Revista nº 959
ISSN 1885-6039

Un disco entre familias

Martes, 11 de Mayo de 2004
La Provincia
Publicado en el número -0

Un ejercicio de estilo , un diálogo entre dos alrededor de timples, guitarras, cuatro, charango, cavaquinho, saxo, flauta y clarinete. Es José Antonio Ramos y Andreas Prittwitz (Ingo), un disco para exaltar la fusión con virajes muy calibrados hacia el jazz, la new age, flamenco disperso y música de raíz. No se trata de un disco de world music en el sentido estricto del término, y marca cierta distancia respecto a otros trabajos de Ramos donde el timple era la marca sobre la que gravita la producción, caso de Los cuatro gigantes (1998), Puntales (2000), Jeito (2001) y su más reciente Para timple y piano (2003) grabado con Polo Ortí. Discos todos ellos en los que su ahora compañero de viaje, Andreas Prittwitz, ha producido, además de formar parte de la banda que habitualmente le ha acompañado en directo. Este José Antonio Ramos y Andreas Prittwitz pretende tejer un territorio sonoro común. "Es un proyecto de investigación, de intentar aprovechar nuestras cualidades como multiinstrumentistas, en este caso con José con los instrumentos de cuerda, timple, charango, cuatro, cavaquinho, y yo con flautas, saxos... El problema era cómo podíamos enfocar el proyecto. Entramos al estudio para grabar la primera maqueta. Aquello quedó tan bien que incluso dos de los temas quedaron tal cual. En dos semanas hicimos el disco", explica Andreas Prittwitz. "Lo que está claro es que no se trata de un disco de timple, que nadie se confunda",asegura José Antonio Ramos. Nada que ver con sus trabajos anteriores. "Tímbricamente aporta mucho color. Hay temas donde aparece un cuatro venezolano sacado de contexto, y un saxo tenor. Es un cruce de familias de instrumentos, y con los que yo habitualmente trabajo son más tradicionales; lo de Andreas es más clásico", asegura Ramos. El timplista asegura que nada es gratuito en este trabajo que se presenta en concierto y en riguroso estreno el martes 18 de mayo en el auditorio Alfredo Kraus (20.30 horas) dentro del programa de conciertos de la segunda edición del ciclo Arrecife de las Músicas. "Es curioso", apunta Andreas Prittwitz, "porque entre todos los instrumentos que tocamos hay unas connotaciones tímbricas muy curiosas, agradables y que sorprenden. Una de las novedades de este disco es ese juego, y no sólo a la hora de hacer melodías sino también que en muchos momentos asumimos papeles poco habituales para nuestros instrumentos. Por ejemplo, el timple con distorsión suena como guitarra eléctrica, al clarinete le hemos puesto un octavador que lo baja de tesitura y suena como un bajo eléctrico..." ORIGINALIDAD. La principal premisa era buscar la originalidad. Como bien dice Prittwitz, "no hay peor cosa que escuchar un disco que todas las canciones sean iguales". El resultado está por ver. "El sello Ingo tiene sus limitaciones y aunque seguimos con el respaldo de Nuevos Medios y nos dan libertad para embarcarnos en cosas de este tipo". La inmediatez de la grabación y la urgencia en editar el disco aconsejaban hacer las cosas de esta manera. "Conseguir una multinacional es prácticamente imposible, pero no solo para este tipo de música. Sopesamos la cuestión de inmediatez. y además así controlamos todo", explica Prittwitz. La industria discográfica no atraviesa un buen momento para embarcarse en proyectos que poca cabida tienen en los circuitos comerciales. Según José Antonio Ramos, "a este tipo de música le cuesta más porque hay otros tipos de música que con gran mediocridad están por todos lados. Hay más sensibilidad ahora para este tipo de músicas, gente que busca música que no sale por televisión ni en las radiofórmulas". Andreas Prittwitz lo tiene muy claro: "La música occidental ha tocado techo y el camino a seguir es fusionar distintas culturas, como se ha intentado en este disco aunque hay mucha gente que abusa de eso; hay que ser serios porque el campo del new age hay mucha gente que trabaja con mucha ligereza".
Comentarios