Revista nº 858
ISSN 1885-6039

Cueva Pintada, Patrimonio y Boabdiles galdenses.

Sábado, 19 de Noviembre de 2005
Jesús Guerra
Publicado en el número 79

Quiero aprovechar el momento para hablar de otros asuntos relacionados con nuestro Patrimonio y que si dejamos pasar el tiempo sin aclararlo, pasa después lo que pasa: que la Historia nos la reinterpretan o nos la inventan. Yo prefiero decir que nos la revientan. Especialmente, los muchos Boabdiles que hay en nuestro pueblo y que tocan lo relacionado con nuestro patrimonio...



Permítame, amigo Nicolás, que añada unas cuantas cosas más a su emotivo artículo acerca de la Cueva Pintada. Yo soy uno de los tantos ciudadanos galdenses que jamás hemos visto la Cueva: no han "querido enseñárnosla". A lo mejor, por no ser amigos del entorno... que ha manejado los asuntos del patrimonio en nuestro municipio.

Coincido con Ud. en lo feo y antiestético que resulta el edificio del Museo. Pero no debemos olvidarnos de que han convertido el espacio en su conjunto (cueva y poblado) en un auténtico y horrible “Polideportivo de los Aborígenes”. Una solución arquitectónica de cerramiento totalmente agresiva desde el punto de vista estético de sensaciones más violentas que el edificio del museo. Además, creo que todo cerramiento proyectado en un yacimiento arqueológico, cercena definitivamente la posibilidad de ampliación posterior y anula todo atisbo de nuevos descubrimientos. Eso, por otra parte, y desde mi punto de vista, denota conformismo intelectual. Pero es lo que hay. Sostengo la tesis de que todo el subsuelo urbano galdense, desde Palma de Rojas hasta la punta abajo del barranco, debería tener una calificación de protección arqueológica en los instrumentos de planificación urbanística municipal. De eso podríamos hablar en otra ocasión. Especialmente del problema de la propiedad y su abordaje.

Quiero aprovechar el momento para hablar de otros asuntos relacionados con nuestro Patrimonio y que si dejamos pasar el tiempo sin aclararlo, pasa después lo que pasa: que la Historia nos la reinterpretan o nos la "inventan". Yo prefiero decir que nos la "revientan". Especialmente, los muchos Boabdiles que hay en nuestro pueblo y que tocan lo relacionado con nuestro patrimonio...

Si nos remontamos a los años ochenta, apareció una estructura circular de piedras vivas o callaos- (casi una premonición) en la trasera de la casa del capitán Quesada cuando se urbanizó aquella zona entre el Drago y la calle del Agua. Hubo un silencio por parte del stablishmen y más nunca se supo de aquellas piedras que fueron removidas por la pala del tractor y transportadas por los camiones del progreso -gracias, pero fumo Krüger-. Estructuras que nunca fueron investigadas y los próceres del patrimonio calladitos, como debe ser. Desde siempre ha habido un silencio sepulcral en todo lo relacionado con la parva de cuevas existentes en los márgenes del barranco de Gáldar: desde Palma de Rojas hasta las Cuevas de Facaracas pasando por el Barranquillo -Barrio del Hospital- y que permanecen ignotas para la ciencia. También hubo silencio ante los restos humanos aparecidos cuando se amplió hacia la calle Drago el Casino. No se supo si eran vestigios aborígenes o el resultado de la repugnante represión de las Brigadas del Amanecer, cosa de la que también se habló. Pero hubo similar consigna: dedo vertical sobre la comisura. Eso también forma parte de la Historia, creo. Aunque sea la de nuestro pueblo y no tenga mayor trascendencia.

Ya que estamos en la zona, también hay silencio absoluto y despreocupación por los restos cerámicos aparecidos en las proximidades del Puente de los Tres Ojos. No se sabe si se han datado o "ensacados" para evitar que denuncien la presencia de algún asentamiento. No debemos olvidar que las sociedades neolíticas se asentaban en las proximidades de los cursos de agua y que al abrigo de las cuevas tenían cerca el aprovechamiento del líquido elemento. Además, las tierras más fértiles de la zona para la agricultura conformaron posteriormente la cultura granera con que se encontraron los conquistadores hace cinco siglos: la Vega. Otro motivo más de silencio para los "protectores del patrimonio galdense" en los momentos presentes. Mi tesis es la siguiente: sin la existencia de las tierras fértiles de La Vega y el curso fluvial del barranco, la Cueva Pintada no existiría. En aquellos tiempos -igual que hoy- lo primero era el papeo y después la cultura. Después de las tareas propias para la supervivencia más elemental, procurar cobijo, alimentación y vestimenta, vienen las cuestiones intelectuales y las espirituales: pintura rupestre, los signos, pintaderas, cerámicas, los juegos, el arte funerario -embalsamamiento- y el mundo de la muerte, etc., y el resto de la organización social con sus jerarquías e instituciones.

También hay que hablar del abandono lamentable de los yacimientos del Agujero, Necrópolis de la Guancha, Mugaretes del Clavo y la Furnia y el ostracismo que acompaña al yacimiento de Botija. Por no hablar de las Cuevas de Facaracas. En fin, amigo Nicolás. Todavía hay quien pregona por ahí que visiten Gáldar. Será para que se echen a llorar al ver tanto despropósito. Hace poco leí que el Cabildo va a acometer obras en los yacimientos del Agujero. ¡Por favor, que no le pongan techo! Todavía recuerdo un libro editado por el Cabildo Insular de las obras que se hicieron en el Agujero en los años cuarenta. No sé si data de aquella época la exhumación de las muchas calaveras y esqueletos expuestos en el Museo Canario y que tienen procedencia galdense. La primera casa existente en las proximidades del lugar, según fotos de esa publicación, era el taller de Mister D. J. Leackood. El resto de aquel territorio encalichado separado por el barranquillo del Agujero, conformaba un paraje solitario, ventoso, agreste y alejado de la población. Hoy, lo que vemos: estructuras habitacionales cruciformes en medio de una granja y constreñido en una esquina y separado de una estructura similar por el paso de una carretera. Más moderno aún: una urbanización con vistas al yacimiento. Imperceptibles ya las construcciones aborígenes cercanas a la desembocadura del barranco. Y qué decir de la Necrópolis. Pues nada. Que aún se recuerda con jocosidad el premio después de la perimetración generosa de todo el yacimiento: túmulos y Necrópolis. Paradigma de chapuza profesional y comportamiento correcto para con los terratenientes y ¡que dios se lo pague! Ah, y la gasolina aparte.

De lo más reciente en cuanto a yacimientos, tenemos los tremendos, sorprendentes, casuales y hermosos ejemplares de estructuras habitacionales y/o institucionales aparecidas en el barrio de San Sebastián el desaetado, que esa es otra. Alguien postuló para la posteridad que el Palacio de los Guanartemes está debajo del templo neoclásico galdense. No plus intestigation. La iglesia no hay dios que la toque y por tanto el palacio se queda debajo. A lo mejor, y esto es una hipótesis que expongo, el verdadero emplazamiento del palacio está por descubrir y podría estar ubicado en el yacimiento arqueológico recién descubierto. O en sus proximidades. Al menos las estructuras descubiertas hasta el momento, por sus dimensiones, indican que son más grandes y potentes desde el punto de vista arqueológico que las del entorno de la Cueva Pintada. Habría que esperar a las investigaciones actualmente en curso muerto, para determinar si el emplazamiento descubierto nos puede dar a entender que la vida institucional y todo el entramado jurídico y social del guanartemato galdense, tuviera lugar en esa zona. Ellos dirán -los culturetas me refiero- si lo estiman pertinente. El Cabildo y Patrimonio también deberían decir algo. Los demás, a seguir sospechando.

No debemos olvidar tampoco la desidia de los Boabdiles para con el patrimonio etnográfico. La multitud de pedreras, albercones, pozos, troneras, presas y represas, almacenes de empaquetado, casas de máquinas, acequias, canales y acueductos, molinos de gofio, fábrica de tubos, etc., etc. La demolición y desaparición en una noche del Faro de Sardina con camiones de La Marina o del ejército. O el desmantelamiento del Horno de la Cal en la vuelta de Sardina. Por no hablar de la desaparición de las enormes sillerías y muros de contención construidos durante el boom de la sorriba. No sé si sabrán ellos algo de la arqueología industrial, rama de investigación de tiempos más recientes. Lo cierto es que no les interesa lo más mínimo. A fin de cuentas, para ellos, son vestigios afectos por la mano analfabeta del trabajador y no por las de los adalides del intelecto: ¡qué bobilines! Se han escondido bajo las piedras recientemente mientras duraron las obras de desnaturalización del Puente de los Tres Ojos. Una obra de ingeniería de las más importantes que había en nuestro municipio. No salió nadie de la Comisión Municipal de Patrimonio a manifestar su parecer ante la intervención dura y bruta que se hizo en la obra de León y Castillo. Así defienden ellos el patrimonio, con el silencio. A lo mejor el silencio tiene un precio. El encargo de alguna obrilla de vez en cuando para determinados culturetas financiada con dinero público. O los seminarios los llevo yo. Pero la memoria del ilustre ingeniero canario, se ignora a cambio de unas cuantas chuletas.

También hay que hablar del resultado zen que le han dado a la Plaza. Tala de árboles incluida y sustitución de la cantería de Gáldar por hormigón. Un dos en uno magistral. Habría que recordarle a los galdenses y a todos los canarios que hasta el año 1936, el nombre del lugar era Plaza de la República. Sin olvidarnos de los edificios que han sido botados en el perímetro del Casco Histórico. Admito demolidos como sinónimo. Uno para construir viviendas y garajes en la calle Guayasen y otro para vivienda de un exconcejal, en las cercanías de la Heredad de Aguas. ¡Qué bonito! Pero aún hay más. El pegoste que le han puesto a la fachada del templo neoclásico galdense. El edificio más emblemático desde el punto de vista arquitectónico de toda la isla y que mejor responde a los cánones del Neoclasicismo y su revestimiento con cantería de Gáldar, ha sido emporcado -siempre es un punto de vista subjetivo, claro- con una escultura de Borges Linares que no responde, ni por asomo a los cánones de la escultura del Neoclásico. Critico, sobre todo, que tampoco se haya respetado la memoria del arquitecto Diego Nicolás Eduardo o de su tío, para determinar si él había contemplado algún tipo de intervención en las hornacinas superiores de la fachada de la iglesia. Al parecer, los planos se perdieron o fueron perdidos. Vaya uno a saber. Además, el Santiago de los Océanos parece más bien el de las nubes, dada la altura a la que está. La obra escultórica tiene una finalidad. Mejor dicho muchas, pero una de ellas es la de posibilitar su contemplación. Pero en Gáldar se ha materializado una innovación científica de enorme calado intelectual: la contemplación de la obra arquitectónica con prismáticos. Y cuidado con el pescuezo, no vaya a ser... Con lo bien que hubiera quedado en algún lugar donde los mortales pudieran contemplar la última de las obras escultóricas de Borges. Uno de los pocos amigos que tenía Borges, me hablaba hace poco de la obra y de la alegoría que el artista quería representar. La llegada por mar a Galicia del santo y lo representaba caminando sobre el agua. No recuerda haber hablado del lugar de colocación final. En fin, haciendo historia, amigo. Cuando digo uno de los pocos amigos, es porque lo visitaba desde siempre en su taller y conversaba con el artista. Y además, no se escondía de él como otros muchos -cuando lo veía templado por las calles de Gáldar-. Ni tampoco lo expolió, como otros tantos y nunca se avergonzó de él ni viró para la otra acera cuando se le aproximaba. A los anales -de la Historia- hay que llevar la verdad y si la obra no estaba terminada, pues se dice que la obra póstuma de Juan Borges Linares estaba inconclusa y no pasa nada. A lo mejor un poco de misterio no le hubiera ido mal. Que nadie nos invente la Historia y nos date la obra. Que no nos la reinterpreten. Pero sobre todo, que no nos la revienten. Si alguien piensa lo contrario y duerme sin remordimientos, pues le deseo felices sueños.

Cambiando de tomas, pero sin salirnos del tema, amigo Nicolás, también tenemos que hablar de los saqueos patrimoniales. Aprovecho para recomendar -no seré quién, pero a lo mejor alguien decide hacerme caso- un libro de hace una pila de años, cuyo autor, también de Gáldar, decía en el prólogo poco más o menos, que su obra iba en contra de los "saqueadores de Cuevas y socios numerarios del Museo Canario". El título Siete Ensayos sobre Cultura Canaria. Escribo de memoria y pido disculpas al bueno de Ángel Sánchez si fallo en el título. Pero la cita sí es suya. Pero a lo que íbamos. Resulta intolerable que a los libros del Archivo Municipal y del Parroquial les falten hojas (laguna documental de gran magnitud que impide conocer con rigor el paso del tiempo y el contexto histórico de personajes y hechos del pasado galdense). Hecho imperdonable no denunciado por los próceres y Boabdiles. Tal vez exista un interés por reconstruir o reinventar la historia y finalmente, reventarla. Algo normal en muchos gusanos de archivos que atacan a los pobres libros y luego resulta que aparecen vinculaciones heráldicas de aquellos que siguen viviendo la ilusión de la alcurnia sempiterna. Residuos medievales de hidalgos que entendían el universo del trabajo como algo contrario a los buenos modales y a la grandeza y el honor de la dinastía. Lo demás: gleba. ¡Qué bien los jeringó la burguesía!

Más arriba señalé de pasada a San Sebastián el desaetado. Otro ejemplo de la acción de los saqueadores. Las saetas de plata que tenía el santo se intuye pero no se dice dónde están. Mejor dicho, quién las tiene. Al santo no lo han dejado en pelotas porque la imagen está desnuda y el paño de pudor es de obra. Estoy seguro de que San Buenaventura y la otra imagen que acompañan al santo en la ermita no fueron. A lo mejor la cosa queda entre Napoleón, Colón y Jesucristo: y a mí que me registren. Hay quien defiende que algunos objetos donde mejor se conservan es en manos privadas, porque así se evita que desaparezcan o se deterioren y gracias al amor que profesan algunos por los vestigios y las antigüedades, éstos pasan a la posteridad en perfecto estado. Como los callaos de dura tienen la cara. Mientras eso pasa, la ley de Patrimonio estatal y la de Canarias cogiendo polvo en las estanterías. Deberían estar en el cuartelillo hasta que devuelvan el producto de su rapiña.

Hace ya un puño de años que alguien se metió en plan bruto en una cueva en la zona de Taya o por allí cerca. Hizo un destrozo del carajo y removió el lugar llevándose lo que no se sabe, ni de lo que nunca se ha querido hablar. Ah, era para guardarlo y que no se perdiera, según la tesis expuesta arriba. De las colecciones privadas de múltiples objetos y restos aborígenes también debemos hablar, amigo Nicolás. Algún día habrá que sacar dinero público -el de todos- para compensar a los autores del expolio o a sus familias, para “recuperar” el patrimonio robado, cuando las autoridades competentes en materia de patrimonio decidan exponer públicamente aquello que ahora está en las casitas. Se hablará de catalogaciones, dataciones y demás gaitas, que añadirán luz a las tinieblas que nos permitirán conocer mejor nuestro pasado. ¡Como si los estuviera viendo! De niño, cuando iba a la Graduada, con lo primero que me topaba nada más entrar era con una momia en una urna de cristal. Fui poco a la escuela, pero nunca más he sabido dónde está la momia. Ellos sabrán. A lo mejor está a buen recaudo y me alegro si es así. Pero si no, también tengo el derecho a sospechar.

Otro ejemplo paradigmático de lo que digo es el siguiente. La mejor y más completa colección de pintaderas canarias está en Gáldar. Nunca las he visto y puedo suponer que la mayoría han sido extraídas de los muchos yacimientos que existen en nuestro municipio. ¿Cuántas son? Treinta, cincuenta, caliente, frío, más, menos. ¿Son cuadradas, rectangulares, redondas, triangulares, con mangos, sin mangos? Investigadores de prestigio internacional han venido a estudiarlas y otros esperan venir a verlas. Pero el pueblo canario en su conjunto, como legatario final de todo vestigio arqueológico procedente de excavaciones autorizadas o clandestinas, tiene vetada su contemplación. ¿Dónde están?, pues en una casita. Bien guardaditas y espero que en buen estado. No sea que se diga que no se protegen con esmero.

En fin, amigo Nicolás, espero no haber molestado con este artículo. En verdad es feo el mamotreto del Museo, pero más feo es lo que han hecho en Gáldar con todo el patrimonio. En la Comisión del Patrimonio Histórico no me esperan. Creo que cuando lean este artículo, algunos dirán: maldecío sea su nombre. No importa. Es el tributo que algunos tenemos que pagar si queremos seguir siendo honestos. Y más en un pueblo como el nuestro, donde hay bastantes boabdiles reventando nuestra historia.

Un saludo desde Gáldar y hasta otra.




Artículo publicado en Infonorte Digital el sábado 10 de septiembre de 2005.


Comentarios
Martes, 03 de Abril de 2007 a las 01:19 am - Tabaibero.

#01 Fui a ver el espectaculo de la cueva pintada. Está muy bien pero se puede mejorar. Una cuestión que quiero lanar, es acerca de porqué no se hace una reproducción de la cueva pintada, de como se descubrió. En la actualidad queda un bajisimo porcentaje de las pinturas originales, que cada vez se degradan más sin que se restauren y recuperen. De la misma manera que reprodujeron dos viviendas guanches, repito que bien se pueda hacer lo mismo con la cueva pintada. Hay material iconográfico para hacerlo, y asi podriamos ver algo que maravilló a quienes hace unsiglo la visitaron. Podrían haberlo hecho para que el señorito Soria se huviera dado más lustre, y eso que en un principio aseguro que la cueva pintada no era más que un meadero, un cagadero y un basurero. Lo que son las cosas.