Revista nº 910
ISSN 1885-6039

Dos poemas sobre Iballa.

Sábado, 05 de Noviembre de 2005
Domingo Guzmán Correa Marichal
Publicado en el número 77

El 21 de noviembre de 1488, a raíz de la ejecución en Guahedum de Hernán Peraza, se produce en La Gomera una rebelión que, por su trágico final, significará para los gomeros el fin definitivo de su condición de pueblo libre. Pero a una mujer, Iballa, le ocurrió uno de los peores castigos que le puede pasar a un ser histórico: ser sólo la excusa de un hecho histórico.




LOS HECHOS.

Los primeros contactos con los europeos fueron un período caracterizado, primero por las sucesivas rapiñas para la captura de esclavos, y segundo por los pactos de esos europeos con alguno de los cuatro bandos en que se encontraba dividida la isla. De estos pactos el que más nos interesa es el Pacto de Colactación o Hermanamiento (consistente en beber leche del mismo gánigo) que selló Hernán Peraza “el viejo” con los bandos de Ipalán y Mulagua.

Hernán Peraza “el joven” ratificará el pacto de su abuelo, pero mientras Peraza quiso entender el pacto como un acto de vasallaje hacia él, los gomeros lo seguían entendiendo como un acto de hermanamiento y de ayuda entre ellos con una serie de leyes de obligado cumplimiento. Hernán Peraza “el joven” lo incumplió, no sólo al cautivar esclavos y tratar despiadadamente a los gomeros, sino al mantener relaciones con Iballa, su hermana en virtud del acuerdo suscrito. Las relaciones entre miembros de un mismo bando estaban totalmente prohibidas para evitar la consanguinidad, impidiendo las uniones entre personas con lazos de parentesco.

Estos hechos determinan que el consejo de gomeros, el órgano de mayor autoridad de la Isla, se reúna y decida la condena a muerte de Hernán Peraza. Hautacuperche, el elegido por los dioses, es el encargado de llevar a cabo la ejecución en Guahedum, donde el conde visitaba a Iballa.


IBALLA.

Iballa se refleja fugazmente en las páginas de nuestras crónicas como una bella muchacha indígena cuyo pasado se desconoce y aparece viviendo junto a una “vieja”, presumiblemente su madre, en una famosa cueva del cortijo de Guahedum, escenario de furtivos amores y del asesinato de su aristocrático galán, las cuales desaparecen en la vorágine de la revuelta subsiguiente, sin dejar huellas que nos permitan conocer con certeza sus destinos, aunque presumiblemente siguieron el penoso camino de una forzada y oscura esclavitud.

En cuanto a su comportamiento en el dramático episodio del asesinato de Peraza, la mayoría de las fuentes afirman su lealtad al acosado amante, y lo confirma la imprecación recogida en la versión bilingüe, indígena y castellana: “Huye que estos –mis parientes-van a por ti”. (Ahehiles huxaq esaven tamares).


DOS POEMAS SOBRE IBALLA.

¿Heroína?, ¿pellejo?, ¿mujer?

Estos poemas corresponden a dos momentos distintos de toda la historia de la rebelión:

“La Cueva” corresponde al momento angustioso y terrible que debió pasar Iballa (si de verdad lo amó) de saber que era la última vez que iba a ver a su amante-amado; la agonía de la amada que sabe que su amado va a ser "asesinado" (o "ajusticiado", o las dos cosas) por sus parientes.

“Después de todo” corresponde a un momento posterior, cuando se da cuenta que de nada sirvió esa rebelión (para su pueblo) sino para perder lo que amó y de paso para perderse ella.


LA CUEVA.

¿O puede ser la vida eternamente

un lamento encerrado en una cueva?

LEÓN FELIPE


Cuántos caben entre el uno y el dos. Labios,cuando la hora de amar es la hora de huir
y decir adiós sin besos, sólo con las manos que debían haber sido caricias.

Debes huir, amor, acaso no oyes el quebrar de las ramas,
los silbidos de los dardos. Huye, amor, que vienen por ti.
Quieren matarte de repente como amapolas creciendo en tu pecho
de carne, los vellos manchados de sangre. Oh abatido. Nubes
de silencio. Mis manos harán un cuenco de leche dulcísima.

Esta cueva de noche, donde el amor todavía se oye riendo,
será mañana un grito que será eco, un silencio que serás tú,
¿dónde está la voz? La noche dentro. Caderas, muslos, pétalos de flores
que no existen. La noche dentro, inmensamente triste, acaso eterna,
al llorar, si cierro los ojos y veo cómo las ramas del espino
se estremecen para cazar pájaros, corazones atravesados, aletear vano
hacia la nada porque se acaba la vida. Debes huir, amor,
acaso no adivinas qué rostros se visten con las máscaras
que verás al morir, qué cuerpos se cubren
con las ropas que han de esconder los cuchillos. Piedras,
labios, la penumbra, la seda, el hambre, la frente.
Vístete de mí para amarte aún más, para morir yo también.
Anillo de la luz, no me ciegues, heridas como ojos,
ésta será la ultima visita, el último amor, este frío de noche
que se extiende de día, el último dolor, este odio al mar
cuando los fulgores de la luna nos mienten. El aullido. El suspiro.
Afuera te esperan, quizás pájaros o el aliento que se quiere ver
y que no se quiere ver. Vienen a buscarte como quien busca a la muerte.
Dar un beso con los ojos cerrados, los labios exactos, o amar
hasta que los cedros se incendien, abrazar flores azules y punzantes.
Ya se oye cómo los perros se comen despacio y vivo a un animal
de pie blanco, morir ensangrentando las dulces palabras de la niebla.
Ahora me ahogaré en el Charco Azul. Ya no me queda nada. Lamentaciones lentas, remordimientos, rezos a dioses o a roques.
Un cadáver debajo de la lluvia, lagartos oscuros beben agua, sangre,
amor. La cabeza cortada ensartada en un palo iba viendo
cómo el atardecer iba poniendo al mundo violeta, las gaviotas en su huida.

Domingo Guzmán Correa Marichal


DESPUÉS DE TODO.

Aquí estoy, esperando. El viento me cuenta
lo que no quise oír. Sé que a nadie le importa lo que pueda pasar

con mis muslos, con mis labios, con mis manos
que ya nada sostienen. Yo no quise oír,
pero tampoco nadie escuchó mis gritos entre las piedras
sangrando como palomas heridas, nadie preguntó
por el dolor que colgaba de mi boca.
Sé que después de tanta soga nada importó. Todo se retuerce.
Todo gime como una flauta. Entre los roques tambores oscuros
serán la historia, tambores de tierra, manchas de saliva,
arrebatos inútiles saltando los riscos para caer.
Sé que después de tanta sangre
vana es mi queja. Cuatro trozos de alma sobre el suelo
significaron cabezas cortadas mirando nacer el sol.
Para qué tanto grito, tanto aire babeando los dedos
que habrían de ser raíces
muertas. Desde la cueva más pequeña miro y reclamo.
Con el mismo punzón alivio mi carne con dolor. Clavarlo en mis ojos
o en mi cuello o entre mis muslos. Acaso no fue eso.
Leche, sangre y secretos derramándose para hacer muerte.
La sal haciendo las flores estériles que yo riego.
Aquí estoy ahora. A nadie le importa. Nadie me preguntó.
Nadie queda ya que merezca mi respuesta.
Quizá el vacío, los huecos o las costras secas sirvan para perdonarme
por ser sólo una excusa. Seguiré esperando.

Domingo Guzmán Correa Marichal


FUENTES:

Las imágenes y la introducción histórica están tomados del libro colectivo: “Ya se quebró el gánigo de Guahedum (Imágenes de la rebelión de los gomeros)”. Editado por la Asociación Cultural y Ecologista Tagaragunche, La Gomera (2004).






Comentarios
Jueves, 21 de Agosto de 2008 a las 12:10 pm - marko

#02 En lengua vasca, existe \"Ibaia\", que significa río, lo cual no quiere decir que el vasco este emparentado. Yo creo que no lo esta, pero bueno...

Miércoles, 02 de Mayo de 2007 a las 20:35 pm - iballa

#01 llevo tiempo buscando el significado de mi nombre y solo llegaba a encntrar las tipicas definiciones de que iballa era el nombre de una princesa guanche nada mas...y ahora ya lo se...GRACIAS!