Revista nº 675
ISSN 1885-6039

Ramón Trujillo Cordero, el primer molinero de La Gomera.

Lunes, 05 de Mayo de 2014
Campo Canario
Publicado en el número 521

El primer molino de gofio de La Gomera fue propiedad de Ramón Trujillo Cordero hace más de 60 años en el municipio de Alajeró. Desde entonces, las generaciones sucesivas de la familia se han encargado de mantener esta tradición cerealística apostando siempre por la calidad del producto.

 

 

Su nieto, Jonay Negrín Trujillo, responsable junto a su hermano Romén de este molturador en la actualidad, dice que el secreto para obtener un buen resultado “está en disponer de una materia prima de calidad, controlar el tostado y la molienda para que siempre esté en el punto justo y cuidar las cantidades en las mezclas para conseguir un sabor homogéneo”.

 

Con su producción abastece a diferentes puntos de venta de la isla, además de Tenerife, La Palma, Lanzarote y Fuerteventura. “En general las ventas han aumentado, aunque es verdad que con la crisis el consumidor compra lo justo para consumir, antes se compraba más cantidad para tenerlo de reserva”, según apunta Negrín. La buena aceptación con que cuenta este gofio, que se comercializa con el nombre del abuelo y forma parte de la red Alimentos de La Gomera, le ha permitido aumentar la oferta disponible no solo en millo y trigo, sino también en mezclas de tres y cuatro cereales, una a base de millo, trigo y cebada y otra, en la que además de esos tres cereales, se le añade garbanzo. “El número de mezclas puede aumentar hasta ocho o diez, depende de los cereales que se quieran utilizar y de lo bien mezclados que estén. Cuantos más se añadan, más valor energético y nutricional tendrá el producto final”.

 

Para Negrín, el gofio, pese a ser un producto tradicional, natural sin conservantes ni colorantes, carece del empuje promocional con el que cuentan otros alimentos competidores. “Si lo hubieran inventado los americanos, sería famoso en todo el mundo pero lo inventamos los canarios y actualmente no está lo suficientemente valorado, ni en precio ni en calidad. El consumidor asume que es un producto barato, pese a los costes de producción, que no puede subir para poderlo vender y esa imposibilidad de repercutir los gastos reduce la rentabilidad de los molineros”.

 

 

Otro factor que juega en desventaja para la comercialización y consumo del gofio es la falta de información sobre este producto de cara al turismo. “Por lo que he podido observar, hay muchos visitantes que desconocen qué es el gofio y cómo se utiliza. Creo que si se explicaran un poco más los valores nutricionales de este alimento, las diferentes opciones de uso en la gastronomía canaria, la gente lo demandaría más y se podría llegar incluso a exportar”, considera Negrín. De momento, se conforma con los dos primeros premios de Promoción Exterior por su colaboración en la II y III Edición del Kulinarischer Herbst en 2009 y 2010 en Alemania.

 

Inmerso en algunos proyectos que prefiere no desvelar todavía, este empresario cree que el gofio es un producto con un gran potencial. Tanto es así que además de servir de acompañamiento a la leche, miel, aceite, agua o caldo como se hacía en el pasado, en la actualidad forma parte de una amplia variedad de recetas. Sin ir más lejos, Negrín se atrevió a combinarlo con la conocida repostería gomera de elaboración de galletas junto a otro ingrediente típico de la isla como es la miel de palma. De momento ha parado la producción pero espera retomarla en el futuro.

 

Indicación geográfica protegida. El gofio canario obtuvo, el pasado mes de marzo, la protección nacional transitoria a la Indicación Geográfica Protegida (IGP), a falta de la definitiva autorización europea. Este reconocimiento del que ya disfrutan el Plátano de Canarias, las Papas Antiguas y la Miel de Tenerife, supone que solo la producción isleña obtenida bajo los controles y la certificación requeridos podrá comercializarse aludiendo al Archipiélago, evitando así la competencia desleal y los posibles fraudes; al tiempo que permite ofrecer al consumidor un producto con un origen y calidad diferenciadas y, sobre todo, crear una marca colectiva que vincula la imagen del producto al territorio.

 

 

Este artículo fue publicado previamente en el número 93 de la revista Campo Canario.

 

 

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