Revista nº 848
ISSN 1885-6039

Exposición Pesos, medidas y monedas tradicionales de Canarias

Lunes, 28 de Febrero de 2005
Obra Social CajaCanarias / Redacción BienMeSabe
Publicado en el número 42

Recientemente la Obra Social y Cultural de CajaCanarias ha inaugurado la exposición titulada “Pesos, medidas y monedas tradicionales en Canarias”. Dicha muestra que tiene carácter itinerante se podrá visitar en la Sala De Arte de la entidad en Santa Cruz de La Palma hasta el próximo 16 de Marzo.

Dicha presentación contó con la conferencia inaugural del Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de La Laguna, Don José Manuel González Rodríguez. La muestra subraya la necesidad de conservar el acervo popular de las islas, especialmente el ligado a la cultura agraria, que ha sido el principal soporte de la sociedad y de la economía canaria durante siglos.

La exposición está integrada por réplicas de los objetos de medición que aún se conservan en distintos museos y casas particulares, incidiendo en la explicación de sus características y en la estructura que subyace en su disposición métrica.

Se ha comprobado que las medidas de uso común en Canarias coincidían casi por completo con aquellas que los conquistadores y tratantes peninsulares introdujeron en épocas de conquista. Según I. Peraza de Ayala “...los pesos y medidas de lo antiguo fueron regulados al parecer por lo que se refiere a Tenerife, conforme a los de Burgos y más tarde a los de Sevilla, que eran un dos por ciento menos. De esta última ciudad trajo el regidor Don Roberto de Hanty varios pesos y medidas “afielados y marcados” por el contraste de allí.

A partir de entonces, los pesos y medidas premétricas se regularon de Ordenazas y Disposiciones de los Cabildos; y así lo que en principio constituía un apretado amasijo de patrones y formas de medición de orígenes diversos (M. Lobo, 1989) con el paso del tiempo sólo las unidades más destacadas de la Metrología Castellana aparecen usadas con frecuencia en Canarias. Su uso quedó regulado por leyes promulgadas desde la capital del Reino (Ley de 7 de enero de 1496, sancionada por los Reyes Católicos, Pragmática de 24 de junio de 1568, firmada por Felipe II; Real Orden de 26 de enero de 1801, de Carlos IV..) que imponía una unificación metrológica en todas las posesiones de la Corona española. Podemos asumir, por tanto, que en los comienzos de S XIX, cuando se emprendiera en España la reforma metrológica, en Canarias se daba y se utilizaba un completo sistema de medidas que, a pesar de mostrar variaciones notables entre las Islas, respondía a un único esquema de organización común, tanto en las denominaciones de los patrones como en la estructura de múltiplos y divisores (J.M. González, 1992).

Del arraigo de estas antiguas medidas nos informa el hecho de que tras numeroso intentos por suprimirlas, aún en la primera mitad de la centuria pasada fueron de uso común en ventas, comercios, bodegas, etc. Sólo la acción decidida de los fieles contrastes, autoridades que continuaron la acción fiscalizadora de los almotaces consiguió erradicar su uso generalizado, querido y valorado en torno a los años cincuenta. Los antiguos patrones sólo se reconocen en actividades y prácticas comerciales de clara raigambre costumbrista y popular. Así, sólo sabemos del uso de la vara en algunos telares antiguos; desconocida su presencia en los comercios al por menor de tejidos y telas. Los pescadores aún miden en brazas las dimensiones de las liñas y algunos tratantes de ganado identifican el trapío de las reces con cuartas o palmos (J.M. González, 1993). Las liñas se compran al peso, identificando de forma natural el modelo ponderal con el de longitudes. La fanegada de terreno, cuya dimensión media supone unos 5000 metros cuadrados, aún nos sirve de referencia (al menos en el Valle de la Orotava) para dimensionar las fincas rústicas; mas son pocos los agricultores que aún valoran la extensión de sus viñedos por aludes o celemines.

Ya nadie reconoce los patrones de capacidad de áridos: almud, fanega, cuartilla y, tan sólo en algunos molinos tradicionales (en Tejeda y en La Orotava) podemos contemplar las cuartillas “colmadas” de grano que sólo se usan para transportar y manipular el millo y el trigo, o en el reparto familiar de la cosecha del grano (Fuerteventura). Los cestos de medio almud, tradicionales en la cosecha con papas cultivadas en jable en el sur de Tenerife, ya no son utilizados como medidas de capacidad, y aquellos artesanos que aún trabajan la cestería de madera rajada elaboran estos cestos sin mantener ningún principio de proporción, esto es, sin respetar el patrón de medida. Con onzas y libras sabemos que aún se valora el peso de los gallos de pelea y, de igual modo, la comercialización de la seda en la isla de La Palma y de la semilla de cebollino en Lanzarote. La pipa de 480 litros, esto es de 12 barriles de cuenta, aún se reconoce entre bodegueros y viticultores. Justamente, este patrón de capacidad representa una de las medidas con mayor presencia en Canarias, pues con él aún se mide el caudal de galerías y el contenido de arquillas de riego, cantoneras y “pesadores de agua”.

En todo caso, se da una nueva vinculación metrológica tras la explotación de los últimos cultivos de exportación introducidos en el archipiélago. Así, a partir de 1882, cuando sir Alfred Jones impulsara el comercio del plátano, Canarias conoció un nuevo proceso de transformación de su agro y, por ende, de su paisaje, que aún en la actualidad caracteriza gran parte de nuestros campos. Con el plátano llegaron nuevos procedimientos de embalaje y, en consecuencia, nuevas unidades de medida. La jaula de madera o huacal fue el sistema de embalaje más comúnmente empleado antes de nuestra Guerra Civil para pasar posteriormente a comercializar con el paquete, envoltura formada por unas hojas de papel kraft de 175x175 y 175x230 cm, según se trata de paquetes sencillos o dobles. Colocando paja o pinillo sobre el papel se dobla la hoja donde se colocaba el racimo para ser envuelto y luego amarrado. El embalaje de huacales fue sustituido por el conocido paquete canario, muy popular y económico; que si bien logró erradicar el antiguo método introducido por las compañías fruteras estadounidenses en Centroamérica no pudo competir con el nuevo método del desmanillado y empaquetado en cajas de cartón que se impondría como técnica más corriente pasada la década de los 60.

De igual forma, el tomate, cuyo cultivo iniciará en 1885 Mr. Blisse, funcionario inglés de la compañía Swanson, también conoció el empaquetado en cajas y cestas abarcadas de madera; pero las zafras en la actualidad se embalan en cajas prismáticas de cartón, siguiendo un procedimiento enteramente similar al de las manillas. Así, los tomates recogidos en la finca entran mezclados en los almacenes de empaquetado, donde se seleccionan, separándolos por tamaño y estado de madurez. Se desechan los que no son aptos para explotación y se empaquetan en cestos de cartón que contienen seis kilos de tomates. Es necesario regular debidamente la exportación en caso de que haya excedentes, se ha establecido por el SOP/RE las cinco clasificaciones siguientes: G, de 67 a 77 mm de diámetro; M, de 57 a 67 mm; MM de 47 a 57; MMM de 40 a 47 y P4 de 35 a 40. Las distintas calidades se empaquetan en las cajas de tal modo que completen su aforo: así, las de tamaño superior llenan la tonga de tres tomates de altura por tres de ancho y cuatro de largo; mientras que los más pequeños precisan amontonamientos de más alturas y con filas rellenas de mayor número de frutos.

Sirva este último repaso de las condiciones de embalaje del plátano y del tomate como muestra emblemática de la historia de nuestras tradiciones metrológicas. Si bien las medidas castellanas deben ser reconocidas como las que conforman el entramado básico de nuestros patrones, también debemos extraer como corolario que las relaciones comerciales del archipiélago concitaron en cada época la introducción de otras unidades de medición, muy vinculadas a los intereses extremos, pero que han sido acogidas como propias, formando ya parte esencial de nuestras tradiciones. Por lo demás, las nuevas técnicas de cultivo y recolección han diversificado los recipientes de embalaje y transporte; con todo, el campesino isleño sigue identificando en sus tareas cotidianas aquellas medidas que contenían un apreciable significado ergonómico y, así, las cubetas que en la actualidad se usan en el agro insular admiten aforos y factores de conversión enteramente similares a aquellos que ya fueron popularizados entre nuestros antepasados.

Tras un rastreo exhaustivo de las piezas más relevantes, se ha contactado con distintos artesanos, que han elaborado moldes tangibles idénticos a los patrones tradicionales. Junto a estas piezas, se exhiben nueve paneles diferenciados que se corresponden con cada uno de los sistemas de medidas: lineales, patrones de agrimensura, unidades de capacidad de áridos, recipientes para calcular el volumen de líquidos, unidades asociadas con la siembra y recolección de la papa, medidas asociadas a la vendimia y el comercio del vino, unidades de peso, unidades utilizadas en los riegos, así como medidas utilizadas en las actividades pesqueras, en el tomate y en las plataneras. Todo ellos ofrece una visión moderna y actual sobre los patrones de medida no acordes con los modelos del Sistema Métrico Decimal. Cada tema va asociado a réplicas de aquellas piezas o patrones originales y cada unidad aparece en los paneles descriptivos con la identificación del artesano que la ha elaborado, su lugar de procedencia y los elementos imprescindibles para esclarecer su uso y su presencia actual en campos y comercios.

Completan la instalación distintas reproducciones de las leyes que gobernaron el uso de los patrones canarios y alguna fotografía antigua que ilustra el uso y el arraigo de los patrones. La exposición parte del principio básico de que todo lo que rodea al ser humano tiene una medida y un peso. De la misma forma que le hemos dado nombre a las cosas, hemos inventado la manera de contar, calcular y valorar desarrollando sistemas de medidas que facilitaran el control de los recursos.

El objetivo, por tanto, es conocer cómo los canarios han solucionado la necesidad de pesar y medir los terrenos, el fruto de las cosechas o las mercancías para comerciar. Se exhiben sistemas ingeniosos y eficaces a la vez que sencillos testimonios, algunos de ellos de culturas milenarias, que sirven para determinar el grado de desarrollo tecnológico y económico de nuestra propia sociedad.

En los comienzos del s.XIX, cuando se emprendió en España la reforma métrica, en Canarias se daba y se utilizaba un completo sistema de medidas que a pesar de mostrar variaciones notables entre las islas, respondía a un único esquema de organización métrica común, tanto en lo que atañe a denominaciones de los patrones, como la estructura de múltiplos y divisores. Este esquema, que procede de los modelos que introdujeron los conquistadores, desconoce cualquier tipo de herencia aborigen y ha sido enriquecido por múltiples aportaciones posteriores, fruto del continuo intercambio comercial del Archipiélago con los países europeos y americanos.
Comentarios
Domingo, 04 de Julio de 2010 a las 21:02 pm - Marcela Camargo R.

#01 Las medidas tradicionales en el agro panameño, son de mi interés, por lo que al ver su trabajo, me interesó mucho. También en mi país, la mayor parte de las que perviven son de origen huispano.

Me gustaría mantener comunicación e intercambiar ideas con usted. Marcela Camargo R. (grudolf19@cwpanama.net)