Revista n.º 1135 / ISSN 1885-6039

Tenderete y La Bodega de Julián se entorpecen

Domingo, 19 de junio de 2005
David Hatchuell
Publicado en el n.º 57

Un simple problema de sincronización entre dos cadenas de televisión está produciendo un rechazo, cada vez mayor, por parte de los telespectadores que se sienten vejados y menospreciados tanto por La 2 como por la TV Canaria o “La Nuestra”, como dicen ellos.

Menceyes de Daute en Tenderete.



En las dos cadenas se emite los domingos por la noche un programa de folklore. Tenderete en la estatal y La Bodega de Julián en la autonómica. Dos espacios de masiva audiencia.

Tenderete es un programa que lleva en antena 34 años, en el conjunto de sus diversas fases de emisión. Los cumplió el 7 de septiembre, víspera de la festividad del Pino, fecha en que un enamorado folclorista, un amigo y estudioso de lo nuestro, se pateó todos los rincones del archipiélago en busca de los más ancestrales ritmos y costumbres de este pueblo y de las tradiciones y ritos de nuestros antepasados. Este “loco” (dicho con todo el cariño y respeto que nos merece en el recuerdo) no era otro que el siempre recordado compañero Fernando Díaz Cutillas (Nanino), quien llevó a cabo, en dos ocasiones diferentes, el programa Tenderete. Tras su muerte ha sido llevado a la pantalla y presentado primero por el humorista Juan Luis Calero (dos meses y medio) y posteriormente por el también amigo y compañero de profesión Antonio Betancor, quien en enero cumplió cinco años como conductor del programa.

En sus diferentes fases, Tenderete ha atraído e hipnotizado ante la pantalla a un inmenso número de seguidores, contando con excelentes intervenciones en sus diferentes emisiones. Las más recientes grabadas en La Graciosa. “La Octava Isla Canaria”, como dijo Margarona, su alcaldesa pedánea.

Por otra parte, la TV Canaria pone en marcha La Bodega de Julián, otro programa de folklore y de raigambre entre todos los canarios; de ruta itinerante y de actuaciones extraordinarias entre la nómina de diferentes grupos, solistas, parrandas, humoristas, etcétera. Este programa, dicho sea de paso, le está comiendo terreno a pasos agigantados a Tenderete, atrayendo la atención del espectador.

Al igual que Tenderete, La Bodega concita -domingo tras domingo- una gran cantidad de seguidores que, a pie de pantalla, siguen fielmente sus evoluciones y, de idéntica manera, nos trae el sentimiento de canariedad, metiéndonos en nuestras casas los ritmos de nuestro folklore entre isas, folias, polcas, seguidillas y malagueñas, adobados con algunos temas de los países hermanos sudamericanos.

Hasta aquí, todo perfecto. Nuestras televisiones se preocupan por el folklore canario y nos facilitan su contemplación y entretenimiento con su puesta en pantalla. Pero... siempre tiene que haber un pero, todas las felicitaciones que podríamos hacerles se vienen al traste por la pertinaz cabezonería que tienen las dos cadenas, enfrascadas en una lucha fratricida, empeñadas en emitir ambos programas a la misma hora. De esta forma están restando a los telespectadores la posibilidad de verlos y, sin duda alguna, perjudicando a los amantes del folklore.

A pesar de haberse denunciado en repetidas ocasiones, las dos televisiones siguen empeñadas, domingo tras domingo, en emitir los dos programas a la misma hora y al espectador ¡que lo parta un rayo!, con toda la carga de desprecio y anticanarismo que ello conlleva. ¿Y quien sale perjudicado de todo éste “affaire”? Pues, sin duda, el televidente, los canarios en general y muy en particular el propio folklore, al que -de una forma u otra- se le está birlando una mayor posibilidad de conocimiento y expansión.

La Bodega de Julián es un programa que en vez de utilizarse para acercar el regionalismo, nuestro folklore y nuestras costumbres tradicionales al pueblo, se está utilizando para hacerle la puñeta a la otra televisión y más concretamente a Tenderete y por añadidura a todos los telespectadores, que por mor de esas guerras de guerrillas, luchas fratricidas y sin sentido lógico alguno, se ven en la dificultad de seguir en directo ambos programas.

Y, a todas estas, dicho lo dicho, nos preguntamos: ¿Qué hacen los directores de ambas televisiones? ¿Es que no tienen luces suficientes para ver que están dañando al folklore y al televidente? ¿Por qué no buscan la manera de emitir dichos programas a horarios distintos? Y puestos ya a pedir responsabilidades, si los directores de ambas cadenas no ven lo que está bien a las claras y no ponen remedio, ¿Qué hacen los consejeros que -además de cobrar por ocupar dichos cargos- no toman cartas en el asunto; no tratan de subsanar este atentado a nuestro folklore?

Sería conveniente que dejasen de entorpecerse mutuamente y olvidar rencillas empresariales o laborales; dejarse de vanos y estúpidos personalismos, y pensar más, mucho más, en los consumidores de sus productos televisivos, que son, en definitiva, los únicos que, sin tener nada que ver en este entierro, se están llevando la carga del muerto, siendo los máximos perjudicados.

Adán Martín, presidente de Canarias, se acaba de cargar de un plumazo al colega Paco Moreno (al que sólo le preocupaba los informativos. Por lo visto, era lo único que le gustaba). Ahora han nombrado a Santiago González, que, aunque también procede de Informativos, esperemos que tenga otra visión diferente y mucho más clara de lo que es una cadena de televisión y lo que le gusta al gran público. Al menos corregir algunos programas y más concretamente el horario de emisión de La Bodega de Julián. Ojalá lo tenga en cuenta.

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