Revista nº 537
ISSN 1885-6039

La antigua ciudad de Las Palmas.

Domingo, 23 de Octubre de 2011
Alfredo Herrera Piqué
Publicado en el número 388

La ciudad de Las Palmas tuvo su origen en el campamento emplazado junto al barranco Guiniguada el 24 de junio 1478 por Juan Rejón, jefe de la expedición enviadas por los reyes de Castilla para conquistar la isla de Gran Canaria.

 

Según la tradición, aquel se estableció en el lugar que hoy ocupa la ermita y plaza de San Antonio Abad. Ésta fue la primera plaza pública de la naciente villa y el núcleo originario de Las Palmas. Pronto el centro de la ciudad pasaría a la Plaza de Santa Ana, en donde se edificaron las Casas del Cabildo, las Casas Episcopales y la Catedral. Al otro lado del Guiniguada -cuyo cauce se halla hoy cubierto por la calzada de una autovía- surgía el convento e iglesia de San Francisco, entre las primeras edificaciones del sector Norte de la ciudad. Habían nacido así el barrio de Vegueta, a la derecha del Guiniguada, y el barrio de Triana, a la izquierda, que desde un principio y durante casi cuatro siglos integraron el casco urbano de Las Palmas. Podemos calcular que ambos barrios alcanzaron su perímetro histórico en el transcurso de los primeros cuarenta a cincuenta años de vida de la ciudad.

 

El visitante puede hacerse una adecuada composición de lugar sobre el primitivo desenvolvimiento de Las Palmas situándose en la vieja plaza de San Antonio Abad y, a partir de esta, recorriendo calles y rincones pintorescos de este sector Vegueta-Triana. La actual ermita de San Antonio Abad data del siglo XVIII y se levantó en el lugar que ocupaba la primitiva del siglo XV, que se hallaba arruinada. En su fachada una lápida alude al paso de Cristóbal Colón en el viaje del descubrimiento. Durante su primer viaje el almirante se detuvo en las islas de Gran Canaria y La Gomera. Aunque no existe prueba documental de su concreta presencia en la capital, esta es verosímil, teniendo presente la preeminencia política que ya por entonces poseía aquella en el Archipiélago. Frente a la ermita, la Casa de Colón -una reconstrucción contemporánea que ocupa el solar de la casa de los antiguos gobernadores- evoca la gesta del Descubridor.

 

Calle Colón y ermita de San Antonio Abad (izquierda) y el Monumento a Colón junto a la iglesia de San Francisco (derecha)

 

A través del callejón de San Marcial -en donde estuvo emplazado el viejo Hospital de San Martín- accedemos a la Catedral, de peculiar textura gótica en su interior. Alboreaba el siglo XVI cuando se inició su construcción. Su actual fachada, neoclásica como su parte posterior (siglos XVIII y XIX), sustituyó a la primitiva. Es de los más importantes monumentos arquitectónicos de las Islas. El patio de la huerta, a su derecha, es una típica representación del barroco canario. Ante la Catedral, la Plaza de Santa Ana, una de las más hermosas de todo el Archipiélago. Aquí se encuentra también el elegante edificio del Ayuntamiento, levantado a mitad del siglo pasado, en el mismo lugar en el que estuvo el primitivo, que durante siglos fue un bello representante del renacimiento arquitectónico en Las Palmas. A un lado de la plaza, junto al Ayuntamiento, resalta la bella fachada de la Casa Regental, sede de los antiguos regentes de la Audiencia y capitanes generales del Archipiélago. Y también en la misma plaza, las Casas del Obispado, con puertas y balcones situados dentro del típico estilo de las antiguas edificaciones de la urbe. Las Palmas fue la primera ciudad real de Castilla en el Archipiélago. Aquí se establecieron los principales organismos políticos, judiciales y religiosos de la región y durante siglos esta ciudad fue cabeza política de las Islas Canarias. Así el primer Cabildo, el Obispado, la Catedral, la Real Audiencia, el Tribunal de la Inquisición, además del Capital General, tuvieron sede en la nueva villa y el conjunto histórico de la Plaza de Santa Ana es significativa expresión de tal realidad histórica.

 

El amplio edificio de la Catedral se impone al recoleto urbanismo de la ciudad antigua

 

A partir de este lugar un recorrido por las calles de los alrededores permite contemplar bellas muestras de la arquitectura colonial canaria, en cuyas características destacan los amplios y elegantes balcones de tea, la cantería labrada del país y los alegres patios. Las gárgolas, los escudos de armas y las severas puertas tachonadas, además de las verjas que descubren la vegetación y las fuentes de los patios canarios, completan la bella estampa de esta arquitectura, evidentemente expresiva de un modo de vida ya casi desaparecido.

 

Motivos góticos y renacentistas perviven en estas casas del casco histórico de Las Palmas, que tiene otros varios rincones de interés en la Plaza de Santo Domingo e iglesia del antiguo convento dominico, la Plaza del Espíritu Santo -la ermita de este nombre data del siglo XVI, la torre de la Iglesia de San Agustín, la Audiencia Territorial -esta última de construcci6n contemporánea-, y atravesando el desaparecido tramo del Guiniguada, la Plaza de Cairasco, con el edificio modernista del Gabinete Literario, centenaria institución cultural de la ciudad. Junto a esta última, la Alameda -que tuvo en su día un gran encanto romántico hoy enteramente desaparecido- y la Iglesia del antiguo convento franciscano, con portada del siglo XVII. También el barrio de Triana conserva todavía algún modesto residuo del estilo colonial, pero este sector -que históricamente llegaba hasta la plaza (hoy calle) de San Bernardo- ha sufrido una mayor renovación y entre la arquitectura de estilo prima lo modernista, con numerosas manifestaciones. Y el modernismo pictórico está representado en el interior del Teatro Pérez Galdós mediante los frescos pintados por Néstor. Por otro lado, una interesante muestra del barroco artístico de Canarias puede contemplarse en el retablo de la ermita de San Telmo, en el límite del barrio de Triana.

 

Hemos hablado de Vegueta y de Triana como los dos barrios interesantes de la antigua ciudad de Las Palmas, pero no debemos dejar de mirar a sus colinas circundantes, con los también históricos riscos de San Lázaro, San Nicolás, San Roque, San Juan; representan suburbios históricos y actuales de Las Palmas cuyo pintoresquismo siempre ha significado una atracción para los visitantes.

 

Monumento al poeta Cairasco en la plaza del mismo nombre (izquierda) y Plaza del Pilar Nuevo (derecha)

 

 

Artículo publicado en el nº 1 de la revista San Borondón del CCPC. Diciembre 1982.

 

 

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