencias de actitud que son naturales en todos los seres humanos, siempre nos mantuvimos leales a nuestros paisanos y hacíamos todo lo posible por ayudarles. Aunque con el pasar de los años todos nos integramos en la sociedad de nuestro país adoptivo, siempre mantuvimos nuestras tradiciones y lazos espirituales con la tierra natal no sólo a través de tertulias sino también subvencionando los negocios propiedad de isleños.

Es importante tener en cuenta que el dolor que sienten los emigrantes al dejar su patria, lo experimentan una vez más cuando algunos de ellos deciden regresar después de décadas de ausencia. Invariablemente, sus parientes y antiguas amistades han establecido sus propias vidas y tienen poco en común con los que se ausentaron por tanto tiempo, los lugares y tradiciones que tanto añoraban muchas veces no existen ya o han cambiado tanto que casi no los reconocen, y la forma de vida es tan distinta que los hace sentir incómodos en su propio pueblo. La desilusión, y la realización que los sueños que albergaban eran sólo una quimera, resulta con mucha frecuencia en la decisión de regresar al país adoptivo.

La historia oral que era tan arraigada hasta hace sólo unas pocas décadas, transmitió la nostalgia que nuestros padres sentían sobre la vida que dejaron atrás a sus hijos y nietos, y de esa forma, casi sin darse cuenta, lograron establecer lazos indisolubles entre generaciones que vivieron hace uno o dos siglos en nuestra patria ancestral, con contemporáneos nacidos en otros países que se mantienen interesados en saber más sobre su linaje, cultura, e historia.
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