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Martes, 20 de Junio de 2006
Cirilo Leal Mújica
Publicado en el número 110
Nueva entrega de la Saga de los Corujo, en la que se nos acerca el inicio de la vida de emigración de Domingo Corujo Brito, por tierras canarias y también peninsulares.
El río del tiempo sale del pasado y se transforma en un cauce por donde discurre, lentamente, las antiguas historias familiares de los Corujo y la gente de su generación. El pasado se hace presente a través de la mirada del maestro de guitarra Domingo Corujo. Los acordes invisibles de su memoria entran de lleno en la vida y los sinsabores del emigrante forzado, Domingo Corujo Brito, su padre, el hombre que aró kilómetros de tierras andaluzas para sembrar arroz guiando el timón de los imaginarios camellos de su isla conejera natal. Unas historias que tocan las puertas de los acontecimientos que desencadenaron la guerra civil española y obligaron a la diáspora migratoria de los represaliados políticos y de los que buscaban el pan en otras tierras menos inhóspitas que la propia.
“El hecho de ser pastor, era ser gente libre. Mi familia ha mantenido ese espíritu de los mayores, cuando se dedicaban al pastoreo, y se traduce en que hoy viven de profesiones muy libres. En el tiempo de mi abuelo y de mi padre, el sometimiento a las medianías con don Fermín, el médico, no resultaba fácil. A cada rato se le quejaban a mi abuelo de que el chico era muy rebelde. Una vez los señores fueron a Yaiza a las fiestas de Los Remedios y atravesaron el volcán en camello. Los señores iban en el camello enjaezado y el camellero era un chico, mi padre. Tenían que salir del Grifo de madrugada, a medianoche para llegar a Yaiza con el día. Hay que saber lo que es el paso de un camello por el camino del volcán… Al llegar a Yaiza, los señores entraron en una casa a la fiesta y le dijeron al chico donde estaba el palote del millo y el agua para el camello. Picó la comida del camello y le echó agua. El camello comió pero se olvidaron del chico. Y por la noche había que regresar otra vez por el mismo camino y llegaron de madrugada sin haber comido en todo el día. Del interior de la casa se oía aquella francachela y mi padre muerto de hambre.
Los puertos de Las Palmas y de Santa Cruz de Tenerife acogieron una importante mano de obra de las islas de Lanzarote, Fuerteventura, La Gomera, La Palma y El Hierro. Un trasiego de brazos jóvenes de las islas menores a las capitalinas, ansiosos de trabajo en un tiempo, mediados de los veinte, donde el futuro se vislumbraba con tintes oscuros y pesarosos. Los puertos de Funchal y Casablanca iniciaban un despegue que ponía en peligroso la existencia de los canarios, entrenidos, como siempre, en una eterna rivalidad, que no acabó con la división provincial, a raíz del Decreto divisionisa de 1927. En ese contexto Domingo Corujo Brito emigra de su isla natal de Lanzarote a Tenerife, donde formaría peña con sus paisanos, a la hora de compatir el suelo para dormir o el puchero. Es como una sensación, una emoción que se muta en palabras y se vuelcan sobre estas páginas libertarias para recoger el eco de las vivencias del entonces joven Domingo Corujo, padre, cuando se trasladó al puerto de Tenerife. #02 Soy la bisnieta de José Reyes, Balas de harina y soy una balajarina como decimos en la familia. Lo cierto es que por mucho que encuentro sólo he leído esta pequeña referencia de él y un recorte del periódico La TARDE que le hacen hablando de la fundación del barrio de la Salud. Me han contado tantas historias mi tíos que me fascina saber de aquella época. No sé si aquí conoceré a alguien que pueda contarme más de mis antepasados...
#01 Padre e hijo salieron de casa al pueblo llevando tan solo una mula, el hijo un robusto mozalbete y el padre un hombre viejo pero todavia muy fuerte.
Considerdo con su padre. el hijo le pidio que subiera en la mula y el le seguiria caminando..
Poco adelante, un grupo de personas comentaban de la crueldad del viejo por llevar a su hijo caminando y el sobre la mula.
Al escucharlos, el viejo bajó y le pidió al muchacho que subiera sobre el animal y asi acabar con las criticas.
Asi lo hizo el muchacho y al poco tiempo sucedio lo mismo, otro grupo de personas criticaron la ingratitud del fuerte muchacho al ir sobre la mula y el pobre viejo caminando.
Para acallár a los criticones, el muchacho pidio a su padre que tambien subiera sobre el animal, siguiendo el viaje ambos sobre la mula.
Cual seria su sopresa que mas adelante escucharon a mirones criticar a padre e hijo por ser ingratos con la mula al viajar ambos sobre ella, por lo que ambos bajaron de la bestia de carga.
Pero solamente habian caminado unos cuantos kilometros cuando esccuharon decir a los mirones .Mira que par de tontos, llevando con ellos una mula y los dos van caminando...LA MORALEJA LA DEJO A TU ELECCION..