Revista nº 671
ISSN 1885-6039

El charco del Perro, de la leyenda a la historia.

Martes, 06 de Septiembre de 2016
Carlos González Ávila
Publicado en el número 643

Este suceso, ocurrido en 1928 y vinculado al ahogamiento de tres jóvenes, se eleva en historia popular del pueblo tinerfeño de Icod (Tenerife) y llega a inspirar el verbo de poetas como Emeterio Gutiérrez Albelo...

 

 

Lejanamente en el tiempo, numerosas voces son las que han cercado el pesaroso suceso, en el que las fluctuantes olas de la mar de un enclave icodense arramblaron la vida de tres jóvenes. La trascendencia de tal luctuoso hecho ha sido la causa motriz del florecimiento de una dramática leyenda, la cual paso a relatarles en verso, fragmentando el inspirado romance que el poeta Francisco González Tosco dedica a la memoria de las tres finadas.

 

 

[…] Estaba la mar en calma,

ni una ola había en ella

y la quieta bajamar

invitaba a poseerla.

La mayor pisó las aguas

y no halló en sus pies arena;

y la otra, presurosa

un pañuelo le tendiera

y un tirón sintió su mano

y arrastrada se sintiera;

y lo mismo la  menor

que ya dejaba la tierra.

Que nadar nada sabían

las desdichadas doncellas,

siendo inútil todo esfuerzo,

manotazos, gritos, penas;

chillidos y más chillidos

sin que tuvieran respuesta.

Y cuánto ladrido al aire

del perro, de peña en peña,

que era el can como un hermano,

y fiel a toda prueba;

pues de aullar no paraba

en lo alto de la cueva,

como queriendo avisar

de cuánto sus ojos vieran.

Y atraídos por el llanto

del mastín, al fin creyeran

las gentes de aquestos límites

que un mal hecho sucediera.

Y ¡horror! exclaman todos

al mirar la triste escena,

pues flotaban sobre el mar

los cuerpos como alma en pena.

Que si los cuerpos al mar

las almas a Dios certeras,

y que Dios allá en su reino

les dará la vida eterna.

Y aquí, según fuera dicho,

se termina la leyenda,

que tres cruces tiene el charco,

una por cada doncella,

y el porqué el nombre del Perro,

el heroico centinela.

Y alguno, según fue dicho,

vio en el cielo tres estrellas

más brillantes que las otras

¿por suerte las mismas fueran

las almas de aquellas jóvenes

que ya gozan vida eterna?

 

 

El argumento de esta verbalizada leyenda encierra consigo un germen de verosimilitud, ya que es normal y, en cierta medida lógico, que con el devenir temporal se alteren los hechos en cierta forma. La idea de verosimilitud, como el propio término indica, no hace referencia a la verdad, sino a lo que es similar a ella misma. Esta es la razón por la que una leyenda se fundamenta en los hechos tradicionales y no en los históricos; se relaciona con la verdad en el plano de la apariencia. La leyenda como arte es donante de sensaciones, emociones, reflexiones… que pueden ser más interesantes que la propia verdad. No debemos confundir la realidad con los hechos, puesto que la verosimilitud pertenece a la naturaleza del arte.

 

Izquierda: pormenor del Charco del Perro retratado desde su cara oeste

Derecha: detalle del citado charco mediante el cual se aprecia la entrada de agua que, con oleaje, torna el baño difícil y peligroso

 

Una vez expuestas estas aclaraciones es el momento de conocer al detalle la relación de los hechos, y para ello la guía fehaciente es la crónica del suceso recogida en La Prensa el viernes 24 de agosto de 1928. 

 

Con el antetítulo Suceso Luctuoso, el redactor presumiblemente querría apelar al interés de los lectores, y bajo el título "Tres jóvenes ahogadas" desarrolla la información, que contiene lo que sigue:

 

 

En la tarde de ayer ocurrió un lamentable accidente en la ciudad de Icod, que ha causado gran impresión en aquel vecindario.

Según los informes oficiales que se han recibido, a las seis de la tarde de dicho día, al salir de trabajar en la finca de los señores Vidal*, las jóvenes Victoria Ruiz Pérez, de 22 años, Juana Martín Rodríguez, de 18 años, y Amparo Martín Cámara, también de 18 años, se dirigieron a la playa conocida por el nombre Charco del Perro , con el fin de bañarse.

La joven Victoria Ruiz, que parece sabía nadar algo más que sus compañeras, se internó bastante en el agua, perdiendo pie y comenzando a ahogarse. Sus dos amigas vieron el peligro en que se hallaba y trataron de auxiliarla, pero como apenas sabían nadar, fueron también arrastradas por la corriente, pereciendo las tres ahogadas.

La noticia del doloroso suceso fue comunicada con toda prevención a los familiares de las infortunadas jóvenes, desarrollándose en sus domicilios tristes escenas.

Las tres víctimas eran solteras y se dedicaban a las labores del campo, siendo muy apreciadas por sus compañeras de trabajo.

Descansen en paz las desgraciadas jóvenes

 

(* Vidal Domínguez Vidal, hermano y socio de José Domínguez Vidal; y este último es el padre de José Domínguez Delgado, padre de José, Luis y Antonio Domínguez Cámara).

 

 

Una vez conocidos los nombres completos, junto con la fecha exacta de los sendos fallecimientos, las partidas de defunción revelarían datos de gran relevancia para identificar a los padres de las mismas, porque el resto de los familiares se sabrían conversando con algunos de sus descendientes de la línea colateral de las distintas parentelas. Se sabe que Victoria Ruiz Pérez nació bajo el matrimonio de Felipe y Candelaria, serían las segundas nupcias de este, en las que tuvo once hijos más que paso a citar con arreglo a la prelación alfabética: Antonia, Asunción, Carmen, Fermín (maestro Fermín, conocido por ser el constructor del desaparecido Hostal del Drago y de la actual sede de la Sociedad Centro Icodense), Juan, Manuel, María (conocida por Mariquita, que adquirió votos y adoptó el nombre de sor Teresita), María Amparo, Paulina, Rosario y Salvador.

 

Juana Martín Rodríguez fue concebida mediante la unión marital entre Felipe y Matilde, también conocida como Martina, los cuales concibieron a diez hijos más, que se citan atendiendo al orden alfabético: Alejandrina, Clemente, Constanza, Gregorio, Luisa, Marcelino, Pedro, Pepe, Tinercio y Victoria.

 

Amparo Martín Cámara era hermana de Avelina y Edelmira, hijas de Cristóbal y Carmen, que tras el fallecimiento de su cónyuge, Cristóbal, contrae esponsales con Luisa Martín Rodríguez, la hermana de la malograda Juana; de esta manera, Amparo era la entenada de Luisa y el duelo de ambos sería doble, porque Cristóbal no solo perdería a su hija Amparo, sino también a su cuñada Juana y, por tanto, Luisa conocería la defunción de su hermana Juana y de su alnada Amparo.

 

A la sazón estaba de juez en Icod de los Vinos don Miguel Luis Mascareño y el secretario era don Ezequiel Borges Rodríguez; el ayuntamiento lo presidía el alcalde don Felipe Guzmán Cruz. El ilustre poeta icodense Emeterio Gutiérrez Albelo, cuatro días después del dantesco suceso, cumpliría veinticuatro años, por eso no es de extrañar que sintiera una honda consternación y les dedicara esta plañida composición poética.

 

 

Elegía de las tres mozas

¡Ay, las tres mozas que hoy

mató el mar!

¡Ay, las tres muñecas

de apasionado mirar!

El mar como un niño grande

fue con ellas a jugar,

y rompió los tres juguetes

con sus garras de cristal.

Aquí están sobre la arena,

sin sangre de vida ya.

¡Ay, las tres mozas que

hoy mató el mar!

Con la tres lindas muñecas

de apasionado mirar,

el mar, como un niño grande,

fue con ellas a jugar

y rompió los tres juguetes

con sus garras de cristal.

¡Ay, las tres mozas que hoy

mató el mar!

Aquí están sobre la arena,

sin sangre de vida ya.

Maldice el mar su barbarie

lamiéndolas como un can…

Grandes lágrimas violadas

llora la tarde… Mirad.

¡Ay, las tres mozas que hoy

mató el mar!

 

 

La vibrante emotividad de estos versos, entronca con la etapa modernista de su autor, ya que con posterioridad formaría parte del movimiento surrealista, lo que le otorgaría gran notoriedad en la historia de la poesía.

 

Se sabe que Pedro Martín, hermano de Juana, se encargaba de mantener en perfecto estado las cruces, haciendo las reparaciones pertinentes, mientras su salud se lo permitió, casi hasta el final de sus días. De hecho, su hijo Ramón llegó a escucharle decir que, cuando la arenera se estaba expandiendo hasta la zona del charco, advirtió el riesgo de la desaparición de las mismas y lo puso en conocimiento de las autoridades. El argumento no lo sabemos, pero presumiblemente fue de lo más emotivo, porque dichas cruces sobrevivieron ante aquel desalmado avatar. 

 

 

Evergista, nieta de Cristóbal y Luisa, e hija de la difunta Efidencia, le escuchaba decir a esta última que a Amparo y a Juana las velaron juntas en el Camino de las Charnecas, en la casa que hoy se conserva con el número 19, y a Victoria en otra muy cerca; de este modo las tres partirían juntas en cortejo fúnebre hasta recibir digna y cristiana sepultura.

 

A día de hoy, ochenta y ocho años después de aquel desgarrador suceso, sigue habiendo mucha conmoción y algo de desconcierto, donde la historia se ha visto envuelta por la leyenda, quedando relegada a la misma. A fin de cuentas, la historia se centra en unos hechos particulares y concretos, mientras que la leyenda transgrede esos límites propios de la concreción, para ocuparse de temas universales que pudieron o no ocurrir de una manera contrastable y verificable. Pero lo realmente relevante es el mensaje que lleva implícito, en este caso la precaución a la hora de bañarse en el mar. 

 

 

Agradecimientos: de manera especial y general quiero mostrar mi respetuosa gratitud a todas cuantas personas lean este artículo y se sientan embargadas por algún tipo de emoción, recordando a alguna de sus antepasadas, coprotagonistas de esta desoladora historia, además quiero hacerlo extensivo también, a quienes conmigo han conversado, ayudándome para recabar las informaciones que he precisado.

 

 

Carlos González Ávila es Lcdo. en Filosofía, Lcdo. y Dr. en Ciencias de la Información.

 

 

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