Revista nº 518
ISSN 1885-6039

Juguetes de Gamona.

Jueves, 27 de Enero de 2011
Julio Concepción Pérez
Publicado en el número 350

Dentro de las distintas utilidades que se le dio al gamón destacamos la de complemento necesario en la elaboración de tantos otros juguetes, concretamente los elaborados con penca para dotarles de un mayor realismo.

 

La gamona ha cedido a los antojos y caprichos infantiles al ofrecer un corcho suave y moldeable para ser transformado en elemento de juego: Pues la ventaja que tiene la gamona es esa, que era blanda, buena de trabajar y la queríamos pa´ eso, pa´ hacer juguetes1. Material virtuoso para el ensamblaje ya que puede ser atravesado con facilidad por chamizos, o picos de penca tinta, así como recibir cortes a placer para imitar las formas más variadas.

 

De la gamona hemos encontrado 19 usos lúdicos, en los que raíz, hojas, tallo y fruto aportaban recursos al imaginario infantil. En el caso de las hojas que nacen en la base de la planta se le sacaba juego: se coge una hojita verde de la gamona, partida a la mitad, se abría y quedaba como una hebrita blanca, te la pones aquí, entre los labios y silbabas, esta telita en el labio la hojita de tal manera que la parte verde de fuera pa´ dentro del labio y la telita blanca pa´ fuera y ya vibraba la tela2. Otros chiquillos recurrían a las semillas para jugar: las bolas de gamona hoy no se consiguen, las bolas de la gamona había que cogerlas verdes porque eran duras y después era a ver el más que atinara en el gongo, ese quedaba campeón, bueno campeón es que se llevaba todas las que estaban en el terreno3. El gamón servía de recámara o foquete juntándose varios muchachos alrededor de una fogalera: se pone la gamona al fuego y se daba contra una piedra y era un estrallo como un volador. Lo hacíamos pa´ jugar. La gamona la calentábamos al fuego y dispués le dábamos contra la laja. Sacábamos la gamona del fuego caliente contra la piedra, –¡tras!, ¡pum!, como un cohete. Se dejaba la gamona en la fogalera hasta que te parecía que estaba caliente. Se ponía la gamona en la llama de la fogalera, no eran brasas. No se quemaba la gamona porque estaba verde, la metía y la dejaba quieta allí, y cuando vía que se iba poniendo negra, ya estaba cocinada y antes de que estallara la piel le dabas contra la piedra, agarraba la gamona y le daba contra la piedra. Y si era grande la gamona se cortaba aquel trozo quemado y se volvía a poner. La gracia era que estallaba como un cohete y se hacía una fiesta... Cosa de muchacho, eso era la historia de antes4.

 

 

Dentro de las distintas utilidades que se le dio al gamón destacamos la de complemento necesario en la elaboración de tantos otros juguetes, concretamente los elaborados con penca para dotarles de un mayor realismo. Así, podíamos ver cómo los niños, cuando elaboraban sus camellos, les hacían una silla, un cango o un arado de gamón: El arado de gamona era jugar yo con él y se lo ponía al camello de penca, le hacía un cango al camello que es mejor pal arado5, o cómo priorizaban este material con respecto a otros: El gamón era mejor que la caña pa´ abrir la barriga al barco, porque eso es suavito y no rompe la penca, pero si le pones caña, al ser dura terminaba por romper, se rajaba la penca y no flotaba, no quedaba igual6.

 

Si hacía viento se podían utilizar los gamones para hacer el armazón de las cometas por lo flexible y ligero de sus varas: Las gometas también se hacían con palitos de gamón y las gometas eran con palos de gamón, eran grandes y llevaban una armadura con hilo carreto7. Se puede añadir como curiosidad que hasta la batata tenía utilidad: Eso nosotros como lo jugábamos, a veces, por estar escachando, bueno que lo escachábamos pa´ darle a las cabras y al estar exprimiendo eso, eso pegaba a las manos que era pegamento y nosotros lo utilizábamos pa´ las gometas y eso garra usted en un papel y lo pega, ¡pega el papel!8

 

Debemos apuntar la división sexual del juguete, que se imponía a la infancia a través de los juegos que eran considerados propios de niños y niñas, bebía de la división sexual del trabajo. En ella habían labores dentro de la comunidad agraria desempeñadas mayormente por hombres como podía ser arar y trillar con bestias, entre otras, y labores realizadas sólo por mujeres como era el cuidado del hogar y crianza de los hijos, etc., y que luego tendrán remedo en las diversas actividades lúdicas del niño y la niña. El juguete cumple así con la misión socializadora de imitación del mundo adulto, ya que no podemos olvidar que el juego y el juguete es la vida a pequeña escala, es su réplica: El juguete era eso la vida del campesino. Eso era más bien como cosas del campo9. Este juguete era un juguete de labranza y si los niños estuvieran como antes en la labranza, entonces aprendían también a jugar, porque es lo que estaba, es lo que había y entonces es lo que aprendía10.

 

 

Los juguetes de gamona están acreditados en la comarca del sur de Tenerife a través de testimonio oral desde principios del siglo XX, como nos informa D. María Reverón Pérez, nacida en 1900 en Aldea Blanca, San Miguel de Abona... y cuando chiquita, vías tú a los varones hacer sus molinitos de gamona -¡hombre, no había otra cosa!, ¡no había sino miseria!-. Aquellos eran los juguetes, ahora no.

 


Jugué a ser barquero
con barquitos de hojalata
en la mar de los charcos
que el sereno dejó al alba.
También jugué a ser cabrero
con burgados y piedras blancas
con un dedo hice un camino
con una piedra una montaña
con una vara de gamona
una mesa
una silla
una vaca
y en un catre de viento dormida
una caracola blanca


Juan Carlos Martín Tacoronte

 

 

 

Notas

 

1. Pablo Manuel Rodríguez Cabrera, 1920, Ifonche, Adeje.

2. Julia López Ramírez, 1933, Armeñime, Adeje.

3. Salvador González Alayón, 1919, La Cañada Verde, Arona.

4. Pablo Manuel Rodríguez Cabrera, 1920, Ifonche, Adeje.

5. Salvador González Alayón, 1919, La Cañada Verde, Arona.

6. Juan Alayón Darias, 1950, Valle de San Lorenzo, Arona.

7. Candelaria Bello Álvarez, 1935, Chío, Guía de Isora.

8. Salvador González Alayón, 1919, La Cañada Verde, Arona.

9. Guadalupe Marichal Correa, 1931, La Gomera.

10. Gregorio López Ramírez, 1936, Los Picos, Adeje.

 

 

Este artículo fue publicado en el número 24 de La Tajea, la Revista Cultural de Ayuntamiento de San Miguel de Abona. Del libro Juegos Tradicionales de Gamona. Una biografía Comunitaria, editado por el Ayuntamiento de Arona y San Miguel de Abona.

 

 

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