Revista nº 532
ISSN 1885-6039

Matías Rodríguez Felipe: El Damo. Historia de una envidia.

Sábado, 20 de Diciembre de 2008
José G. Rodríguez Escudero
Publicado en el número 240

Después de desarmar a uno de ellos, usó su espada hasta que se le rompió y aún así continuó defendiéndose con la empuñadura. Un grupo se separó, subió por la calle del Pósito, cruzó por la de La Luz y bajó por la mencionada callejuela empinada del Apurón, cuyas puertas fueron atrancadas por los truhanes desde fuera para que ningún vecino lo socorriese. Estos asesinos lo cercaron y a Matías le fue imposible lograr su objetivo. Sufrió otra emboscada y fue herido por la espalda. Desmayado en un gran charco de sangre, quedó herido de gravedad. Gracias a esto pudo salvar su vida ya que los verdugos lo abandonaron por creerlo muerto, huyendo despavoridos ante los numerosos “gritos de favor” que los vecinos daban desde las casas del callejón.



INVIDOS VIRTVTE SVPERABIS. 1567
Vencerás a los envidiosos por la virtud

(Inscripción en el dintel de una de las ventanas de la fachada del Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma)






Nacido en Santa Cruz de La Palma el 22 de agosto de 1665, fue hijo de Matías Rodríguez Cáceres -oficial de pedrero- y de Josefa de Jesús Hernández Felipe, o Montero, honrados artesanos de esta población. El palmero pasaría a la posteridad con el sobrenombre de El Damo -masculino de dama- debido a lo agradable de sus facciones y la arrogancia y gallardía de su figura.

Según el cronista de la capital, Pérez García, Matías Rodríguez Felipe vivió con su familia en la llamada Casa López Monteverde (en lo antiguo, De la Capellanía de Rodríguez Montero) en la Calle Real de Santiago -hoy O’Daly, número 10- de Santa Cruz de La Palma. Lorenzo Rodríguez, sin embargo, nos dice que en la misma fecha, en una casa que existía en la plazuela del muelle de la ciudad (...), nació en peligro de muerte un hermoso niño el cual fue bautizado en su misma casa por el Sr. Don Juan González Viera, Cura de la Parroquia de Las Nieves…


… El Damo… ¿á que palmero le es desconocido este nombre? Modesto hijo del pueblo venido á la vida en una época asaz calamitosa para la isla de La Palma en que la aristocracia del país con sus riquezas y preeminencias pesaba sobre la plebe agonizándola y envileciéndola: ciudadano merecedor siempre de alta honra por haber sido el primero que, con asombro de esa misma aristocracia que se creía de superior naturaleza y con mejores derechos que las otras clases de la sociedad, se propuso combatir su orgullo destruyendo por su base el absurdo privilegio de razas y separación de clases que tanto entorpecían el progreso material de la isla…

Lorenzo Rodríguez




Sus padres se esmeraron en la educación de Matías. Éste lograba unas buenas notas durante la instrucción primaria y gran parte de la superior en el Convento de Santo Domingo. Sin embargo, en el transcurso de su vida de escolar, descubrióse en el joven Don Matías un gran inconveniente para el estudio, porque, siendo de imaginación viva, de ánimo intranquilo y de carácter enérgico y resuelto, su juventud resultaba un tanto turbulenta…

Su hermano mayor, Simón Florencio, seguía con la carrera literaria para luego consagrarse al sacerdocio. La familia sólo podía permitirse una carrera. Por este motivo, el travieso Matías fue obligado á vestir el mandil del menestral y á consumir su juventud en el humilde taller del obrero.


Sus amigos y condiscípulos llamábanle El Damo, no por compararle á la hija de Petágoras, así llamada, sino como un equivalente de dama, reduciendo este nombre al genérico masculino por su terminación, para expresar la hermosura de su rostro y gentileza de su persona, siendo así que, á ese admirable conjunto de cualidades físicas, unas veces galanteador y otras galanteando, debió el joven Damo su futura opulencia, y quizás también su celebridad…

Lorenzo Rodríguez



Las quejas de los hermanos franciscanos llegaron a ser tales que los desdichados padres tuvieron que cambiar los planes proyectados para su querido hijo. Ahora, la ilusión de sus progenitores era que fuese a América para que allí se forjara un porvenir y una fortuna, ya que en la Isla no lograban que fuese un alumno aprovechado en sus estudios. Sin embargo, primero recaló en Tenerife, en la casa del capitán Martín de Barandica, hombre de bondadoso carácter, su padrino, donde fue preparado para la carrera militar. Luego pasó a servir al Comandante General de Canarias, Francisco Bernardo de Varona, quien quedó prendado de su marcial continente. Sin embargo, al ser éste enviado a Ceuta en 1689, Matías quedó sin destino. Este varapalo hizo que se lanzase por fin a la aventura de América, madre de todos los isleños desheredados de fortuna.

Allí se encargó del comercio marítimo en un barco de su propiedad y, después de algunos años, pudo lograr una buena posición económica. Se casó en La Habana con la joven acaudalada doña Manuela de Miranda y Galdámez.

Cansado de aquella vida, y sintiendo añoranza por su tierra, se lanzó por el puesto de Sargento Mayor de las Milicias de La Palma al enterarse de que estaba vacante por haber muerto su titular, Eugenio de Mendoza, el 27 de septiembre de 1700. Por aquel entonces, Matías viajaba frecuentemente a Canarias debido a sus compromisos derivados de su actividad mercantil. Solicitó pues el puesto al Capitán General, don Pedro de Ponte y Llarena, y le fue concedido. Este caballero, Conde de El Palmar, anteriormente, por el fallecimiento del difunto sargento, había nombrado al coronel don Juan de Guisla Boot, su compañero de armas en las guerras de Flandes, pero éste había renunciado. El prestigioso cargo era apetecido por muchos palmeros pertenecientes al más alto estamento social de la Isla. Un atractivo oficio que había sido tradicionalmente reservado a la nobleza, por lo que se consideró inadmisible la intromisión de un plebeyo, de nacimiento oscuro e infeliz y de bajos principios.


Don Felipe II, en R.C. de 30 de junio de 1583 dispuso que los nombramientos de los Oficiales de las milicias de Canarias recayeron en personas que, á su nobleza y limpieza de sangre, reunieron cualidades de valor y experiencias.

Libro V de Real Cédulas del Cabildo de La Palma, folio 95



Casa donde vivió



Los nobles, que tenían en cuenta la regia disposición y asumiendo que estos destinos fuesen desempeñados por personas peritas y de la más acrisolada nobleza, optaron por no permitirle que tomase posesión del cargo y osaron recurrir ante dicha autoridad militar por lo desacertado de su decisión. Después de recapacitar y ante la insistencia de la rica nobleza palmera, el nuevo Comandante General, don Miguel González de Otazo, revocó el nombramiento. Además de estos sucesos, se divulgó por la ciudad la noticia de que el perjudicado iba a marchar a Madrid para reclamar su puesto ante el Rey. Asustados los miembros de aquel estamento de privilegio, decidieron darle muerte y encubrirse ante el anonimato.

Sucedió el 26 de diciembre de 1702, cuando un “amigo”, Basilio Hernández, vecino de San Andrés y Sauces, le hizo salir de su casa -de la actual Calle O’Daly- diciendo que su buque había roto las amarras y se iba á la playa. Nada hacía presagiar lo que sucedería a continuación. Desarmado y desprevenido, vióse inopinadamente agredido por algunos individuos de la nobleza, sus criados y esclavos que le acometían con espadas y palos. Ante los ataques de los sicarios, en plena lucha, quiso buscar refugio en la entrada posterior de su vivienda, por la actual calle empedrada del Apurón. Lorenzo Rodríguez nos decía que precisamente á este hecho debe esta calle su nombre de Apurón, pero debe ser sustituido por el de El Damo.

Después de desarmar a uno de ellos, usó su espada hasta que se le rompió y aún así continuó defendiéndose con la empuñadura. Un grupo se separó, subió por la calle del Pósito, cruzó por la de La Luz y bajó por la mencionada callejuela empinada del Apurón, cuyas puertas fueron atrancadas por los truhanes desde fuera para que ningún vecino lo socorriese. Estos asesinos lo cercaron y a Matías le fue imposible lograr su objetivo. Sufrió otra emboscada y fue herido por la espalda. Desmayado en un gran charco de sangre, quedó herido de gravedad. Gracias a esto pudo salvar su vida ya que los verdugos lo abandonaron por creerlo muerto, huyendo despavoridos ante los numerosos “gritos de favor” que los vecinos daban desde las casas del callejón.


Alevosía inaudita. Los autores de tan menguada acción quedaron envilecidos y degradados en aquella memorable noche: sus nombres para oprobio de su memoria debieron ser conocidos, y nosotros, créanlo nuestros lectores, si lo consideramos necesario para la historia de estos funestos acontecimientos, los estamparíamos en estas notas sin que las manos nos tiemblen.

Lorenzo Rodríguez



Callejuela empedrada de El Apurón, donde tuvo lugar la emboscada al Damo



Este atroz lance dio lugar a la prisión y destierro en El Hierro y La Gomera de varios personajes de familias distinguidas que habían intervenido en la cruel acción. Previamente se les había embargado todos los bienes. No había sido fácil pues el Teniente Corregidor de La Palma, Pedro de La Torre, era pariente cercano de uno de los malhechores. Había tratado de conseguir como fuera que el delito quedara impune. Los reos, por ser militares, pretendían gozar del fuero privilegiado de la guerra y no estaban sujetos a la jurisdicción civil ordinaria. El Lcdo. Jerónimo de León, vecino de Tenerife y juez comisionado de la causa civil, el 13 de marzo de 1703 mandó que el actor usara de su derecho en el tribunal correspondiente, decretando la escarcelación de los procesados. Acusado de cohecho, la Audiencia, el 13 de junio siguiente revocó el auto del inferior y tras las oportunas diligencias, fueron condenados finalmente. El nuevo Corregidor, Cristóbal Tabares, también los sentenció a pagar todas las costas procesales. El mismo fiscal Pedro de León, en su escrito de acusación. los calificó de cobardes, follones y mal nacidos.

El asunto había sido movido por el hermano de la víctima, el presbítero de El Salvador, Simón Florencio Rodríguez Montero, quien había recurrido ante la Audiencia de Canaria en solicitud de justicia. Éste -quien llegaría a ser Comisario del Santo Oficio de la Inquisición y Beneficiado Servidor de la parroquia de Puntallana, además de propietario de la de El Salvador- había sido testigo de la trágica acción. Al vivir en la casa número 17 de la Calle O’Daly, al oír el choque de las espadas y de las alteradas voces que provenían del callejón de atrás, fue uno de los que se habían asomado al balcón para pedir ayuda. Lo hizo descolgando a un negro esclavo suyo para que le abriese, y corrieron ambos en auxilio del herido, que fue trasladado con gran esfuerzo a su casa.

Sin reponerse de sus heridas, volvió de nuevo a Tenerife, concretamente a Garachico, donde tenía su barco. Su intención era llegar al continente americano, pero antes de llegar a Cuba, aún muy enfermo, notó que sus heridas se le inflamaban; que su rubicundez y tumefacción crecían de un modo alarmante; que los dolores y fetidez eran insoportables… Como buen católico, creyendo que se acercaba su hora, había pedido los últimos auxilios espirituales al capitán del buque don Juan Machado.

Sin embargo, no murió. El destino aún le deparaba otra penalidad más. En la costa de la isla caribeña, su buque fue abordado por un bergantín y dos balandras tripuladas por piratas ingleses. A 30 leguas de La Habana, por el sitio llamado Los Baraderos, los corsarios hicieron desembarcar a los tripulantes pero, compadecidos tal vez del gravísimo estado de salud de nuestro Damo, lo llevaron consigo, siendo conducido á una posesión inglesa.

Tras ser liberado, aunque aún convaleciente, volvió a España con la firme intención de solicitar del Rey la rehabilitación de sus derechos. En mente tenía el propósito de combatir la nota de baja esfera y obscuro nacimiento que le habían puesto sus detractores. Además, a través del Cronista y Rey de Armas de don Felipe V, llamado Juan Antonio de Hoces y Sarmiento, se le expidió una certificación de su linaje, falseada, por supuesto, como tantas que se hicieron en el siglo XVIII, ya que para la obtención de mercedes y títulos era usual apoyarse en estas certificaciones de los Reyes de Armas; en ella, fechada el 15 de junio de 1708, aparece plasmado el blasón de sus apellidos:


Que en los libros de armería, historias, nobiliarios, memorias y copias de linajes que existían en su estudio, solares de donde blasonaban descender de casas antiguas y nobles destos reinos, entre cuyos preclaros apellidos se hallaban los de Rodríguez, Hernández, de la Peña, Vas y Castrillo, que correspondían a don Matías Rodríguez Felipe, eran de la más antigua nobleza de de España…



Santa Cruz de La Palma desde el mar. Acuarela del siglo XVIII



El apellido de Rodríguez lo hacía originario de Ataulfo, primer Rey godo, y del Conde don Rodrigo Muñoz. El de Hernández del Rico-home Gutiérrez Hernández. El de Peña, de uno de los Santos Reyes Magos…

En la Corte de Madrid, por fin, se le confirmó el nombramiento de Sargento Mayor de La Palma, pero con el transcurso del tiempo ya habían ocupado su plaza.

Sin embargo, no le faltaron otros títulos: el 26 de noviembre de 1705 se le designó Ministro y Alguacil Mayor del Santo Oficio de la Inquisición, Maestre de Campo de los Ejércitos, Alcaide Capitán del Castillo del Morro de La Habana, y por Real Cédula de 30 de mayo de 1708, Presidente, Gobernador y Capitán General de Panamá. Con estos honores y riquezas se presentó en La Palma y aquellos de sus paisanos que no lo quisieron sargento mayor por ser plebeyo, tuvieron que inclinar su cabeza ante el noble Presidente de Panamá. Estaba vengado.

El rencor de aquellos asesinos se había reflejado en los pasquines que aparecieron en la ciudad para vejar a los dos hermanos, uno de los cuales decía:


¿UBINAM GENTIUM SUMUS?
Señor, Dios Omnipotente,
¿Dónde estamos, Gran Señor?
Un Simón… ¡Inquisidor!
y un Matías … ¡Presidente!



No se perdonaba en la ciudad que los hijos de un simple pedrero se hubieran destacado, uno, en el seno del clero de la isla de su nacimiento, y en otro, en la carrera de las Armas con el grado de Sargento Mayor y en la gobernación de territorios de ultramar.

Ninguna de aquellas profundas heridas se le curó jamás ni llegaron a cicatrizar completamente. Con grandes dolores regresó a La Habana donde falleció en 1717, sin dejar sucesión y cuando sólo contaba con 52 años de edad. Como dijera el alcalde constitucional y cronista de la ciudad, Lorenzo Rodríguez, descansó por fin, el eterno envidiado, uno de los hombres más famosos de la Isla de La Palma.



Bibliografía.

Libro 5º de Defunciones de la Parroquia de El Salvador, folio 117.
LORENZO RODRÍGUEZ, Juan-Bautista. Notas Biográficas de Palmeros Distinguidos, Tomo I, Impr. Diario de Avisos, Santa Cruz de La Palma, 1901.
PÉREZ GARCÍA, Jaime. Casas y Familias de una Ciudad Histórica. La Calle Real de Santa Cruz de La Palma, Madrid, 1995.
- Ídem. Fastos Biográficos de La Palma, t. I, La Laguna, 1985.



Comentarios
Martes, 16 de Junio de 2009 a las 01:55 am - Carlos Lugo Sosvilla.

#10 Escriba aquí el comentario: Lamento no poder convenir con que el nombre de la ahora calla Apurón y antes callejón, tenga ninguna relación con el atentado a El Damo Matias Rodríguez Felipe, siendo tan anterior que hasta a la Villa de Santa Cruz de La Palma se le llamara, creo que impropiamente, Vila de Apurón, ciertamento sufrido por la guarnición dejada por el general Alonso Fernández de Lugo, luego Adelantado en 1.503, a su marcha para proseguir las conquistas terminadas en Tenerife.El Tenniente Talavera vino en auxilio de los , desembarcando por Barlovento, donde pervive su nombre en el puertito.

Viernes, 09 de Enero de 2009 a las 07:54 am - Mercedes Brito

#09 En carnes propias he sido testigo de un \"damazo\" a un compeñero y amigo. Nunca me dejará de sorpreder cómo el ser humano es posible uqe haga estas cosas por envidia. Bravo José por estos retazos de historia tan detallados y que tanto cuelan en nosotros. Felicidades y a seguir bien. Saludos a la familia Bien me sabe.org

Miércoles, 07 de Enero de 2009 a las 22:19 pm - hominternauta

#08 me supo mucho su relato

Sábado, 27 de Diciembre de 2008 a las 23:48 pm - guanchinfleing

#07 como siempre genial jose, eso mismo sigue pasando hoy en dia en la palma, y la leccion de historia me ha parecido de catedra la verdad y despues de cualquir cosa hacen un pelicula cuando en la palma hay para hacer mas de 100, haber cuando sigues con los de los robos de la virgen de ls nieves que nos dejaste a medias

Viernes, 26 de Diciembre de 2008 a las 22:38 pm - Greñu

#06 Buenooooo! ¿Cuántos y cuantas victimas como el Damo existen aún hoy día? Pero en lugar de ser anulados, heridos, con espadas como el Damo, lo son con falsas informaciones, con demagogias chapuceras, con escritos insidiosos. Basta leer algunos artículos de cierta prensa palmera para darse cuenta que muchas personas se regodean denigrando a otras, políticos y no políticos. ¿Será que falta la savia nueva que aporta la juventud en éxodo obligado desde hace bastantes años?

Viernes, 26 de Diciembre de 2008 a las 11:03 am - Inquisidor

#05 Hoy se cumplen 306 años de la emboscada contra el Damo. El pueblo de La Palma aún sigue envidiando al prójimo y esto no lo hace disfrutar sino siempre estar lamentándose de su presente y preparándose mal para el futuro... El Damo es un ejemplo de víctima como tantas que tenemos en nuestra sociedad... ¿es que esta bonita y cruel historia no enseña nada?

Martes, 23 de Diciembre de 2008 a las 18:23 pm - Rosana

#04 Parece increible que hoy en día, nos tengamos que enterar de cosas tan ricas historicamente de nuestra isla en la que hemos crecido y de la cual hemos aprendido muy poco,dándosele importancia quizás a otras historias que no tiene nada que ver con nuestra cultura y con nuestro entorno.Gracias al señor Escudero por darnos a conocer sus magnificos relatos,del cual he aprendido bastante.

Martes, 23 de Diciembre de 2008 a las 13:06 pm - Doraimon

#03 Es que siempre Jose nos sorprende con estas cosas que poca gente conoce, por lo menos yo y por lo que oigo en la calle pues tampoco. Quiero darles las felicitaciones a toda la familia de nombre de rico postre como bienmesabe y a sus lectores. están haciendo una gran obra a todos los niveles y por la parte que me toca, a La Palma la están dejando poco a poco en el lugar que le corresponde y de la que nunca hubo de salir. Saludos desde La Encarnación en Santa Cruz de La palma

Lunes, 22 de Diciembre de 2008 a las 09:46 am - Lucy

#02 Lo que siempre ha matado al palmero es la envidia que se tienen unos a otros, es una pena y así nos va

Domingo, 21 de Diciembre de 2008 a las 15:05 pm - Transéunte

#01 Pues sí, paso a diario por el callejón del Apurón para bajar desde la plaza de SAnto Domingo hasta la calle Real y nunca había deparado en esta historia. Ahora bajaré pensando en la emboscada y en la historia que encierran estos muros. Felicidades al autor y a la página por acercarnos estas historias desconocidas. Un abrazo, Reyes

"Malagueñas Conejeras", Parranda "Golpito" (Lanzarote)

Juan Ramón Rodríguez (poeta de Tiscamanita)