Revista nº 538
ISSN 1885-6039

Yo trabajé en los tomates.

Miércoles, 09 de Noviembre de 2011
María Dolores García Martín
Publicado en el número 391

Muchas personas mayores -sobre todo mujeres de zonas costeras de Tenerife, Gran Canaria, Lanzarote y Fuerteventura- suelen comenzar a hablarnos de su vida laboral con esta expresión: yo trabajé en los tomates. El cultivo y empaquetado de tomates es algo muy reciente en nuestra historia económica; no ha desaparecido, se ha modernizado, albergando todos los cambios tecnológicos propios de una actividad de tal naturaleza.

 

Sin embargo, este artículo solo abordará el apartado más antiguo de estas faenas, de lo que recuerdan nuestros informantes, quienes realizaron todo el proceso a mediados del pasado siglo XX.

 

Para realizar este texto hemos contado con la colaboración de la Cooperativa Agrícola de Guía de Isora Coagisora, con su Presidente don Francisco Mesa a la cabeza y las antiguas empleadas que avisó para la entrevista: doña Concepción González Santos, nacida en Acojeja (Guía de Isora) el día 28 de febrero de 1940, quien trabajó en esa cooperativa unos 30 años; y doña María Teresa Dorta Dorta nacida en Los Silos el día 14 de diciembre de 1945, quien igualmente faenó unos 30 años en la misma cooperativa. También hemos hablado con doña Josefina González Marrero, nacida en 1950 en el municipio de La Laguna, quien marchó con su familia a Charco del Pino (Granadilla) para trabajar en el empaquetado de los Bonis, hoy le dicen Bonisa, antes estaba enfrente del cementerio.

 

Además, hemos recurrido a grabaciones realizadas a señoras mayores en el municipio de Telde (Gran Canaria), entrevistadas por Miguel Vega Peña el año 2000: Pino y Nicolasa, personas que recorrieron todo el Noreste de Gran Canaria, ejerciendo en diferentes empaquetados. De estas grabaciones extrajimos, sobre todo, los cantares y tonadas utilizadas en el discurrir de la faena: aires de lima, cantares de encuentro, empaquetando tomates y de finales de zafra.

 

Igualmente, debemos agradecer la colaboración de Noli, entrañable encargado de las tomateras y empaquetado en Teno (Buenavista del Norte), en la empresa conocida como Luz Teno, que tuvo la amabilidad de cedernos las pequeñas cajas de madera (con capacidad para 6 kilos) que se utilizaban en el empaquetado, así como un fardo de tapas, que ya venían montadas para cerrar las cajas, y un taco de papel de seda, con el logotipo que identificaba a los tomates, dispuestos para la exportación al Reino Unido.

 

Tomateras: plantaciones y empaquetados. En algunos casos, los empaquetados estaban, aún en la actualidad, vinculados a una explotación agrícola de tomateras, como es el caso de Luz Teno (Buenavista del Norte). En tales circunstancias, las personas trabajan la tierra y en el empaquetado; en otros lugares, como es el caso de Guía de Isora, el empaquetado recibía los tomates llegados de diferentes agricultores de la zona, y allí se procesaban para la exportación. Nos centraremos más en este último modelo, explicado por las mismas personas que lo vivieron: vamos a empezar con la siembra: el semillero se viene haciendo entre julio-agosto; en septiembre, se empieza a plantar. El trabajo de la tierra empieza un mes antes: primero se le ponía bapan (nombre comercial de un desinfectante) para hacer el semillero, luego se le ponía tierrita fina y pinocha para protegerlo; después salían las plantas y nosotros hacíamos los surcos, que también le poníamos bapan y estiércol (...); le poníamos yeso un mes antes, había que preparar bien la tierra para después poder plantar. Colocábamos las plantitas separadas más o menos a un paso, se colocaban enfrentadas para hacerlas coincidir con los cujes (varas de brezo de, aproximadamente, 2 metros de longitud); había quienes enterraban los cujes antes de plantar, otros lo hacían después, era cuestión de costumbre.

 

Estas varas se ataban en el extremo superior, unas con otras, y quedaban de forma triangular, con una separación de unos 2 metros. Después, a medio metro del suelo, se ataban las cañas de forma paralela al suelo para ir amarrando los tomates: las cañas eran grandes, de unos 4 metros; al principio las amarrábamos con tiras de badana (forro de platanera), la poníamos de remojo en agua para hacer las tiras; después, a otro medio metro, se ponía otra caña y, así, hasta tres cañas; ya de último, las amarrábamos con fibra. A lo largo de todo el proceso, se iban cortando las ramas laterales (deshijar), dejaban solo el centro, y se iban recogiendo los tomates conforme alcanzaban el tamaño adecuado.

 

Las tierras podían ser propias, familiares, arrendadas, a medias...; encontramos todo tipo de titularidad, orientado a recoger el producto más valorado del momento: los dueños de los terrenos ponían los cujes, las cañas, el estiércol, guano, cal, potasa, lo que hubiera, nosotras hacíamos el trabajo (...). Con el sacho se sacaba la tierra de su goro y se arrimaba a la planta para taparles el estiércol, para proteger la planta y quitarles la hierba. Se sulfataban antes de la flor, cuando llegaban a la primera caña; el azufre se le ponía a la segunda y otra vez se sulfataban a la tercera (...). Para regarlos se dejaban unos machos (aberturas en cada porción de terreno donde estaban las plantas. Su riego era a manta), se abría el agua y cuando se llenaba el surco se cerraba y abría el del siguiente... Eso lo solían hacer los hombres, pero cuando yo estaba a medias, lo hacía de noche y mi hermana me ayudaba con una linterna.

 

 

El trabajo del campo lo llevaban a cabo hombres y mujeres; uno de los comentarios fue: nacían los niños en el campo y los metían en una caja de tomates. Los tomates se cortaban y se ponían en los cubos y de allí a cajas de madera; a éstas, las recogía un camión para llevarlas a la cooperativa donde se pesaban: se están cortando tomates hasta tres meses, se llevaban a la cooperativa en lo que se pudiera; si no se podía en camiones, en burro, camellos, mula... El tomate era fuerte, aguantaba mucho; en las angarillas de los camellos se colocaban unas 4 o 5 cajas de tomates por cada lado...

 

En la recepción de la cooperativa se comenzaba pesándolos y seleccionándolos por tamaños: se ponían en una tabla con agujeritos para clasificarlos y así iban al empaquetado. Según el tamaño sería: el mayor G; el siguiente en tamaño (descendente) M; el siguiente MM; otro MMM, y los más pequeños P; también le decíamos Pepitos; después pasaban por una cinta en la que se colocaban dos mujeres por cada lado para descolorar, era seleccionar por colores: pintón, maduro y verde. Después pasaban por un molino (una especie de torna) que los llevaba cada uno a su cinta, las chicas ponían las cajas en el rail y los tomates iban apareciendo en una noria ya seleccionados y preparados para empaquetarlos.

 

Este trabajo era realizado principalmente por mujeres; solían ser jóvenes, muy pocas superaban los 40 años. Entre ellas, siempre la figura del encargado, quien tenía la responsabilidad del buen funcionamiento del empaquetado, desde la recepción a su disposición en las cajas cerradas para la exportación.

 

Las cajas eran de tablillas de madera, venían desarmadas y había una persona encargada de armarlas con pequeños clavos, a los que tenía que remachar para evitar las puntas; ese trabajo se hacía en un clavadero, tal y como se muestra en la imagen.

 

 

En el fondo de la caja se colocaba una almohadilla de papel rellena con virutilla fina; después se van envolviendo los tomates en servilletas de seda con su logotipo identificativo de Tomates de las Islas Canarias: en la parte alta no los envolvíamos todos, se iban alternando para mejor vista. Una vez colmatada la caja, se clavaba la tapa.

 

En la cooperativa trabajaban muchas personas procedentes de diferentes lugares de Tenerife, sobre todo mujeres: al principio sólo venían de Guía, de Tejina de Guía, de Acojeja; después de Armeñime, Adeje, Buenavista, Tijoco, La Hoya, Icod, La Vera del Puerto...

 

 

Trabajo y jornal. La faena era muy intensa, requería muchas horas, apenas descansaban, lo podían soportar por su juventud, época de su vida que recuerdan con alegría, a pesar de la dureza del trabajo. Era un medio adecuado para relacionarse con otros jóvenes y compartir el peso de su propia pobreza. Realmente, la zafra comienza desde que se hace el semillero en los meses de verano: nosotras empezábamos a finales de septiembre, principios de octubre (Granadilla, en Los Bonis); en los momentos más fuertes, sobre todo por Semana Santa, ni dormir, se hinchaban los pies, si calzabas el 37 terminabas con un 40...

 

Venían familias de La Gomera en la época de zafra: con hijos que ya pudieran trabajar. En el caso de la cooperativa de Guía: se quedaban a dormir en unos cuartitos alquilados por la propia cooperativa, unos cuartos  con  literas. Y en Granadilla: cada familia tenía un cuarto o dos (si venían con hijos o no), cocinaban por fuera, tenían un lugar donde bañarse, de uno en uno, el agua se cargaba...

 

No había sindicatos, el trabajo eran seis meses; pero fuerte, tres (...), los niños de doce o trece años llevando cajas, entrando mercancía. Se trabajaba todos los días del año menos el Viernes Santo.

 

Empaquetadoras de Guía de Isora

 

En relación al trabajo, todos las personas coincidieron en la intensidad de la zafra en temporada alta, época en la que apenas podían dormir, el cuerpo se agotaba y, muchas veces, se cantaba para mantenerse despierta: habían encargados que no dejaban cantar; y si íbamos al baño, controlaban el tiempo por si tardabas más de la cuenta, te llamaban la atención; cantábamos pa’ no quedarnos dormidas (...) con los cantares de pique, una vez llegaron a las manos...

 

En Gran Canaria hemos registrado una gran variedad de cantares relacionados con los empaquetados de tomates: romances, aires de Lima, cantares de pique... En Tenerife se cantaba a ritmo de isa, polka...

 

Otro apartado curioso es el transporte en camiones para llevar el personal al empaquetado: La Chochona era un camión pequeño que salía del Charco el Pino; hacía todo el recorrido por lo alto de Granadilla, recogiendo a todo el personal hasta el empaquetado que estaba en la parte baja de Granadilla (...) el camión era pequeño y tenía asientos laterales, estaba forrado con un encerado, llegábamos al empaquetado y nos poníamos un baby naranja...

 

El jornal se cobraba semanalmente, los más antiguos que recordaban doña Concepción y doña María Teresa eran a dos pesetas la hora, después subieron a medio duro, fueron subiendo un poquito más y cobrábamos unas setenta y cinco pesetas a la semana. En momentos posteriores, faenando sin descanso toda la semana: trabajábamos sin descanso, sólo a las doce nos daban una hora para comer (...) cobrábamos dos mil pesetas semanales, ya eso era dinero para esa época. El retiro, cuando terminaba la zafra, nos pagaban de dos a tres mil pesetas, eso era por mayo o abril...

 

Brevemente, hemos esbozado el sentir de un pueblo -el nuestro- que tradicionalmente ha estado ahí, levantando -con penas y cantos- los cujes de la historia.

 

 

Comentarios
Miércoles, 29 de Mayo de 2013 a las 14:33 pm - Abraham

#01 Yo me acuerdo antes de la Coop. de Tejina vendiamos los tomates a Dn, Laureno Cruz y otros, y cuando iban a recogerlos nos decian que esa sema el precio era en blanco, esa fue una de las causas de crear las Cooperativas. Yo fuí uno de los que creé dicha Coop. atravez de un perito de Extención Agraria de Icod ,porque yo iba hacer un curso de vino y uno de los peritos que nunca me olvidaré de su nombre se llamaba Pedro. me aconsejó de constituir una Cooperativa,y yole dije que si estaba loco,cuando no había ni carretera. y ya termino porque esto es muy lago de seguir contando todo su comienzo.(Hablo de la Coop. de Tejina de Guía)